11/12/11

EL OTRO RAFA (segunda parte)

                                             
                                -CUATRO-


¿Quién maneja a quien? Anoche intenté pasármela en vela y más allá de tomarme dos cafeteras llenitas, no lo logré. A las dos de la mañana estaba roncando a moco tendido. Él, como ha pasado siempre, se despierta a la misma hora en que yo abrazo a Orfeo. Hoy abrí los ojos a las tres de la tarde, el muy cretino se quedó despierto hasta las tres de la madrugada. Cada vez duermo más, estirando sus empalagosos días.
¿Quién maneja a quien? me pregunto.  Para el otro Rafa es fácil, posee un trabajo en el cual no debe rendirle cuentas a nadie, es el jefe. Hace y deshace a su antojo y todos le tienen aprecio. Por su culpa perdí mis últimos trabajos, me fue imposible cumplir los horarios. Moriría por tener sueños normales, distintos o no tenerlos directamente, llevar dos vidas es estresante, sobre todo cuando la verdadera es una mierda.
He probado toda clase de somníferos, don Oscar me recetó, como unos cinco años atrás, unos, según él, infalibles interruptores de sueño, testeados con éxito en pacientes aquejados por pesadillas insoportables. Conmigo fracasaron, solo me jodieron el estómago y ni siquiera dormía mejor. En una etapa de mi vida me obsesioné (como ahora) con la idea de ser Stuart, de incorporarme totalmente a su bella cotidianeidad. Pensé que si encontraba la forma de dormir mucho tiempo, en algún momento se produciría un clic y le diría adiós a este gastadero de días sin motivo. Una sobredosis de pastillas casi me mandan al otro mundo, no a de él, sino al celestial, o infernal, quien sabe. Creo estar más próximo a este último. Estuve nueve días inconsciente, nueve días plenos en Darwin. ¡Que feliz fui!  Descubrí que en ese estado él vivía normalmente, sin depender de mí para nada y que solo tenía que encontrar la forma de prolongar el coma indefinidamente.

18/11/11

EL OTRO RAFA (Primera parte)



W.G.G


          -UNO-

          
       —Desde siempre —musitó estirándose en el sofá y encendiendo un cigarrillo, de esos inodoros de plástico.
            —¿Cómo que desde siempre —preguntó el flaco pelón que estaba sentado a su derecha mientras rotulaba una carpeta con el nombre de Rafael Zarate.
            —Bueno, por lo menos desde que me acuerde. Con decirle que en mi cumpleaños número trece mi mejor amigo era un siquiatra y en vez de confites, lo que había para comer eran pastillas antidepresivas. Desde que portaba pañales hubo un cura locos en el centro de mi vida. El ultimo, Don Oscar, fue mi confidente por más de siete años, siento como si hubiese perdido a un padre —agregó el hombre con pesar.
            —Lo sé y espero serle tan útil como lo fue Don Oscar. Días antes de fallecer tuvo la cordialidad de acercarse a mi consultorio con su historia clínica y me pidió por favor que me hiciera cargo de su caso. No se podía marchar tranquilo sin saber que su salud estaba en las manos adecuadas, él también le tenía mucho aprecio —dijo el profesional apoyando la mano en el hombro del recostado.
            —No tiene ni idea lo que ese señor significaba para mí, no sé que voy a hacer ahora sin sus consejos —sollozo el hombre.
            —No se preocupe, confíe en mí, Don Oscar fue, además de mi mentor, un gran amigo y me encargaré de su caso por el tiempo que haga falta y sin cobrarle ni un centavo —dijo Felipe Giqueaux observando a Rafael como si de su ídolo de rock se tratase.

