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17/11/14

Lágrima delatora



Lágrima delatora

W.G.G
—Hoy se cumplen veinticinco años desde aquello, hermanito y aun te seguimos extrañando —dijo Silvia y con su mano derecha le retiró un mechón rubio que pendía entre sus cejas.

Fue un domingo frío, húmedo y nublado, recordó Federico. Había asistido, junto a Pepe, Tito y pachorra López, a una carrera de turismo nacional en Balcarce. Era de tardecita cuando volvían, ese momento en que el sol te da en los ojos y no hay forma de esquivarlo. Todavía no podía explicarse de donde salió el caballo aquel. Pegó un volantazo y lo esquivó por centímetros, pero la Ford F-100 derrapó y fue a estrellarse contra un centenario roble tras un zanjón de riego. No llevaba el cinturón puesto y atravesó el parabrisas, aterrizando como diez metros más adelante en un campo arado, con tal mala suerte que su cabeza impactó contra la única piedra en toda la hectárea.

Entró en un coma profundo, del que salió, milagrosamente, dos meses y medio después. Esto hubiese resultado una bendición para cualquiera, si no fuera por un pequeño inconveniente…Federico era el único ser humano consciente de este acontecimiento.

28/3/14

La eterna rutina de Pedro Heriberto Torres


Hombre solitario bajo la lluvia



W.G.G





           Pedro entreabrió la puerta que daba a la calle alrededor de las seis de la alborada, como lo hacía siempre, y asomó la mitad del torso al exterior. Clareaba en Paraná el segundo lunes de noviembre, una tenue luz re-coloreaba las casitas sobre Francisco Soler y Vucetich. El aguachento cielo, sumado a una leve pero fresca brisa, aconsejaba el uso del camperón impermeable para cubrir el saco de la oficina.


Su primera acción tras ingresar fue prender la radio que estaba sobre la heladera. Un escalofrió acompañado por un bufido lo obligó a acercarse a la hornalla encendida donde se calentaba el agua para el mate. Después de tomar un par de amargos que chupó con fruición, provocando ese ruido que tanto le agradaba, se pegó al espejo del baño iniciando el ritual de todas las mañanas. Quince minutos de exhaustiva afeitada, depilada entre las cejas y ataque a los pelos de la nariz y las orejas con la pincita.

31/12/12

No Era Para Nosotros mi Vida



W.G.G
           
      —Por algo sucede, cuando no es para vos, no es para vos y no hay vuelta que darle, no te aflijas en vano mi vida —le había dicho más de una vez Alejandra, con un determinismo insoportablemente sínico. Nunca había creído en el destino, pero ahora  sentado en la primera hilera de sillas enfrentadas a la monumental pecera, recordaba la muletilla de su mujer mientras buscaba desesperado el papelito en sus bolsillos.

            El espectáculo era sublime, dos focas jugueteaban con tres belugas blancas. Las ballenas perseguían a los “perros de mar” dándole mordisquitos cariñosos cuando los alcanzaban. Esta tierna escena poco importaba a Pablo, se incorporó y con el rostro crispado volvió a revisar frenéticamente su camisa, los pantalones y la campera. Dos sillas a su derecha un niño gordo y pelirrojo lo observaba con curiosidad, el perturbado individuo parecía atraerlo mucho más que los acuáticos danzarines.

Eran las cuatro y cuarenta de un plomizo y frio día de noviembre y el acuario de Atlanta comenzaría a cerrar sus puertas en apenas quince minutos. Solo disponía de ese tiempo para recorrer los lugares donde pudiese haber extraviado el bendito billete.

Siete minutos atrás se enteró de que era uno de los dos ganadores del powerball record en la historia de los Estados Unidos. Sucedió cuando, tras ponerse de acuerdo con su esposa y sus hijos sobre el lugar donde se encontrarían, enfiló nuevamente hacia el tanque de vidrio donde se encontraban las focas y las belugas. Los niños querían comer donas y él deseaba apreciar una vez más a aquellos animalitos a los que amaba tanto. En la entrada al anfiteatro de cristal, vio un televisor que difundía los números ganadores. Eran los suyos. Había lanzado un grito ronco y entrecortado buscando apoyo en una columna salvadora ante la súbita bajada de presión que puso a temblequear sus piernas. Luego se derrumbó en la silla en la cual se encontraba ahora tardando solo un par de minutos en percatarse de que no encontraba el ticket premiado.

