18/2/16

Asesino Serial del Año. Capítulo Tercero




                                  Capítulo Tercero

                             Mundigrama año 3185

                                              I

Los torneos de mundigrama se venían desarrollando desde finales del segundo milenio, en los últimos treinta años habían alcanzado una popularidad increíble. El avance tecnológico que hizo al mundo capsular más complejo y creíble, sumado a los suculentos premios asignados, disparó la fama de los concursos.

El número de participantes, pese a los carísimos equipos necesarios, aumentó vertiginosamente. De 850 en el 3152 a 10.541 inscriptos en la presente edición.

Tres siglos antes, un grupo de científicos recreó, informáticamente, un pequeño núcleo poblacional y dispuso en él alrededor de cien marcp. Estos microentes autoregulados con conciencia propia, podían reproducir con asombrosa exactitud el desarrollo de una mente humana. Desde el nacimiento hasta su muerte. Habían estado siendo utilizados por las ciencias sociales para estudiar la reacción del hombre frente a complejas y muchas veces atípicas situaciones de la vida real.


La primera competencia se llevó a cabo entre veintiséis universidades de todo el orbe. El premio fue solo una mención especial en el anuario de la revista Science. La esencia del juego consistía en rodear a un marcp con conciencia cero (recién nacido), por noventa y nueve más ya formateados que influyeran sobre el elegido. El objetivo final era modelar en él una personalidad específica que lo condujera a realizar las acciones buscadas. En aquel mundigrama primigenio, se premió al marcp más solidario y el ganador fue el grupo de la universidad sumergida de Tokio.

Por aquellos tiempos los entes eran solo mentes artificiales simples, con la habilidad de comunicarse e interactuar, pero en una forma relativamente estática, sin noción de corporalidad alguna. Existían en un ámbito acotado, reducido, con pocas variables espaciales.

La nano ingeniería genética se desarrolló de tal forma que, en los pasados siete años, en las competencias ya se recreaba el mundo en su totalidad y se llegaban a poner en la cápsula hasta seis mil millones de marcps corporales. O sea una reproducción precisa del país pre-inundación, mil y pico de años atrás.

La personalidad de todos los entes del universo capsular venia preestablecida de igual forma para todos los concursantes. Con excepción de cuarenta y nueve marcps que rodeaban al elegido y que, habiendo sido formateados por el jugador al inicio del juego, ayudarían a modelar su carácter, más que nada en su niñez y adolescencia. En este armado del contexto íntimo del ente principal radicaba la base del triunfo del mundigramista, pues luego al crecer todo quedaría sujeto al libre albedrio, como sucedía en la vida real. Sin embargo había una última posibilidad de influir sobre la realidad del elegido, el marcp de contexto número cuarenta y nueve podía incluirse en cualquier momento del desarrollo del juego. Era el as en la manga y muchas veces definía el resultado.

Un acelerador temporal hacia posible que la vida del marcp protagonista se desarrollase durante el transcurso de seis meses, tiempo de duración del torneo. Un mes normal equivalía a quince años capsulares. Ralentizando el proceso se podían observar todos los acontecimientos en tiempo real.

Después de que todas las piezas estaban sobre el tablero, solo le quedaba al mundigramista rogar que su ente enfilara por el sendero que él, agrandes trazos, le había señalado. El desafío no era para nada sencillo, muchas veces, una vez sellado el mundo, el azar y la suerte movían al elegido por un rumbo distinto del imaginado.

En la edición del 3185 las categorías en las cuales se podía concursar eran las siguientes:

Filántropo

Científico

Político

Artista

Periodista

Deportista

Estratega militar

Mujer destacada

Asesino Serial



                                            

                                             II



Kassel Morgandus y su amigo el ingeniero se encontraban sentados en la esquina del andaraje. Cubiertos por las penumbras del anochecer, una suave música instrumental se escuchaba de fondo. Observaban en el reproductor holográfico, adosado al complejo mundo de microentes, las últimas imágenes del teniente Avalón.

—Tan cerca del objetivo y este estúpido policía está a punto de arruinarlo todo —dijo Kassel golpeando con el puño una mesa repleta de herramientas.

Isaías Malcom lo miro de reojo esbozando una irónica sonrisa.

—Creo que llegó el momento de que ayudemos un poquitín a Lucas Agüero, ¿no te parece Morgy?

