31/5/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO. Capítulo Séptimo



La victima numero 32



Joaquín Urraya destilaba su resaca tirado sobre la alfombra de la pieza matrimonial. Sentía los sesos batidos como en una coctelera. Cuatro horas le sobraron para tomarse más de un litro de ron Cachapa. Apoyada en su frente, una bolsa de plástico del Publix con hielo le ofrecía alivio momentáneo. Esta noche dormiría solo, su mujer había huido a la casa de la madre. Todo debido a un problemita ocurrido más temprano.

Salió del hotel Delano a eso de las seis y treinta. Iba acompañado por Lucas Agüero, quien vivía a escasas cuatro cuadras de su apartamento. Habían trabajado de meseros en el mismo turno. En la esquina del City Bank se encontraron con Carina, su esposa. Un flaco alto y bien parecido caminaba a su derecha.

—Mi… mi primo Juan —dijo ella con evidente miedo.

Joaquín la celaba continuamente y esa tarde, como tantas otras, no pudo contenerse. Arremetió contra el supuesto pariente reboleándole un puñetazo en pleno rostro. Cuando Lucas intentó detenerlo, se abalanzó contra la muchacha y la desparramó sobre la vereda de un cachetazo, haciéndole sangrar la nariz.

20/5/16





ASESINO SERIAL DEL AÑO. Capítulo sexto

                                                     Fuera de control




                                                                  I

Al teniente Freddy Avalón, la noticia del nuevo crimen lo tomó desprevenido. Nunca se hubiese imaginado que el asesino volvería a atacar tan pronto, solo habían trascurrido tres días desde la última muerte.

—Emilio Zanola, venezolano, cincuenta y tres años. Tenía una orden de restricción sobre su mujer y sus hijas. Pasó diez años preso por violar a la más grande. Cinco veces encarcelado por violencia doméstica. Vivía solo en Plantation —dijo Rodríguez, esmerándose en lograr el halago de su superior.

—¡La putisima madre que te hecho al mundo Lucas Agüero! ¡Estás fuera de control desgraciado! —exclamó furioso el viejo sabueso— Tengo que hablar urgente con el capitán. A ver si ahora reaccionan de una vez por todas. Si no le ponemos vigilancia las veinticuatro horas, este sicópata va a seguir matando gente.

2/5/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO. Capítulo quinto




                                                  Suicidio Virtual


                                                I
En los albores del tercer milenio la humanidad se vio azotada por un calentamiento global fuera de toda previsión. La emisión irresponsable de gases provocó que la temperatura promedio del planeta subiera siete grados centígrados. Al derretirse los polos, el nivel de los océanos había aumentado varios metros. Las masas secas continentales se redujeron en un noventa y cinco por ciento. El agua, el hambre, el hacinamiento, las enfermedades y las guerras pusieron a la raza humana en el vértice de la extinción. Fueron décadas oscuras, salvajes, de retroceso, donde solo los más dotados físicamente sobrevivieron. Cuando la inundación al fin cesó, quedaban en la tierra solo seis millones de los ocho mil existentes al comienzo de la catástrofe.
El hombre comprendió que se organizaba o desaparecía y en los siguientes cinco siglos logró un espectacular progreso en lo social y en lo científico. Solo diez ciudades poblaban el orbe, nueve de ellas enclavadas en los antiguos macizos cordilleranos del Himalaya y los Andes. La restante, con más de medio millón de habitantes, era Tokio, el único emplazamiento sumergido. Aunque Londres y New York habían comenzado a edificarse un par de años atrás.
Con tamaña escases de espacio, el control de la natalidad era prioridad mundial. El sesenta por ciento de las mujeres fecundas podía dar a luz únicamente un bebe en su vida. Al nacer la niña se decidía en imparcial sorteo si sería madre o no. Tan traumática normativa pensaba ser morigerada tras completarse la construcción de las nuevas metrópolis.
Para Liza Morgandus sería demasiado tarde, los primeros síntomas de la menopausia ya achacaban su cuerpo.