1/7/13
16/6/13
Fue casi mi mejor Sueño
W.G.G

Lo que ahora reflejan mis pupilas al alzar los párpados esta madrugada es un par de nalgas turgentes y un sexo femenino recientemente depilado. Esto es realmente interesante pues no se trata del de mi mujer. Primero, porque nunca en mi vida podría atraer a un hembrón de semejante nivel y segundo porque pisando los cuarenta estoy más solo que loco malo. Entonces… ¿qué está pasando? No tengo ni una remota puta idea, pero que linda que es Dios mio. ¿Dónde me encuentro? ¿De quién es esta cama grande? Tampoco tengo calzoncillo y cuando enfoco mi atención a mi amigo alborotado, caigo en cuenta que además de estar sin un pelo, este muñeco no es el mío, más quisiera tener uno así yo. ¡Mira vos, no sabía que se podían tatuar!, susurro estudiando curioso el dragón humeante grabado en mis bolas. Debe ser dolorosísimo.

Lo que ahora reflejan mis pupilas al alzar los párpados esta madrugada es un par de nalgas turgentes y un sexo femenino recientemente depilado. Esto es realmente interesante pues no se trata del de mi mujer. Primero, porque nunca en mi vida podría atraer a un hembrón de semejante nivel y segundo porque pisando los cuarenta estoy más solo que loco malo. Entonces… ¿qué está pasando? No tengo ni una remota puta idea, pero que linda que es Dios mio. ¿Dónde me encuentro? ¿De quién es esta cama grande? Tampoco tengo calzoncillo y cuando enfoco mi atención a mi amigo alborotado, caigo en cuenta que además de estar sin un pelo, este muñeco no es el mío, más quisiera tener uno así yo. ¡Mira vos, no sabía que se podían tatuar!, susurro estudiando curioso el dragón humeante grabado en mis bolas. Debe ser dolorosísimo.
Inhalo aire profundamente y
lo retengo en mis pulmones, debo serenarme, analizar esta confusa pero excitante
realidad. ¿Qué pasó anoche? ¿Acaso me emborraché y quien sabe cómo acabé junto
a esta ninfa? A ver… estuve hasta cerca de la medianoche en el café con el Coco
y el Tato, pero recuerdo bien haber vuelto a casa sobrio. Y aunque fuese así, a
estas piernas, a este tórax, a estos brazos, no los reconozco. Tengo los músculos
bien marcados. ¡Unos abdominales de la puta madre! ¿Dónde está mi pancita
gelatinosa, mis canillitas flacas, mi ombligo extraviado? ¿Qué es esto por
favor? ¿Quién carajos soy?
7/6/13
Quizá porque se me Antojó Creerle
W.G.G
Al Moncho Iturbe no era que
le desagradara tanto la vida, solo le disgustaba la forma en que la vida lo
había tratado siempre. Era poseedor de una soledad rayana en lo absoluto y esa
medianoche peor aún, porque su ser más preciado, el único receptáculo de sus
palabras y caricias acababa de fallecer.
Han pasado ya veintiocho
calendarios por mi pared y todavía retengo con inusitada claridad la historia
que el chino Pandiani nos narró una noche de quilmes y maníes en el café
Nostalgias, allá en Córdoba, sobre la Obispo Trejo. El chino era un porteño de ley, un fabulador
innato, tenía esa cualidad de hacer de la nada un show y en verdad que nos
divertía, por lo menos en esos momentos en que teníamos ganas de escucharlo. La
anécdota de su supuesto vecino en caballito, fue lo único que tras tanto tiempo
me quedó registrado. Quizá porque en algún instante de su verborrágico relato
me identifiqué con el Moncho Iturbe y envidié su velada extraordinaria. Quizá simplemente
porque entonces se me antojó por vez primera y última creerle al chino Pandiani.
Se acomodó en el rincón
predilecto y apoyó el borde superior de la silla en la pared, como lo hacía
siempre. Estiró las piernas y bostezó abotargado por la tristeza y el
aburrimiento. Se sacó la húmeda campera de lana y la tiró en la esquina de la
mesa. Aquel jueves, pasada la medianoche, venia de enterrar a michifus en la
plaza del barrio. La tumba la cavó bajo un banco, protegido por el olmo, su
viejo amigo, el mismo que lo cobijara en tantas tardes de hastío. Una fina y
pegajosa llovizna tapizó su camino al Farolito. Tuvo suerte de que el cielo no
se desvencijara hasta segundos después de ingresar al bar.
