14/1/10
13/1/10
NUEVE SEGUNDOS (versión reeditada)
W.G.G
Matías Zuccarelli paró el reloj despertador con tanta violencia que rompió las cuatro patitas que lo soportaban. Un fino hilo blanco de luz dividía la cómoda y corría por las baldosas escapándose bajo la cama. Desde el afiche pegado sobre el televisor, un sonriente Mao lo miraba con tristeza.
Al incorporarse, una burbuja acida con restos del matambre comido en la cena, ascendió por su garganta. Corrió hacia la heladera y tomó de la jarra, con desesperación, un largo trago de agua. Suspiró emocionado y comenzó el recorrido una vez más.
Matías Zuccarelli paró el reloj despertador con tanta violencia que rompió las cuatro patitas que lo soportaban. Un fino hilo blanco de luz dividía la cómoda y corría por las baldosas escapándose bajo la cama. Desde el afiche pegado sobre el televisor, un sonriente Mao lo miraba con tristeza.
Al incorporarse, una burbuja acida con restos del matambre comido en la cena, ascendió por su garganta. Corrió hacia la heladera y tomó de la jarra, con desesperación, un largo trago de agua. Suspiró emocionado y comenzó el recorrido una vez más.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
10/1/10
Realmente no estoy tan solo (¿Quién te dijo que te fuiste?)

Walter G. Greulach
A la negra y la María, las primeras "nenas" que conocí...
El sulky rojo y blanco corría rápidamente por la entalcada calle que lindaba con el hospital. La velocidad le era imprimida por dos chocos sarnosos, encariñados con las ruedas del carruaje.
Reticente a calentarnos, el sol, en complicidad con las nubes, disfrutaba el ignorarnos.
La negra manejaba al Tito, el matungo que Valerio Ríos nos solía prestar. A su lado, la María, Sigrid y yo nos amuchabamos, obligados más por el frío que por el reducido espacio.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
26/12/09
LA MALDITA ESCALA GLASGOW
W.G.Greulach
—Hoy se cumplen veinticinco años desde aquello, hermanito y aun te seguimos extrañando —dijo Silvia y con su mano derecha le retiró un mechón rubio que pendía entre sus cejas.
Fue un domingo frío, húmedo y nublado, recordó Federico. Había asistido, junto a Pepe, Tito y pachorra López, a una carrera de turismo nacional en Balcarce. Era de tardecita cuando volvían, ese momento en que el sol te da en los ojos y no hay forma de esquivarlo. Todavía no podía explicarse de donde salió el caballo aquel. Pegó un volantazo y lo esquivó por centímetros, pero la Ford F-100 derrapó y fue a estrellarse contra un centenario roble tras un zanjón de riego. No llevaba el cinturón puesto y atravesó el parabrisas, aterrizando como diez metros más adelante en un campo arado, con tal mala suerte que su cabeza impactó contra la única piedra en toda la hectárea.
Entró en un coma profundo, del que salió, milagrosamente, dos meses y medio después. Esto hubiese resultado una bendición para cualquiera, si no fuera por un pequeño inconveniente…Federico era el único ser humano conciente de este acontecimiento.
—Hoy se cumplen veinticinco años desde aquello, hermanito y aun te seguimos extrañando —dijo Silvia y con su mano derecha le retiró un mechón rubio que pendía entre sus cejas.
Fue un domingo frío, húmedo y nublado, recordó Federico. Había asistido, junto a Pepe, Tito y pachorra López, a una carrera de turismo nacional en Balcarce. Era de tardecita cuando volvían, ese momento en que el sol te da en los ojos y no hay forma de esquivarlo. Todavía no podía explicarse de donde salió el caballo aquel. Pegó un volantazo y lo esquivó por centímetros, pero la Ford F-100 derrapó y fue a estrellarse contra un centenario roble tras un zanjón de riego. No llevaba el cinturón puesto y atravesó el parabrisas, aterrizando como diez metros más adelante en un campo arado, con tal mala suerte que su cabeza impactó contra la única piedra en toda la hectárea.
Entró en un coma profundo, del que salió, milagrosamente, dos meses y medio después. Esto hubiese resultado una bendición para cualquiera, si no fuera por un pequeño inconveniente…Federico era el único ser humano conciente de este acontecimiento.
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
2/12/09
EL ARCHIVERO DE LA HUMANIDAD
Leo Noboa
Walter G. Greulach
Los años de mi vida se han ido marchitando en una insoportable vigilia. No hay nada nuevo, todo se torna monótono, reiterativo. Si al principio disfruté veintiséis abriles (o como se llamasen los meses en aquel tiempo) de una existencia normal, con padres, hermanos y amigos que me apreciaban. Creo fui feliz, ya ni me acuerdo.
Mi derrotero por la tierra estuvo impregnado de más momentos malos que buenos, en una eterna espera del final del quinto milenio, de la llave que me permitiese aliviar tanto tormento. El peso de las horas me aplasta, inmisericorde, no encuentro consuelo en actividad alguna. Traspiro vejez, abatimiento e impotencia.
