13/5/17

Noelia



                                                
                                                    I
La mente extraviada en un recuerdo, seguramente mucho más placentero que su realidad, robaba una sonrisa al rostro de la pordiosera. Quien sabe en que instante la patética criatura había disfrutado, aunque fuese solo un poco, de las mieles de la vida. Esas cosas, mientras rogaba por que no se le desfondara una bolsa, cavilaba Jorge en la medianoche neoyorkina al cruzar el ally para tirar la basura del restaurant. Hacía un frio de pelarse, la llovizna que ahora caía y que pronto sería aguanieve, ralentizaba los pasos de los pocos que se aventuraban sobre Queens boulevard. El gris del firmamento, acentuado por el smog lumínico, oprimía aún más a las babosas humanas de la capital del mundo.
El hombre se acomodó bien los guantes mientras largaba un profundo suspiro.  Se había planteado que nada le estropearía el buen humor. Su primer bebé acababa de cumplir tres añitos. Además poseía la mujer más hermosa y comprensiva del mundo. Que otra cosa podía pedir si también lo habían promovido a jefe de cocina en “Mi catracho bello”, con el aumento de sueldo correspondiente. Para sumar alegrías sus padres llegaban a la Guardia la próxima mañana para disfrutar las fiestas junto a ellos.
Tras cerrar el conteiner se subió la bufanda hasta el comienzo de los ojos, a pesar de la capucha bien anudada le ardían las orejas, nunca se acostumbraría a este puto clima. Extrañaba las temperaturas de su dushi Aruba, entre veinticuatro y treinta grados durante todo el año. Hijo de argentinos, había nacido y vivido sus primeras dos décadas en la pequeña antilla del reino holandés. Cuando sus padres retornaron a Mendoza, el decidió ir a probar suerte a la gran manzana. Diez inviernos después no le había ido tan mal, pero el tiempo invernal de mierda lo seguía deprimiendo y más al observar tanta gente, como esa infeliz, abandonada a la cruel intemperie.
Antes de regresar al restaurant, rodeó el basurero y ocultándose tras un poste de luz  la estudió de nuevo. La infeliz no debía tener ni veinte años, aunque la oscuridad, sumada a la mugre de su cara, hacía difícil adivinarlo. Parecía ignorar los estiletes helados que caían desde el cielo. Ni siquiera estaba bien abrigada. Más que su belleza extraordinaria, a Jorge lo impactaba la expresión angelical del rostro, rayana en lo demoniaco, y una sonrisa perpetua tan perturbadora como hipnótica. Al punto que le costó una eternidad desviar las pupilas de ella y decidirse a enfilar hacia la puerta trasera de “Mi catracho bello”.

24/8/16

Asesino Serial del Año. Capítulo undécimo

                                  La ofrenda final
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           La noche era cálida, el aeromóvil se elevó hacia el cielo alcanzando el nivel prefijado por la ruta que le había sido asignada. Su silueta dejo por instantes un rastro borroso sobre la luna, entonces más llena que nunca. Las pupilas de Morgandus, su mujer y el ingeniero Malcom, se inundaron con un cielo colapsado de estrellas. Con el piloto automático puesto, solo necesitarían reasumir los controles cuando el vehículo descendiera sobre el Central Dome de la Persia Nueva. Esta metrópolis era la más poblada del planeta, con casi dos millones de habitantes y se hallaba emplazada en el cordón central de los Himalayas.

El trayecto desde los Andes inferiores tomaba cincuenta y cuatro minutos, arribarían a las 20:17 aproximadamente. El comienzo de la entrega de premios del mundigrama 3185 estaba programado para la hora 21:30. Solo en dos ocasiones anteriores Morgandus había asistido al popular evento. La primera, simplemente como espectador. La última, al ser galardonado con el noveno puesto.

12/7/16

Asesino Serial del Año. Capítulo décimo




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                                                          Eugène, el haitiano
                                                                        I

            Eugène Toussant era haitiano y vivía, desde fines de los ochenta, en Naples, una pequeña ciudad situada a dos horas y media de viaje, al noroeste de Miami. Se ganó el raro privilegio de ser la víctima número treinta y tres del asesino de los golpeadores.Lucas supo de su existencia a través de las historias relatadas por Hugo, un compañero lavaplatos del Delano, quien había vivido varios meses en la casa de Toussant. Así fue que se enteró del calvario por el que transitaban la esposa y sus cinco hijos.
 