30/8/12

Ni a Los Ojos del Perro


Los-perros-ven-en-blanco-y-negro.jpg



A los ojos del perro todo luce blanco y negro dice el mito popular, tantas veces exhibido como verdad irrefutable. Pero esta aseveración no resiste el mínimo análisis científico pues nuestros queridos canes si pueden ver en tecnicolor. Lo interesante es que hay un ser viviente que si posee esta característica y se lo halla en el sur del continente americano. Se trata del argentum obtusus y habita las tierras de ese gran país que tiene como capital a la ciudad de Buenos Aires.






La mitad de los afectados (estamos hablando de un virus) ve todo blanco y la otra mitad todo negro. No hay tonalidades, ni siquiera existen los grises, aunque encontramos unos pocos especímenes inmunes, cuyos ojos aun aprecian los vivos y diferentes tonos que hay en la naturaleza, más no tienen cabida entre los seres de su especie y terminan apartándose.



13/7/12

Lo Sabíamos Muy Bien

W.G.G




           Cortaba ramas secas de los helechos que colgaban bajo el balcón del frente de casa cuando lo vi. Había llovido durante la siesta (siempre garúa sobre New Orleans) y tres horas después, el sol levantaba vapores asesinos que a punto estaban de tronchar mi espíritu jardinero. Apoyé la tijerita de podar sobre el borde de la escalera y bajé un par de peldaños buscando una vista mejor. Pese a los veinticinco años transcurridos, reconocí al instante el andar cansino, la figura encorvada. Debía haber bajado del trolebús en St. Charles y venia caminando por Lousiana Avenue con un pequeño bolso colgando de su mano derecha. Moví la cabeza sin poder escapar del asombro y sali trotando a su encuentro.
 





           Estaba más gordo y pelado, el escaso cabello, recién recortado, lucia teñido de canas. Sus hundidos ojos resaltaban el narizón de siempre.
            Nos fundimos en un abrazo, fuerte y sentido el mio, el suyo frio y lejano, casi obligado.        
— ¡Pablo, hermanito del alma, que alegría verte! —exclamé sin retirarle los brazos de la espalda. — ¿Por qué carajo no avisaste que venias?, te hubiésemos ido a buscar al aeropuerto.
           —No quería molestarlos, ya me instalé en un hotelucho a cuadra y media de Cannal Street, solo quería pasar un rato a verte —dijo fríamente, con los ojos clavados en mis canteros con flores. Era como si le incomodara el estar allí.

 — ¿Qué ha sido de tu vida viejo? ¿Qué haces en Estados Unidos, de vacaciones, o que? ¿Cuándo llegaste? ¿Me hubieses mandado un correo electrónico o u mensaje en Facebook por lo menos? ¿Viniste solo?

Con esos ojos miel, tímidos y tristes, que tan bien conocía, me estudió por unos segundos mientras parecía meditar la respuesta como intimidado por la metralla de preguntas.
          
           —De verdad… ni yo sé que hago acá. La cosa allá no está para nada fácil. Me quedé sin laburo tiempo atrás y llevo meses sin encontrar uno. Me estaba consumiendo los pocos ahorros que tengo, así que me la jugué y vine. Aunque con casi cincuenta pirulos, creo que no fue una buena decisión —dijo con voz entrecortada.

1/6/12

Epílogo - AQUÍ ARRIBA TODO ES CELESTE Y LIMPIO


1024new10004 La luna entre nubes de un cielo azul



Me muevo entre nubes blancas, grises, esponjosas y suaves. Sigo ascendiendo hacia el sol. Abajo se va quedando mi gente, mi tierra. Desde lo alto bajan rayos que inundan mis pupilas. Escucho música clásica, como de arpas, chelos y violines. Me siento liviano, pletórico de energía.  