Anhelo el día en que me entreguen la preciada recompensa, espero sea lo que imagino.
Maldigo el puto momento en que acepté el sencillo trabajito. Nada menos que llevar un inventario de la huella humana sobre este planeta…
Los años de mi vida se han ido marchitando en una insoportable vigilia. No hay nada nuevo, todo se torna monótono, reiterativo. Si al principio disfruté veintiséis abriles (o como se llamasen los meses en aquel tiempo) de una existencia normal, con padres, hermanos y amigos que me apreciaban. Creo fui feliz, ya ni me acuerdo.
Mi derrotero por la tierra estuvo impregnado de más momentos malos que buenos, en una eterna espera del final del quinto milenio, de la llave que me permitiese aliviar tanto tormento. El peso de las horas me aplasta, inmisericorde, no encuentro consuelo en actividad alguna. Traspiro vejez, abatimiento e impotencia.
Anhelo el día en que me entreguen la preciada recompensa, espero sea lo que imagino.
Maldigo el puto momento en que acepté el sencillo trabajito. Nada menos que llevar un inventario de la huella humana sobre este planeta…
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
25/11/09
EN PLENA LUCIDEZ

Walter G. Greulach
Tebi levantó la cabeza, dirigiendo sus ojos celestes hacia el ventanal que cubría la fachada oeste del aula magna del F.I.U, luego los posó sobre el campus desbordado por una exuberante y joven primavera. Una bandada de gorriones y un solitario cuervo, sumergidos a medias en la fuente, inflaban sus plumas y aleteaban tirando agua para todos lados.
Esteban Rodríguez, sin dejar de mirar al exterior, dijo en voz baja y muy ligero de cuerpo: —Tres millones, doscientos trece mil, quinientos setenta y tres. Para ser más exactos, punto siete, cuatro, dos, uno.
El examinador agarró el libro que estaba sobre su escritorio, chequeó la respuesta, miró al joven con incredulidad y volvió a revisar la solución del problema. Era una complicada ecuación matemática que a cualquier estudiante destacado de cursos superiores, le tomaría de veinte minutos a media hora resolver. Aquel insulso muchacho de segundo año, le enrostró el resultado final con una precisión escalofriante y en solo cuarenta segundos.
Tebi levantó la cabeza, dirigiendo sus ojos celestes hacia el ventanal que cubría la fachada oeste del aula magna del F.I.U, luego los posó sobre el campus desbordado por una exuberante y joven primavera. Una bandada de gorriones y un solitario cuervo, sumergidos a medias en la fuente, inflaban sus plumas y aleteaban tirando agua para todos lados.
Esteban Rodríguez, sin dejar de mirar al exterior, dijo en voz baja y muy ligero de cuerpo: —Tres millones, doscientos trece mil, quinientos setenta y tres. Para ser más exactos, punto siete, cuatro, dos, uno.
El examinador agarró el libro que estaba sobre su escritorio, chequeó la respuesta, miró al joven con incredulidad y volvió a revisar la solución del problema. Era una complicada ecuación matemática que a cualquier estudiante destacado de cursos superiores, le tomaría de veinte minutos a media hora resolver. Aquel insulso muchacho de segundo año, le enrostró el resultado final con una precisión escalofriante y en solo cuarenta segundos.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
31/10/09
COMPETIR EN LO QUE SEA...A COMO DIESE LUGAR
W.G.G
La esperanza de que unas nubes amigas entorpecieran la labor asesina del sol en esa siesta, pronto se desvaneció. El polideportivo municipal de General Alvear se asemejaba a un espejo hirviendo. Pequeños hilos de vapor, producto de un chaparrón tempranero, se elevaban por todas partes, dándole un toque dantesco al complejo público, inaugurado poco tiempo atrás.
La pileta estaba atestada de niños, era una jornada perfecta para disfrutar de los dos estanques de agua y la moderna (para aquel entonces) plataforma de cemento. Los pocos atrevidos que se encontraban en la cancha de básquet o en el campo, donde se hallaba la improvisada pista de atletismo, lo hacían obligados. Con ese insoportable calor, se disputaban algunos clasificatorios para los provinciales.
La esperanza de que unas nubes amigas entorpecieran la labor asesina del sol en esa siesta, pronto se desvaneció. El polideportivo municipal de General Alvear se asemejaba a un espejo hirviendo. Pequeños hilos de vapor, producto de un chaparrón tempranero, se elevaban por todas partes, dándole un toque dantesco al complejo público, inaugurado poco tiempo atrás.
