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21/5/14

HIPERSOMNIA

W.G.G
                 
           Al maestro H.P.Lovecraft

           No se quienes son, aunque estoy segura de que existen y me llaman. No podré resistir mucho tiempo. Hay algo maligno en el tono de las voces, algo terrible se esconde tras esos sonidos y sin embargo cada vez me cuesta más ignorarlos.

Me llamo Quiara Sortino, vivo en Pisa, Italia y tengo diecinueve años. Cursaba en la facu el segundo año hasta hace un par de meses en que ya no pude continuar. Más bien no me dejaron, me quieren solo para ellos.

          Como concebir que hubo un tiempo  normal, feliz, en mi existencia, en el que caminaba libre por las calles. Han pasado tres años desde que una adolescente típica, con novio, amigas, un perrito, en fin con un proyecto de vida, comenzara a transformarse en una lunática… ni más ni menos.

13/1/13

Sangre Maldita





 

 W.G.G

         Siempre (desde niñito) tuve una tremenda curiosidad por conocer la historia de mis ancestros paternos. En cada ocasión que sacaba el tema a colación, mis mayores se iban distraídamente por las ramas y terminaban aportándome poco o nada. Llegué a pensar que ni siquiera mi padre sabía con certeza cuál era su origen. Me había contado que mi abuelo Adolfo García nació en el sur, cerquita de Bariloche, que administraba un hotel a orillas del Nahuel Huapi, y que allí conoció a mi abuela Maria que trabajaba limpiando los cuartos. Que se casaron en el 66 y en el 67 se mudaron a Rosario, donde unos meses después vino al mundo Edgardo, mi padre. Aquí al sur de esta ciudad, en el barrio Saladillo Sud, echamos anclas los García y hemos llevado hasta ahora una vida linda, relativamente tranquila. De mis bisabuelos solo pude sacarle que se llamaban Julio y Eva y que llegaron desde la madre patria, no sabe de que zona, ni siquiera si tenían hermanos o dejaron algún otro hijo allá en su tierra.

            Tecleo estas letras en mi laptop, protegido por las penumbras de la habitación. Han pasado dos días desde la revelación y aun mi espíritu se sacude henchido de culpa y vergüenza. ¡Como si yo, mi padre o mi abuelo tuviésemos la culpa de algo! Creo, es más estoy seguro, que nadie leerá estas líneas jamás. Este testimonio irá derecho a la lata que haré desaparecer por el mismo hueco del que nunca debió haber salido. Una lata que me reveló la podredumbre que corre por mis venas. Mantendré el doloroso silencio de los míos, que más me queda.

            Es extraño, afuera llueve a rabiar y aunque los cristales están empañados, puedo ver la luna llena apoyada en una esquina de la ventana. Un lunón hermoso, intimidante, como el pasado que me asfixia y me obliga a descargar mis sentimientos en una hoja de cuaderno.

8/10/12

El Libro de Los Estados de Ánimo


 

W.G.G
                                                                          I
           
          
           Oscar Fritz Herztog retorna al terruño que lo acunó de niño, un atardecer de primavera, en el año doce del tercer milenio. El verde frescor de Olmos y casuarinas sale a recibirlo. Abre la tranquera y se encamina hacia la casa que él mismo (junto a su abuelo, padre y hermanos) edificó a finales de los cuarenta.

            Sobre Línea de los palos, a unos seis kilómetros del pueblito de Jaime Prats, se encuentra la finca de solo nueve hectáreas, aunque en su niñez le parecieran todo un continente. Poco luce diferente, allí esta la hijuela entre dos filas de membrillos, el lugar en donde con Rainer su primo mayor, y en una play boy robada un amigo de Real del Padre, vieron la primera mujer desnuda. Por allá, el roble centenario dividiendo los chiqueros vacíos y los restos de madera del entrañable refugio que, hasta con puertas y ventanas, erigieron con Edgardo y Roberto sobre el árbol amigo. Los mismos ladridos (otros perros) proveniente de las casuchas emplazadas en los tres puntos estratégicos, según su abuelo, para custodiar la casa. El horno a leña, al costado del gallinero (que como mucho alberga hoy seis gallinas y uno o dos gallos) y la visión instantánea de las nochecitas de empanadas lechón y pan casero que solían disfrutar con la alemanada de la zona. El bosquecito de pinos junto a la vivienda y el momento de escoger la rama más derecha para la noche buena o la belleza de verlos emblanquecidos por alguna rara nevada de julio o agosto.

