9/5/11
La segunda venida
Al maestro Isaac Asimov
Oscurece, y los tres soles de Orev crean un entramado de sombras yuxtapuestas que se derraman por la meseta sagrada. El gran domo corona la elevación natural y a su alrededor se alinean las torres de los doce ministerios. Hace dos millones setecientos mil años (usaremos siempre la nomenclatura terrestre) que el sexto planeta del sistema tripolar Reltaw es la capital de la Vía Láctea, nonagésima galaxia del primer cuadrante del universo conocido. Allí van a reunirse esta noche los 398 delegados, representando a los veintidós mundos primigenios. El tema prioritario será el calamitoso estado del tercer planeta del sistema AQ 250. En el año 2011 desde el último contacto, la tierra (así la llaman sus habitantes) se consume en guerras fraticidas, la contaminación ha llegado a niveles intolerables y más del setenta por ciento de sus habitantes no cubren sus necesidades básicas.
—La situación es extremadamente delicada —dijo el presidente galáctico y movió la cabeza mirando consternado a su hijo y a su primer asesor.— Como no propongamos ya una medida seductora y viable, no tendremos argumentos para seguir sosteniendo la existencia de este mundo tan problemático.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
5/5/11
Murió Bin Laden…¿y qué?
W.G.Greulach
Murió Osama Bin Laden abatido por un grupo comando del ejército Americano —decía excitado el rubio presentador de noticias de Fox.
El mozo, un adolescente nicaragüense de escaso metro sesenta y pelo de alambre, le subió el volumen al plasma y se retiró tres pasos para mirar anonadado la noticia, haciendo caso omiso a la parejita de cubanos que le pedían desesperadamente la cuenta.
El calor de la siesta miamíense era pegajoso, asfixiante. Un escuadrón de moscas sobrevolaba las sucias mesas del patio de una cantina de mala muerte en el noroeste de la ciudad. Aparte de los caribeños, solo un comensal mas resistía el suplicio de esa caldera al aire libre.
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
24/4/11
De aquel lado del camino
W.G.G
Oscuridad, y un silencio nunca antes experimentado. Vacío abrasador por donde su espíritu anda a tientas. Martín va flotando con un sentimiento asfixiante de indefensión.
El tema de la vida después de la muerte lo había obsesionado desde que tenia noción. Una luz blanca absorbiéndolo, un túnel luminoso por donde desfilaran los recuerdos mas preciados, el despegarse del piso y observar todo desde arriba, cualquier cosa hubiese sido preferible a esta conciencia atroz de la nada. ¿Estaría acaso en un limbo? ¿Una estación en tránsito hacia otra realidad? Toda una eternidad a ciegas por el infinito le sonaba pavoroso.
Lo único que fluye es el tiempo, pero le resulta imposible discernir cuanto lleva en esta condición. ¿Horas, días, meses? Solo el pensamiento sin limites, sin dimensiones...
Fueron unos sonidos, como de voces intentando abrirse paso entre las telarañas del cerebro, los que le trajeron el primer alivio.
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EL QUIJOTE VERDE
9/4/11
¡No habrá otra chance muchacho!
W.G.G
Había veces, como en ese momento, en que no tenia ganas de mover ni un solo músculo, a tal punto que le tomó una enormidad de tiempo levantar la vista para saber la altura de Avenida Rivadavia por donde se desplazaba el colectivo. Como a veinte cuadras de allí estaba el supermercado que pedía personal.
Sus pupilas buscaban angustiadas algún bálsamo, una sonrisa, un color, un rostro que lo animara. Atardecía sobre Buenos Aires, hacia frío, llovía a canteros y ese tango lastimero que le traía la radio, que hablaba de una fatal puñalada, lo hería aun más. Era como si siempre hubiese llovido en su vida, siempre nublado, siempre la tormenta amenazante y el gélido aire engullendo el poco calor que habitaba su cuerpo.