No creí que todo iba a terminar así, la cosa se me complicó terriblemente. No entiendo como pude pensar, ni siquiera un segundo, que la bruja travesti podía salvarme. La solución estuvo todo el tiempo enfrente mio, adentro mio. Mis hijos, mis padres y sobre todo Luciana, ellos eran en quienes debía apoyarme, no en la gran maestra mafiosa. Fui perdiendo la confianza, minando mi autoestima, ahogandome en un poso depresivo. Creo que mi estado de ánimo fue como un imán para los accidentes y poco a poco se fueron transformando en una obsesión insoportable.


Ahora, aquí arriba, todo es celeste y limpio, por donde mire, no se ve nada, solo aire infinito. Tiempo que no disfrutaba de una paz tan grande. La melodía me adormece, obligándome a bajar los parpados. Continúo subiendo. Atrás dejo los meses mas horrible de mi vida.


En el momento presente están este avión y Londres. Vuelo hacia la capital británica, los juegos me esperan. Apoyo la cabeza en la ventanilla y me duermo feliz, sintiendo la cálida mano de Luciana que envuelve la mía.

31/5/12

III LA MALDICIÓN EXTENDIDA












          Entré por la puerta de la cocina en puntitas de pie. Luciana lavaba ropa en el fondo y los niños no habían regresado del colegio. Tras entornar la puerta, bajé las persianas y me recosté panza arriba en la cama grande. Todavía sentía un ligero dolor en el área del ex apéndice, tres semanas después de la operación aun me costaba caminar con normalidad. Tendría que hacer un esfuerzo sobrehumano a la tardecita y empezar a entrenar. Cuarenta y cinco días me separaban de la fecha límite para ingresar a los juegos y en cuarenta y tres se correría el selectivo final, la serie mundial en Madrid. No pensaba que iba a ser necesario salir del país para alcanzar la marca, pero no me quedaba alternativa… siempre y cuando no me sucediera otra desgracia.


 Quería relajarme, analizar lo sucedido en el antro del manosanta. Lo recomendable seria no comentarle nada a mi esposa, no creo que lo entendiera. Nadie debía enterarse de lo acontecido esa mañana.


Apagué el celular, abracé con fuerza el osito de felpa de mi hija, que habia recogido a la pasada  y bajé los parpados. Buscaba proyectar en mi mente una imagen que me trajera paz, que me ayudase a descansar. Una y otra vez el desagradable rostro de la tarotista se me aparecía. Abrí los ojos inquieto, justo en el momento que sonaba el teléfono de casa y un instante después Luciana se aparecía y sorprendida al encontrarme, exclamaba:


—Ah, llegaste, no te escuché. Mas tarde me contás que tal te fue en lo del medico. Ahora contesta el teléfono, te llama una tal Cristina.
           —¿Quién es? —me preguntó  fingiendo desinterés mientras me entregaba el tubo.

21/5/12

II GRAN MAESTRA CRISTINA, TAROTISTA

W.G.G


No fui inmediatamente. Necesitaba al menos unos días de convalecencia, en los cuales me devoró la ansiedad. Una semana más tarde, como a las nueve de la mañana,  me hallaba parado abajo de la oficina (o de la covacha) de Cristina la bruja mayor. Buenos Aires, casi llegando a 25 de junio, pleno microcentro de la ciudad


—Puta que buena locación, —pensé— le debe ir re bien a la guacha.


Unos escalones de mármol blanco me acercaron al segundo piso, donde me recibió una maciza puerta de madera, a media altura y a la derecha, una placa de bronce decía: Gran Maestra Cristina, Tarotista.


Aspiré con ganas, el corazón aceleró su tamborileo. Miré la pequeña ventana que coronaba la escalera, como planeando una vía de escape. Había comenzado a chispear y un grupo de torcazas buscaban la protección del alero. Me pregunté si es que habría niebla, o era mi estado de ánimo el que pintaba de gris el paisaje. El dedo no alcanzó el timbre, lo detuve en la mitad del trayecto.





6/5/12

LAS SIETE PLAGAS... Y UN CHIN MAS

                          I   CUANDO ESTAS DE CULO...
             