29/5/13
Las Parcas Llegaron con el Viento
W.G.G
Podríamos acotar que aquel pueblito enclavado en el medio de la nada, en el interior profundo de nuestro país, parecía un espejismo enjabonado sobre la ruta, de esos que alucinan al conductor después de kilómetros y kilómetros por las desoladas pampas. Pintoresco, acogedor (por lo menos ante el primer vistazo), poseía algo insanamente artificial cuando se lo apreciaba con más detenimiento.
Arroyito
Azul no debía tener más de setecientos habitantes. Todas sus calles estaban
impecablemente asfaltadas y en los postes de las farolas relucía el bronce artísticamente tallado.
Unas ochocientas casitas, inquietantemente similares y vacías, se apiñaban
sobre la avenida principal y sus ocho cortes transversales, la mayoría lucían
recién arregladas. Una escuela primaria, correo, registro civil, capilla, dos
almacenes y el edificio de la sede municipal alegremente decorado, matizaban el
paisaje urbano. Aunque lo que realmente acaparaba la atención del mas que ocasional
visitante era la fachada del club social y deportivo Patria. Con las puertas
azul marino y el techo de un rojo furioso, ocupaba cuatro cuadras completas en
las se desperdigaban una cancha de futbol con pasto sintético y tribunas para
cinco mil personas, cuatro canchas de bocha, una gran pileta con trampolines a
distinta altura y un polideportivo (rodeado de una pista de atletismo de
tartán) con relucientes baldosas verdes. Un conjunto de redes y tableros permitían
la práctica de casi cualquier actividad atlética.
El caserío se apiñaba al final de un amplio valle, entre el arroyo de las
piedras y los cerros dorados. Transcurrió la mayoría de su historia como un
paradisiaco lugar donde un pueblo feliz vivía del cultivo de tierras bastante fértiles.
Llegó a tener cuatro mil seiscientos pobladores en el censo del noventa. Hace como
veinte años llegaron ELLOS, los compradores de tierra y su suerte quedó hecha
añicos.
2/5/13
Los Cien Mil y Un Universos de Heriberto Andrada

Desde
chiquito, allá en su Bowen natal, al Tito lo embelesó todo lo que estuviese
relacionado con el azar. Con el tiempo llegó a tachar de su vocabulario las
palabras Dios y destino, navegando a la deriva por un rio de casualidades que
estimulaban el momento en el que debía tomar decisiones cardinales. Como si en
cada una estuviese jugando a una ruleta en que todo resultado podía ser viable.
A tal punto
llegó su afición a esta especie de “casualistica” (valga el término aunque no
exista) que tras obtener los doctorados en física y matemática en la U.B.A,
comenzó el más inquietante de los juegos: el de la bifurcación de su universo
personal. Lo desvelaba el saber que habría sucedido si en determinada coyuntura,
hubiese enfilado por otra senda.
12/4/13
Asesino Serial Del Año: Capítulos Nueve y Diez
Capítulo noveno
La venganza
I
Sabía que sus pensamientos no podían ser monitoreados. Se lo dijo bien claro el creador el día del encuentro en la cafetería.
—Elabora tus planes mentalmente muchacho —le recalcó el cretino. — Ni los jueces, ni siquiera yo, podremos saber nunca lo que estás pensando. Sólo tendrás intimidad en tu mente.
En base a esto y con el dolor y la rabia saturándole las terminales nerviosas, Lucas empezó a planear la dulce venganza. Tenía claro que sólo una cosa podría realizar para perjudicar a Morgandus…hacerle perder el concurso de mundigramas. Así y todo quería llevarlo hasta el último instante. Incentivar su esperanza al punto de que se creyese ganador y allí, en el movimiento postrero de sus veintitrés años de marcp, asestarle el golpe final que lo devastara.
No creyó poder odiar tanto como en esas horas previas al final. El fallecimiento de su madre potenció el asco y la indignación hacia la persona que parecía gozar con su sufrimiento. Trató de disimular el vendaval de emociones que lo desestabilizaban. No le convenía que el cretino vislumbrase su estado de ánimo.