Hertzog regresa tras cincuenta y tantos inviernos. Setenta y tres años matizaron de gris sus cabellos. El paso largo y decidido disfraza su edad, va sin miedos, convencido de lo que debe hacer. Sin tristezas, con la curiosidad de un bebe que vuelve a introducirse al vientre materno. No hay nostalgia, se dice una vez mas, no se añora lo que no puede volver a vivir. O por lo menos eso se forzó a creer cuando puso el primer pie en Alemania,  creer que allá en la fría y distante cuna de sus antepasados, estaba el único futuro posible.


4/3/12

El oro de los mayas

                   
W.G.G

Para ser tan temprano, ya hay una humedad y un calor de los mil demonios, estos otoños miamenses son un chiste. Me siento pegajoso, incómodo,  para colmo no he podido cerrar un ojo, toda la maldita noche pensando huevadas. Ya son las seis y estoy sentado en mi cama,  respaldado en la pared, chupo unos mates mientras repaso por quinticienta vez los extraños hechos que, en solo medio año pusieron culo pa' rriva mi vida. Me hallo en una encrucijada única e irreversible. No me quedan dudas que mi porvenir quedará ligado para siempre a la decisión que estoy por tomar.
Nunca fui un oportunista, de astuto tengo muy poco, se puede decir que me han vivido cagando. Por honesto y huevón estoy donde estoy, un cuartito inmundo con un baño que pasa tapado, en el medio de Little Haití. Laburo por el mínimo en El Malecón, un restaurante cubano enclavado en el medio de Hialeah y mantengo la esquizofrénica utopía de vivir en el futuro de las pelotudeces que escribo.
Década y pico que mis pasos desgastan las calles de Miami, lo poco que ahorré en mis primeros años en la capital del imperio, me lo gasté en un casamiento por los papeles. Siempre me dijeron que si estaba legal iba a conseguir un mejor trabajo. Mierda, aquí estoy, cinco años con green card y peor que nunca.

8/1/12

EL OTRO RAFA - EPÍLOGO



W.G.G

        La  mano temblorosa asió mi muñeca. Una voz idéntica a la mía lo excusó de toda presentación. Allí estaba el otro Rafa, arrodillado junto a mi cama, corporizado en un acto más satánico que divino. El horror y no la presión de sus dedos me hizo  soltar el frasco, el cual al tocar el piso pareció estallar en un estruendo interminable. Tardé años en enfrentarme a sus ojos, en comprender que no soñaba y que estaba allí realmente, en asimilar sus ruegos para que no tomara las pastillas. Dos brazos musculosos me abarcaron apretándome con fuerza, los segundos caían lentos indescifrables. No pude, ni quise moverme un centímetro, ni siquiera cuando apoyó sus labios en mi frente. Sus ojos…  mis ojos, me miraban con abismal dulzura.
            Comencé a sentirme mejor, era el encuentro con alguien con el cual habíamos compartido todos los segundos de vida. Al fin lo asumí parte de mi sangre y una hermosa sensación, mezcla de esperanza y amor baño mis terminales nerviosas. No tengo idea cuantos minutos desgastamos llorando así abrazados.

11/12/11

EL OTRO RAFA (segunda parte)

                                             
                                -CUATRO-


¿Quién maneja a quien? Anoche intenté pasármela en vela y más allá de tomarme dos cafeteras llenitas, no lo logré. A las dos de la mañana estaba roncando a moco tendido. Él, como ha pasado siempre, se despierta a la misma hora en que yo abrazo a Orfeo. Hoy abrí los ojos a las tres de la tarde, el muy cretino se quedó despierto hasta las tres de la madrugada. Cada vez duermo más, estirando sus empalagosos días.
¿Quién maneja a quien? me pregunto.  Para el otro Rafa es fácil, posee un trabajo en el cual no debe rendirle cuentas a nadie, es el jefe. Hace y deshace a su antojo y todos le tienen aprecio. Por su culpa perdí mis últimos trabajos, me fue imposible cumplir los horarios. Moriría por tener sueños normales, distintos o no tenerlos directamente, llevar dos vidas es estresante, sobre todo cuando la verdadera es una mierda.
He probado toda clase de somníferos, don Oscar me recetó, como unos cinco años atrás, unos, según él, infalibles interruptores de sueño, testeados con éxito en pacientes aquejados por pesadillas insoportables. Conmigo fracasaron, solo me jodieron el estómago y ni siquiera dormía mejor. En una etapa de mi vida me obsesioné (como ahora) con la idea de ser Stuart, de incorporarme totalmente a su bella cotidianeidad. Pensé que si encontraba la forma de dormir mucho tiempo, en algún momento se produciría un clic y le diría adiós a este gastadero de días sin motivo. Una sobredosis de pastillas casi me mandan al otro mundo, no a de él, sino al celestial, o infernal, quien sabe. Creo estar más próximo a este último. Estuve nueve días inconsciente, nueve días plenos en Darwin. ¡Que feliz fui!  Descubrí que en ese estado él vivía normalmente, sin depender de mí para nada y que solo tenía que encontrar la forma de prolongar el coma indefinidamente.