13/11/11

EL CURA Y EL JARDINERO (Llevado a la pantalla grande por mi amigo el director dominicano Manuel Paulino)

W.G.Greulach


            Se siente embotado, la cabeza le da vueltas, es como si le estuvieran pegando con las palmas de las manos en los oídos. Comienza a moverse lentamente pero sus pies están quietos. Se eleva entre ruidosos nubarrones cargados de estática, la electricidad entra por todos sus poros. Comienza a percibir una luz, una intensa energía que brota incontenible de su interior buscando una salida. Su cuerpo se hincha pleno de luminosidad. Su tórax, sus brazos, sus piernas comienzan a agrietarse y de repente explota cayendo en mil pedazos. Cada trocito tiene un ojo a través de los cuales ve como la tierra se acerca a mil por hora Presiente el golpe final, el dolor, miles de retinas nublándose, gritos, miedo, impotencia…  
             Entonces, como en tantas pesadillas, está sentado en el borde de la cama matrimonial, con ese ridículo traje de pato Donal que le ponían para ir al jardín de infantes. Ve por centésima vez como su madre humilla a su padre, lo trata de inútil, bruto, impotente. Le dice que gracias a Dios tiene a Julián el vecino que puede satisfacerla cuando ella quiere y que bien merecido se tiene los cuernos por maricón.    
             Como en cámara lenta y con un fondo que va cambiando lentamente del celeste al rojo observa a su querido progenitor.  El ser humano a quien más ama en esta tierra, saca el arma del cajón de la mesita de luz -en cada sueño el revolver es distinto- y le dispara a esa perra dos, tres, cuatro veces hasta quitarle el último halito de vida. El hombre fija luego su mirada en el niño y ese inolvidable rostro es una expresión de súplica, de ruego, un lacónico pedido de perdón. Una lágrima, que siempre le parece gigante, no le alcanza a llegar a la comisura de los labios cuando el tiro -con el que se vuela su padre la tapa de los sesos- retumba en un eco infinito.

30/10/11

VII - La víbora y el salto de las rosas

 
  W.G.G        
      Atardecía cuando bajé del trole. El aire estaba pegajoso y no había dejado de lloviznar en todo el día. Aparte del French Quarter, este es el lugar que más me atrae de New Orleans, quizás porque preserva ese ambiente colonial de siglos atrás, con sus magníficas residencias de madera enmarcadas en solidas columnas y frescos porches vestidos de reposeras y plantas colgantes. Hay templos por todas partes, jesuitas, dominicos, judíos, etc., etc., es como si doscientos años atrás se hubiesen peleado sin cuartel por la incorporación de los feligreses de la zona. Aunque lo que realmente me fascina es la línea de tranvías que divide en dos a St. Charles, y luego a Carrolton Ave., posee esos encantadores carros naranjas de principio de los mil ochocientos.
            Me interno al barrio por una de sus angostas calles, un aire mítico envuelve el paisaje, aquí el reloj se resiste a avanzar, como si mil duendes nos sobrevolaran custodiando la historia. Frente a la casa de Carina, un cementerio ocupa toda la cuadra, por su doble puerta de rejas oxidadas se vislumbran tumbas centenarias. Un cartel me informa algo del pasado del Lafayette Cementery.  Fue cerrado por falta de espacio en la segunda parte del siglo diecinueve, aquí hay enterrados un puñado de celebres cadáveres y cientos de muertos normales. Funcionarios públicos, músicos y cantantes de jazz, empleados ferroviarios y algunos tísicos anónimos, entre otros, comparten sus huesos. Si hasta Brad Pitt anduvo aquí en su entrevista con el vampiro.

17/10/11

VI - La verdad revelada (a medias)


W.G.G


          —¡Puta llovizna! —maldigo cubriéndome la cabeza con una caja de cartón desarmada.

            Hace horas que la espero escondido entre dos contenedores de basura. No deseo que ningún chismoso piense raro y llame al 911, o alguno de los empleados le informe a la “Madame”. Aunque hay tantos vagabundos desperdigados por ahí, que podría pasar por uno de ellos perfectamente.