            Los tiene sometidos a un régimen de terror inenarrable —le dijo con tristeza el muchacho negro, un día en que el elegido esperaba que terminara de lavar un par de bandejas.
 

           Al joven Agüero ya todo le daba igual, Toussant no le movía ni un pelo. Toda su concentración estaba orientada al logro de un solo objetivo, la venganza. Le iba a demostrar a su Dios humano, cuán feo se equivocaba al creer que podría enriquecerse con su sufrimiento.

6/7/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO . Capítulo noveno


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La venganza



               I
                                                         
          Sabía que sus pensamientos no podían ser monitoreados. Se lo dijo bien claro el creador el día del encuentro en la cafetería.

         —Elabora tus planes mentalmente muchacho —le recalcó el cretino. — Ni los jueces, ni siquiera yo, podremos saber nunca lo que estás pensando. Sólo tendrás intimidad en tu mente. Ese es tu templo inviolable.
 

        En base a esto y con el dolor y la rabia saturándole las terminales nerviosas, Lucas empezó a planear la dulce venganza. Tenía claro que sólo una cosa podría realizar para perjudicar a Morgandus…hacerle perder el concurso de mundigramas. Así y todo quería llevarlo hasta el último instante. Incentivar su esperanza al punto de que se creyese ganador y allí, en el movimiento postrero de sus veintitrés años de marcp, asestarle el golpe final que lo devastara.



No concebía el poder odiar tanto como en esas horas previas al final. El fallecimiento de su madre potenció el asco y la indignación hacia la persona que lucía gozar con su sufrimiento. Trató de disimular el vendaval de emociones que lo desestabilizaban. No era para nada conveniente que el cretino vislumbrase su estado de ánimo.

30/6/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO Capítulo octavo


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El fin de la ilusión



I

Le pesaban los hombros, latía su sien dolorosamente. Una burbuja amarga, simulando un yo-yo, iba desde su boca al estómago. Derrumbado en el sillón frente al monitor, revisaba con desconcierto, por centésima vez, las grabaciones de la noche del homicidio, buscando el mínimo indicio que pudiese incriminar a Lucas Agüero. Todavía no asimilaba el hecho de que el maldito asesinara a Urraya en sus propias narices. El tipo se cagaba de risa de él y toda la inepta policía de Miami. El enojo sumada a la impotencia y frustración eran inenarrables. Presentía que estaba al llegar la comunicación del superintendente donde lo relevaba del caso pasándolo a retiro.

—¡Qué deshonrosa forma de jubilarse —se lamentó tristemente. Cerraba con broche de plástico una carrera de oro que lo había encumbrado a nivel de leyenda.

El forense le informó que la víctima fue asesinada entre las doce y la una de la madrugada. Estaba claro para todos los demás que el argentino no tenía nada que ver con ello, pues en esas horas no se había movido de su departamento. Sin embargo Avalón seguía pensando lo contrario. Apostó todo su prestigio a la culpabilidad del joven, si hasta había acertado sobre cual sería el siguiente nombre en la lista de Agüero.

31/5/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO. Capítulo Séptimo

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La victima numero 32



Joaquín Urraya destilaba su resaca tirado sobre la alfombra de la pieza matrimonial. Sentía los sesos batidos como en una coctelera. Cuatro horas le sobraron para tomarse más de un litro de ron Cachapa. Apoyada en su frente, una bolsa de plástico del Publix con hielo le ofrecía alivio momentáneo. Esta noche dormiría solo, su mujer había huido a la casa de la madre. Todo debido a un problemita ocurrido más temprano.

Salió del hotel Delano a eso de las seis y treinta. Iba acompañado por Lucas Agüero, quien vivía a escasas cuatro cuadras de su apartamento. Habían trabajado de meseros en el mismo turno. En la esquina del City Bank se encontraron con Carina, su esposa. Un flaco alto y bien parecido caminaba a su derecha.

—Mi… mi primo Juan —dijo ella con evidente miedo.

Joaquín la celaba continuamente y esa tarde, como tantas otras, no pudo contenerse. Arremetió contra el supuesto pariente reboleándole un puñetazo en pleno rostro. Cuando Lucas intentó detenerlo, se abalanzó contra la muchacha y la desparramó sobre la vereda de un cachetazo, haciéndole sangrar la nariz.