18/11/11

EL OTRO RAFA (Primera parte)



W.G.G


          -UNO-

          
       —Desde siempre —musitó estirándose en el sofá y encendiendo un cigarrillo, de esos inodoros de plástico.
            —¿Cómo que desde siempre —preguntó el flaco pelón que estaba sentado a su derecha mientras rotulaba una carpeta con el nombre de Rafael Zarate.
            —Bueno, por lo menos desde que me acuerde. Con decirle que en mi cumpleaños número trece mi mejor amigo era un siquiatra y en vez de confites, lo que había para comer eran pastillas antidepresivas. Desde que portaba pañales hubo un cura locos en el centro de mi vida. El ultimo, Don Oscar, fue mi confidente por más de siete años, siento como si hubiese perdido a un padre —agregó el hombre con pesar.
            —Lo sé y espero serle tan útil como lo fue Don Oscar. Días antes de fallecer tuvo la cordialidad de acercarse a mi consultorio con su historia clínica y me pidió por favor que me hiciera cargo de su caso. No se podía marchar tranquilo sin saber que su salud estaba en las manos adecuadas, él también le tenía mucho aprecio —dijo el profesional apoyando la mano en el hombro del recostado.
            —No tiene ni idea lo que ese señor significaba para mí, no sé que voy a hacer ahora sin sus consejos —sollozo el hombre.
            —No se preocupe, confíe en mí, Don Oscar fue, además de mi mentor, un gran amigo y me encargaré de su caso por el tiempo que haga falta y sin cobrarle ni un centavo —dijo Felipe Giqueaux observando a Rafael como si de su ídolo de rock se tratase.

9/5/11

La segunda venida



Al maestro Isaac Asimov

Oscurece, y los tres soles de Orev crean un entramado de sombras yuxtapuestas que se derraman por la meseta sagrada. El gran domo corona la elevación natural y a su alrededor se alinean las torres de los doce ministerios. Hace dos millones setecientos mil años (usaremos siempre la nomenclatura terrestre) que el sexto planeta del sistema tripolar Reltaw es la capital de la Vía Láctea, nonagésima galaxia del primer cuadrante del universo conocido. Allí van a reunirse esta noche los 398 delegados, representando a los veintidós mundos primigenios. El tema prioritario será el calamitoso estado del tercer planeta del sistema AQ 250. En el año 2011 desde el último contacto, la tierra (así la llaman sus habitantes) se consume en guerras fraticidas, la contaminación ha llegado a niveles intolerables y más del setenta por ciento de sus habitantes no cubren sus necesidades básicas.

—La situación es extremadamente delicada —dijo el presidente galáctico y movió la cabeza mirando consternado a su hijo y a su primer asesor.— Como no propongamos ya una medida seductora y viable, no tendremos argumentos para seguir sosteniendo la existencia de este mundo tan problemático.

21/3/11

Por un momento pensé que soñaba

W.G.G



07 de marzo del año 2011 Miami U.S.A


Por un momento pensé que soñaba, que era una de esas pesadillas inspiradoras de algunos de mis relatos. La foto, el libro y el chip de memoria que sostengo, me indican que no es así. A no ser que se trate de un sueño largo del que aún no he despertado y que tuvo inicio esa mañana de otoño del año pasado, cuando lo vi cruzar la calle por enfrente del Dólar store.

Tomaba mate sentado sobre el deck de madera, bajo la sombra de dos paltas gigantes. En el mismo lugar donde hoy les escribo esta confesión (la cual va dirigida a todos, pero especialmente a mi esposa y mis hijos a quienes no he tenido el coraje de enfrentar con la… ¿verdad?).