La pileta estaba atestada de niños, era una jornada perfecta para disfrutar de los dos estanques de agua y la moderna (para aquel entonces) plataforma de cemento. Los pocos atrevidos que se encontraban en la cancha de básquet o en el campo, donde se hallaba la improvisada pista de atletismo, lo hacían obligados. Con ese insoportable calor, se disputaban algunos clasificatorios para los provinciales.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
30/10/09
INMACULADA DEFENSA

Walter Greulach
Si hubo algo que identificó al negro Carmona durante su extensa trayectoria como entrenador, fue su pasión casi enfermiza por las tácticas defensivas.Profesor de educación física de varios colegios secundarios, entre ellos el mío, lo conocí a mediados de los setenta. Su color de piel acentuado por el sol, parecía más que negro, azul oscuro. De ademanes ampulosos, sonrisa amplia y labia generosa. Poseía la virtud de hacer creíble lo inverosímil, lógico lo ridículo.Relataba a quien quisiera (o no quisiera) oírlo, la historia de su bisabuelo africano, Zulú creo. Un gran guerrero que con solo un puñado de subordinados, derrotó a cientos de colonizadores europeos mucho mejor pertrechados.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
17/10/09
UNA NOCHE EN JAIME PRATS

Walter Greulach
La noche recién estrenada destilaba aromas de jazmines. El monótono croar de los sapos, agrupados en la hijuela, ralentizaba el discurrir del tiempo. Arriba la cúpula infinita, tapizada con trillones de estrellas, enmarcaba un exuberante teatro colmado de paz y armonía.
Tirados panza arriba, en el centro de las cuatro hectáreas de tierna alfalfa, observaban deslumbrados la vía láctea. Un sinnúmero de luciérnagas iluminaban el campo verde.
La noche recién estrenada destilaba aromas de jazmines. El monótono croar de los sapos, agrupados en la hijuela, ralentizaba el discurrir del tiempo. Arriba la cúpula infinita, tapizada con trillones de estrellas, enmarcaba un exuberante teatro colmado de paz y armonía.
Tirados panza arriba, en el centro de las cuatro hectáreas de tierna alfalfa, observaban deslumbrados la vía láctea. Un sinnúmero de luciérnagas iluminaban el campo verde.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
7/10/09
COINCIDENCIAS, CAUSAS Y AZARES. (O de cómo el personaje de uno de mis cuentos, un día me mandó un e mail)

Walter Greulach
Acababa de publicar mi primer libro a fines del 2008. Una tarde en que discutía con la editorial algunos cambios, que deseaba estuviesen en la nueva edición, escuché el campanazo que me anunciaba el nuevo correo electrónico. Generalmente los leo a todos una vez por día, pero el encabezado de este, me obligó a abrirlo inmediatamente.
“Soy el personaje, escribiste la historia de mi vida” decía el encabezado, palabras más, palabras menos.
Acababa de publicar mi primer libro a fines del 2008. Una tarde en que discutía con la editorial algunos cambios, que deseaba estuviesen en la nueva edición, escuché el campanazo que me anunciaba el nuevo correo electrónico. Generalmente los leo a todos una vez por día, pero el encabezado de este, me obligó a abrirlo inmediatamente.
“Soy el personaje, escribiste la historia de mi vida” decía el encabezado, palabras más, palabras menos.
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EL GUIONISTA DE DIOS...¿O DEL DIABLO?
ESTARAS EN NOSOTROS POR SIEMPRE QUERIDA MERCEDES

Se nos fue la querida negra Sosa. La negra de América, la voz de los pobres y olvidados, de los humillados y torturados.
Se fue una voz de la conciencia popular. No me apeno tanto, porque perdimos solo un cuerpo y ganamos un alma inmortal en el panteón de los comprometidos por la causa humana.
Salud Negrita, te extrañaremos unos días, despues estarás con nosotros para siempre...
Walter Greulach
Se fue una voz de la conciencia popular. No me apeno tanto, porque perdimos solo un cuerpo y ganamos un alma inmortal en el panteón de los comprometidos por la causa humana.
Salud Negrita, te extrañaremos unos días, despues estarás con nosotros para siempre...
Walter Greulach
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
5/10/09
Gerardo en tránsito: Dios o el Diablo en la tierra de Disneyworld
Segunda-feira, 5 de Outubro de 2009
Gerardo em Trânsito: Deus e o Diabo na Terra da Disneyworld
Por: Lúcio Emílio do Espírito Santo Júnior
O livro de contos El Guionista de Díos o del Diablo (o Roteirista de Deus e do Diabo, Walter G. Greulach, 2008, Buenos Aires, Editora Arte e Parte, ainda inédito no Brasil), inicialmente pareceu-me a obra de um jornalista com talento literário que pinçava fatos variados (os famosos fait-divers) nos jornais e transformava-os em literatura de estilo elegante, que brilha como pedra lapidada, mas fragmentários e sem unidade. Ele parecia sonhar com a totalidade e a causalidade, mas no fundo sabê-las impossíveis, daí ficar recolhendo short cuts em jornais para ficcionalizá-las, transformando-as em seus contos.
No entanto, qual não foi minha surpresa: o texto responde justamente a esse tipo de pensamento as respeito dele: “Já relaxado voltei a analisar minha situação. Preocupava-me o tema [dos contos] fossem más histórias copiadas dos jornais. Este agir plagiando inconscientemente poderia ser minha perdição” (GREULACH, 2008, p. 114). Mais adiante, ele reflete de forma surpreendente sobre seu próprio estilo: “Que maníaco de merda – me insulto –por que tenho sempre de colocar um final impossível?” (GREULACH, 2008, p. 115).