Limpió la ventanilla y observó los despintados edificios, los árboles sin hojas, los escasos transeúntes con caras largas y pálidas. Le costaba rememorar el ultimo instante de felicidad, un momento en que no sintiese esa opresión en su pecho. Cerró los parpados con fuerza. Aunque fuese una imagen, algo que le devolviera la paz por unos segundos. Únicamente sintió dos tibias lágrimas recorriendo sus mejillas.
5/4/11
EL QUIJOTE VERDE / Prólogo de la novela
Walter Gerardo Greulach
—Se terminó —dice Mariela con voz áspera y corta la comunicación.
Dos palabras, nueve letras, que desmoronan los escasos cimientos que aún lo mantienen en pie. El celular se desprende de su mano, desbaratándose en el piso de cemento pulido. Las pupilas se ensanchan, extraviándose tras el ventanal de vidrios sucios, donde cielo y tierra comienzan su beso nocturno.
Se terminó… y la razón ya no encuentra resquicio de cordura donde alojarse. El paisaje lo desgarra, hoy más que nunca. Entorna los parpados y aun lo sigue viendo. Soja, un océano de soja. Miles de hectáreas bamboleándose al viento. Soja, la maldita bendición del pueblo argentino.
Se terminó —dijo su esposa.
Como si se tratase de poner un punto final y comenzar la nueva oración. Como si al dolor de los recuerdos se lo pudiese borrar con voluntad. Como si mañana no amaneciera y existiese otra opción que seguir respirando.
Se terminó…
21/3/11
Por un momento pensé que soñaba
W.G.G
07 de marzo del año 2011 Miami U.S.A
Por un momento pensé que soñaba, que era una de esas pesadillas inspiradoras de algunos de mis relatos. La foto, el libro y el chip de memoria que sostengo, me indican que no es así. A no ser que se trate de un sueño largo del que aún no he despertado y que tuvo inicio esa mañana de otoño del año pasado, cuando lo vi cruzar la calle por enfrente del Dólar store.
Tomaba mate sentado sobre el deck de madera, bajo la sombra de dos paltas gigantes. En el mismo lugar donde hoy les escribo esta confesión (la cual va dirigida a todos, pero especialmente a mi esposa y mis hijos a quienes no he tenido el coraje de enfrentar con la… ¿verdad?).
Despertó mi atención al instante. Vestía unos vaqueros demasiado ajustados para mi gusto y una remera roja tan pegada que parecía formar parte de su cuerpo. Alto y atlético, lucia la cabeza rapada y (esto lo pude comprobar cuando me acerqué) tenía marcados rasgos orientales. Su rostro, blanco a mas no poder y de cejas exageradamente depiladas, era más el de un bebe que el de un hombre. Cargaba una valija mediana de cuero marrón y una expresión de alegría que detesté desde el primer momento.
La risa que me produjo el verlo, muto en temor cuando desde la puerta de la reja, levantó el brazo llamándome.
07 de marzo del año 2011 Miami U.S.A
Por un momento pensé que soñaba, que era una de esas pesadillas inspiradoras de algunos de mis relatos. La foto, el libro y el chip de memoria que sostengo, me indican que no es así. A no ser que se trate de un sueño largo del que aún no he despertado y que tuvo inicio esa mañana de otoño del año pasado, cuando lo vi cruzar la calle por enfrente del Dólar store.
Tomaba mate sentado sobre el deck de madera, bajo la sombra de dos paltas gigantes. En el mismo lugar donde hoy les escribo esta confesión (la cual va dirigida a todos, pero especialmente a mi esposa y mis hijos a quienes no he tenido el coraje de enfrentar con la… ¿verdad?).
Despertó mi atención al instante. Vestía unos vaqueros demasiado ajustados para mi gusto y una remera roja tan pegada que parecía formar parte de su cuerpo. Alto y atlético, lucia la cabeza rapada y (esto lo pude comprobar cuando me acerqué) tenía marcados rasgos orientales. Su rostro, blanco a mas no poder y de cejas exageradamente depiladas, era más el de un bebe que el de un hombre. Cargaba una valija mediana de cuero marrón y una expresión de alegría que detesté desde el primer momento.