            —Estos días que usted anduvo merodeando por enfrente del bar, ella se quedaba en su oficina y si salía, lo hacía por la puerta de atrás, la de la cocina. Estaciona el Audi en un parqueo a dos cuadras de acá —me confesó Mauricio horas antes, como instándome a la confrontación.

            —¿Por qué me contás esto Mauricio?, Te estás exponiendo a que te depidan del trabajo —le pregunté sin comprender que ganaba.

            —Digamos que soy un romántico perdido, me parece que todos en la vida deben tener otra oportunidad, —contestó sonriendo y sin esperar mi agradecimiento retornó corriendo al hoyo de serpientes.

26/9/11

V De serpientes y madames

W.G.G


Anoche, al contemplarla parada en las alturas del Snake hole, grité con furia su nombre, con una voz ronca y cargada de angustia, sofrenada por una eternidad. Fingió no verme y tras escuchar mi llamado se dio media vuelta perdiendose en el tugurio.
Subí a los tropezones y debo haber contado mal los escalones pues caí de pecho arriba de una mesita, volcando dos cervezas, junto a un plato de chips, sobre la falda de una rubia pechugona que se acordó hasta de mi abuelita religiosa. Aturdido, desde el suelo, la busqué en el interior del cabaret, mas ya no estaba.
No hallé una persona que pudiese contarme algo sobre la elegante señora cuarentona que engalanaba el balcón momentos atrás. El bartender, los guachimán (guardias de seguridad) y los meseros negaban con la cabeza, como por compromiso y después me ignoraban.

18/9/11

IV Aires de blues en New Orleans


W.G.G
Al abandonar la I 10 oeste, ya ha anochecido, bajo por la orilla del Superdomo y me sumerjo en Canal Street rumbo al down town de New Orleans. El escenario me regala una emoción inesperada. No es solo una sensación provocada por el fin de un largo viaje, sino también este delicioso aire europeo que me baña al observar los primeros edificios. Vuelvo a Córdoba, a Santa Fé, a Bs. As. Siento que voy entrando a una ciudad cálida, crepitante (humanamente hablando), bien peculiar.Tan distintas a Miami o a otras poblaciones de Florida (de gran parte de los EE.UU, en donde todo es igual, pasás de un lado a otro y a duras penas podés adivinar donde estás). Construcciones insulsas, estándares, sin estilo, con la excepción del distrito Art Deco de South Beach. Aquí se respira arte, historia por donde mires, basta por ejemplo con detenerse en los trolebuses que recorren Canal y St. Charles street y que datan del siglo XIX, con sus carros originales rojos y verdes que musicalizan el centro con su tintinear.
Doblé por Baronne street y tras registrarme en el Winham Garden, donde habia reservado tres noches, metí el auto en el estacionamiento y salí desesperado a recorrer el down town. Calles estrechas con altos y ornamentados edificios, una iglesia jesuita de casi trecientos años y un banco del siglo XIX por aquí, un par de museos por allá, es como recorrer un lugar conocido, extrañado.


5/9/11

III Recién envejecido para americanos



Walter Greulach

A las siete desayuno un tazón de cereales, un bagel con queso crema y una manzana, no hay muchas mas opciones, es el desayuno continental como lo llaman los del norte. Un cartel promociona la memorable Sheikra a la entrada del comedor. “Ya sos historia, querida“, susurro y se me hace un vacío en el estomago de solo acordarme de la tardecita pasada.

Una linda mañana me recibe al abrir la puerta, dos ardillas corren por un cable de electricidad zambulléndose en un frondoso roble, no puedo saber si pelean o están enfrascadas en acalorado romance, los chirridos que lanzán me indican más lo primero. Agarro Dona Michelle Drive y subo por Downes Blvd. a la I 75 norte. La idea primigenia era empalmar la I 10 y rumbear directamente para New Orleans, pero me seduce la idea de visitar Gainesville y el legendario estadio de los Gators, así que al llegar a la altura de la ciudad universitaria doblo para el este.