Telefoneó a Leticia para anunciarle que se haría cargo de los gastos del funeral y reservó el pasaje a Argentina para el día siguiente. Todo debía, aparentemente, seguir el curso normal.
— Prepará a Julio, Checho y Paula, que apenas termine el entierro me los llevo a vivir al sur —mintió, sintiendo cómo se le desgarraba el pecho. Éste había sido el plan original, pero ahora, sin la razón de su vida, no encontraba motivo para seguir con la farsa del mundo capsular.
Buscó un grueso cuaderno negro, escondido bajo una baldosa floja de la cocina y con un marcador rojo subrayó el nombre de Eugène Toussant. Su objetivo número treinta y tres vivía en Naples, una ciudad a dos horas y media de viaje, al noroeste de Miami.
28/1/13
De Jaime al Centro de la Tierra
w.g.g
Una
tormenta de agua y granizo había maltratado, una vez más, al sur mendocino
el día anterior. La tarde era húmeda, ardiente. Los hilos de vapor se elevaban
desde la alfalfa recién cegada incorporándose a un horizonte nebuloso e
inestable. Dos de la tarde, hora terrible de la siesta cuyana. Sensación
térmica, cuarenta y dos grados y ascendiendo. Un barniz transparente parecía
recubrir todo, desdibujando el paisaje hasta darle esa pastosa irrealidad de
las horas en que mandan las iguanas.
Treinta
y pico años más tarde me parece, es más, estoy convencido, que en aquel
entonces a nosotros, niños al umbral de la adolescencia y con las duracell
recargadas, no nos afectaba el calor. Pasado el mediodía era el momento mágico
en el que nos escapábamos de nuestros cancerberos y dejábamos fugar las
fantasías más recónditas.
13/1/13
Sangre Maldita
Siempre
(desde niñito) tuve una tremenda curiosidad por conocer la historia de mis
ancestros paternos. En cada ocasión que sacaba el tema a colación, mis mayores
se iban distraídamente por las ramas y terminaban aportándome poco o nada.
Llegué a pensar que ni siquiera mi padre sabía con certeza cuál era su origen.
Me había contado que mi abuelo Adolfo García nació en el sur, cerquita de
Bariloche, que administraba un hotel a orillas del Nahuel Huapi, y que allí
conoció a mi abuela Maria que trabajaba limpiando los cuartos. Que se casaron
en el 66 y en el 67 se mudaron a Rosario, donde unos meses después vino al
mundo Edgardo, mi padre. Aquí al sur de esta ciudad, en el barrio Saladillo Sud,
echamos anclas los García y hemos llevado hasta ahora una vida linda,
relativamente tranquila. De mis bisabuelos solo pude sacarle que se llamaban
Julio y Eva y que llegaron desde la madre patria, no sabe de que zona, ni
siquiera si tenían hermanos o dejaron algún otro hijo allá en su tierra.
Tecleo
estas letras en mi laptop, protegido por las penumbras de la habitación. Han
pasado dos días desde la revelación y aun mi espíritu se sacude henchido de
culpa y vergüenza. ¡Como si yo, mi padre o mi abuelo tuviésemos la culpa de
algo! Creo, es más estoy seguro, que nadie leerá estas líneas jamás. Este
testimonio irá derecho a la lata que haré desaparecer por el mismo hueco del
que nunca debió haber salido. Una lata que me reveló la podredumbre que corre
por mis venas. Mantendré el doloroso silencio de los míos, que más me queda.
Es
extraño, afuera llueve a rabiar y aunque los cristales están empañados, puedo
ver la luna llena apoyada en una esquina de la ventana. Un lunón hermoso,
intimidante, como el pasado que me asfixia y me obliga a descargar mis
sentimientos en una hoja de cuaderno.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
31/12/12
No Era Para Nosotros mi Vida
W.G.G
—Por
algo sucede, cuando no es para vos, no es para vos y no hay vuelta que darle,
no te aflijas en vano mi vida —le había dicho más de una vez Alejandra, con un
determinismo insoportablemente sínico. Nunca había creído en el destino, pero
ahora sentado en la primera hilera de
sillas enfrentadas a la monumental pecera, recordaba la muletilla de su mujer
mientras buscaba desesperado el papelito en sus bolsillos.