Despertó mi atención al instante. Vestía unos vaqueros demasiado ajustados para mi gusto y una remera roja tan pegada que parecía formar parte de su cuerpo. Alto y atlético, lucia la cabeza rapada y (esto lo pude comprobar cuando me acerqué) tenía marcados rasgos orientales. Su rostro, blanco a mas no poder y de cejas exageradamente depiladas, era más el de un bebe que el de un hombre. Cargaba una valija mediana de cuero marrón y una expresión de alegría que detesté desde el primer momento.

La risa que me produjo el verlo, muto en temor cuando desde la puerta de la reja, levantó el brazo llamándome.

10/2/11

La proeza final de Luciano Andrés Parra



W.G.G

Disfrutaba jugar con el peligro, en una actividad rayana en lo demencial. Era un adicto a esa infusión de adrenalina que recorre nuestras venas en los instantes de tensión al límite. Y cada vez forzaba más el umbral buscando un desenlace que a todas luces se aproximaba. Quizás por ello estaba en aquel momento acostado dentro de ese extraño supositorio dorado, inmovilizado de pies a cabeza y con cientos de sensores que cubrían su cuerpo desnudo. Una música de violines y chelos le llegaba a través de los auriculares.

—Para que te serenes —lo alentó Harvey Love, el tipo con más cara de loco que conoció en su vida.

—Calmarme, ja —masculló Luciano.

Tenía tensionado hasta los pelos, y el corazón, bombeando a mil doscientos por hora, lucia como si en cualquier momento se le saldría por entre las costillas. Pero en síntesis eso era lo que buscaba, lo incierto, lo inesperado…

4/12/10

J.P. TREINTA Y TRES AÑOS DESPUES

W.G.G


Había trabajado hasta pasada la medianoche en la fábrica de conservas de Jaime Prats. Una carga de tomates al natural que salía a primera hora rumbo a Buenos Aires así lo ameritaba.

Aquel verano del 67 estaba entre los más calurosos de la historia. Aun a esa hora, el mercurio se encaramaba por sobre la marca de los treinta grados. Ni una brizna de viento suavizaba la pesadez del ambiente. El joven, apenas traspasado el portón del edificio central, se bajó el overol hasta la mitad, anudándose las mangas en la cintura. Hubiese sido más conveniente cambiarse la ropa, pero a diferencia de los demás trabajadores, a él le disgustaba andar acarreando un bolso. Tuvo que bordear una montaña de cajones de madera para alcanzar la base del tanque de agua, en donde encadenada a un caño había dejado su vieja bicicleta.

El rumor del agua, mezclado con un concierto de grillos y chicharras, se iba acrecentando a medida que se acercaba al camino. Este bordeaba el canal matriz y lo llevaría en unos minutos a la intersección con la Línea de los Palos. Todo era oscuridad, alumbraban más las estrellas que el delgado filo de la luna en cuarto menguante. Bendijo a la calle recién enripiada, si a la poca luz le hubiese sumado los posos y cascotes sueltos, el trayecto le habría insumido por lo menos media hora.

18/10/10

EL ENTREGADOR

W.G.G


13 de Octubre del 2010

El ambiente es estrecho y húmedo, tan húmedo... casi como si estuviese flotando. Entorno los parpados y vuelvo a abrirlos, una y otra vez. No distingo nada, solo un monótono gris plomizo, alternado con manchas violáceas que aparecen con cada grito, con cada aullido. Me aplasta un sentimiento de agobio, sin embargo no soy yo el torturado, sino otra persona a quien siento como un apéndice de mi propio cuerpo.

Se trata de un interrogatorio, hay insultos obscenos seguidos de golpes y descargas eléctricas. Estiletazos de luz hieren mi cerebro y se desparraman por mis venas transformándose en infinidad de dolorosas luciérnagas, aunque uno solo de sus alaridos me hiere más que mil descargas. Los torturadores no hablan ingles, lo increíble de esto Gary es que en los sueños, en las visiones, los entiendo a la perfección, pese a haber estudiado español solo un semestre en el high school.

…………………………………………………………………………………………

Guardo el cuaderno en un cajón de la cómoda, lo cierro con llave y suspiro apesadumbrado. Mi nombre es William Roswell, tengo treinta y tres años y naci al norte de Maine, a doce millas del límite con Canadá, en un pueblito apestado de nieve las tres cuartas partes del año. Mi padre John y mi madre Catherine poseen, desde tiempos inmemoriales, la única fábrica de dulces de la zona. Mi hermana Mary y su esposo Carl trabajan con ellos. Peter, el menor de la familia, es sargento y está en Afganistán.