                                                            
W.G.G
           —¿Qué te pasa ahora? —inquirió Luciana esforzándose por despegar sus lagañosos ojos y mantenerlos abiertos.
            Me encontraba de rodillas sobre las baldosas, como rezando, con los antebrazos apoyados en la cama y las pupilas borrosas por el llanto. Puños y dientes apretados y esa hiriente punzada bajo el hígado que me convertía en un patético bicho bolita humano.
—No sé que mierda tengo, es un pinchazo fuertísimo, como a la altura del apéndice —contesté con voz forzada conteniendo la respiración.
—¡Hay mi querido, te han caído las siete plagas de Egipto! — acotó mirándome con pena mientras se incorporaba cubriéndose los hombros con un sweater de lana blanca.
Afuera, un clima gélido había cristalizado las calles de la ciudad capital de Entre Rios. Unos rayitos de sol se filtraban por entre las nubes, calentando apenas el aire paranaense. Era domingo, finales de febrero, año 2012 y me encontraba coronando los peores cinco meses de mi vida.
         —Te preparo un tecito de cedrón y te lo tomas con una cafiaspirina. Tranquilizate, ya se te va a pasar, por ahí es solo un pedo atajado —intentó calmarme mi esposa a la vez que me ayudaba a sentarme en un sillón del living.








3/4/12

ATAJO A LA NADA


W.G.G

La sombra que nos tira el arbolito no alcanza ni para cubrir el hormiguero que nos ha desalojado del lugar, obligándonos a recibir al sol de frente y sin filtros. Al costado del sendero de tierra, con Azul a más de trescientos kilómetros tras nuestras espaldas, nos rostizamos esperando el transporte que nos saque de este peladero del demonio.  Salimos cinco días atrás de Mar del Plata sin un peso en los bolsillos, con dos mochilas gigantes de las que penden ollas y zapatillas. Como provisión, una bolsa de pan duro y de bebida solo la transpiración, pues a esta altura creo que ni saliva juntamos. El regreso al sur mendocino, que como mucho debería habernos insumido tres jornadas, se está convirtiendo en una verdadera pesadilla.
Tres aguiluchos desplumados esperan pacientes desde el único árbol, además del nuestro, que quiebra la planicie en kilómetros a la redonda. Principios de febrero del ochenta y dos, una de la tarde, cuarenta grados y subiendo. Carlitos voltea la cabeza y me mira sin verme, sus ojos atisban el humeante panorama donde el camino se zambulle en el cielo.
—¿Que hacemos acá mocha, a quien carajo se le puede haber ocurrido subir a ese camión de mierda? —exclama el menor de los Martini con un hilo lastimoso de voz. 
—A Carlitos, ¿a quién otro? —contesto más resignado que molesto, carraspeando con fuerza para eliminar un molesto trocito de pan atorado en mi garganta y cierro los ojos obligado por el resplandor.



9/2/12

ESCABECHITO (Epílogo)




            Seis años pasaron desde la muerte del diputado nacional y del último encuentro con el mercader de delicatesen, Tito se había retirado a disfrutar de su jubilación a orillas del Traful, en la villa del mismo nombre. Compró una casa quinta, pequeña pero confortable, realizando así el sueño de toda una vida.
Aquel mediodía de marzo leía la edición dominical de La mañana, sentado en una reposera a la vera del lago. A cada tanto sacaba con un tenedor un pedazo de escabeche de un frasco apoyado sobre una mesita replegable de campin. También había un plato con cuadraditos de queso gouda, pan casero y una botella con un pinot noir de novela. Sus ojos pasaban de las páginas del periódico a una boyita roja y blanca que, como a cuatro metros de distancia, se bamboleaba sosteniendo un anzuelo. La caña de pescar apoyada en una horqueta, de fondo Paco de Lucia y su guitarra, mezclado con el trinar de los pájaros y el arrullo de las olas. Un cielo azul en alevosía, el verde de las coníferas, la transparencia del lago, el blanco de las montañas nevadas… que más podía aspirar nuestro querido Tito, toda la paz del mundo rendida a sus plantas.
            Tras un par de minutos la tanza comenzó a temblar y la boya se sumergió un instante volviendo luego a emerger. Nada de esto acaparó la atención del hincha granate, un reportaje a doble página en el centro del diario lo había congelado.