19/8/11

II UN MONSTRUO LLAMADO SHEIKRA



W.G.G

El agua me acompañó todo el trayecto entre Naples y Sarasota, en algunos tramos la cortina de lluvia era tan espesa que a duras penas observaba las luces del auto de adelante. Marchábamos casi a paso de hombre, me insumió cuatro horas una distancia que tendría que haber recorrido en apenas hora y media. Ahora me encuentro cruzando los puentes a la vera de St. Petersburg, el cielo luce increíblemente celeste. Al fondo de la bahía se puede apreciar el down town, resisto la tentación de entrar a curiosear y apreto el acelerador.

La proposición del brasilero me calló como anillo al dedo. En un momento hasta pensé en regresarme a Argentina, pero allá tampoco tengo a nadie. Mis padres fallecieron el invierno pasado y mis hermanos tienen demasiados problemas como para sumarles la presencia de un traumado más.

—El gordo García siempre anda buscando trabajadores, es argentino y tiene tres restaurantes en New Orleans y dos en New York. Seguro que algo te consigue, es muy amigo mío —me dijo Octavio, mi sicólogo, días antes de semana santa.



14/8/11

PERFIL TRISTE SOBRE BOURBON STREET (cuento largo)


                                               I  Adiós a Miami

W.G.G (Dibujo de Juan Romero)

Atravieso el primer toll de la I 75, saliendo de Miami, mas o menos a la hora seis de la mañana. No hay casi tráfico y las luces del amanecer colorean de un naranja claro los techos de las casas agrupadas a la vera de la interestatal. Numerosos viviendas se  construyeron durante el boom inmobiliario de la década pasada. Ahora la mitad estan vacías o en proceso de hipoteca. Arriba me cobija un cielo sin nubes, aunque el pronóstico indica sesenta por ciento de chances de lluvia para el mediodia.
El volante comienza a vibrar desviando mi atención del paisaje, observo por el espejo retrovisor el acopladito de U.haul colgado al P.T Cruiser. Parece estar todo bien, quizá solo sea el estado de la ruta, me conforto y disminuyo la velocidad corriéndome al carril mas lento. No tengo prisa, es jueves y recién el lunes al mediodía tengo que presentarme en el restaurante de New Orleans.

Abandono Florida sin dejar huella alguna, como no he dejado impronta tampoco en mis cuarenta y nueve años de inexistencia. Siempre en el lado mas oscuro de las sombras, excelso en el arte de pasar desapercibido, un verdadero campeón del no compromiso. No me queda en Miami, despues de quince años, ni un amigo, ni una mujer, ni siquiera un gato a quien llamar contandole de mi viaje a Louisiana.
No se si siempre fui así, solo se que en las dos décadas pasadas la cosa empeoró. Hay veces, como ahora, que reflexiono sobre mi desamparo emocional y me deprimo y me aíslo aun mas, si eso es posible. Por esto me estoy dando una ultima chance de reordenar mi caos marchándome a un lugar bien lejos, donde nadie me conozca, donde pueda comenzar de cero una vida normal, conocer amigos, encontrar alguien a quien querer. En síntesis sacarme el sello de rarito que me estamparon en la frente.



25/7/11

EL FUTURO EN TITULARES




Walter Gerardo Greulach

—Te toca a vos Chicato —le dije dándole un chirlito en la nuca mientras saboreaba el que había jurado seria mi último parisien.

—Que me dirian si les cuento que, en los primeros años del nuevo milenio, una mujer va a ser presidenta de Argentina, un negro de Estados Unidos. River descendera en el 2011 a la primera B y las torres gemelas de Nueva York serán derribadas en septiembre del 2001 en un atentado terrorista —agregó Jorge Gutierrez y nos miró unos segundos como sorprendido por la poca repercusión que habian tenido sus palabras.