Gerardo em Trânsito: Deus e o Diabo na Terra da Disneyworld
Por: Lúcio Emílio do Espírito Santo Júnior
O livro de contos El Guionista de Díos o del Diablo (o Roteirista de Deus e do Diabo, Walter G. Greulach, 2008, Buenos Aires, Editora Arte e Parte, ainda inédito no Brasil), inicialmente pareceu-me a obra de um jornalista com talento literário que pinçava fatos variados (os famosos fait-divers) nos jornais e transformava-os em literatura de estilo elegante, que brilha como pedra lapidada, mas fragmentários e sem unidade. Ele parecia sonhar com a totalidade e a causalidade, mas no fundo sabê-las impossíveis, daí ficar recolhendo short cuts em jornais para ficcionalizá-las, transformando-as em seus contos.
No entanto, qual não foi minha surpresa: o texto responde justamente a esse tipo de pensamento as respeito dele: “Já relaxado voltei a analisar minha situação. Preocupava-me o tema [dos contos] fossem más histórias copiadas dos jornais. Este agir plagiando inconscientemente poderia ser minha perdição” (GREULACH, 2008, p. 114). Mais adiante, ele reflete de forma surpreendente sobre seu próprio estilo: “Que maníaco de merda – me insulto –por que tenho sempre de colocar um final impossível?” (GREULACH, 2008, p. 115).
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EL GUIONISTA DE DIOS...¿O DEL DIABLO?
11/9/09
EL HOMBRE INDECISO
W.G.G
La historia que les relato acaeció en el sur de Mendoza. Muy cerca de mi pueblito, en la segunda mitad del siglo pasado. Pese a haberlo conocido —de vista solamente— y saber algunas anécdotas de su vida, solo hoy puedo animarme a describirlo en un relato. Un amigo de nuestro personaje —al que el huracán Wilma empujó a mi casa de Miami una tarde buscando refugio— me apuntó algunos datos que movieron mi pluma. Mejor dicho las teclas del ordenador.
Sergio Gerchunoff era un hombre indeciso. Quizás el mayor sobre la faz de la tierra.
Todo comenzó en su Real del Padre natal, una nublada tarde de matinée. Al despuntar de su adolescencia, vio la película que marcaría sus días. Universos Paralelos, trataba sobre la toma de decisiones. Un ser humano al optar por una u otra vía, va creando a lo largo de su vida un sin número de mundos simultáneos. En el largometraje David Swain examinaba meticulosamente cada uno de sus pasos, tratando ante todo de no dividir su realidad. Consciente que un mal cálculo le traería consecuencias desastrosas.
Al principio, Sergio se propuso analizar solamente las encrucijadas que fueran determinantes para su futuro. Que es lo que haría cualquier ser normal. El problema radicaba en que empleaba semanas para resolver algo que a otro le llevaba un minuto.
La historia que les relato acaeció en el sur de Mendoza. Muy cerca de mi pueblito, en la segunda mitad del siglo pasado. Pese a haberlo conocido —de vista solamente— y saber algunas anécdotas de su vida, solo hoy puedo animarme a describirlo en un relato. Un amigo de nuestro personaje —al que el huracán Wilma empujó a mi casa de Miami una tarde buscando refugio— me apuntó algunos datos que movieron mi pluma. Mejor dicho las teclas del ordenador.
Sergio Gerchunoff era un hombre indeciso. Quizás el mayor sobre la faz de la tierra.
Todo comenzó en su Real del Padre natal, una nublada tarde de matinée. Al despuntar de su adolescencia, vio la película que marcaría sus días. Universos Paralelos, trataba sobre la toma de decisiones. Un ser humano al optar por una u otra vía, va creando a lo largo de su vida un sin número de mundos simultáneos. En el largometraje David Swain examinaba meticulosamente cada uno de sus pasos, tratando ante todo de no dividir su realidad. Consciente que un mal cálculo le traería consecuencias desastrosas.
Al principio, Sergio se propuso analizar solamente las encrucijadas que fueran determinantes para su futuro. Que es lo que haría cualquier ser normal. El problema radicaba en que empleaba semanas para resolver algo que a otro le llevaba un minuto.
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EL GUIONISTA DE DIOS...¿O DEL DIABLO?
24/8/09
De cómo un manco acabó con Kid el mocha
W.G.G
El flaco de rostro hundido y nariz recta se calzó los guantes, golpeando dos o tres veces sus puños para amoldarlos. El cumpa miró con fiereza al dubitativo muchacho que temblaba en la otra esquina, sintiendo un dulce escozor por el final inminente. Su cara recia, aindiada, era coronada por una cabellera de pelos finos y tiesos, peinada al medio. Sus ojos negros, parecían los de un depredador cebado, a punto de abalanzarse sobre la inocente presa. Una multitud de jóvenes rugía enfervorizada, saboreando la sangre por venir. Tenso el ambiente, electrificado el aire.