20/5/16


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ASESINO SERIAL DEL AÑO. Capítulo sexto

                                                     Fuera de control




                                                                  I

Al teniente Freddy Avalón, la noticia del nuevo crimen lo tomó desprevenido. Nunca se hubiese imaginado que el asesino volvería a atacar tan pronto, solo habían trascurrido tres días desde la última muerte.

—Emilio Zanola, venezolano, cincuenta y tres años. Tenía una orden de restricción sobre su mujer y sus hijas. Pasó diez años preso por violar a la más grande. Cinco veces encarcelado por violencia doméstica. Vivía solo en Plantation —dijo Rodríguez, esmerándose en lograr el halago de su superior.

—¡La putisima madre que te hecho al mundo Lucas Agüero! ¡Estás fuera de control desgraciado! —exclamó furioso el viejo sabueso— Tengo que hablar urgente con el capitán. A ver si ahora reaccionan de una vez por todas. Si no le ponemos vigilancia las veinticuatro horas, este sicópata va a seguir matando gente.

2/5/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO. Capítulo quinto


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                                                  Suicidio Virtual


                                                I
En los albores del tercer milenio la humanidad se vio azotada por un calentamiento global fuera de toda previsión. La emisión irresponsable de gases provocó que la temperatura promedio del planeta subiera siete grados centígrados. Al derretirse los polos, el nivel de los océanos había aumentado varios metros. Las masas secas continentales se redujeron en un noventa y cinco por ciento. El agua, el hambre, el hacinamiento, las enfermedades y las guerras pusieron a la raza humana en el vértice de la extinción. Fueron décadas oscuras, salvajes, de retroceso, donde solo los más dotados físicamente sobrevivieron. Cuando la inundación al fin cesó, quedaban en la tierra solo seis millones de los ocho mil existentes al comienzo de la catástrofe.
El hombre comprendió que se organizaba o desaparecía y en los siguientes cinco siglos logró un espectacular progreso en lo social y en lo científico. Solo diez ciudades poblaban el orbe, nueve de ellas enclavadas en los antiguos macizos cordilleranos del Himalaya y los Andes. La restante, con más de medio millón de habitantes, era Tokio, el único emplazamiento sumergido. Aunque Londres y New York habían comenzado a edificarse un par de años atrás.
Con tamaña escases de espacio, el control de la natalidad era prioridad mundial. El sesenta por ciento de las mujeres fecundas podía dar a luz únicamente un bebe en su vida. Al nacer la niña se decidía en imparcial sorteo si sería madre o no. Tan traumática normativa pensaba ser morigerada tras completarse la construcción de las nuevas metrópolis.
Para Liza Morgandus sería demasiado tarde, los primeros síntomas de la menopausia ya achacaban su cuerpo.

27/3/16

Capítulo Cuarto.Asesino Serial del Año

                                                


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                                                           Un error solucionable

                                                            I

Lucas amaneció agitado y con un punzante dolor de estómago. Soñó que revivía la noche de su graduación. Un Julio orgulloso le entregaba el diploma. Reinaba un ambiente de felicidad, el vals La Laguna de Strauss peinaba el aire del Fillmore, en Miami Beach. Esta vez estaban allí su madre y sus hermanitos. Sonrientes, aplaudían a rabiar desde la primera fila. En una línea interminable, todos los presentes comenzaban a palmear su espalda calurosamente. Sin embargo algo lo incomodaba sobremanera. Sentía de a ratos como que, desde lo alto, dos gigantescos ojos lo observaban. Intuía una mano amenazante suspendida sobre el auditorio, como dispuestas a aplastarlos en cualquier momento.

El apartamento que alquilaba sobre West Avenue era amplio y bien iluminado con una hermosa vista a la Bahía. Helechos y orquídeas le daban, junto a las coloridas imitaciones de Romero Britto, un toque caribeño de distinción. La renta era cara, 1600 dólares, pero las excelentes propinas en el hotel Delano le permitían vivir holgadamente.