Si mal no recuerdo era junio del 91 y nos hallábamos allí, en un barcito sobre Vélez Sarsfield, casi llegando a Colon, los mismos insufribles de siempre. Nueve estudiantes de Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Letras en La Universidad Nacional de Córdoba. Los jueves, cerca de la medianoche, organizábamos una especie de tertulia literaria, donde leíamos poemas y cuentos de nuestra propia autoria.
Rememoro la noche aquella con toda la subjetividad que le aportan veinte años de distancia Mi fragil memoria ha sincelado los recuerdos que hoy adorno un poco para encauzar este relato. Volvamos a la medianoche en el Blues café.

6/7/11

Un poquitín de sabor. (Quizá el más negro de mis cuentos)

 
Walter G. Greulach
Arístides Fulgencio Villanueva se sacó el barro de las suelas golpeando con fuerza los borceguíes contra el segundo escalón de la entrada, para dejarlos luego sobre una destartalada silla de paja. A su derecha, con un concierto de sofocados ladridos, Picho, Guante y Oso le brindaban una exhibición de saltos y volteretas. Se calzó las alpargatas y mientras se desarremangaba la camisa, los miró con fastidio y les dijo en voz alta: —¡Cómo hinchan las bolas ustedes, eh! Todavía no es tiempo de comer ¡A quedarse quietos pulgosos del diablo!

Traspuso el umbral, cerrando con gancho la puerta provista de una ventanita de tela mosquitera y descolgó del perchero la campera de hilo marrón, mientras miraba con esperanza las negras nubes que se aglutinaban en el horizonte. Abajo el campo se perdía infinito, diluyéndose en las sombras del anochecer.

29/6/11

Muerte en tránsito



W.G.G
Amanecía, un gris enchastrado de naranjas cubría la playa San Miguel del Puerto San Martin. Aquel treinta de Abril, el Mercedes rojo se estacionaba con veinticinco mil kilos de soja al final de una columna como de veinte camiones que aguardaban la autorización para ingresar al puerto. Estaba fresco y había llovido toda la noche. Un grupo de palomas y gorriones picoteaban los restos de granos desperdigados sobre el cemento. Un poco mas allá, tres o cuatros camioneros tomaban mate y cada tanto lanzaban estertóreas carcajadas.

Iván chasqueó la lengua contra los dientes buscando sacarse un resto de medialuna escondido en el agujero de una muela recién sacada. Como a las cinco y media se había detenido a desayunar en una estación de servicio y aprovechó para comprar un paquete de marlboro y pilas para la linterna. Sintonizó LT 8, el panorama informativo estaba por comenzar. Prendió un cigarrillo y tras pegarle la primer pitada con furia, recostó el asiento un poco mientras con la otra mano saludaba a Edson, un brasileño con el cual había compartido largas esperas en los meses pasados. No le hizo mucha fiesta porque quería descansar un poco y el carioca hablaba hasta por los codos. Despues de estirar las piernas, entornó los parpados y suspiró profundamente.

—Diez días mas y no vuelvo a subirme en mi vida a un puto camión —le había dicho unos días atrás a Sofía su mujer, con los ojos nublados por la emoción. La imagen de sus hijitos, Joaquín y Anabella, llorando porque no iba a pasar semana santa con ellos, no lo dejaba ni un instante.— Te juro que será mi ultimo viaje y después me consigo un laburo fijo acá en el pueblo.