El
espectáculo era sublime, dos focas jugueteaban con tres belugas blancas. Las
ballenas perseguían a los “perros de mar” dándole mordisquitos cariñosos cuando
los alcanzaban. Esta tierna escena poco importaba a Pablo, se incorporó y con
el rostro crispado volvió a revisar frenéticamente su camisa, los pantalones y
la campera. Dos sillas a su derecha un niño gordo y pelirrojo lo observaba con
curiosidad, el perturbado individuo parecía atraerlo mucho más que los
acuáticos danzarines.
Eran las cuatro y cuarenta
de un plomizo y frio día de noviembre y el acuario de Atlanta comenzaría a
cerrar sus puertas en apenas quince minutos. Solo disponía de ese tiempo para
recorrer los lugares donde pudiese haber extraviado el bendito billete.
Siete minutos atrás se
enteró de que era uno de los dos ganadores del powerball record en la historia
de los Estados Unidos. Sucedió cuando, tras ponerse de acuerdo con su esposa y
sus hijos sobre el lugar donde se encontrarían, enfiló nuevamente hacia el
tanque de vidrio donde se encontraban las focas y las belugas. Los niños
querían comer donas y él deseaba apreciar una vez más a aquellos animalitos a
los que amaba tanto. En la entrada al anfiteatro de cristal, vio un televisor
que difundía los números ganadores. Eran los suyos. Había lanzado un grito
ronco y entrecortado buscando apoyo en una columna salvadora ante la súbita
bajada de presión que puso a temblequear sus piernas. Luego se derrumbó en la
silla en la cual se encontraba ahora tardando solo un par de minutos en
percatarse de que no encontraba el ticket premiado.
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
4/12/12
Emilio, el Caminante
—¿Qué más puede necesitarse
para ser feliz? —comentaba cuando veía a alguien complicarse inútilmente la
vida.
Desde los catorce años
laburaba de albañil, doce horas al día, seis días a la semana. Heredó el oficio
de su padre y se lo legó a sus cuatro hijos varones.
—Si uno trabaja mucho, se
entretiene y no le sobra el tiempo para ponerse a pensar en tonterías — repetía
a sus nietos.
Poseía el paranaense una
gran pasión por el caminar y eran la huerta y el partido radical sus únicos
vicios permitidos. A pie, iba y volvía de la construcción, no importaba lo
lejos que está se encontrase. A veces lo separaban de la obra, diez, quince o
hasta veinte kilómetros, no eran nada para él. Salía de madrugada y regresaba
con la luna como compañera.
En un anochecer, al comienzo
de su último retorno, es donde lo ubica mi relato. Había trabajado en la
construcción de la cabaña de un amigo a la vera del rio, unos cientos de metros
arriba de la toma vieja. Apenas seis kilómetros lo distanciaban de su casa en
la esquina de Soler y Vucetich. Salió más temprano de lo habitual pues era
noche de miércoles, noche de comité y se acercaban las elecciones. Encontró en
el camino una viga de buena madera que le vendría de perlas para apuntalar el
techo de su galponcito, enclenque desde la pasada tormenta y sin pensarlo dos
veces se cargó el pesado listón al hombro.
4/11/12
El Incomprendido (o de como Romeo Ultimó a Julieta)
W.G.G
Los rayos del
sol recién nacido iluminaron con desgano la casucha de madera y chapa.
Escondiéndose detrás de las montañas de basura el astro rey había evitado, al
menos por unos minutos, tener que alumbrar tan desagradable paisaje.
En la
cuadra 8 de la sección 25 de la Villa Misericordiosa un barbado hombre casi en
harapos, sumergido en una angustia indescriptible, se despedía de su ser mas
preciado. Arrodillado junto el sucio catre de lona, enjuagábase una lágrima con
la mano izquierda mientras con la derecha peinaba tiernamente la cabeza de
ella.
—Romeo, es mejor
que pase sus ultimas horas en una institución especializada, así le evitamos
sufrimientos innecesarios —le dijo el médico de la clínica con una pose de falsa humanidad.
Él se negó
terminantemente e insistió en llevársela a la villa.
—A nuestro nidito de amor —le explicó— allí compartiremos los últimos momentos de vida.
Le pidió unos
calmantes para hacer más llevadera su agonía y salió llorando con ella en
brazos ante la mirada atónita del personal de la clínica. Un remise lo esperaba
en la calle.
