20/5/16





ASESINO SERIAL DEL AÑO. Capítulo sexto

                                                     Fuera de control




                                                                  I

Al teniente Freddy Avalón, la noticia del nuevo crimen lo tomó desprevenido. Nunca se hubiese imaginado que el asesino volvería a atacar tan pronto, solo habían trascurrido tres días desde la última muerte.

—Emilio Zanola, venezolano, cincuenta y tres años. Tenía una orden de restricción sobre su mujer y sus hijas. Pasó diez años preso por violar a la más grande. Cinco veces encarcelado por violencia doméstica. Vivía solo en Plantation —dijo Rodríguez, esmerándose en lograr el halago de su superior.

—¡La putisima madre que te hecho al mundo Lucas Agüero! ¡Estás fuera de control desgraciado! —exclamó furioso el viejo sabueso— Tengo que hablar urgente con el capitán. A ver si ahora reaccionan de una vez por todas. Si no le ponemos vigilancia las veinticuatro horas, este sicópata va a seguir matando gente.


—¡Gente!... Si deberíamos condecorarlo por acabar con esta escoria humana. Un día las mujeres golpeadas van a hacerle un monumento —dijo para sus adentros el joven oficial. Aunque él no poseía la misma certeza sobre la culpabilidad de Agüero. Lo veía más como una obsesión sin mucho sustento de su jefe.

—¿Me acompañas o qué? —preguntó Avalón mirando aburrido al muchacho desde el marco de la puerta.



La fachada de ladrillos vistos de la central de policía de la ciudad de Plantation, al norte de Miami, era el irónico telón de fondo del último acto del asesino de los golpeadores. Atardecía, la recién nacida luna parecía querer espiar sobre las nubes. La brisa fresca acercaba aromas de gardenias. Un grupo de curiosos se amontonaba contra las cintas amarillas que limitaban el sitio del delito.

—¡Vaya caradurez la del tipo este! —asombrado por la proximidad de la estación.— Actúa con total impunidad, sí que tiene cojones.

Rubén y dos agentes más, trabajaban meticulosamente buscando la mínima huella o pista que los orientase. En el living, Freddy fingía trabajar repasando unos libros. Sabía con seguridad que allí no hallarían nada. Si algo se consiguió con el estúpido interrogatorio, fue poner en alerta al joven. Ahora actuaba con más meticulosidad que antes.

—A primera vista parece, otra vez, una escena inmaculadamente limpia teniente —acotó el ayudante, con una frase que inmediatamente le sonó ridícula, innecesaria.

—Es un perfeccionista y a no ser que lo sigamos a sol y a sombra, no lo vamos a pescar jamás —protestó Avalón con impotencia.— Salgamos de aquí, dejemos que el escuadrón termine el trabajo. No hay nada para nosotros.



                                          II

La mañana anterior al homicidio de Zanola, el detective a cargo del caso se reunió con los popes máximos de la policía floridiana, el capitán Roswell y el superintendente Driscoll.

—Si no me autorizan a intervenir su teléfono, poner cámaras y micrófonos en su departamento, además de camiones operativos en distintos sitios, les garantizo que no conseguiremos agarrar a Lucas Agüero —expuso con vehemencia Avalón.

—A mí me suena más a un último manotón de ahogado Freddy. Como intentando justificar la total ausencia de pistas. En tres meses no has avanzado ni un centímetro respecto a la anterior investigación y el tipo sigue matando. Estamos seriamente pensando en sacarte el caso —amenazó con tristeza Driscoll.

—¿Y cómo diablos pretenden que progrese, si no me dan los medios para ello?

—No tienes nada para inculparlo, ningún juez nos autorizaría a tamaño seguimiento. Sabes que estamos en época de elecciones y desde el gobernador al alcalde quieren que se respeten todos los procedimientos, todos nuestros cargos están en juego Avalón —terminó acotando Roswell.

—No veo la forma en que los puedan reelegir si no atrapan al loco que tiene atemorizado al estado entero.

El teniente dejo caer la frase con disgusto y sin despedirse abandono la oficina con portazo incluido. Se fue rumiando por lo bajo, meditando que estaba tan o más jodido que todos ellos. La primera cabeza que comenzaría a rodar tenía sus facciones.

El crimen número treinta y uno fue como un mazazo seco en la nuca de la clase política y policial del sur de florida. Flotaba la sensación de que nadie tenía la más pálida idea de cómo encarar este espinoso tema. Avalon pidió una vez mas autorización para controlar los movimientos de Lucas y fue llamado de urgencia a Tallahassee por el superintendente.