6/2/12

ESCABECHITO (segunda parte)

         ConejoEscabeche1


                                                  -DOS-
Seis meses transcurrieron y pese a que Tito dio vuelta Buenos Aires buscando al bendito flaco, no encontró ni la más remota pista. Por alguna poderosa razón se retiró del mercado, se lo había engullido la tierra. Pensó en realizar otra tanda de análisis más exhaustivos en el laboratorio, pero prefirió no levantar la perdiz y evitar que otros se pusieran al tanto de lo sucedido. 
Walter, otro de los pocos adictos al escabechito, le reclamaba novedades a cada momento, diciéndole que extrañaba horrores las conservas. Nunca le confió lo del laboratorio y cuando sacaba el tema, trataba de eludirlo de cualquier manera. Quería tapiar el recuerdo para siempre en su memoria y con el desgaste de las horas lo estaba logrando. Entonces llegó la fatídica carpeta asignándole a su departamento la nueva investigación.

3/2/12

ESCABECHITO


W.G.G

                       -UNO-

—¡Puta si hay tipos raros en este mundo! Gente a la que el término exótica no le cabe, simple y llanamente una parva de locos de mierda —reflexionaba  el detective Gabriel Alberto Giannoni mientras releía asombrado el informe del laboratorio sobre el contenido del frasco con forma de conejo y sentía un sabor entre acido y amargo escalando por su laringe.
            Había degustado por años esas exquisitas conservas y ahora que se enteraba de su verdadero contenido, le asqueaba el hecho de haberse convertido en una especie de adicto a ellas. Allí estaba como encandilado en la entrada del laboratorio, mas no le interesaba tanto desentrañar el misterio de la procedencia de los frascos, como el elaborar un plan de acción para que familiares y amigos no se enteraran en que consistía el apetitoso manjar con que los agasajaba en cuanta ocasión podía.

5/5/11

Murió Bin Laden…¿y qué?


            
W.G.Greulach


Murió Osama Bin Laden abatido por un grupo comando del ejército Americano —decía excitado el rubio presentador de noticias de Fox.

El mozo, un adolescente nicaragüense de escaso metro sesenta y pelo de alambre, le subió el volumen al plasma y se retiró tres pasos para mirar anonadado la noticia, haciendo caso omiso a la parejita de cubanos que le pedían desesperadamente la cuenta.

El calor de la siesta miamíense era pegajoso, asfixiante. Un escuadrón de moscas sobrevolaba las sucias mesas del patio de una cantina de mala muerte en el noroeste de la ciudad. Aparte de los caribeños, solo un comensal mas resistía el suplicio de esa caldera al aire libre.

5/7/10

Cuestión de ignorantes

W.G.G


José Gastón Méndez saltó por el borde derecho de la cama aquel lunes cinco de julio del 2010 y apoyó primero el pie izquierdo, en la cuarta baldosa de la tercer hilera.
Dejó el cepillo de dientes verde loro en el agujero del medio, donde lo dejaba siempre. De fondo sonaba Radio Nacional, el mismo programa que venía  escuchando al levantarse (antes de ir al trabajo)  en las dos últimas décadas. Buscó una nueva afeitadora descartable, la anterior ya tenía tres usos y desde que recordaba las utilizaba solo tres veces.
Comió dos tostadas con manteca y dulce de durazno, la semana que viene le tocaba dulce de higo. Café con leche en la taza grande de su viejo y dos cucharaditas tres cuartos de azúcar morena. Hojeó las deportivas del Diario y maldijo al ver la foto del director técnico de Argentina.

26/5/10

PELOTAZOS QUE ARAÑAN EL TRAVESAÑO DEL ALMA (Segunda Parte Del 94 al 06)

W.G.G


Cuando EE.UU organizó el campeonato del 94, hacía rato que trabajaba como cocinero en Le Petit Café. Me contrataron por la única razón de ser argentino, rótulo que me daba extensos conocimientos sobre las vacas, cuando yo no sabía prepararme ni un bife. En este restaurant se sirven los cortes de carne sobre piedras volcánicas (aorita), calentadas previamente en un horno a 500 grados. Vivíamos en un pequeño departamento, en el pueblo de San Nicolás, al sur de Aruba. Una de las refinerías más grandes del mundo le da vida a este desolado paraje.

No fue la avivada de Maradona en el tiro libre, con el rápido pase a Caniggia, lo que acerca a mi mente el partido con Nigeria, sino el almuerzo en una sinagoga.