Ahora
a la distancia las palabras del profesional
retumbaban en sus oídos: —Una enfermedad nerviosa degenerativa, de carácter terminal, le quedan
tan solo unos días de vida.
—A mi también —Romeo susurró
quedamente.
La vida carecía
de sentido sin su Julieta, ya no tenia dudas que el camino a la eternidad lo
emprenderían juntos.
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EL GUIONISTA DE DIOS...¿O DEL DIABLO?
8/10/12
El Libro de Los Estados de Ánimo
W.G.G
I
Oscar Fritz Herztog retorna al terruño que lo acunó de niño, un atardecer de primavera, en el año doce del tercer milenio. El verde frescor de Olmos y casuarinas sale a recibirlo. Abre la tranquera y se encamina hacia la casa que él mismo (junto a su abuelo, padre y hermanos) edificó a finales de los cuarenta.
Sobre
Línea de los palos, a unos seis kilómetros del pueblito de Jaime Prats, se encuentra
la finca de solo nueve hectáreas, aunque en su niñez le parecieran todo un
continente. Poco luce diferente, allí esta la hijuela entre dos filas de
membrillos, el lugar en donde con Rainer su primo mayor, y en una play boy
robada un amigo de Real del Padre, vieron la primera mujer desnuda. Por
allá, el roble centenario dividiendo los chiqueros vacíos y los restos de madera
del entrañable refugio que, hasta con puertas y ventanas, erigieron con Edgardo
y Roberto sobre el árbol amigo. Los mismos ladridos (otros perros) proveniente
de las casuchas emplazadas en los tres puntos estratégicos, según su abuelo,
para custodiar la casa. El horno a leña, al costado del gallinero (que como
mucho alberga hoy seis gallinas y uno o dos gallos) y la visión instantánea de
las nochecitas de empanadas lechón y pan casero que solían disfrutar con la
alemanada de la zona. El bosquecito de pinos junto a la vivienda y el momento
de escoger la rama más derecha para la noche buena o la belleza de verlos emblanquecidos
por alguna rara nevada de julio o agosto.
Hertzog regresa tras
cincuenta y tantos inviernos. Setenta y tres años matizaron de gris sus
cabellos. El paso largo y decidido disfraza su edad, va sin miedos, convencido
de lo que debe hacer. Sin tristezas, con la curiosidad de un bebe que vuelve a
introducirse al vientre materno. No hay nostalgia, se dice una vez mas, no se añora
lo que no puede volver a vivir. O por lo menos eso se forzó a creer cuando puso
el primer pie en Alemania, creer que allá
en la fría y distante cuna de sus antepasados, estaba el único futuro posible.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
17/9/12
El aventón
W.G.G
Aquella alborada de agosto me tomó desprevenido,
estaba más fría y oscura de lo que hubiese imaginado. El día anterior el termómetro
había llegado a pisar los veintisiete grados y la tardecita terminó siendo
bastante agradable. Los charcos sobre la propulsores alvearenses, regalo de una
copiosa lluvia nocturna, lucían congelados y la primera bocanada de vapor me
hizo recular en búsqueda del abrigo apropiado. Mi hermana amenizaba un
concierto de ronquidos tras una trasnochada en Kuka y mi abuela había salido
bien temprano a ayudar a una amiga que se mudaba a nuestro barrio, o algo así.
Aquí
(valga el paréntesis para la acotación) debo hurgar entre mis recuerdos para
darle un anclaje creíble al relato. Han transcurrido treinta y tres años y no
es sencillo reconstruir lo acaecido, mas allá que la esencia de ello quedó
firmada a fuego en mi memoria.