Días atrás consulté mi problema con un gran amigo, Gary Parckstone, un ex compañero del high school. Es  sicólogo y vive ahora en New York. Me propuso que escribiera los sueños, así podíamos analizarlos con detenimiento cuando regresara en Thanksgiving.

23/7/10

EQUI, AÑO 9.873 D.C

     
      El zumbido del único tren aero magnético que aún no había sido desactivado lo despertó, cuando apenas empezaba a amanecer. Circulaba a unos diez metros de su ventana, en el piso 327 del edificio Arterios de la corporación Multiplex. Rara vez este leve sonido había sido suficiente para sacarlo de trance, pero con la excitación acumulada en los meses pasados, hasta el vuelo de un traedros lo ponía en vigilia.
Mientras se preparaba una infusión vitamínica de hierbas rojas, miró con desidia la pequeña pantalla multicromática que indicaba la hora y la fecha: 9:37 - 15 de Octubre del 9.389 D.C. Equi siempre cuestionó esta forma de contar el tiempo tan antigua y desfasada. Por empezar, aquí los días tenian treinta dos horas y el año 483 dias. Ademas, eso de después de cristo era ridículo. El cristianismo, como movimiento religioso, había desaparecido unos tres mil años atrás y lo que resultaba peor aún, el tal Jesus, nunca había pisado la tierra de este planeta.
Sin dudas era mucho más conveniente, empezar la cuenta desde el momento en que el hombre aterrizó en Alfa Épsilon, sería: Año 7.821despues de la llegada. Mejor aún, desde el momento en que el maldito virus infectó al primer ser humano, comenzando el lento e inexorable exterminio de los homínidos. O sea: Año tercero después del contagio…

8/2/10

LAS TERMAS DEL DIABLO




Walter G. Greulach

El viento enmarañaba soledades bajo aquella aciaga luna en que invocó su nombre. Caminando lentamente por la playa, el hombre sostenía un barato maletín de cuerina marrón. Cada tanto reventaba transparentes huevos azules que el mar le arrojaba, ayudandolo así a mitigar su aburrimiento.
Una fresca llovizna, aumentaba la calidad de indeseable del lugar señalado. Faltaban dos horas y pico para la reunión, y el cálculo sobre el tiempo que demoraría en recorrer la distancia que separaba el camino de tierra (donde estacionó el jeep prestado) y el punto de encuentro, resultó grotescamente erróneo.
A mediados de agosto, la Patagonia argentina no es el mejor lugar para visitar, a no ser que se posea una poderosa razón. No debe existir nada tan agreste como esa zona de acantilados a unos 50 kilómetros al sur de la Península de Valdés.

27/1/10

Invasión en Christmas





Walter G. Greulach

Se inició como un sueño efímero, una salpicadura de imágenes de fuego y polvo, en las cuales veía al primer y segundo avión incrustándose en las torres gemelas. Luego la gente arrojándose desde las ventanas humeantes. Me desperté en el suelo, con el aliento entrecortado, hecho un nudo entre las sabanas y la almohada.

Me sucedió la madrugada del cuatro de septiembre del dos mil uno, siete días antes del infausto atentado. Entonces no lo comenté con nadie, aunque creo habérselo dicho como al pasar a mi hijo mayor. En definitiva, se trataba de una pesadilla más de las que me venían sucediendo regularmente en los meses anteriores.

Por aquel año, trabajaba de bartender en el quincho de la piscina del Hotel Las Palmas, en Miami Beach. Allí mismo, días después, observé estupefacto el desarrollo de los acontecimientos.

17/1/10

¿Te enteraste quien murió?


 W.G.G
Paladeó un trago de mate cocido con deleite mientras raspaba dos rodajas de pan cereal que se habían tostado de más. Juancito y Sandra acababan de marcharse a la escuela y su mujer, que tenía cita con el médico, se llevó el auto y no volvería hasta pasado el mediodía.

Inclinó su obesa humanidad sobre la mesada de granito negro y agarró la jalea de membrillo. Después de depositar todo sobre la mesa, chequeo si el diario Los Andes ya estaba en el frente. Salió al jardín en boxers y una remerita desteñida que no le pasaba del ombligo. Sintió más frío de lo imaginado, pero siguió adelante, no podría desayunar tranquilo si no encontraba la noticia.