5/6/11

Mike, mi linyera favorito

Walter Gerardo Greulach

El celeste contiene al turquesa y lo arrincona contra el gris claro. Cielo, mar y arena arrullados por una húmeda brisa que baja desde el noreste y que alivia apenas el ardor de mi cara. Recostado contra la caseta de franjas blancas y negras verticales, como una manzana mientras me repongo de un sábado infernal, por lo caluroso. En algún lugar alguien fuma un porro y el empalagoso olor de la cannabis opaca al del yodo y la sal. Ha pasado un cuarto de las siete e intento juntar coraje para acometer la ardua tarea que me espera, guardar noventa reposeras con sus colchones y cuarenta sombrillas. Faena que se me hace más pesada aun, teniendo en cuenta que Andy, mi colega barilochense, ha llamado enfermo. Pienso en Mike, que está por llegar y podrá ayudarme por un puñado de verdes, como lo ha hecho en los pasados cinco años. Aunque hoy existe un problema, hoy por primera vez conozco la verdadera identidad de Peter Michael Serbello.

9/5/11

La segunda venida



Al maestro Isaac Asimov

Oscurece, y los tres soles de Orev crean un entramado de sombras yuxtapuestas que se derraman por la meseta sagrada. El gran domo corona la elevación natural y a su alrededor se alinean las torres de los doce ministerios. Hace dos millones setecientos mil años (usaremos siempre la nomenclatura terrestre) que el sexto planeta del sistema tripolar Reltaw es la capital de la Vía Láctea, nonagésima galaxia del primer cuadrante del universo conocido. Allí van a reunirse esta noche los 398 delegados, representando a los veintidós mundos primigenios. El tema prioritario será el calamitoso estado del tercer planeta del sistema AQ 250. En el año 2011 desde el último contacto, la tierra (así la llaman sus habitantes) se consume en guerras fraticidas, la contaminación ha llegado a niveles intolerables y más del setenta por ciento de sus habitantes no cubren sus necesidades básicas.

—La situación es extremadamente delicada —dijo el presidente galáctico y movió la cabeza mirando consternado a su hijo y a su primer asesor.— Como no propongamos ya una medida seductora y viable, no tendremos argumentos para seguir sosteniendo la existencia de este mundo tan problemático.

5/5/11

Murió Bin Laden…¿y qué?


            
W.G.Greulach


Murió Osama Bin Laden abatido por un grupo comando del ejército Americano —decía excitado el rubio presentador de noticias de Fox.

El mozo, un adolescente nicaragüense de escaso metro sesenta y pelo de alambre, le subió el volumen al plasma y se retiró tres pasos para mirar anonadado la noticia, haciendo caso omiso a la parejita de cubanos que le pedían desesperadamente la cuenta.

El calor de la siesta miamíense era pegajoso, asfixiante. Un escuadrón de moscas sobrevolaba las sucias mesas del patio de una cantina de mala muerte en el noroeste de la ciudad. Aparte de los caribeños, solo un comensal mas resistía el suplicio de esa caldera al aire libre.

24/4/11

De aquel lado del camino







W.G.G

Oscuridad, y un silencio nunca antes experimentado. Vacío abrasador por donde su espíritu anda a tientas. Martín va flotando con un sentimiento asfixiante de indefensión.

El tema de la vida después de la muerte lo había obsesionado desde que tenia noción. Una luz blanca absorbiéndolo, un túnel luminoso por donde desfilaran los recuerdos mas preciados, el despegarse del piso y observar todo desde arriba, cualquier cosa hubiese sido preferible a esta conciencia atroz de la nada. ¿Estaría acaso en un limbo? ¿Una estación en tránsito hacia otra realidad? Toda una eternidad a ciegas por el infinito le sonaba pavoroso.

Lo único que fluye es el tiempo, pero le resulta imposible discernir cuanto lleva en esta condición. ¿Horas, días, meses? Solo el pensamiento sin limites, sin dimensiones...


Fueron unos sonidos, como de voces intentando abrirse paso entre las telarañas del cerebro, los que le trajeron el primer alivio.

9/4/11

¡No habrá otra chance muchacho!


W.G.G
Había veces, como en ese momento, en que no tenia ganas de mover ni un solo músculo, a tal punto que le tomó una enormidad de tiempo levantar la vista para saber la altura de Avenida Rivadavia por donde se desplazaba el colectivo. Como a veinte cuadras de allí estaba el supermercado que pedía personal.