Era
gélida la jornada, lo deduzco porque fue entonces que perdí una gruesa campera
inflable, regalo de mi tía Hilda, que solo usaba cuando pelaba el frio. También
lo de la Chola ausente es dato fidedigno, aunque no su destino. El café con
leche con tostadas y dulce casero esperándome en la mesa del comedor, me
hicieron percatar que ya era demasiado tarde para manguearle unos pesos para el
colectivo y la comida. Podría haber despertado a Sigrid, lo más probable era
que además de ligarme una ristra de insultos, mi hermanita mayor tampoco
tuviese un centavo. No me quedaba otra que patear hasta Alvear Oeste, cruzando
los dedos para que un alma benevolente me diera una cola por el camino.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
30/8/12
Ni a Los Ojos del Perro
A los ojos del perro todo
luce blanco y negro dice el mito popular, tantas veces exhibido como verdad
irrefutable. Pero esta aseveración no resiste el mínimo análisis científico pues
nuestros queridos canes si pueden ver en tecnicolor. Lo interesante es que hay
un ser viviente que si posee esta característica y se lo halla en el sur del
continente americano. Se trata del argentum obtusus y habita las tierras de
ese gran país que tiene como capital a la ciudad de Buenos Aires.
La mitad de los afectados
(estamos hablando de un virus) ve todo blanco y la otra mitad todo negro. No
hay tonalidades, ni siquiera existen los grises, aunque encontramos unos pocos especímenes
inmunes, cuyos ojos aun aprecian los vivos y diferentes tonos que hay en la
naturaleza, más no tienen cabida entre los seres de su especie y terminan apartándose.
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
13/7/12
Lo Sabíamos Muy Bien
W.G.G

Cortaba ramas secas de los helechos que colgaban bajo el balcón del frente de casa cuando lo vi. Había llovido durante la siesta (siempre garúa sobre New Orleans) y tres horas después, el sol levantaba vapores asesinos que a punto estaban de tronchar mi espíritu jardinero. Apoyé la tijerita de podar sobre el borde de la escalera y bajé un par de peldaños buscando una vista mejor. Pese a los veinticinco años transcurridos, reconocí al instante el andar cansino, la figura encorvada. Debía haber bajado del trolebús en St. Charles y venia caminando por Lousiana Avenue con un pequeño bolso colgando de su mano derecha. Moví la cabeza sin poder escapar del asombro y sali trotando a su encuentro.
—De verdad… ni yo sé que hago acá. La cosa allá no está para nada fácil. Me quedé sin laburo tiempo atrás y llevo meses sin encontrar uno. Me estaba consumiendo los pocos ahorros que tengo, así que me la jugué y vine. Aunque con casi cincuenta pirulos, creo que no fue una buena decisión —dijo con voz entrecortada.
Cortaba ramas secas de los helechos que colgaban bajo el balcón del frente de casa cuando lo vi. Había llovido durante la siesta (siempre garúa sobre New Orleans) y tres horas después, el sol levantaba vapores asesinos que a punto estaban de tronchar mi espíritu jardinero. Apoyé la tijerita de podar sobre el borde de la escalera y bajé un par de peldaños buscando una vista mejor. Pese a los veinticinco años transcurridos, reconocí al instante el andar cansino, la figura encorvada. Debía haber bajado del trolebús en St. Charles y venia caminando por Lousiana Avenue con un pequeño bolso colgando de su mano derecha. Moví la cabeza sin poder escapar del asombro y sali trotando a su encuentro.
Estaba más gordo y pelado, el escaso cabello, recién recortado,
lucia teñido de canas. Sus hundidos ojos resaltaban el narizón de siempre.
Nos fundimos
en un abrazo, fuerte y sentido el mio, el suyo frio y lejano, casi obligado.
— ¡Pablo, hermanito del
alma, que alegría verte! —exclamé sin retirarle los brazos de la espalda. — ¿Por
qué carajo no avisaste que venias?, te hubiésemos ido a buscar al aeropuerto.
—No quería molestarlos, ya
me instalé en un hotelucho a cuadra y media de Cannal Street, solo quería pasar un rato a
verte —dijo fríamente, con los ojos clavados en mis canteros con flores. Era
como si le incomodara el estar allí.
— ¿Qué ha sido de tu vida viejo? ¿Qué haces en
Estados Unidos, de vacaciones, o que? ¿Cuándo llegaste? ¿Me hubieses mandado un
correo electrónico o u mensaje en Facebook por lo menos? ¿Viniste solo?
Con esos ojos miel, tímidos
y tristes, que tan bien conocía, me estudió por unos segundos mientras parecía meditar
la respuesta como intimidado por la metralla de preguntas.
—De verdad… ni yo sé que hago acá. La cosa allá no está para nada fácil. Me quedé sin laburo tiempo atrás y llevo meses sin encontrar uno. Me estaba consumiendo los pocos ahorros que tengo, así que me la jugué y vine. Aunque con casi cincuenta pirulos, creo que no fue una buena decisión —dijo con voz entrecortada.