Luego del fallecimiento de su padre en el 2003, víctima de un ataque cardíaco, consiguió un trabajito de medio turno en una empresa que limpiaba restaurantes. Laburó de noche durante ocho meses mientras por la tarde cursaba en el Miami Dade College. Sus aspiraciones académicas le duraron poco, antes del fin del segundo semestre, abandonó, se dedicó a trabajar de lleno, ya en el hotel, y ahorrar pesito sobre pesito. Incubaba la ilusión de traer a los suyos a vivir a los Estados Unidos. Seis años después, ni su madre, ni sus hermanos conseguían visa y el seguía indocumentado, trabajando con papeles falsos. Más allá que los ayudaba mandándoles una generosa mensualidad, sufría horrores el hecho de no tenerlos a su lado.

Lejos de aliviarlo, el deceso inesperado de Julio lo terminó de desestabilizar de una manera jamás imaginada. Había anhelado la muerte de su querido cretino, pero una muerte en sus manos, exigiéndole una rendición de cuentas y no de esa manera tan afortunada. Lo que más lo confundió fue el insondable pesar que lo arrasó tras la partida del tirano. No tenía noción de lo mucho que lo quería. Aquella lejana mañana de sábado, mientras cremaban sus restos, Lucas lloró hasta secarse. Vertió galones del salobre líquido por una persona a la que había planeado matar esa misma noche.

18/2/16

Asesino Serial del Año. Capítulo Tercero



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                                  Capítulo Tercero

                             Mundigrama año 3185

                                              I

Los torneos de mundigrama se venían desarrollando desde finales del segundo milenio, en los últimos treinta años habían alcanzado una popularidad increíble. El avance tecnológico que hizo al mundo capsular más complejo y creíble, sumado a los suculentos premios asignados, disparó la fama de los concursos.

El número de participantes, pese a los carísimos equipos necesarios, aumentó vertiginosamente. De 850 en el 3152 a 10.541 inscriptos en la presente edición.

Tres siglos antes, un grupo de científicos recreó, informáticamente, un pequeño núcleo poblacional y dispuso en él alrededor de cien marcp. Estos microentes autoregulados con conciencia propia, podían reproducir con asombrosa exactitud el desarrollo de una mente humana. Desde el nacimiento hasta su muerte. Habían estado siendo utilizados por las ciencias sociales para estudiar la reacción del hombre frente a complejas y muchas veces atípicas situaciones de la vida real.

14/1/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO - Capítulo dos

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                             El inspector Avalón

                                           I

El detective de homicidios Fredy Avalón se tragó el insulto para no despertar a su esposa. Manoteó el celular que vibraba sobre la mesita de luz y observó con aburrimiento el caller id.

—¿Qué coño quiere Rodriguez? —susurró sin importarle que pudiese tratase de una emergencia.

—Buenas noches señor, disculpe la hora, pero hubo otro crimen en South Beach y podría encuadrarse dentro del caso que viene siguiendo.

—¿Dónde fue? —preguntó sintiendo que un chorro de adrenalina terminaba de despertarlo.

—En el ally entre Meridian y Jefferson, a unos veinte metros de la ocho. Si no le importa, el capitán me mandó a ponerme a su disposición para ayudarlo en lo que sea —dijo con temor, sabiendo que al viejo le gustaba trabajar solo, que le enervaba la presencia de un novato preguntón a sus espaldas.

Después de un gruñido de disgusto y no dispuesto a tener otro encontronazo con su jefe, Fredy acotó: —Esta bien, si no me queda otra, pero limítate a hablar solamente cuando vas a aportar algo interesante y no toques nada sin mi autorización, ¿okey?

Avalón se arrepintió al segundo de haberle hablado tan duro al muchacho. De última no le caía mal. Era silencioso y educado. Carraspeó fuerte como buscando sacarse toda la amargura con la que había amanecido.

—Muchas gracias teniente, ¿le parece bien que nos encontremos en la estación a las siete y media?

Avalón cortó sin contestarle. No estaba enojado con Rodríguez, sino con el inoportuno homicida que había arruinado su día libre. Solo imploraba que se tratase una vez más de él.

1/1/16

ASESINO SERIAL DEL AÑO - Capítulo Uno

                       
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                                                             Lucas

                                                                   I

¿Cuántas cervezas habría tomado esa noche? Tony Camacho perdió la cuenta tras las primeras doce. Con suerte recordaba la hora aproximada en la que ingresó al pool bar de la calle doce. Las 10:30 de la noche.