El flaco de rostro hundido y nariz recta se calzó los guantes, golpeando dos o tres veces sus puños para amoldarlos. El cumpa miró con fiereza al dubitativo muchacho que temblaba en la otra esquina, sintiendo un dulce escozor por el final inminente. Su cara recia, aindiada, era coronada por una cabellera de pelos finos y tiesos, peinada al medio. Sus ojos negros, parecían los de un depredador cebado, a punto de abalanzarse sobre la inocente presa. Una multitud de jóvenes rugía enfervorizada, saboreando la sangre por venir. Tenso el ambiente, electrificado el aire.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
15/8/09
LOS LAURELES DEL GENERAL
Punta del Agua San Rafael MendozaW.G.G
El arroyito de aguas frescas y juguetonas corría inquieto, serpenteando los álamos y rociando algún que otro sauce llorón. El crepúsculo nos arrullaba con un sosiego revitalizador después de una movida y húmeda tarde de septiembre.
Terminábamos de armar las carpas y tras un picadito de futbol, nos refrescábamos en el cristalino hilo de agua. Arriba, dos canarios y un jilguero, moderaban sus trinos sintonizándolos con el plácido paisaje.
—Ponele agua a la pava, por favor, mientras enciendo el fuego, así nos tomamos unos buenos mates —le indicó el tano Piccinini al japonés Totake, quien reclinado contra una rueda de camión abandonada, lucia deslumbrado con el canto de las aves.
A unos cinco metros, cobijados por un inmenso tamarindo, cuatro o cinco escuchaban a Víctor Hugo Morales y Néstor Ibarra en Sport 80 por radio Mitre. El resto del grupo, encabezados por el gordo Fonzalida, traían leña para el asado nocturno. Habían juntado además, suficiente berro y espárragos para una suculenta ensalada.
Las excursiones a Punta del Agua (o a Rincón del Indio) para el día del estudiante, eran habituales por aquellos años. Salíamos después de clases, el viernes, en una camioneta de algún padre que nos llevaba, y volvía a buscarnos el domingo al anochecer. Después de dos horas de comernos todos los pozos y serruchos de la ruta 190, llegábamos a este oasis sanrafaelino, enclavado a la sombra del Nevado, a unos ochenta kilómetros de General Alvear. Una paz de otro planeta se respiraba en el distante y bello paraje.
El día hasta el atardecer transcurrió esplendido, el clima en esa bendecida zona es privilegiado. Hay que tener mucha mala suerte para vivir un feo temporal en Punta del Agua. No hay casi viento y llueve lo justo y necesario.
La noche que se avecinaba pareció ofrendarnos ese raro “privilegio”. Las traicioneras nubes negras, se entretejían ruidosas sobre nuestras cabezas. Tata Dios se deleitaba intimidándonos con su festival pirotécnico. Un viento frio, impregnado de tomillo y piquillín nos envolvió de repente. Las llamas crepitaron nerviosas presintiendo el feroz aguacero.
La noche que se avecinaba pareció ofrendarnos ese raro “privilegio”. Las traicioneras nubes negras, se entretejían ruidosas sobre nuestras cabezas. Tata Dios se deleitaba intimidándonos con su festival pirotécnico. Un viento frio, impregnado de tomillo y piquillín nos envolvió de repente. Las llamas crepitaron nerviosas presintiendo el feroz aguacero.
—¡Es solo un chaparrón! —dijo Gustavo Nedic, aunque ni el mismo se lo creía.
—Por las dudas apuremos el asado —contestó el tripa Prieto atizando los leños
ardientes con un palo seco de quebracho.
ardientes con un palo seco de quebracho.
—Nunca vi una tormenta que se formara tan rápido como esta —atiné a decir en el mismo momento en que, como a veinte metros, un rayo partía un álamo incendiándolo al instante.
Entre enceguecidos y aturdidos, corrimos a guarecernos en el lugar más desguarnecido… el interior de las tiendas de campaña. Al segundo comprendimos el error y salimos, apiñándonos los diez alrededor de las pocas brazas que quedaban. El paisaje era apocalíptico, truenos, relámpagos, viento, lluvia y el árbol en llamas.
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10/8/09
CON GERALD, A LA SOMBRA DE UN STARBUCKS
W.G.G
El pronóstico para aquella jornada de agosto era que, por tercer día consecutivo, se levantaría el mercurio por arriba de los cien grados Fahrenheit. Miami se iba transformando en el infierno tan temido, la humedad desfiguraba rostros, transparentando estados de ánimo.
Mientras me acercaba por Meridian, buscando el Starbucks de la esquina con Lincoln Road, miraba ansioso el cielo, anhelando una nube gris que presagiara la divina tormenta.
