Mostrando las entradas con la etiqueta EL QUIJOTE VERDE. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta EL QUIJOTE VERDE. Mostrar todas las entradas

10/2/12

Diario de un oncólogo arrepentido




      29 de febrero
No es que desperté esta mañana y tomé así por así la decisión de abandonar todo y marcharme al campo. Lo de ayer a la tarde  fue el detonante, pero el proceso había sido lento, desgastante, mortificador. Por tres décadas y pico había venido violando el juramento hipocrático, al principio con poca noción de la barbaridad que estaba (estábamos) cometiendo. En los años recientes, a medida que se iban esclareciendo las cosas (siempre estuvieron claras pero no queríamos aceptarlo), fui adquiriendo conciencia y me descubrí tal cual era, un minúsculo engranaje del mas monumental y maquiavélico de los negocios. 
          Tuvo que sucederme esto para decir basta, para sacar la cabeza del inmundo hoyo e intentar (por poco tiempo lo se) respirar aire puro. Aunque no voy a engañar a nadie con hacerme el ético a esta altura de mi vida. Seria distinto si lo hubiese hecho mucho tiempo atrás, cuando recién empezaba a practicar y no tenia adonde caerme muerto. Ahora con medio millón en la cuenta bancaria, mis hijos criados y lejos, sumado a millares de pacientes enterrados con mi ayuda, seria la madre de los cínicos si me hago el quijote verde.

29/6/11

Muerte en tránsito



W.G.G
Amanecía, un gris enchastrado de naranjas cubría la playa San Miguel del Puerto San Martin. Aquel treinta de Abril, el Mercedes rojo se estacionaba con veinticinco mil kilos de soja al final de una columna como de veinte camiones que aguardaban la autorización para ingresar al puerto. Estaba fresco y había llovido toda la noche. Un grupo de palomas y gorriones picoteaban los restos de granos desperdigados sobre el cemento. Un poco mas allá, tres o cuatros camioneros tomaban mate y cada tanto lanzaban estertóreas carcajadas.

Iván chasqueó la lengua contra los dientes buscando sacarse un resto de medialuna escondido en el agujero de una muela recién sacada. Como a las cinco y media se había detenido a desayunar en una estación de servicio y aprovechó para comprar un paquete de marlboro y pilas para la linterna. Sintonizó LT 8, el panorama informativo estaba por comenzar. Prendió un cigarrillo y tras pegarle la primer pitada con furia, recostó el asiento un poco mientras con la otra mano saludaba a Edson, un brasileño con el cual había compartido largas esperas en los meses pasados. No le hizo mucha fiesta porque quería descansar un poco y el carioca hablaba hasta por los codos. Despues de estirar las piernas, entornó los parpados y suspiró profundamente.

—Diez días mas y no vuelvo a subirme en mi vida a un puto camión —le había dicho unos días atrás a Sofía su mujer, con los ojos nublados por la emoción. La imagen de sus hijitos, Joaquín y Anabella, llorando porque no iba a pasar semana santa con ellos, no lo dejaba ni un instante.— Te juro que será mi ultimo viaje y después me consigo un laburo fijo acá en el pueblo.

24/4/11

De aquel lado del camino







W.G.G

Oscuridad, y un silencio nunca antes experimentado. Vacío abrasador por donde su espíritu anda a tientas. Martín va flotando con un sentimiento asfixiante de indefensión.

El tema de la vida después de la muerte lo había obsesionado desde que tenia noción. Una luz blanca absorbiéndolo, un túnel luminoso por donde desfilaran los recuerdos mas preciados, el despegarse del piso y observar todo desde arriba, cualquier cosa hubiese sido preferible a esta conciencia atroz de la nada. ¿Estaría acaso en un limbo? ¿Una estación en tránsito hacia otra realidad? Toda una eternidad a ciegas por el infinito le sonaba pavoroso.

Lo único que fluye es el tiempo, pero le resulta imposible discernir cuanto lleva en esta condición. ¿Horas, días, meses? Solo el pensamiento sin limites, sin dimensiones...


Fueron unos sonidos, como de voces intentando abrirse paso entre las telarañas del cerebro, los que le trajeron el primer alivio.

9/4/11

¡No habrá otra chance muchacho!


W.G.G
Había veces, como en ese momento, en que no tenia ganas de mover ni un solo músculo, a tal punto que le tomó una enormidad de tiempo levantar la vista para saber la altura de Avenida Rivadavia por donde se desplazaba el colectivo. Como a veinte cuadras de allí estaba el supermercado que pedía personal.

Sus pupilas buscaban angustiadas algún bálsamo, una sonrisa, un color, un rostro que lo animara. Atardecía sobre Buenos Aires, hacia frío, llovía a canteros y ese tango lastimero que le traía la radio, que hablaba de una fatal puñalada, lo hería aun más. Era como si siempre hubiese llovido en su vida, siempre nublado, siempre la tormenta amenazante y el gélido aire engullendo el poco calor que habitaba su cuerpo.

Limpió la ventanilla y observó los despintados edificios, los árboles sin hojas, los escasos transeúntes con caras largas y pálidas. Le costaba rememorar el ultimo instante de felicidad, un momento en que no sintiese esa opresión en su pecho. Cerró los parpados con fuerza. Aunque fuese una imagen, algo que le devolviera la paz por unos segundos. Únicamente sintió dos tibias lágrimas recorriendo sus mejillas.

5/4/11

EL QUIJOTE VERDE / Prólogo de la novela



Walter Gerardo Greulach

—Se terminó —dice Mariela con voz áspera y corta la comunicación.

Dos palabras, nueve letras, que desmoronan los escasos cimientos que aún lo mantienen en pie. El celular se desprende de su mano, desbaratándose en el piso de cemento pulido. Las pupilas se ensanchan, extraviándose tras el ventanal de vidrios sucios, donde cielo y tierra comienzan su beso nocturno.

Se terminó… y la razón ya no encuentra resquicio de cordura donde alojarse. El paisaje lo desgarra, hoy más que nunca. Entorna los parpados y aun lo sigue viendo. Soja, un océano de soja. Miles de hectáreas bamboleándose al viento. Soja, la maldita bendición del pueblo argentino.

Se terminó —dijo su esposa.

Como si se tratase de poner un punto final y comenzar la nueva oración. Como si al dolor de los recuerdos se lo pudiese borrar con voluntad. Como si mañana no amaneciera y existiese otra opción que seguir respirando.

Se terminó…

20/2/11

VIENTO EN POPA

W.G.G



—La mejor droga es aquella que mantiene al paciente enfermo por años y años, para que de esta forma podamos extraerle hasta el último centavo —dijo el calvo ejecutivo de Pfizer descaradamente—. En su gran mayoría las drogas poderosas tienen consecuencias peores que la enfermedad a la que buscan combatir.

—Nada que ya no sepa —pensó Orlando aburrido, mientras se fingía interesado, afirmando con la cabeza cada acotación del gordo arrogante.

—¿Sabía usted mister…

—Carranza.

—…que una buena dosis de vitamina d y omega tres es mucho más efectiva para combatir la depresión que todas esas porquerías que andan por el mercado?

—Por lo menos el alcohol lo desinhibe totalmente al bastardo —meditó el medico a la vez que se llevaba un crab cake a la boca. Solo había dos razones que lo mantenían aun sentado en la barra de aquel salón de Coral Gables, el frio de afuera y los bocadillos de adentro. Se realizaba la presentación de una nueva droga contra la osteoporosis y él era el representante del hospital mas grande del condado.