            Jugó unos cuantos partidos con gente que ni siquiera conocía y cuando el alcohol comenzó a ridiculizar sus movimientos, se derrumbó sobre el sillón más cercano a la barra. Comió solamente un puñado de maníes servidos con la primer bebida. Le supieron amargos y la piel de uno de ellos se le quedó atascada en la garganta obligándolo a un constante carraspear. Alrededor de la medianoche, cuando el humo de los cigarros espesaba el ambiente, perdió toda posibilidad de medir el tiempo. A las 3:35, el bar comenzó a despoblarse. El bartender colombiano y el moreno que venía a limpiar el local lo sacaron arrastrándolo de los brazos. Con muy poca delicadeza lo tiraron en la vereda.

            Se incorporó con dificultad, enfilando para el lado de Meridian Avenue. Eligió ese rumbo solo porque el derecho fue el primer pie que movió. No tenía ni remota idea de donde estaba su casa, ni tampoco le importaba. Había comenzado a garuar cuando dobló por una de las oscuras callejuelas intermedias donde circulan los camiones recolectores de basura. Los ojos casi cerrados y dos hilos de baba colgándole de las comisuras de sus labios. Serpenteaba de vereda a vereda, sosteniéndose en cada tacho de basura y tomando impulso para avanzar unos metros más.

La noche discurría oscura y fría, si es que puede llamársele así al anodino clima del sur de la Florida. La luna llena, resignada, era asfixiada por una cortina de grises nubarrones. Algún que otro rayo centelleaba a lo lejos.

            Cruzó la nueve partido en dos, con la frente a la altura de su cintura. Un perro lampiño, por lo sarnoso, que dormitaba a la orilla de un televisor abandonado, lo hizo tropezar. Cayó de cabeza entre unas cajas de cartón repletas de trapos viejos y ya en el suelo expulsó cuatro cervezas de una sola bocanada. Despatarrado sobre el asfalto, Tony Camacho comenzó a llorisquear como un bebé, suplicando perdón a un Dios imperturbable que nunca le había prestado la más mínima atención.

18/11/15

Golondría y su cortina

Golondria y su cortina

Hay historias en nuestra vida que queremos borrar para siempre, creamos entonces una cortina de hierro y por años no dejamos filtrarse al presente ninguno de esos recuerdos. Pero tenlo por seguro lector que en algún momento antes del fin de tus días, algo tan simple como una imagen, un olor, un sonido, moverá el interruptor y al correrse la cortina, caerán sobre ti (como finas dagas afiladas) aquellas viejas sensaciones que creíste desterradas de tu mente.

En algunas tardes de julio como aquella, después de una fina y rápida llovizna, el sol reaparece entre las nubes. Entonces la humedad parece ensañarse con todo ser vivo aplastándolo y reduciéndolo a una simple masa gelatinosa que resbala por las calles de Miami. Mientras caminaba por Collins Avenue, acercándome al hotel, trataba de encontrar una explicación a esta olvidada sensación que recorría nuevamente mi ser.  No lo conocía personalmente, pero a través de mi niñez y adolescencia me había extasiado viendo sus películas de increíbles aventuras. Época de la vida en la que con muy poco argumento elevamos a nuestros admirados a la categoría de ídolos. Vaya si lo admiraba y aunque como actor dejaba mucho que desear, sus cintas que siempre eran despedazadas por la crítica, se convertían en éxito de taquilla seguro.

1/11/15

La víbora y el salto de las rosas


               
 
                             
Atardecía cuando bajé del trole. El aire estaba pegajoso y no había dejado de lloviznar en todo el día. Aparte del French Quarter, este es el lugar que más me atrae de New Orleans, quizás porque preserva ese ambiente colonial de siglos atrás, con sus magníficas residencias de madera enmarcadas en solidas columnas y frescos porches vestidos de reposeras y plantas colgantes. Hay templos por todas partes, jesuitas, dominicos, judíos, etc., etc., es como si doscientos años atrás se hubiesen peleado sin cuartel por la incorporación de los feligreses de la zona. Aunque lo que realmente me fascina, es la línea de tranvías que divide en dos a St. Charles, y luego a Carrolton Ave., posee esos encantadores carros naranjas de principio de los mil ochocientos funcionando en su estado original.
 