Gerald Thomas me había avisado que llegaría el sábado por la tarde y quedamos de encontrarnos en el café, el martes alrededor de las diez de la mañana. Por la peatonal circulaba poca gente. A media cuadra del negocio, casi soy atropellado por un curioso individuo que llevaba en el manubrio de su bicicleta un enorme y bien cuidado gallo blanco, de cresta alta y roja. “South Beach” pensé divertido, aquí podes encontrarte cualquier cosa. Levanté la vista del gallo móvil que se alejaba y me encontré la figura del maestro Gerald, hundida en una silla como escondida del resto de la gente.
Se levantó con energía y me dio un fuerte abrazo. Me pareció más bajo que la última vez y noté que por su rostro surcaba una profunda tristeza.
—¿Como está mr. Thomas? —le dije estrechando su huesuda mano.
—No muy bien querido —me contestó con un leve temblor en la voz.
Ordené un expreso en la barra, con una torta de blueberry (mi favorita). Gerald ya estaba tomando un café late. La colombiana del mostrador me regaló un cappuccino con mucha crema y salsa de cranberry arriba. Lo había hecho equivocadamente y no quería que el jefe lo viera. Volví cargado a la mesa y el anglo brasilero me miró sorprendido.
—¿Te vas a tomar todo eso querido? Mucha azúcar no es bueno para la salud —me recriminó.
Asegurándome de que la empleada no me miraba, tiré la apetitosa bebida al basurero y me quedé solo con el cafecito y el dulce. Le pregunté a mi amigo la causa de su tristeza, aunque sabía que el laureado director siempre tendría una causa para su romántica melancolía.
El pronóstico para aquella jornada de agosto era que, por tercer día consecutivo, se levantaría el mercurio por arriba de los cien grados Fahrenheit. Miami se iba transformando en el infierno tan temido, la humedad desfiguraba rostros, transparentando estados de ánimo.
Mientras me acercaba por Meridian, buscando el Starbucks de la esquina con Lincoln Road, miraba ansioso el cielo, anhelando una nube gris que presagiara la divina tormenta.
Gerald Thomas me había avisado que llegaría el sábado por la tarde y quedamos de encontrarnos en el café, el martes alrededor de las diez de la mañana. Por la peatonal circulaba poca gente. A media cuadra del negocio, casi soy atropellado por un curioso individuo que llevaba en el manubrio de su bicicleta un enorme y bien cuidado gallo blanco, de cresta alta y roja. “South Beach” pensé divertido, aquí podes encontrarte cualquier cosa. Levanté la vista del gallo móvil que se alejaba y me encontré la figura del maestro Gerald, hundida en una silla como escondida del resto de la gente.
Se levantó con energía y me dio un fuerte abrazo. Me pareció más bajo que la última vez y noté que por su rostro surcaba una profunda tristeza.
—¿Como está mr. Thomas? —le dije estrechando su huesuda mano.
—No muy bien querido —me contestó con un leve temblor en la voz.
Ordené un expreso en la barra, con una torta de blueberry (mi favorita). Gerald ya estaba tomando un café late. La colombiana del mostrador me regaló un cappuccino con mucha crema y salsa de cranberry arriba. Lo había hecho equivocadamente y no quería que el jefe lo viera. Volví cargado a la mesa y el anglo brasilero me miró sorprendido.
—¿Te vas a tomar todo eso querido? Mucha azúcar no es bueno para la salud —me recriminó.
Asegurándome de que la empleada no me miraba, tiré la apetitosa bebida al basurero y me quedé solo con el cafecito y el dulce. Le pregunté a mi amigo la causa de su tristeza, aunque sabía que el laureado director siempre tendría una causa para su romántica melancolía.
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MEMORIAS DE UNA CASETA DE PLAYA
3/8/09
ESTUDIAN EL GUIONISTA DE DIOS... EN BRASIL COMO POSIBLE LIBRO DE TEXTO DE ESPAÑOL EN UNA UNIVERSIDAD

PROYECTO BELINDA
Análise do Conto argentino contemporâneo através de El Guionista de Díos...o Del Diablo? de Walter G. Greulach
1. Tema: pesquisar o livro de contos O Jornalista de Deus...ou do Diabo (El Guionista de Díos...o del Diablo, de Walter Gerardo Greulach, ainda inédito no Brasil, enquanto texto representativo do conto argentino contemporâneo.
2. Delimitação do tema: será investigada a temática contemporânea nos contos de Walter Greulach: a presença das novas tecnologias, da situação social da Argentina recente, assim como a forma narrativa predominante e o tipo de final, bastante característico, escolhido por Greulach para seus contos. Nos contos de Walter Greulach, pode-se dizer que é fortemente marcante o “turning point”, a reversão de expectativas, como no caso do final do conto “Terás Um Coral Em Sua Tumba”:
Cumprido um ano desde a fuga, não existia na remota ilha [de Aruba] uma família mais feliz que a dos Gómez, perdão, dos Ruibarba (...). Não, não se preocupe, o dinheiro não é o problema –agregou amavelmente a voz --, unicamente queria dar a você minhas sentidas condolências pela morte de Andréa. Soube que faleceu algumas horas atrás, de um golpe na cabeça. Pobrezinha, não deveria estar assim como sete meses de gravidez. Iam ser gêmeos, não? (GREULACH, 2008, p. 23)
Característica semelhante, comprovando a presença de um estilo, marca o conto Crônica de um Suicídio Assistido:
--Sempre Deus dá uma segunda oportunidade –assegurou com os olhos cheios de lágrimas no instante preciso em que um raio o matava, partindo-o literalmente em dois (GREULACH, 2008, p. 31).