La risa que me produjo el verlo, muto en temor cuando desde la puerta de la reja, levantó el brazo llamándome.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
20/2/11
VIENTO EN POPA
W.G.G
—La mejor droga es aquella que mantiene al paciente enfermo por años y años, para que de esta forma podamos extraerle hasta el último centavo —dijo el calvo ejecutivo de Pfizer descaradamente—. En su gran mayoría las drogas poderosas tienen consecuencias peores que la enfermedad a la que buscan combatir.
—Nada que ya no sepa —pensó Orlando aburrido, mientras se fingía interesado, afirmando con la cabeza cada acotación del gordo arrogante.
—¿Sabía usted mister…
—Carranza.
—…que una buena dosis de vitamina d y omega tres es mucho más efectiva para combatir la depresión que todas esas porquerías que andan por el mercado?
—Por lo menos el alcohol lo desinhibe totalmente al bastardo —meditó el medico a la vez que se llevaba un crab cake a la boca. Solo había dos razones que lo mantenían aun sentado en la barra de aquel salón de Coral Gables, el frio de afuera y los bocadillos de adentro. Se realizaba la presentación de una nueva droga contra la osteoporosis y él era el representante del hospital mas grande del condado.
—La mejor droga es aquella que mantiene al paciente enfermo por años y años, para que de esta forma podamos extraerle hasta el último centavo —dijo el calvo ejecutivo de Pfizer descaradamente—. En su gran mayoría las drogas poderosas tienen consecuencias peores que la enfermedad a la que buscan combatir.
—Nada que ya no sepa —pensó Orlando aburrido, mientras se fingía interesado, afirmando con la cabeza cada acotación del gordo arrogante.
—¿Sabía usted mister…
—Carranza.
—…que una buena dosis de vitamina d y omega tres es mucho más efectiva para combatir la depresión que todas esas porquerías que andan por el mercado?
—Por lo menos el alcohol lo desinhibe totalmente al bastardo —meditó el medico a la vez que se llevaba un crab cake a la boca. Solo había dos razones que lo mantenían aun sentado en la barra de aquel salón de Coral Gables, el frio de afuera y los bocadillos de adentro. Se realizaba la presentación de una nueva droga contra la osteoporosis y él era el representante del hospital mas grande del condado.
10/2/11
La proeza final de Luciano Andrés Parra
Disfrutaba jugar con el peligro, en una actividad rayana en lo demencial. Era un adicto a esa infusión de adrenalina que recorre nuestras venas en los instantes de tensión al límite. Y cada vez forzaba más el umbral buscando un desenlace que a todas luces se aproximaba. Quizás por ello estaba en aquel momento acostado dentro de ese extraño supositorio dorado, inmovilizado de pies a cabeza y con cientos de sensores que cubrían su cuerpo desnudo. Una música de violines y chelos le llegaba a través de los auriculares.
—Para que te serenes —lo alentó Harvey Love, el tipo con más cara de loco que conoció en su vida.
—Calmarme, ja —masculló Luciano.
Tenía tensionado hasta los pelos, y el corazón, bombeando a mil doscientos por hora, lucia como si en cualquier momento se le saldría por entre las costillas. Pero en síntesis eso era lo que buscaba, lo incierto, lo inesperado…
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
3/2/11
Motivación
Walter G Greulach
Sucedió al filo de la navidad, cuando recién comenzaba a trabajar como beach attendant en el National Hotel tras dos años sabáticos. Gracias al apoyo financiero de Daniela, mi esposa, terminaba de publicar “El guionista de Dios…¿o del Diablo?”, mi primera obra. Por veintitrés meses la paranaense había sido el único sustento de nuestro hogar. Tiempo que me llevó escoger y pulir los catorce cuentos de aquel desvirgue literario.
