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5/9/13

VIII Allí donde cae el Niagara

                                                  Capítulo VIII de http://waltergreulach.blogspot.com/2011/08/perfil-triste-sobre-bourbon-street.html   

La magia de las cataratas del Niágara
W.G.G


El alivio que lo había acompañado desde que subió a la interestatal 10 east dejando atrás New Orleans, se fue transmutando en ansiedad a medida que atravesaba Louisiana, Missisipi y Alabama. Ahora a las puertas de Montgomery se sentía desanimado, melancólico, aplastado como una babosa contra el asiento del P.T. Cruiser. Por vez primera le sobrevoló la idea suicida de volver al Snake Hole y unirse a Carina para siempre. No le cabía duda sobre la literalidad de la frase “unirse para siempre”. Aquella noche de su desvirgue, cuando abrazados en la cama lo inundaba de arrumacos, la madame largó su sentencia.

—El destino volvió a juntarnos mi cielo y ahora es por toda la eternidad. No dejaré que nada ni nadie nos separe. Nadie juega conmigo, nadie me usa ¡Te lo juro, solo la muerte te apartará de mí —amenazó con una vehemencia intimidadora y besó sus dedos en cruz!

           Con la piel de gallina y el corazón trabado decidió en aquel mismo instante marcharse a mil años luz de la querida asesina serial, pero ahora, con el tiempo limando las espaldas, se acrecentaba su imagen bajando la escalera envuelta en transparencias y los te quiero con olor a menta y anís, expulsados por sus labios pulposos, flotaban por doquier. Un par de ojos verdes encandilaban su memoria dejando en la oscuridad todo lo demás. El deseo primaba sobre el miedo y como un cocainómano que lucha para no inclinarse a aspirar otra línea, habiéndose jurado un nunca más, enfiló el auto a la banquina, apagó la radio y el motor respirando con dificultad debido a que una puntada lo acosaba en el medio del pecho. Con manos sudorosas  prendió las balizas y recostó al máximo el asiento. Necesitaba relajarse, pensar con claridad, sopesar los pro y los contra.

30/10/11

VII - La víbora y el salto de las rosas

 
  W.G.G        
      Atardecía cuando bajé del trole. El aire estaba pegajoso y no había dejado de lloviznar en todo el día. Aparte del French Quarter, este es el lugar que más me atrae de New Orleans, quizás porque preserva ese ambiente colonial de siglos atrás, con sus magníficas residencias de madera enmarcadas en solidas columnas y frescos porches vestidos de reposeras y plantas colgantes. Hay templos por todas partes, jesuitas, dominicos, judíos, etc., etc., es como si doscientos años atrás se hubiesen peleado sin cuartel por la incorporación de los feligreses de la zona. Aunque lo que realmente me fascina es la línea de tranvías que divide en dos a St. Charles, y luego a Carrolton Ave., posee esos encantadores carros naranjas de principio de los mil ochocientos.
            Me interno al barrio por una de sus angostas calles, un aire mítico envuelve el paisaje, aquí el reloj se resiste a avanzar, como si mil duendes nos sobrevolaran custodiando la historia. Frente a la casa de Carina, un cementerio ocupa toda la cuadra, por su doble puerta de rejas oxidadas se vislumbran tumbas centenarias. Un cartel me informa algo del pasado del Lafayette Cementery.  Fue cerrado por falta de espacio en la segunda parte del siglo diecinueve, aquí hay enterrados un puñado de celebres cadáveres y cientos de muertos normales. Funcionarios públicos, músicos y cantantes de jazz, empleados ferroviarios y algunos tísicos anónimos, entre otros, comparten sus huesos. Si hasta Brad Pitt anduvo aquí en su entrevista con el vampiro.

17/10/11

VI - La verdad revelada (a medias)


W.G.G


          —¡Puta llovizna! —maldigo cubriéndome la cabeza con una caja de cartón desarmada.

            Hace horas que la espero escondido entre dos contenedores de basura. No deseo que ningún chismoso piense raro y llame al 911, o alguno de los empleados le informe a la “Madame”. Aunque hay tantos vagabundos desperdigados por ahí, que podría pasar por uno de ellos perfectamente.

            —Estos días que usted anduvo merodeando por enfrente del bar, ella se quedaba en su oficina y si salía, lo hacía por la puerta de atrás, la de la cocina. Estaciona el Audi en un parqueo a dos cuadras de acá —me confesó Mauricio horas antes, como instándome a la confrontación.

            —¿Por qué me contás esto Mauricio?, Te estás exponiendo a que te depidan del trabajo —le pregunté sin comprender que ganaba.

            —Digamos que soy un romántico perdido, me parece que todos en la vida deben tener otra oportunidad, —contestó sonriendo y sin esperar mi agradecimiento retornó corriendo al hoyo de serpientes.

26/9/11

V De serpientes y madames

W.G.G


Anoche, al contemplarla parada en las alturas del Snake hole, grité con furia su nombre, con una voz ronca y cargada de angustia, sofrenada por una eternidad. Fingió no verme y tras escuchar mi llamado se dio media vuelta perdiendose en el tugurio.
Subí a los tropezones y debo haber contado mal los escalones pues caí de pecho arriba de una mesita, volcando dos cervezas, junto a un plato de chips, sobre la falda de una rubia pechugona que se acordó hasta de mi abuelita religiosa. Aturdido, desde el suelo, la busqué en el interior del cabaret, mas ya no estaba.
No hallé una persona que pudiese contarme algo sobre la elegante señora cuarentona que engalanaba el balcón momentos atrás. El bartender, los guachimán (guardias de seguridad) y los meseros negaban con la cabeza, como por compromiso y después me ignoraban.

