6/7/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO . Capítulo noveno



La venganza



               I
                                                         
          Sabía que sus pensamientos no podían ser monitoreados. Se lo dijo bien claro el creador el día del encuentro en la cafetería.

         —Elabora tus planes mentalmente muchacho —le recalcó el cretino. — Ni los jueces, ni siquiera yo, podremos saber nunca lo que estás pensando. Sólo tendrás intimidad en tu mente. Ese es tu templo inviolable.
 

        En base a esto y con el dolor y la rabia saturándole las terminales nerviosas, Lucas empezó a planear la dulce venganza. Tenía claro que sólo una cosa podría realizar para perjudicar a Morgandus…hacerle perder el concurso de mundigramas. Así y todo quería llevarlo hasta el último instante. Incentivar su esperanza al punto de que se creyese ganador y allí, en el movimiento postrero de sus veintitrés años de marcp, asestarle el golpe final que lo devastara.



No concebía el poder odiar tanto como en esas horas previas al final. El fallecimiento de su madre potenció el asco y la indignación hacia la persona que lucía gozar con su sufrimiento. Trató de disimular el vendaval de emociones que lo desestabilizaban. No era para nada conveniente que el cretino vislumbrase su estado de ánimo.
Telefoneó a Leticia para anunciarle que se haría cargo de los gastos del funeral y reservó el pasaje a Argentina para el día siguiente. Todo debía, aparentemente, seguir el curso normal.




— Prepará a Julio, Checho y Paula, que apenas termine el entierro me los llevo a vivir al sur —mintió, sintiendo cómo se le desgarraba el pecho. Éste había sido el plan original, pero ahora, sin la razón de su vida, no encontraba motivo para seguir con la farsa del mundo capsular.


Buscó un grueso cuaderno negro, escondido bajo una baldosa floja de la cocina y con un marcador rojo subrayó el nombre de Eugène Toussant. Su objetivo número treinta y tres vivía en Naples, una ciudad a dos horas y media de viaje, al noroeste de Miami.

                                                         II


Pese a su férrea insistencia para mantenerse en la investigación, Avalón fue retirado del caso y pasado a retiro inmediatamente. Se lo conminó a entregarle toda la documentación al FBI, quien de ahora en más, se iba a encargar del espinoso asunto. El súper intendente Roswell le aconsejó a Fredy que no interfiriera de ninguna manera con el nuevo proceso y que dejara tranquilo a Lucas Agüero. El joven ya había amenazado con llevar a juicio a la policía de Miami por hostigamiento.
 

—Demasiado tiempo y dinero invertido en un falso sospechoso. Tu obsesión nos ha costado muchísimo. Ahora descansa y disfruta de tu jubilación. Salúdame a Vilma y olvídate de todo esto, por favor —le recomendó Roswell despidiéndolo con un blando apretón de manos.
 

El teniente retiró sus pertenencias de la oficina y se despidió de todos, especialmente de Rubén, agradeciéndole por el apoyo incondicional en los difíciles días pasados.
 

—Fuiste uno de los pocos que siempre creyó en mi línea de investigación. Te  convertirás en un gran policía, no me caben dudas —le dijo abrazándolo con fuerza.
 

—Gracias señor, cuídese mucho y no se preocupe más por Agüero. Tarde o temprano cometerá un error y lo atraparemos, entonces usted será reivindicado exclamó Rodríguez, observando cómo la figura del hombre admirado se alejaba cansinamente por el pasillo central.
 

—Dejar tranquilo al bastardo ése, qué fácil es decirlo —refunfuñó           para sus adentros Avalón momentos después. — Olvidarme del hombre que arruinó mi carrera… ¡Antes muerto! —gritó furioso mientras arrancaba su volvo convertible rumbo a South Beach.
                                                                   
                                                                         
III

            A esa altura de las circunstancias, a Kassel Morgandus sólo le interesaba que todo acabase lo más rápido posible. Tras la muerte de Lidia Agüero, la pena y la desolación de Lucas lo terminaron de desmoronar. Escondido en el andaraje, lloró viendo llorar a su elegido. En un momento se puso a hablarle y a darle ánimo como si el ente pudiera escucharlo.
 

Durante el desahogo del muchacho, pensó que llegaba el final y hasta imploró para que contara todo, que mencionase su nombre a unos expectantes jueces y explicara el fraude, obligándolo a desconectar el sistema de una vez y para siempre…pero nada pasó, Lucas le habló al cielo como si del Dios convencional se tratase, y el mundigramista pasó horas sentado en el frío piso buscando una explicación lógica a la pasiva actitud del joven.




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