Llegó pateando arena desde el sur. Enfundado en una bermuda roja con bolsillos amarillos, unas ojotas verde amarelo con el escudito de Brasil y una camisa hawaiana negra con rosado. Traía un bolso con la cinta de vuelo aun en la manija y tarareaba I feel good de James Brown. El pequeño gorro de lana no alcanzaba a ocultar una desgreñada melena rubia. Pisaría los cincuenta, las canas punteaban en una barba rala que suavizaba las arrugas de un rostro curtido por el sol.
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MEMORIAS DE UNA CASETA DE PLAYA
23/1/11
LA INSOPORTABLE IMBECILIDAD DEL SER
W.G.G
Tras algunos días de lluvia y viento, enero nos ofrendaba la posibilidad de hacer algún dinerillo. Teníamos ochenta y un grados Fahrenheit ese viernes y recién el martes, según los gurúes de la tele, unos chaparrones dispersos volverían las cosas a su lugar. En alta temporada, sobre todo en los últimos años, la inestabilidad climática en el sur floridano había sido una constante.
El mar calmo y de aguas turquesas, en conjunción con un cielo de un celeste casi dañino, invitaba a caminar por la playa. Las setenta y pico reposeras no tardarían en llenarse. Mientras tanto, junto a Andy y Jairo, disfrutábamos un partido de futbol canasto. Una nueva modalidad de entretenimiento de la cual abusábamos, más que nada, durante las jornadas de mal tiempo.
Acababa de levantar una pelota con el pie, clavándola en el tacho de la basura desde la zona de tres puntos, cuando el envidioso aplauso de mis rivales se apagó. No era para menos, sobre el horizonte, mitad arena, mitad océano, se recortaba la figura de la insufrible.
Tras algunos días de lluvia y viento, enero nos ofrendaba la posibilidad de hacer algún dinerillo. Teníamos ochenta y un grados Fahrenheit ese viernes y recién el martes, según los gurúes de la tele, unos chaparrones dispersos volverían las cosas a su lugar. En alta temporada, sobre todo en los últimos años, la inestabilidad climática en el sur floridano había sido una constante.
El mar calmo y de aguas turquesas, en conjunción con un cielo de un celeste casi dañino, invitaba a caminar por la playa. Las setenta y pico reposeras no tardarían en llenarse. Mientras tanto, junto a Andy y Jairo, disfrutábamos un partido de futbol canasto. Una nueva modalidad de entretenimiento de la cual abusábamos, más que nada, durante las jornadas de mal tiempo.
Acababa de levantar una pelota con el pie, clavándola en el tacho de la basura desde la zona de tres puntos, cuando el envidioso aplauso de mis rivales se apagó. No era para menos, sobre el horizonte, mitad arena, mitad océano, se recortaba la figura de la insufrible.
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MEMORIAS DE UNA CASETA DE PLAYA
31/12/10
NOS VA LA VIDA EN ESTO
W.G.G
Avenida Hipódromo, Barrio Jardín, dos días antes del comienzo del invierno. Año 2006.
El hombre llega con pasos vacilantes y se detiene frente a la humilde edificación de ladrillo sin recubrir. Golpea con fuerza la puerta de lata, ignorando al negro timbre que se destaca a su derecha. En los instantes previos al giro del picaporte, su mente se ve impactada por un torbellino de recuerdos. El gran amor de su vida, la razón de su existir, está por aparecer frente a sus ojos. Cuatro mil noches, cuatro mil días soñando este momento.
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EL GUIONISTA DE DIOS...¿O DEL DIABLO?
4/12/10
J.P. TREINTA Y TRES AÑOS DESPUES
W.G.G
Había trabajado hasta pasada la medianoche en la fábrica de conservas de Jaime Prats. Una carga de tomates al natural que salía a primera hora rumbo a Buenos Aires así lo ameritaba.