29/4/10

VIGILIA (El estigma de Bosque Viejo)


—Como ignorarlo, como pretender que no está. Como seguir adelante, arrastrando una historia tan elocuente, tan lapidaria —pensaba compungida Amanda Iturrieta, buscando en el horizonte alguna imagen positiva que aligerara la honda depresión que la embargaba.

En los pasados veinticinco años, mal que mal lo había logrado. Por momentos llegó a convencerse que nunca le sucedería.

—Cincuenta y cincuenta —le dijo la primera vez el especialista, como si de jugar a la ruleta rusa se tratase.

Un carpintero, de una especie rarísima, a la cual Amanda había visto solo dos veces, asomó la cabeza por el hueco del olmo seco. Tiempo atrás, hubiese corrido a buscar la cámara fotográfica. Ahora, toda imagen la anclaba, invariablemente, al mismo tema.
¿Acaso esa pintoresca ave la sobreviviría? ¿será que el centenario árbol muerto seguiría de pie tras su partida?, se preguntaba la mujer en un ritual tortuoso.

—No soluciona nada con preocuparse —la alentó el doctor.— Mire sino a su hermana, casi sesenta años y fuerte como un roble.

Difícil no inquietarse, cuando su querido viejo, dos tíos y uno de sus tres hermanos, no llegaron a coronar las cinco décadas y media.

16/4/10

PELOTAZOS QUE ARAÑAN EL TRAVESAÑO DEL ALMA (Primera parte. Del 74 al 90))



Cada vez que se acerca una cita mundialista, se vive (entre los que amamos la redonda) un estado emocional difícil de describir. Optimismo, tensión, ansias, se van mesclando, produciéndonos un nerviosismo casi histérico. Ya sé que es solo un juego (o un negocio, por lo menos para los que lo usufructúan llenándose los bolsillos de billetes), pero no nos pidan explicaciones lógicas para este complejo sentimiento.
A mi particularmente, el evento me trae imágenes de copas pasadas. De otros lugares en donde me encontraba, de diversas situaciones en las que estaba inmerso. Podría escribir una novela sobre esto, seguro resultaría un bodrio intragable. Prometo que les tiro algunas líneas y después me borro…

11/4/10

POR LOS CONFINES DEL ANGEL GRIS (o el mes en que el ángel de Flores visitó Paraná)

dibujo de Carlos Nine
W.G.G

El año fue el 88, o quizás principios del 89, no exijan a mi memoria datos precisos. Teníamos en FM.Capital un programa producido por Cachito Correa. Todos los domingos, comenzando al mediodía, recorríamos por el rio Paraná las costas aledañas a la capital entrerriana. Íbamos a diferentes balnearios entrevistando a la gente que buscaba refrescarse del húmedo y extenuante verano litoraleño.

Aquel día estábamos en Los Arenales (o tal vez en la Toma Vieja), el travieso tiempo baraja las playas. Como a las tres, comimos un asado bastante particular, una ristra de chorizo con abundante queso provolone. Eso sí, todo acompañado por un delicioso Termidor tetrabrik (¿o era un Toro viejo?). Después de un momento de reposo, hicimos las notas acostumbradas y subimos a un barquito alquilado. Creo recordar en aquel grupo, además de Cacho, a Marcelo Manucci y a Marcelo Macarone, mi operador preferido.

Allí lo crucé por primera vez. Era el capitán y única persona presente en la barcaza. Nos dio la bienvenida con una sonrisa franca, plantada en un rostro gentil. Flaco, altísimo, con una barba gris y enrulada. Llevaba un gorrito azul (tipo piluso), limpio pero cuarteado por los años. Su voz, áspera y profunda, pronunciaba con modulación de orador consumado cada silaba. Los ojos de un celeste perturbador, parecían contener al mismo universo.

30/3/10

El espejo que trizó al hechizo



Walter Greulach

Insólito, espeluznante, cripy, como dirían por estos lares. Anoche disfruté (y sufrí) un notable sueño, o por lo menos es la primera vez que al despertarme lo recuerdo. Sucedió entre las siete y las ocho de la mañana, que es el momento en que mi mujer lleva a mi hija al colegio. Como comenzar a desmenuzar la madeja, como contarles la fascinante experiencia en la cual podía a voluntad entrar y salir del abrazo de Morfeo.