Odiaba esa expresión de suficiencia tan frecuente en el rostro de su amigo, pero esta vez Isaías tenía razón, de no actuar inmediatamente, terminaría, con suerte, entre los primeros veinte de la competición y eso no era consuelo alguno. Ese policia infeliz parecía empecinado en que su Lucas no alcanzara la mágica cifra de treinta y tres asesinatos, con la cual tendría serias chances de proclamarse campeón.

Obtener el dorado trofeo, más la fama y el dinero que traían aparejadas, se habia transformado en una dolorosa ambición golpeada año tras año. Era su duodecima participación en Mundigrama y no teniendo ni un esponsor que lo sustentara. Todo el dinero para mantener y actualizar la capsula marcpsiana salía de sus ahorros, generando una eterna confrontación con su esposa Axela que no encontraba sentido a su casi enfermizo proceder. El reclamo de ella era justo, solo por ejemplo este año habían tenido que suspender las vacaciones planeadas a la ciudad donde vivía su hijo mayor por falta de fondos.

—¡Ahora si voy a ganar! Y te llevaré a pasear al lugar más bello del mundo, teneme fe, estoy ahí nomás —le repetía con el mismo verso de siempre.

Lo más cerca que estuvo de la cima fue en la edición del 3178, cuando alcanzó el noveno puesto en el rubro filántropo del año. Le dieron un diploma y un monto que apenas cubrió la mitad de lo invertido.

Kassel imaginó la sonrisa soberbia del gran Julius Cromo subiendo al escenario de la gran celebración en noviembre a recibir el primer premio. La imagen le hirvió la sangre al punto que debió sentarse y aspirar profundamente. Había algo en aquel hombre que le desagradaba a más no poder. Cromo era un mito entre los jugadores. Ganador histórico del concurso con quince trofeos en veintidós participaciones. Para pesar de Morgandus estaban anotados en la misma categoría, considerada la más prestigiosa y difícil de todas: Asesino serial del año. Era solo la segunda ocasión en que se disputaba este rubro y la participación del múltiple campeón la había dado una importancia inusual con un premio que triplicaba al de la pasada edición. El año anterior Cromo perdió por una muerte de diferencia, 29 a 30 y para esta vez se venía preparando como nunca en su vida.

Hasta esa noche Kassel estaba confiado en poder borrarle la sonrisa al detestado enemigo. Las treinta muertes de su elegido lucían intimidantes, teniendo en cuenta la total ausencia de pistas que pudiesen incriminarlo.

—Hasta esta noche —protestó para sus adentros el mundigramista— en que un vejete idiota, con aires de gran detective, había saboreado en sus labios el nombre de Lucas Agüero.



La voz ronca y segura de su compañero lo bajó de nuevo al presente.

—El recurso final —le recordó el ingeniero—. Me prometiste que si tras el homicidio numero veinticinco estaban por descubrir a tu marcp, me dejarías utilizar el nuevo descubrimiento.

El ambiente del andaraje estaba fresco, pese a ello Morgandus sentía su transpiración empapando la camiseta. Los nervios activaban sus glándulas sudoríparas en forma exagerada. Se secó la frente con el mismo paño con que limpiaba los acrílicos de su aero móvil y afirmó entrecortadamente:

—Está bien, lo haremos con tu método. No necesito repetirte los tremendos riesgos a los que no someteremos. Si me descubren la multa será altísima y vendrá acompañada de una inhabilitación de por vida para concursar, además de pasar un par de años a la sombra. Para ti el ostracismo total, la universidad y el ambiente académico no te perdonarían jamás que usaras este revolucionario invento, aun sin patentar, para un simple juego.

Isaias Malcom le sonrió sereno. Estaba tan confiado en sus conocimientos científicos y en sus excelsas capacidades como hacker que no habitaba ni remotamente en su mente la posibilidad del fracas.