O tema principal desse projeto é como a atualidade, tanto a realidade latino-americana quanto universal, se fez presente nesses contos publicados em 2008. Os contos de Greulach, por sua simplicidade e fluência, que possibilitam pelo leitor brasileiro, podem ser utilizados como leitura suporte para aulas de espanhol.3. Justificativa: a literatura argentina contemporânea não é bem conhecida no Brasil. A tendência é que o grande público tenha acesso somente aos escritores argentinos já consagrados não só na Argentina, mas internacionalmente, especialmente aqueles já bem sucedidos e reconhecidos na Espanha e traduzidos para o inglês. Enfim, em geral, quando o público brasileiro conhece um escritor, ele já foi efetivamente lido, aceito pelo mercado e por um público fora do Brasil, além de possuir alguma bibliografia a respeito, em revistas universitárias ou jornais. Walter Greulach ainda é pouco estudado até mesmo em seu próprio país.
Análise do Conto argentino contemporâneo através de El Guionista de Díos...o Del Diablo? de Walter G. Greulach
1. Tema: pesquisar o livro de contos O Jornalista de Deus...ou do Diabo (El Guionista de Díos...o del Diablo, de Walter Gerardo Greulach, ainda inédito no Brasil, enquanto texto representativo do conto argentino contemporâneo.
2. Delimitação do tema: será investigada a temática contemporânea nos contos de Walter Greulach: a presença das novas tecnologias, da situação social da Argentina recente, assim como a forma narrativa predominante e o tipo de final, bastante característico, escolhido por Greulach para seus contos. Nos contos de Walter Greulach, pode-se dizer que é fortemente marcante o “turning point”, a reversão de expectativas, como no caso do final do conto “Terás Um Coral Em Sua Tumba”:
Cumprido um ano desde a fuga, não existia na remota ilha [de Aruba] uma família mais feliz que a dos Gómez, perdão, dos Ruibarba (...). Não, não se preocupe, o dinheiro não é o problema –agregou amavelmente a voz --, unicamente queria dar a você minhas sentidas condolências pela morte de Andréa. Soube que faleceu algumas horas atrás, de um golpe na cabeça. Pobrezinha, não deveria estar assim como sete meses de gravidez. Iam ser gêmeos, não? (GREULACH, 2008, p. 23)
Característica semelhante, comprovando a presença de um estilo, marca o conto Crônica de um Suicídio Assistido:
--Sempre Deus dá uma segunda oportunidade –assegurou com os olhos cheios de lágrimas no instante preciso em que um raio o matava, partindo-o literalmente em dois (GREULACH, 2008, p. 31).
O tema principal desse projeto é como a atualidade, tanto a realidade latino-americana quanto universal, se fez presente nesses contos publicados em 2008. Os contos de Greulach, por sua simplicidade e fluência, que possibilitam pelo leitor brasileiro, podem ser utilizados como leitura suporte para aulas de espanhol.3. Justificativa: a literatura argentina contemporânea não é bem conhecida no Brasil. A tendência é que o grande público tenha acesso somente aos escritores argentinos já consagrados não só na Argentina, mas internacionalmente, especialmente aqueles já bem sucedidos e reconhecidos na Espanha e traduzidos para o inglês. Enfim, em geral, quando o público brasileiro conhece um escritor, ele já foi efetivamente lido, aceito pelo mercado e por um público fora do Brasil, além de possuir alguma bibliografia a respeito, em revistas universitárias ou jornais. Walter Greulach ainda é pouco estudado até mesmo em seu próprio país.
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EL GUIONISTA DE DIOS...¿O DEL DIABLO?
28/7/09
EL ENTIERRO DEL CUATRO OJOS

W.G.G
El tock tock seco sobre la persiana de madera me hizo saltar de un brinco desde la cama. El movimiento fue lo suficientemente silencioso como para no despertar al cachito García. El operador de LV 24 Radio Rio Atuel, inquilino de mi abuela, dormía plácidamente en el otro aposento.
Serian alrededor de las catorce treinta de un verano asesino que incendiaba las veredas de General Alvear. Había llegado el momento del gran escape. Los Carcereri, Nelson y Sergio, me esperaban en el patio trasero.
Serian alrededor de las catorce treinta de un verano asesino que incendiaba las veredas de General Alvear. Había llegado el momento del gran escape. Los Carcereri, Nelson y Sergio, me esperaban en el patio trasero.
—Dale Walter, —dijo el menor— vamos a llegar tarde.