Aquel verano del 67 estaba entre los más calurosos de la historia. Aun a esa hora, el mercurio se encaramaba por sobre la marca de los treinta grados. Ni una brizna de viento suavizaba la pesadez del ambiente. El joven, apenas traspasado el portón del edificio central, se bajó el overol hasta la mitad, anudándose las mangas en la cintura. Hubiese sido más conveniente cambiarse la ropa, pero a diferencia de los demás trabajadores, a él le disgustaba andar acarreando un bolso. Tuvo que bordear una montaña de cajones de madera para alcanzar la base del tanque de agua, en donde encadenada a un caño había dejado su vieja bicicleta.
El rumor del agua, mezclado con un concierto de grillos y chicharras, se iba acrecentando a medida que se acercaba al camino. Este bordeaba el canal matriz y lo llevaría en unos minutos a la intersección con la Línea de los Palos. Todo era oscuridad, alumbraban más las estrellas que el delgado filo de la luna en cuarto menguante. Bendijo a la calle recién enripiada, si a la poca luz le hubiese sumado los posos y cascotes sueltos, el trayecto le habría insumido por lo menos media hora.
Había trabajado hasta pasada la medianoche en la fábrica de conservas de Jaime Prats. Una carga de tomates al natural que salía a primera hora rumbo a Buenos Aires así lo ameritaba.
Aquel verano del 67 estaba entre los más calurosos de la historia. Aun a esa hora, el mercurio se encaramaba por sobre la marca de los treinta grados. Ni una brizna de viento suavizaba la pesadez del ambiente. El joven, apenas traspasado el portón del edificio central, se bajó el overol hasta la mitad, anudándose las mangas en la cintura. Hubiese sido más conveniente cambiarse la ropa, pero a diferencia de los demás trabajadores, a él le disgustaba andar acarreando un bolso. Tuvo que bordear una montaña de cajones de madera para alcanzar la base del tanque de agua, en donde encadenada a un caño había dejado su vieja bicicleta.
El rumor del agua, mezclado con un concierto de grillos y chicharras, se iba acrecentando a medida que se acercaba al camino. Este bordeaba el canal matriz y lo llevaría en unos minutos a la intersección con la Línea de los Palos. Todo era oscuridad, alumbraban más las estrellas que el delgado filo de la luna en cuarto menguante. Bendijo a la calle recién enripiada, si a la poca luz le hubiese sumado los posos y cascotes sueltos, el trayecto le habría insumido por lo menos media hora.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
24/11/10
MI ADORABLE DESPISTADA
A mi madre, con todo el cariño del mundo...
—Estos dos días pasados que has entrado por el fondo con el auto, nos pasaste por al lado y ni nos saludaste, —le recriminó Gerardo a Mirta aquella noche antes de comenzar la cena.
—Ni siquiera me percaté de que estaban en el maizal, —se disculpó la directora de la Rio Bamba. El esposo la observó resignado, sabía que no mentía, pues pese a que era casi imposible no darse cuenta de la presencia de los cosechadores, su proverbial despiste lo hacía todo posible.
Escuchaba entretenido la conversación de mis padres mientras saboreaba un pedazo de pan casero y me servía un vaso de tinto con soda. Era viernes, el año…setenta y siete, cursaba el primero de la ENET en Alvear y los fines de semana volvía a la finca de la Línea de los Palos en Jaime Prats.
Al otro día tempranito nos fuimos para el maizal, nos acompañaban Valerio Ríos y el mayor de sus hijos, el Ernesto. Estaba fresco y nublado, había empezado a chispear y el cielo amenazaba con una tormenta que nunca llegaría. Mi madre se hallaba en la escuela terminando unas tareas para la semana próxima.
Serian las once y treinta cuando divisamos al Peugeot 404 blanco entrando por el sendero que lindaba con la chacra del vecino. Nos llamó la atención la polvareda que lo acompañaba. Volqué el cajón lleno de mazorcas dentro del acoplado estacionado al costado de la hijuela y miré extrañado. El auto traía a la rastra unos metros de alambre de púas y unos cuantos palos que debían haber sido parte de una ex tranquera.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
18/10/10
EL ENTREGADOR
W.G.G
13 de Octubre del 2010
El ambiente es estrecho y húmedo, tan húmedo... casi como si estuviese flotando. Entorno los parpados y vuelvo a abrirlos, una y otra vez. No distingo nada, solo un monótono gris plomizo, alternado con manchas violáceas que aparecen con cada grito, con cada aullido. Me aplasta un sentimiento de agobio, sin embargo no soy yo el torturado, sino otra persona a quien siento como un apéndice de mi propio cuerpo.
