24/8/16

Asesino Serial del Año. Capítulo undécimo




La ofrenda final

La noche era cálida, el aeromóvil se elevó hacia el cielo alcanzando el nivel prefijado por la ruta que le había sido asignada. Su silueta dejo por instantes un rastro borroso sobre la luna, entonces más llena que nunca. Las pupilas de Morgandus, su mujer y el ingeniero Malcom, se inundaron con un cielo colapsado de estrellas. Con el piloto automático puesto, solo necesitarían reasumir los controles cuando el vehículo descendiera sobre el Central Dome de la Persia Nueva. Esta metrópolis era la más poblada del planeta, con casi dos millones de habitantes y se hallaba emplazada en el cordón central de los Himalayas.

El trayecto desde los Andes inferiores tomaba cincuenta y cuatro minutos, arribarían a las 20:17 aproximadamente. El comienzo de la entrega de premios del mundigrama 3185 estaba programado para la hora 21:30. Solo en dos ocasiones anteriores Morgandus había asistido al popular evento. La primera, simplemente como espectador. La última, al ser galardonado con el noveno puesto.


Cuando una hora después ingresaron al escenario principal, el espectáculo lucia deslumbrante. Trescientas cincuenta mil personas de todas partes del mundo atiborraban las tribunas. En el centro del anfiteatro se desarrollaba un colorido show musical. En el perímetro del escenario centenares de acróbata realizaban piruetas y cada diez minutos la atención se centraba en una holopantalla gigantesca que pasaba imágenes de los entes nominados. Se ubicaron en tres sillas, reservadas en la segunda fila de la zona baja, junto al grupo de los cien nominados e invitados especiales.

Corría febrero de 3188 y desde noviembre las grandes cadenas venían difundiendo compilados sobre la vida de los distintos candidatos. Los organizadores guardaban siempre los momentos culmines de estos seriales para después de la ceremonia. El suspenso, la intriga, eran totales, nunca en la historia del juego, una información previa sobre los ganadores se había filtrado.

La historia de Lucas Mariano Agüero cautivó por tres meses a millones de holoespectadores, y cuando la figura del elegido de Morgandus apareció en aquella velada, fue de lejos el más vitoreado. La visión de su amado microente le introdujo a Kessy un estiletazo en el pecho. En los días pasados después de apagar el mundo capsular, trató infructuosamente de olvidar a su marcp principal. El remordimiento lo mantenía en una vigilia casi constante y cuando al fin lograba conciliar el sueño, despertaba con los ojos empapados. Ni Isaías, ni siquiera Antón Rogiumez, el psicólogo más prestigioso de Los Andes, pudieron anestesiar su pena. Se sentía total responsable de los tormentos que había sufrido su Lucas. Lo que terminó de desquiciarlo, fue la forma abrupta e impensada en que finalizó la vida virtual de su elegido.

Aquel anochecer en La Persia Nueva, sentado entre millares y solo como nunca, murmuraba en continuo martirio, jugueteando peligrosamente con la demencia.

—Eras tan bueno, tenías un corazón enorme, amabas a los tuyos a muerte y yo te jodí todo. Intenté jugar a Dios y fui peor que el Diablo. Maldigo a los monstruos que inventaron esta mierda. ¡Perdón Lucas, perdón!

Malcom escuchaba los susurros sumamente preocupado. Conocía el estado emocional de su amigo. El calvario de los últimos noventa días. Horas atrás hasta había pensado en cancelar el viaje, pero Morgandus insistió. Además pensó que le vendría bien cambiar un poco de aire y subir a recibir un premio… si es que había premio alguno.

—Una hora más Kessy, luego todo habrá pasado, todo será solo historia. ¡Aguantá mi amigo, no te derrumbes ahora!

El asesino serial del año fue el último premio de la noche. La expectativa generada era inmensa. Ni Kassel, ni el ingeniero, llegaron nunca a imaginar que, además de ellos y Julius Cromo, otros tres concursantes habían superado la barrera de las treinta muertes. El presentador tiro al aire el dato como un bocadillo y una exclamación recorrió las tribunas como una ola. El rubio ni se inmuto con la noticia, Kessy se preguntaba qué diablos hacia allí y por primera vez se asentó en su mente la idea de acabar con su existencia. Miraba al frente sin ver y apenas escuchaba al tipo que comenzaba la presentación de los cinco candidatos al premio mayor.