Sus pupilas buscaban angustiadas algún bálsamo, una sonrisa, un color, un rostro que lo animara. Atardecía sobre Buenos Aires, hacia frío, llovía a canteros y ese tango lastimero que le traía la radio, que hablaba de una fatal puñalada, lo hería aun más. Era como si siempre hubiese llovido en su vida, siempre nublado, siempre la tormenta amenazante y el gélido aire engullendo el poco calor que habitaba su cuerpo.

Limpió la ventanilla y observó los despintados edificios, los árboles sin hojas, los escasos transeúntes con caras largas y pálidas. Le costaba rememorar el ultimo instante de felicidad, un momento en que no sintiese esa opresión en su pecho. Cerró los parpados con fuerza. Aunque fuese una imagen, algo que le devolviera la paz por unos segundos. Únicamente sintió dos tibias lágrimas recorriendo sus mejillas.

5/4/11

EL QUIJOTE VERDE / Prólogo de la novela



Walter Gerardo Greulach

—Se terminó —dice Mariela con voz áspera y corta la comunicación.

Dos palabras, nueve letras, que desmoronan los escasos cimientos que aún lo mantienen en pie. El celular se desprende de su mano, desbaratándose en el piso de cemento pulido. Las pupilas se ensanchan, extraviándose tras el ventanal de vidrios sucios, donde cielo y tierra comienzan su beso nocturno.

Se terminó… y la razón ya no encuentra resquicio de cordura donde alojarse. El paisaje lo desgarra, hoy más que nunca. Entorna los parpados y aun lo sigue viendo. Soja, un océano de soja. Miles de hectáreas bamboleándose al viento. Soja, la maldita bendición del pueblo argentino.

Se terminó —dijo su esposa.

Como si se tratase de poner un punto final y comenzar la nueva oración. Como si al dolor de los recuerdos se lo pudiese borrar con voluntad. Como si mañana no amaneciera y existiese otra opción que seguir respirando.

Se terminó…

21/3/11

Por un momento pensé que soñaba

W.G.G



07 de marzo del año 2011 Miami U.S.A


Por un momento pensé que soñaba, que era una de esas pesadillas inspiradoras de algunos de mis relatos. La foto, el libro y el chip de memoria que sostengo, me indican que no es así. A no ser que se trate de un sueño largo del que aún no he despertado y que tuvo inicio esa mañana de otoño del año pasado, cuando lo vi cruzar la calle por enfrente del Dólar store.

Tomaba mate sentado sobre el deck de madera, bajo la sombra de dos paltas gigantes. En el mismo lugar donde hoy les escribo esta confesión (la cual va dirigida a todos, pero especialmente a mi esposa y mis hijos a quienes no he tenido el coraje de enfrentar con la… ¿verdad?).

Despertó mi atención al instante. Vestía unos vaqueros demasiado ajustados para mi gusto y una remera roja tan pegada que parecía formar parte de su cuerpo. Alto y atlético, lucia la cabeza rapada y (esto lo pude comprobar cuando me acerqué) tenía marcados rasgos orientales. Su rostro, blanco a mas no poder y de cejas exageradamente depiladas, era más el de un bebe que el de un hombre. Cargaba una valija mediana de cuero marrón y una expresión de alegría que detesté desde el primer momento.

La risa que me produjo el verlo, muto en temor cuando desde la puerta de la reja, levantó el brazo llamándome.

20/2/11

VIENTO EN POPA

W.G.G



—La mejor droga es aquella que mantiene al paciente enfermo por años y años, para que de esta forma podamos extraerle hasta el último centavo —dijo el calvo ejecutivo de Pfizer descaradamente—. En su gran mayoría las drogas poderosas tienen consecuencias peores que la enfermedad a la que buscan combatir.