—¡Bajá el volumen, que se va a enterar la Chola! —le susurré, a la vez que me encaramaba a la ventana y saltaba cayendo en cuclillas sobre la chipica hirviendo.
Verdad que el sol mataba y que era un riesgo para la salud, como sermoneaba mi vieja, salir a correr tras una pelota a esa hora de la siesta, pero como perderse el desafío con los aborrecidos salvajes del caserío vecino.
Nuestro grupo estaba compuesto por chicos de entre nueve y trece años. El centro neurálgico del barrio Comercio era la Propulsores Alvearenses y allí nos reuníamos todas las tardes. Yo me integraba los fines de semana, cuando bajaba de la finca de mis padres en Jaime Prats. No tenía el prototipo del jugador de fútbol, ni mucho menos, más el amor al deporte rey me impulsaba a tratar de superar todas mis limitaciones. Con once años, pesaba cuarenta y cinco kilos y medía un metro sesenta. Un esqueleto con una cabeza enorme y para colmo usaba lentes.
Ese sábado del 76, el enfrentamiento seria a la hora quince en el potrero situado al lado del supermercado Saponara. Una canchita con arcos enclenques y líneas marcadas con un palo de escoba nos estaba esperando.
—No se para que venís si no vas a jugar, ¡cuatro ojos! —me recibió ásperamente y con un chirlo en la cabeza el Juanca Fumarco.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
12/7/09
BOLSA DE GATOS

W.G.G
Vivíamos el año 1982, en General Alvear, Mza. Creo que sucedió comenzando octubre, se me antoja que había flores por doquier y reinaba ese espíritu de renacimiento y alegría que impera durante la más linda de las estaciones. Si no fue así, no importa, mi cabeza atesoró la vivencia en un contexto primaveral.
Pepsi Cola organizaba una divertida estudiantina, con la búsqueda del tesoro como evento principal. Participaban en ella los dos cursos finales de las escuelas secundarias de la zona.
El sexto año de la E.N.E.T #1 se preparó con todo para capturar el primer premio. No sé si me olvido de alguien o pongo alguno que nunca estuvo, la memoria se divierte a veces adornando nuestros recuerdos. El grupo estaba conformado por el gordo Julio Fonzalida, el tripa Nestor Prieto, el loco Gustavo Nedic, el Tito Barón, el Rafa Rodríguez, el narigón Marcelo Núñez, mi cumpa Iván Barón y el Marito Hidalgo.
Acabábamos de superar la tercera o cuarta prueba, consistía en buscar revistas viejas, mientras más antiguas, más puntos se sumaban. Gracias a unas Caras y Caretas de principio del siglo XX, facilitadas por mi tío el ingeniero Ernesto Lust, habíamos logrado ponernos al tope de las posiciones. Un par de puntos atrás, nuestros eternos rivales de la escuela de agricultura nos soplaban la nuca.
Aun hoy, casi tres décadas después, me sigo preguntando en que mente afiebrada se anidó la desquiciada prueba que continuaba el juego. Teníamos que juntar la mayor cantidad de gatos y meterlos en una bolsa para presentárselos luego al jurado. Algo que lucía simple y divertido para nuestros cerebros adolescentes, se transformaría en un relato digno de Edgar Alan Poe.
Vivíamos el año 1982, en General Alvear, Mza. Creo que sucedió comenzando octubre, se me antoja que había flores por doquier y reinaba ese espíritu de renacimiento y alegría que impera durante la más linda de las estaciones. Si no fue así, no importa, mi cabeza atesoró la vivencia en un contexto primaveral.
Pepsi Cola organizaba una divertida estudiantina, con la búsqueda del tesoro como evento principal. Participaban en ella los dos cursos finales de las escuelas secundarias de la zona.
El sexto año de la E.N.E.T #1 se preparó con todo para capturar el primer premio. No sé si me olvido de alguien o pongo alguno que nunca estuvo, la memoria se divierte a veces adornando nuestros recuerdos. El grupo estaba conformado por el gordo Julio Fonzalida, el tripa Nestor Prieto, el loco Gustavo Nedic, el Tito Barón, el Rafa Rodríguez, el narigón Marcelo Núñez, mi cumpa Iván Barón y el Marito Hidalgo.
Acabábamos de superar la tercera o cuarta prueba, consistía en buscar revistas viejas, mientras más antiguas, más puntos se sumaban. Gracias a unas Caras y Caretas de principio del siglo XX, facilitadas por mi tío el ingeniero Ernesto Lust, habíamos logrado ponernos al tope de las posiciones. Un par de puntos atrás, nuestros eternos rivales de la escuela de agricultura nos soplaban la nuca.
Aun hoy, casi tres décadas después, me sigo preguntando en que mente afiebrada se anidó la desquiciada prueba que continuaba el juego. Teníamos que juntar la mayor cantidad de gatos y meterlos en una bolsa para presentárselos luego al jurado. Algo que lucía simple y divertido para nuestros cerebros adolescentes, se transformaría en un relato digno de Edgar Alan Poe.
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