Malcom excitado sopesaba las posibilidades. Sabia, por medio de una fuente súper confiable, que Cromo también logró treinta y tres víctimas, pero no tenía ni idea de los números de los otros sorpresivos finalistas. Los jueces, sin dudas, se inclinarían por Julius Cromo pues lo había logrado en menos tiempo que Kassel. En resumidas cuentas, pensaba el académico, el terrible desenlace en la historia del marcp de Morgandus, los puso en una situación expectante entre el segundo y el quinto puesto.

—Siempre que —masculló Isaías— no nos enfrentemos a la tan temida y aun probable descalificación.

No estaban exentos de que los supremos hubieran descubierto alguna irregularidad y abierto la capsula sin que ellos lo supiesen. Los tres casos de nominados acusados de fraude en la historia de la competencia, fueron anunciados en el instante último de la premiación. Esto le daba  suspenso a la gala nocturna, pues se podía llegar a la gran final y no ganar nada más que un buen par de esposas.

Cuando el anunciador, cercano a la medianoche, presentó seis jugadores para cinco premios, el estadio se sumergió en expectante silencio. Malcom estaba petrificado. Esto significaba que uno de ellos seria descalificado. Sin dudas los habían descubierto, sintió un sudor frio galvanizandole la medula y tras estudiar  la expresión anodina de su compañero cayó en cuenta de que este ni se había enterado.

El nombre de Lucas no se mencionó ni para el quinto, cuarto o tercer puesto. Usualmente al deshonrado ni se lo nombraba. La gente se enteraba por simple descarte.

—El segundo lugar con treinta y dos asesinatos… Johan Croxt de William  Wolstein, ciudad de Jerusalen.

El científico se paró, la sangre parecía coagulársele en las venas. Su vida destruida por un estúpido juego. Al menos diez temporadas a la sombra, seguramente afuera ya los esperaban los uniformados. ¿En que había fallado? Todo fue meticulosamente planeado. No podía entenderlo, era casi imposible que los jueces lo descubrieran.

Morgandus ni siquiera se apenó por la mala noticia, todo le resbalaba. Respiró cortadamente bajando la vista para enfocarla en un vacito de plástico tirado sobre la alfombra. Solo evitaba encontrarse con el rostro sonriente de Julius Cromo cuando subiese al escenario.

—El asesino serial del año 3185, con el nuevo record histórico de treinta y tres muertos ha sido adjudicado a… —estiró la vocal como por diez segundos, las tribunas parecían a punto de reventar. Tras tomar aire con fuerza, descerrajo el nombre del nuevo campeón—… Lucas Agüero de Kassel Morgandus, ciudad Aconcagua.

Un incrédulo Isaias Malcom tragó la saliva acumulada moviendo enérgicamente la cabeza como buscando despertarse. Entre gritos de júbilo abrazó a su amigo besando su imperturbable rostro y se derrumbó en el asiento entre lágrimas de emoción. Increíblemente habían eliminado a Cromo y contabilizado como válida la última ejecución de Lucas.




















Epílogo



Eran las tres y media de la madrugada,  Kessy Morgandus había tomado tres somníferos juntos y ni así lograba conciliar el sueño. El gigantesco trofeo, acomodado sobre una caja de madera forrada con papel metálico, ocupaba la esquina opuesta a la cama matrimonial llegando casi al techo. Las letras doradas remarcaban su “triunfo” encandilando al tribulado hombre.

Con los ojos ardidos y la garganta áspera rememoró por centésima primera ocasión el final de su  elegido.

El haitiano Eugene Toussant acababa de abrirle la puerta invitándolo a pasar amablemente mientras le ofrecía una bebida. Al retornar de la cocina, el moreno se encontró con que el argentino lo estaba apuntando con una pistola. A Morgandus la despavorida expresión del isleño le pasó desapercibida ante la acción que sucedió a continuación.

Su marcp principal levantó el puño derecho, manteniendo solo elevado el dedo medio y elevo su vista hacia arriba con el rostro henchido de satisfacción.

—Para vos, mi pervertido Dios. Me jodiste la existencia con este engendro de mundo que creaste. Esta es mi ofrenda final, Satán. ¡Reverendísimo hijo de una gran puta! —insultó gritando el mayor de los Agüero mientras abría la boca, un poco más, para permitir el ingreso del caño del revolver hasta la campanilla misma. Entonces con sumo deleite y sonriendo, se voló la tapa de los sesos.

En el segundo postrero, Lucas Mariano Agüero, el ente elegido de Kassel Morgandus, por primera vez en su vida virtual se sintió dueño absoluto de sus actos.

                                           FINAL

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