Se trata de un interrogatorio, hay insultos obscenos seguidos de golpes y descargas eléctricas. Estiletazos de luz hieren mi cerebro y se desparraman por mis venas transformándose en infinidad de dolorosas luciérnagas, aunque uno solo de sus alaridos me hiere más que mil descargas. Los torturadores no hablan ingles, lo increíble de esto Gary es que en los sueños, en las visiones, los entiendo a la perfección, pese a haber estudiado español solo un semestre en el high school.
…………………………………………………………………………………………
Guardo el cuaderno en un cajón de la cómoda, lo cierro con llave y suspiro apesadumbrado. Mi nombre es William Roswell, tengo treinta y tres años y naci al norte de Maine, a doce millas del límite con Canadá, en un pueblito apestado de nieve las tres cuartas partes del año. Mi padre John y mi madre Catherine poseen, desde tiempos inmemoriales, la única fábrica de dulces de la zona. Mi hermana Mary y su esposo Carl trabajan con ellos. Peter, el menor de la familia, es sargento y está en Afganistán.
Días atrás consulté mi problema con un gran amigo, Gary Parckstone, un ex compañero del high school. Es sicólogo y vive ahora en New York. Me propuso que escribiera los sueños, así podíamos analizarlos con detenimiento cuando regresara en Thanksgiving.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
26/9/10
EL CUPIDO TELEQUINETICO
Al fondo, el perezoso astro, acolchado por nubes, se zambullía antes que de costumbre en el lecho cordillerano. Abajo, un choco flaco y sarnoso franqueaba sin prisa la avenida a la altura de Ika Renault. Al aire tañían inútilmente las campanas invitando a misa, pues los friolentos feligreses nunca abandonarían el calor de sus hogares.
La verdulería, la cerealera y la concesionaria habían cerrado temprano este día. En la pequeña ciudad sureña el único movimiento humano percibido, parecía estar en la terminal de ómnibus (había arribado el directo de Mendoza), y en las puertas de la ENET 1, donde los enmamelucados estudiantes salían del turno de taller.
A las seis y media de la tarde, el locutor de turno de LV23, a través de un destartalado aparato de radio ubicado en una repisa sobre las bananitas Dolca, en el kiosco enfrente del colegio, anunciaba los dos grados bajo cero. Efrain Lezik miró aburrido el plomizo cielo y cerró hasta el mentón la camperita de lana que llevaba debajo del mameluco azul. Por suerte, pensó, llevaba puestas dos camisetas y los calzoncillos largos y había traído el impermeable relleno con plumas de ganso.
—Si no nieva está noche, le pasa raspando, —acotó el Kiosquero mientras acomodaba un Tony y dos Fantasías.
—Aha, —dijo el joven con desgano a la vez que, disimuladamente, buscaba con la vista a la hija del dueño del local. Aunque no le había dirigido palabra alguna, se hallaba ridículamente enamorada de ella.
—Ni el Nippur, ni El Gráfico han llegado todavía —dijo Don López sin presentir la verdadera razón de su visita.
Se demoró cuatro o cinco minutos ojeando una Mecánica Popular. Chequeaba cada tanto la puerta y la ventana que daban a la casa familiar con el corazón estrujado.
—Vuelvo mañana entonces —se despidió parcamente, sin intentar disimular la tristeza que lo embargaba.
Con la nariz goteando y las orejas doloridas por el frio, Efraín enfiló lentamente hacia su casa. Había comenzado a caer agua nieve cuando traspasó la esquina del correo. Se detuvo unos segundos y cerró los parpados con fuerza, tratando de cincelar en su mente los rasgos de la criatura que lo desquiciaba. Estático al medio de la vereda, con los músculos crispados, el joven dejo escapar dos tibios lagrimones que inauguraron el sendero para un llanto irracional.