—Nada que ya no sepa —pensó Orlando aburrido, mientras se fingía interesado, afirmando con la cabeza cada acotación del gordo arrogante.

—¿Sabía usted mister…

—Carranza.

—…que una buena dosis de vitamina d y omega tres es mucho más efectiva para combatir la depresión que todas esas porquerías que andan por el mercado?

—Por lo menos el alcohol lo desinhibe totalmente al bastardo —meditó el medico a la vez que se llevaba un crab cake a la boca. Solo había dos razones que lo mantenían aun sentado en la barra de aquel salón de Coral Gables, el frio de afuera y los bocadillos de adentro. Se realizaba la presentación de una nueva droga contra la osteoporosis y él era el representante del hospital mas grande del condado.

10/2/11

La proeza final de Luciano Andrés Parra



W.G.G

Disfrutaba jugar con el peligro, en una actividad rayana en lo demencial. Era un adicto a esa infusión de adrenalina que recorre nuestras venas en los instantes de tensión al límite. Y cada vez forzaba más el umbral buscando un desenlace que a todas luces se aproximaba. Quizás por ello estaba en aquel momento acostado dentro de ese extraño supositorio dorado, inmovilizado de pies a cabeza y con cientos de sensores que cubrían su cuerpo desnudo. Una música de violines y chelos le llegaba a través de los auriculares.

—Para que te serenes —lo alentó Harvey Love, el tipo con más cara de loco que conoció en su vida.

—Calmarme, ja —masculló Luciano.

Tenía tensionado hasta los pelos, y el corazón, bombeando a mil doscientos por hora, lucia como si en cualquier momento se le saldría por entre las costillas. Pero en síntesis eso era lo que buscaba, lo incierto, lo inesperado…

3/2/11

Motivación

                      

Walter G Greulach

Sucedió al filo de la navidad, cuando recién comenzaba a trabajar como beach attendant en el National Hotel tras dos años sabáticos. Gracias al apoyo financiero de Daniela, mi esposa, terminaba de publicar “El guionista de Dios…¿o del Diablo?”, mi primera obra. Por veintitrés meses la paranaense había sido el único sustento de nuestro hogar. Tiempo que me llevó escoger y pulir los catorce cuentos de aquel desvirgue literario.

Llegó pateando arena desde el sur. Enfundado en una bermuda roja con bolsillos amarillos, unas ojotas verde amarelo con el escudito de Brasil y una camisa hawaiana negra con rosado. Traía un bolso con la cinta de vuelo aun en la manija y tarareaba I feel good de James Brown. El pequeño gorro de lana no alcanzaba a ocultar una desgreñada melena rubia. Pisaría los cincuenta, las canas punteaban en una barba rala que suavizaba las arrugas de un rostro curtido por el sol.

23/1/11

LA INSOPORTABLE IMBECILIDAD DEL SER

W.G.G

Tras algunos días de lluvia y viento, enero nos ofrendaba la posibilidad de hacer algún dinerillo. Teníamos ochenta y un grados Fahrenheit ese viernes y recién el martes, según los gurúes de la tele, unos chaparrones dispersos volverían las cosas a su lugar. En alta temporada, sobre todo en los últimos años, la inestabilidad climática en el sur floridano había sido una constante.

El mar calmo y de aguas turquesas, en conjunción con un cielo de un celeste casi dañino, invitaba a caminar por la playa. Las setenta y pico reposeras no tardarían en llenarse. Mientras tanto, junto a Andy y Jairo, disfrutábamos un partido de futbol canasto. Una nueva modalidad de entretenimiento de la cual abusábamos, más que nada, durante las jornadas de mal tiempo.

Acababa de levantar una pelota con el pie, clavándola en el tacho de la basura desde la zona de tres puntos, cuando el envidioso aplauso de mis rivales se apagó. No era para menos, sobre el horizonte, mitad arena, mitad océano, se recortaba la figura de la insufrible.