18/9/11

IV Aires de blues en New Orleans


W.G.G
Al abandonar la I 10 oeste, ya ha anochecido, bajo por la orilla del Superdomo y me sumerjo en Canal Street rumbo al down town de New Orleans. El escenario me regala una emoción inesperada. No es solo una sensación provocada por el fin de un largo viaje, sino también este delicioso aire europeo que me baña al observar los primeros edificios. Vuelvo a Córdoba, a Santa Fé, a Bs. As. Siento que voy entrando a una ciudad cálida, crepitante (humanamente hablando), bien peculiar.Tan distintas a Miami o a otras poblaciones de Florida (de gran parte de los EE.UU, en donde todo es igual, pasás de un lado a otro y a duras penas podés adivinar donde estás). Construcciones insulsas, estándares, sin estilo, con la excepción del distrito Art Deco de South Beach. Aquí se respira arte, historia por donde mires, basta por ejemplo con detenerse en los trolebuses que recorren Canal y St. Charles street y que datan del siglo XIX, con sus carros originales rojos y verdes que musicalizan el centro con su tintinear.
Doblé por Baronne street y tras registrarme en el Winham Garden, donde habia reservado tres noches, metí el auto en el estacionamiento y salí desesperado a recorrer el down town. Calles estrechas con altos y ornamentados edificios, una iglesia jesuita de casi trecientos años y un banco del siglo XIX por aquí, un par de museos por allá, es como recorrer un lugar conocido, extrañado.


5/9/11

III Recién envejecido para americanos



Walter Greulach

A las siete desayuno un tazón de cereales, un bagel con queso crema y una manzana, no hay muchas mas opciones, es el desayuno continental como lo llaman los del norte. Un cartel promociona la memorable Sheikra a la entrada del comedor. “Ya sos historia, querida“, susurro y se me hace un vacío en el estomago de solo acordarme de la tardecita pasada.

Una linda mañana me recibe al abrir la puerta, dos ardillas corren por un cable de electricidad zambulléndose en un frondoso roble, no puedo saber si pelean o están enfrascadas en acalorado romance, los chirridos que lanzán me indican más lo primero. Agarro Dona Michelle Drive y subo por Downes Blvd. a la I 75 norte. La idea primigenia era empalmar la I 10 y rumbear directamente para New Orleans, pero me seduce la idea de visitar Gainesville y el legendario estadio de los Gators, así que al llegar a la altura de la ciudad universitaria doblo para el este.

19/8/11

II UN MONSTRUO LLAMADO SHEIKRA



W.G.G

El agua me acompañó todo el trayecto entre Naples y Sarasota, en algunos tramos la cortina de lluvia era tan espesa que a duras penas observaba las luces del auto de adelante. Marchábamos casi a paso de hombre, me insumió cuatro horas una distancia que tendría que haber recorrido en apenas hora y media. Ahora me encuentro cruzando los puentes a la vera de St. Petersburg, el cielo luce increíblemente celeste. Al fondo de la bahía se puede apreciar el down town, resisto la tentación de entrar a curiosear y apreto el acelerador.

La proposición del brasilero me calló como anillo al dedo. En un momento hasta pensé en regresarme a Argentina, pero allá tampoco tengo a nadie. Mis padres fallecieron el invierno pasado y mis hermanos tienen demasiados problemas como para sumarles la presencia de un traumado más.

—El gordo García siempre anda buscando trabajadores, es argentino y tiene tres restaurantes en New Orleans y dos en New York. Seguro que algo te consigue, es muy amigo mío —me dijo Octavio, mi sicólogo, días antes de semana santa.



14/8/11

PERFIL TRISTE SOBRE BOURBON STREET (cuento largo)


                                               I  Adiós a Miami

W.G.G (Dibujo de Juan Romero)

Atravieso el primer toll de la I 75, saliendo de Miami, mas o menos a la hora seis de la mañana. No hay casi tráfico y las luces del amanecer colorean de un naranja claro los techos de las casas agrupadas a la vera de la interestatal. Numerosos viviendas se  construyeron durante el boom inmobiliario de la década pasada. Ahora la mitad estan vacías o en proceso de hipoteca. Arriba me cobija un cielo sin nubes, aunque el pronóstico indica sesenta por ciento de chances de lluvia para el mediodia.
El volante comienza a vibrar desviando mi atención del paisaje, observo por el espejo retrovisor el acopladito de U.haul colgado al P.T Cruiser. Parece estar todo bien, quizá solo sea el estado de la ruta, me conforto y disminuyo la velocidad corriéndome al carril mas lento. No tengo prisa, es jueves y recién el lunes al mediodía tengo que presentarme en el restaurante de New Orleans.

Abandono Florida sin dejar huella alguna, como no he dejado impronta tampoco en mis cuarenta y nueve años de inexistencia. Siempre en el lado mas oscuro de las sombras, excelso en el arte de pasar desapercibido, un verdadero campeón del no compromiso. No me queda en Miami, despues de quince años, ni un amigo, ni una mujer, ni siquiera un gato a quien llamar contandole de mi viaje a Louisiana.
No se si siempre fui así, solo se que en las dos décadas pasadas la cosa empeoró. Hay veces, como ahora, que reflexiono sobre mi desamparo emocional y me deprimo y me aíslo aun mas, si eso es posible. Por esto me estoy dando una ultima chance de reordenar mi caos marchándome a un lugar bien lejos, donde nadie me conozca, donde pueda comenzar de cero una vida normal, conocer amigos, encontrar alguien a quien querer. En síntesis sacarme el sello de rarito que me estamparon en la frente.