                                                               III

Apenas pasada unos segundos la hora veintidós, el andaraje lucia desierto. Aunque observando con detenimiento se podían vislumbrar dos figuras tras los vidrios polarizados del aeromóvil. Alumbrados por una mortecina luz azul que emanaba de una linea de focos pegados al techo, los individuos tenían un par de razones para hallarse allí en ese momento: la comodidad de los asientos y, mas que nada, la privacidad que solo asi conseguían.
—Desarrollame en forma clara y sencilla, sin tecnicismos por favor, lo que vamos a hacer —preguntó el rubio de ojos miel ubicado a la derecha.
—La cosa no puede ser más simple mi estimado amigo —dijo el rapado de ojos marrones apoyando una mano en el hombro de su inquieto interlocutor—. Pedimos la apertura de la capsula e introducimos al número cuarenta y nueve. Hasta allí todo legal, el tema pasa por que este marcp poseerá una conciencia doble. Una principal, la originalmente por ti ideada, un nuevo amigo de Lucas con una sicopatia compleja, que estimule al elejido a seguir asesinando. Por el otro una oculta, tan escondida que ningún juez podrá descubrirla. Tras cumplir su función se desactivará automáticamente, no quedando ni rastros de ella.
—¿Y qué información llevara esa conciencia encubierta? —preguntó Kassel mas intrigado que nunca.
—Será tu copia, con tus ideas, tu memoria. Tendrá otra corporalidad y otra voz pero pensara como Morgandus.
—¿Un micro clon mío?
—Exacto, por eso necesito que elabores claramente todo lo que vas a decirle a Lucas a través del número cuarenta y nueve.
—Tan interesante como delirante su propuesta ingeniero. Pues no tiene ni pies ni cabeza. Y aunque fuese realizable,hay dos detallitos que tiran abajo tus buenas intenciones —comentó el rubio con la desilusión impresa en su rostro.
—¿Cuáles?
El mundigramista se sirvió un té del termo que había estado sujetando entre los muslos y le ofreció otro a su amigo. Puso un terroncito de azúcar bajo su lengua y tras tomarse un trago carraspeó con fuerza.
—Primero: mi clon le explica todo a Lucas y le hace la proposición. ¿No? ¿Me podes explicar cómo mierda hacemos para que los jueces no vean esa secuencia del encuentro? Y la otra: ¿qué le voy a decir? ¡Cuidado Lucas! El detective Avalón te está siguiendo. No matés a nadie más querido. ¿De que me serviría? Muy lindo el invento de la dualidad de conciencias, pero no me aporta nada. Tu plan no cierra por ningún costado.
—¡Tranquilo Kessy, tranquilo! Aún no he terminado de desarrollarte mi plan, ese no es el principal descubrimiento —agregó Malcom sonriendo con suficiencia.
—A ver
—Le vamos a dar el poder al elegido para detener su mundo en tres o cuatro ocasiones, por alrededor de quince minutos. Entonces, en ese tiempo muerto, el tratara de hacer los ajustes necesarios para que no lo capturen. Por lo menos hasta que consiga el crimen numero treinta y tres.
—Seria espectacular… de ser posible, pero suena de otro mundo, purita ciencia ficción. ¡No me jodas!
—Nada de ciencia ficción mi amigo, forma parte de un invento ultra secreto que estamos desarrollando en el Ulrruet Institute de Berlín y que revolucionará el futuro para siempre. El cuarenta y nueve llevará un nanoralentizador temporal. En el instante en que se cruce con Lucas le transferirá este dispositivo, y este podrá activarlo de allí en adelante con solo un pensamiento clave. No tengo dudas que funcionará perfectamente. Ha sido testeado más de mil veces.
—¡Guauuuu! Suena genial, pero… ¿no hay manera que lo detecten? ¿Cuántas personas saben de esto?
—Cinco científicos solamente, te repito, es top secret. En el mundigramismo ni se imaginan que exista un invento tal, es indetectable. No arriesgaría toda mi carrera sino fuera así ¿No te parece?
Morgandus aspiró profundamente mientras se frotaba las transpiradas manos. Era una decisión monumental la que tenía que tomar. Sin embargo no lo pensó ni dos segundos.
—Manos a la obra entonces. Llamaré a Crixier, el juez administrador, para que nos abra la capsula mañana a primera hora. Mi clon tendrá quince minutos para una dificilísima mission. Hasta ahora no habíamos sopesado el grado de dificultad que entraña este acto Malcom. ¿Cómo putas convencer al joven Agüero de que solo es un microente en un juego que se desarrolla mil años en el futuro? ¿Fácil no? —terminó diciendo el mundigramista al borde de un ataque de pánico

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