Me interno al barrio por una de sus angostas calles, un aire mítico envuelve el paisaje, aquí el reloj se resiste a avanzar, como si mil duendes nos sobrevolaran custodiando la historia. Frente a la casa de Carina, un cementerio ocupa toda la cuadra, por su doble puerta de rejas oxidadas se vislumbran tumbas centenarias. Un cartel me informa algo del pasado del Lafayette Cementery.  Fue cerrado por falta de espacio en la segunda parte del siglo diecinueve, aquí hay enterrados un puñado de celebres cadáveres y cientos de muertos normales. Funcionarios públicos, músicos y cantantes de jazz, empleados ferroviarios y algunos tísicos anónimos, entre otros, comparten sus huesos. Si hasta Brad Pitt anduvo aquí en su entrevista con el vampiro.

6/10/15

Sinfonía Angelical (The snow people)


Sinfonia angelical (the snow people)
No resultaba fácil tomar la decisión de largarlo todo y marcharse a Londres. Atornillado a la barra del Red Shoes y tras el cuarto vaso de Old Grand Dad,  el hombre se sentía más cerca de hacerlo. Aquel martes de enero a mediados de los setenta nevaba sobre Leicester y Stuart Sharp era el último cliente en la taberna enclavada en los suburbios.

Se había convertido en un asiduo concurrente del lugar en los meses pasados y si ya no era un alcohólico, debía estar muy próximo a graduarse. Bajó los parpados y tarareó la melodía. Sus ojos, como pasaba desde la primera vez, se atiborraron de lágrimas. El trago de whisky le supo amargo, se le quedó atascado en la garganta obligándolo a carraspear con fuerza. En ese instante asumió que su momento había llegado, la espera le estaba resultando insoportable. A primeras horas de la mañana armaría la valija y en su desvencijado Ford partiría hacia la capital.
Su actitud era imperdonable, por demás insensible y egoísta, pero su misión todo lo justificaba. Se iba dejando a su esposa Jo y a sus hijitas Emma y Kate, con la promesa de que si nada pasaba en seis meses regresaría. Ellas habían sido la razón de su demora, pero ya no más, le dolía en el alma pero debía hacerlo.

12/9/15

Gera, el revoltoso




El manto que arroja la luna llena bruñe el paisaje. La brisa concede fragancias a jazmines y albaca, a menta e hinojo, a eucaliptus y frutas maduras. Cada perfume enciende remembranzas en mi mente. Pestañeó con fuerza buscando certificar el tiempo y el lugar donde me encuentro. Todo flota en dulce letargo. Es de noche y aun así llega nítido el canto de los pájaros. Unas urracas aspaventeras, un cargoso tero, la algarabía de un lorito barranquero y el ulular de las palomas se mezclan con el susurro del agua que viene arremangando hojas por la hijuela. Por allá el croar de un grupo de sapos hace contrapunto con el crickear de los grillos. Sonidos preñados de vida, tan caros para mí.

Cierro los ojos (aunque sé que están cerrados) y disfruto del sueño. Solo eso puede ser. Anoche me acosté sin estrellas, en mi casa allá en el barrio de la Buena Vista, al noroeste de Miami y aun debo estar durmiendo. Alzo con miedo los parpados, evitando cualquier movimiento brusco que pueda despertarme. Giro la cabeza y por primera vez estudio lo que merodea.

22/8/15

GIRASOLES

Girasoles
La sombra que nos tira el arbolito no alcanza ni para cubrir el hormiguero que nos ha desalojado del lugar, obligándonos a recibir al sol de frente y sin filtros. Al costado del sendero de tierra, con Azul a más de trescientos kilómetros tras nuestras espaldas, nos rostizamos esperando el transporte que nos saque de este peladero del demonio. Salimos cinco días atrás de Mar del Plata sin un peso en los bolsillos, con dos mochilas gigantes de las que penden ollas y zapatillas. Como provisión, una bolsa de pan duro y de bebida solo la transpiración, pues a esta altura creo que ni saliva juntamos. El regreso al sur mendocino, que como mucho debería habernos insumido tres jornadas, se está convirtiendo en una verdadera pesadilla.

Tres aguiluchos desplumados esperan pacientes desde el único árbol, además del nuestro, que quiebra la planicie en kilómetros a la redonda. Principios de febrero del ochenta y dos, una de la tarde, cuarenta grados y subiendo. Carlitos voltea la cabeza y me mira sin verme, sus ojos atisban el humeante panorama donde el camino se zambulle en el cielo.
—¿Que hacemos acá mocha, a quien carajo se le puede haber ocurrido subir a ese camión de mierda? —exclama el menor de los Martini con un hilo lastimoso de voz.
—A Carlitos, ¿a quién otro? —contesto más resignado que molesto, carraspeando con fuerza para eliminar un molesto trocito de pan atorado en mi garganta y cierro los ojos obligado por el resplandor.