Con angustia y arrebato, al medio de la vereda, buscó la sección de policiales, no llegó a ella, en la segunda página halló lo esperado:

13/1/10

NUEVE SEGUNDOS (versión reeditada)

W.G.G


Matías Zuccarelli paró el reloj despertador con tanta violencia que rompió las cuatro patitas que lo soportaban. Un fino hilo blanco de luz dividía la cómoda y corría por las baldosas escapándose bajo la cama. Desde el afiche pegado sobre el televisor, un sonriente Mao lo miraba con tristeza.
Al incorporarse, una burbuja acida con restos del matambre comido en la cena, ascendió por su garganta. Corrió hacia la heladera y tomó de la jarra, con desesperación, un largo trago de agua. Suspiró emocionado y comenzó el recorrido una vez más.

2/12/09

EL ARCHIVERO DE LA HUMANIDAD


                                                                         Leo Noboa


Walter G. Greulach

Los años de mi vida se han ido marchitando en una insoportable vigilia. No hay nada nuevo, todo se torna monótono, reiterativo. Si al principio disfruté veintiséis abriles (o como se llamasen los meses en aquel tiempo) de una existencia normal, con padres, hermanos y amigos que me apreciaban. Creo fui feliz, ya ni me acuerdo.
Mi derrotero por la tierra estuvo impregnado de más momentos malos que buenos, en una eterna espera del final del quinto milenio, de la llave que me permitiese aliviar tanto tormento. El peso de las horas me aplasta, inmisericorde, no encuentro consuelo en actividad alguna. Traspiro vejez, abatimiento e impotencia.
Anhelo el día en que me entreguen la preciada recompensa, espero sea lo que imagino.
Maldigo el puto momento en que acepté el sencillo trabajito. Nada menos que llevar un inventario de la huella humana sobre este planeta…

25/11/09

EN PLENA LUCIDEZ




Walter G. Greulach

Tebi levantó la cabeza, dirigiendo sus ojos celestes hacia el ventanal que cubría la fachada oeste del aula magna del F.I.U, luego los posó sobre el campus desbordado por una exuberante y joven primavera. Una bandada de gorriones y un solitario cuervo, sumergidos a medias en la fuente, inflaban sus plumas y aleteaban tirando agua para todos lados.

Esteban Rodríguez, sin dejar de mirar al exterior, dijo en voz baja y muy ligero de cuerpo: —Tres millones, doscientos trece mil, quinientos setenta y tres. Para ser más exactos, punto siete, cuatro, dos, uno.
El examinador agarró el libro que estaba sobre su escritorio, chequeó la respuesta, miró al joven con incredulidad y volvió a revisar la solución del problema. Era una complicada ecuación matemática que a cualquier estudiante destacado de cursos superiores, le tomaría de veinte minutos a media hora resolver. Aquel insulso muchacho de segundo año, le enrostró el resultado final con una precisión escalofriante y en solo cuarenta segundos.

22/5/09

DEL LADO DE LA LUNA EN SOMBRAS




W.G.Greulach


El desierto nos rodeaba, solo había polvo y mas polvo. La noche disimulaba los cerros que se apiñaban tímidos al sur. La barrera se elevó y entramos al área de las pistas de aterrizaje. Algunas difusas siluetas se movían preparando el sector principal donde aterrizaría el UF 237 que estábamos esperando.
Estacionamos el camión de exteriores lo mas cerca permitido y al apagar el motor, me inquietó el absoluto silencio que poco a poco nos fue sepultando. Habíamos estado otras veces allí, pero hoy sentía una especie de desolación total. Mi amigo inclinó el asiento y puso un cd de Serrat. Los fantasmas del Roxy poblaron el ambiente, trayéndome un momentaneo alivio.
Encendí un gitanes y aspiré con deleite el primer humo. Recosté la cabeza contra la ventanilla. Mis ojos se extraviaron en el firmamento buscando las luces que anunciaran la llegada del 237, proveniente de Córdoba, Argentina. Solo encontré el redondo astro iluminándonos débilmente, lucia dolorosamente hermoso. Bajé los parpados y la imagen permaneció impresa en mis retinas. El sonido de una guitarra se descolgó de algún rincón de mi memoria y el delicioso aroma de una empanada sumado al áspero sabor del vino tinto, echaron a andar el distante recuerdo…