—Por favor Driscoll deme tres semanas solamente, le prometo que si puedo vigilarlo como yo quiero, se lo entrego antes que termine el mes —imploró perdiendo la digna postura que siempre lo caracterizaba,

—¡Por Dios Freddy —exclamo el superintendente al borde del hartazgo.— ¿Cómo podes estar tan seguro de que es él?

—Lo sé, no me pregunte las causas. Pura intuición, pero al borde del abismo, hoy por hoy, es lo único que tenemos. Me juego cuarenta años de carrera en ello. Dele jefe, deme solo tres semanas y lo haremos con la más total de las discreciones, confió en mi equipo.



III

Los días posteriores a su trigésimo primer homicidio, Lucas los pasó tranquilo. Siempre que terminaba con alguno de estos ‘desechos abusadores”, como le gustaba llamarlos, se sentía feliz y relajado. Lo había realizado sin tener que disponer de su nuevo poder. Pese a estar consciente de la farsa de este mundo capsular y lo sin sentido de todas las acciones que dentro de él se desarrollaban, lo mismo disfrutó del crimen. El bastardo le pidió clemencia llorando, le juró que jamás volvería a castigar a una mujer.

—De eso estate bien seguro hijo de puta —le susurró el muchacho en el oído mientras le ensartaba tres furiosas puñaladas.



El café con leche, sumado a las gildas de salvado, le sentó de maravillas. Tras ponerle la correa a su nueva mascota, un cachorro ovejero alemán llamado picho, salió rumbo al parque para hacer sus ejercicios matutinos. En el camino tuvo la sensación que lo seguían, aunque no vio a nadie. Subió por el costado de las canchas de tenis dando luego ocho vueltas a la pista de atletismo. Una de las salidas era por Alton Road y la utilizó pues deseaba comprar el almuerzo en el  Whole Food y aprovechar para mandarle un poco de plata a su mamita a través del Western Union.

A media cuadra del súper advirtió estacionada la misma combi blanca que hora y media atrás estaba en la esquina de su departamento. Lucas poseía una memoria prodigiosa y el hecho no le pareció casualidad. Esa misma van, pero con un magnético distinto adosado a su puerta, se encontraba ayer a la medianoche a un costado de la salida del hotel Delano. Las gomas nuevas Michelin y un abolloncito al costado de la luz de giro izquierda la delataban. Pasó por al lado mientras disimuladamente la pispeaba de reojo. Los vidrios polarizados no le permitieron ver nada en su interior. Adivinó que se trataba de un auto oficial y que lo seguía desde solo hacia unas pocas horas. Respiró aliviado pues su último trabajo había sido solo una semana atrás. Debería extremar sus precauciones a partir de ahora.

—¡No te das nunca por vencido Avalón! —musitó despacio el mayor de los Agüero.

Sentía una creciente admiración por el viejo policía. Responsable, trabajador, sumamente inteligente e intuitivo. Honesto hasta dar asco, venerado padre de familia y esposo ejemplar. Con solo googlear su nombre se enteró de gran parte de su vida. Comenzaba a sentirse responsable del descalabro de la vida del teniente. Cómo habría sido su existencia, se preguntó más de una vez, de haber tenido un padre como aquél.

—No te hagas tanta mala sangre mi estimado Freddy —pensó Lucas, deseando poder en algún momento contarle su secreto a Avalón. —Si al final ni siquiera somos humanos, solo simples partes de un juego con el que se divierte un cretino mil años en el futuro.

Durante el trayecto de vuelta planeó los pasos a tomar en los días por venir. El objetivo básico estaba centrado en alcanzar la víctima número treinta y tres. Allí culminaría su carrera de asesino serial y, como fue prometido por su creador, podría retirarse a vivir a un bello lugar de su país. Quizá al sur, junto a su madre y sus hermanos más pequeños. A una cabaña sobre el lago Traful, algo con lo que siempre había soñado. Con esa meta final en mente entró al Bank of America y se apropió de un par de milloncitos de dólares.

—Te prometo que pasaras el resto de tu vida como una reina, mamita adorada —dijo el elegido cerrando la mano y besándose el puño en señal de juramento, luego elevó la vista al cielo pensando que le daba lo mismo si eran entes artificiales, o lo que fuese. Podían sentir, gozar, amar y eso era lo realmente importante.

A cincuenta metros de distancia, Avalón observaba curioso la actitud de Lucas, rogando que el criminal atacara pronto de nuevo. El plazo que el superintendente le había regalado ya estaba corriendo... continuará


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