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9/9/10
DEL NOVIAZGO INTERMINABLE ENTRE EL JAPONES Y LA CHICHI
Llevo tiempo desenmarañando esta historia. Como en todos mis relatos basados en hechos reales, necesitaba exprimir mi memoria al máximo hasta encontrar el marco correcto que contuviese al singular personaje que hoy les acerco.
Nos concentraremos especialmente en las dos décadas largas que duró el noviazgo, desde principios de los sesenta hasta fines de los ochenta. El romántico escenario, un triángulo con vértices en Real del Padre, Jaime Prats y General Alvear. El principal protagonista, mi tío Mario Tamura, un inefable y simpático japonés, especie única de play boy criollo.
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23/8/10
LOS FANTASMAS DEL CINE TEATRO CASA ESPAÑA
Walter Gerardo Greulach
Tras doblar por la Sagrado Corazón de Jesús y cortar en diagonal la plaza principal, miré la hora en mi casio de plástico negro. Eran las veinte y cuarto de un lunes de verano del año setenta y nueve. En las palmeras que adornaban el sitio público un puñado de loros, a coro con un par de urracas, armaban una bataola infernal, aunque a mí en ese crepúsculo todo me sonaba a melodía. Bella resultaba la tardecita aquella cuando caminaba con la escases de prisa que solo puede acarrear un adolescente de quince junios, en un pequeño poblado del interior provincial. El olor de rosas y geranios endulzaba la tibia brisa y todo se barnizaba con un naranja oscuro, con esa paz poética que es capaz de disfrutar un espíritu libre y feliz.
Presioné el timbre dos veces y me hice un paso al costado, esperando con ansiedad que alguien abriese la puerta. Rogaba que mi amigo estuviese presente. La intención era invitarlo al cine teatro Casa España. Hoy había función a tarifa rebajada y la primera película me involucraba directamente. Gustavo fue por años el compañero de butaca inseparable. Amantes fanáticos del cine, al grado de asistir, semana tras semana, a los “estrenos” de las dos salas de la ciudad. Razón vital para que si o si me acompañara esa noche especial.
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10/8/10
BOCADILLOS LUMINICOS
—¡No puedo mantener ni un instante más este secreto, —descargó mi extraño amigo esa melancólica y pegajosa nochecita en el barrio Jardín. —Soy un alma caída, quizás la única que ha logrado reencarnarse, —agregó mientras agarraba con las dos manos el mate de madera recubierto en aluminio.
9/8/10
ABSORBENTE
Walter G. Greulach

Dibujo de J.C.Eberhardt
—¡Me tiene absorbida, todo es él, todo es acerca de él! Su trabajo, el fútbol, los amigos. Mi horario gira alrededor de su vida. Prepararle la comida, lavarle y plancharle la ropa, limpiar la casa. Estar disponible cuando a él se le pega la regaladísima gana.
23/7/10
EQUI, AÑO 9.873 D.C
Mientras se preparaba una infusión vitamínica de hierbas rojas, miró con desidia la pequeña pantalla multicromática que indicaba la hora y la fecha: 9:37 - 15 de Octubre del 9.389 D.C. Equi siempre cuestionó esta forma de contar el tiempo tan antigua y desfasada. Por empezar, aquí los días tenian treinta dos horas y el año 483 dias. Ademas, eso de después de cristo era ridículo. El cristianismo, como movimiento religioso, había desaparecido unos tres mil años atrás y lo que resultaba peor aún, el tal Jesus, nunca había pisado la tierra de este planeta.
Sin dudas era mucho más conveniente, empezar la cuenta desde el momento en que el hombre aterrizó en Alfa Épsilon, sería: Año 7.821despues de la llegada. Mejor aún, desde el momento en que el maldito virus infectó al primer ser humano, comenzando el lento e inexorable exterminio de los homínidos. O sea: Año tercero después del contagio…
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