19/7/15

MAXIMILIANO




La impúdica luna se exhibía descarada con más estrellas que de costumbre. El reciente apagón en gran parte del país favorecía su bacanal nocturno. Enormes cactus alineados al costado del polvoriento camino parecían soldados de un silente ejército preparando su ofensiva.

Apenas terminaba de trabajar en la estación de servicio y retornaba caminando lentamente. No había sido una jornada normal y monótona como tantas pasadas. Lo que acababa de encontrar, y llevaba celosamente guardado en el bolsillo me tenía bastante animado.

Cuando cambié de dirección adentrándome en el escarpado atajo bordeado por aloes, me llegó claro el sonido de las olas en su eterno ataque a las rocas. El olor a algas mezclado con el de la sal y la húmeda arena me obligó a respirar profundo. Amaba ese aroma, me traía imágenes de distintas playas en diferentes épocas.

Como a medio kilómetro del cunucu, no aguanté más y me senté sobre una enorme roca que solitaria vigilaba la costa centro este de la isla. Miré con admiración la piedra azul engarzada en un anillo de… ¿oro? La luz lunar producía rojizas fulguraciones en su pulida superficie. Alcé mi mano y lo moví de izquierda a derecha buscando arrancarle nuevos reflejos. Entonces por un instante, me pareció observar un fino hilo luminoso que se elevaba perdiéndose en el negro infinito. Fue algo casi invisible, que se repetía cada vez que la sortija apuntaba a determinada parte del cielo. Lo que más me intrigó fue el delicioso escalofrío que estremeció mi cuerpo en aquel momento.

8/6/15

Un reencuentro en New Orleans

 Un reencuentro en New Orleans


Cortaba ramas secas de los helechos que colgaban bajo el balcón del frente de casa cuando lo vi. Había llovido durante la siesta (siempre garúa sobre New Orleans) y tres horas después, el sol levantaba vapores asesinos que a punto estaban de tronchar mi espíritu jardinero. Apoyé la tijerita de podar sobre el borde de la escalera y bajé un par de peldaños buscando una vista mejor. Pese a los veinticinco años transcurridos, reconocí al instante el andar cansino, la figura encorvada. Debía haber bajado del trolebús en St. Charles y venia caminando por Lousiana Avenue con un pequeño bolso colgando de su mano derecha. Moví la cabeza sin poder escapar del asombro y salí trotando a su encuentro.

          Estaba más gordo y pelado, el escaso cabello, recién recortado, lucia teñido de canas. Sus hundidos ojos resaltaban el narizón de siempre.

           Nos fundimos en un abrazo, fuerte y sentido el mío, el suyo frio y lejano, casi obligado.

            — ¡Pablo, hermanito del alma, que alegría verte! —exclamé sin retirarle los brazos de la espalda.  ¿Por qué carajo no avisaste que venias?, te hubiésemos ido a buscar al aeropuerto.

9/5/15

La madre de las malas suertes

                                                                                                                                                                                                                                        
Cuando estás de culo...


            —¿Qué te pasa ahora? —inquirió Luciana esforzándose por despegar sus lagañosos ojos y mantenerlos abiertos.

            Me encontraba de rodillas sobre las baldosas, como rezando, con los antebrazos apoyados sobre la cama y las pupilas borrosas por el llanto. Puños y dientes apretados y esa hiriente punzada bajo el hígado que me convertía en un patético bicho bolita humano.


—No sé qué mierda tengo, es un pinchazo fuertísimo, como a la altura del apéndice —contesté con voz forzada conteniendo la respiración.


—¡Hay mi querido, te han caído las siete plagas de Egipto! — acotó mirándome con pena mientras se incorporaba cubriéndose los hombros con un sweater de lana blanca.


Afuera, un clima gélido había cristalizado las calles de la ciudad capital de Entre Ríos. Unos rayitos de sol se filtraban por entre las nubes, calentando apenas el aire paranaense. Era domingo, finales de febrero, año 2012 y me encontraba coronando los peores cinco meses de mi vida.