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13/6/12
El Hombre al que Parió el Viento

W.G.G
El
viento chiflaba entre las copas de los aguarigay que rodeaban el gallinero. Acompañaba
su melodía, el retintinear de las hojas recién nacidas, alegres por la
proximidad de la primavera y el susurro de las cortaderas que abanicaban al rio.
Un torrente de aguas danzarinas desbordaba la acequia llevándose la basura que
tapizaba el fondo. Había turno de riego ese amanecer en la finca de San Pedro del Atuél, transcurría
manso aquel catorce de septiembre.
Una hectárea de pasto ralo
por aquí, media de pimientos y tomates recién plantados por allá. Delante del humilde rancho, dos tamariscos, un durazno y un nogal. Tras los chiqueros
una huertita con retoños de acelgas, papas, lechuga y zanahorias. Contra la
huella, del lado derecho de la entrada, eucaliptus, de la izquierda, membrillos
intercalados con manzanos. Dos chocos somnolientos descansando al reparo de la
ramada y a solo un par de metros del mala cara atado bajo un parral, unas
diez gallinas picoteando granos de maíz.
Calma envolvente, solo
matizada por los rumores de la naturaleza. Tranquilidad a punto de quebrarse, por
lo menos en aquella alborada en que comienza mi historia y termina la de él.
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1/6/12
Epílogo - AQUÍ ARRIBA TODO ES CELESTE Y LIMPIO
Me muevo entre nubes
blancas, grises, esponjosas y suaves. Sigo ascendiendo hacia el sol. Abajo se
va quedando mi gente, mi tierra. Desde lo alto bajan
rayos que inundan mis pupilas. Escucho música clásica, como de
arpas, chelos y violines. Me siento liviano, pletórico de energía.
No creí que todo iba a
terminar así, la cosa se me complicó terriblemente. No entiendo como pude pensar, ni
siquiera un segundo, que la bruja travesti podía salvarme. La solución estuvo todo
el tiempo enfrente mio, adentro mio. Mis hijos, mis padres y sobre todo
Luciana, ellos eran en quienes debía apoyarme, no en la gran maestra mafiosa.
Fui perdiendo la confianza, minando mi autoestima, ahogandome en un poso
depresivo. Creo que mi estado de ánimo fue como un imán para los accidentes y poco a poco se fueron transformando en
una obsesión insoportable.
Ahora, aquí arriba, todo
es celeste y limpio, por donde mire, no se ve nada, solo aire infinito. Tiempo
que no disfrutaba de una paz tan grande. La melodía me adormece, obligándome a
bajar los parpados. Continúo subiendo. Atrás dejo los meses mas horrible de mi vida.
En el momento presente están este avión y Londres. Vuelo hacia la capital británica, los
juegos me esperan. Apoyo la cabeza en la ventanilla y me duermo feliz, sintiendo la cálida
mano de Luciana que envuelve la mía.
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31/5/12
III LA MALDICIÓN EXTENDIDA
Quería relajarme, analizar lo sucedido en el
antro del manosanta. Lo recomendable seria no comentarle nada a mi esposa, no
creo que lo entendiera. Nadie debía enterarse de lo acontecido esa mañana.
Apagué el celular, abracé con fuerza el osito de felpa de mi hija, que habia recogido a la pasada y bajé
los parpados. Buscaba proyectar en mi mente una imagen que me trajera paz, que
me ayudase a descansar. Una y otra vez el desagradable rostro de la tarotista
se me aparecía. Abrí los ojos inquieto, justo en el momento que sonaba el teléfono
de casa y un instante después Luciana se aparecía y sorprendida al encontrarme,
exclamaba:
—Ah, llegaste, no te
escuché. Mas tarde me contás que tal te fue en lo del medico. Ahora contesta el
teléfono, te llama una tal Cristina.
—¿Quién es? —me preguntó fingiendo desinterés mientras me entregaba el tubo.
—¿Quién es? —me preguntó fingiendo desinterés mientras me entregaba el tubo.
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21/5/12
II GRAN MAESTRA CRISTINA, TAROTISTA
W.G.G
No fui inmediatamente. Necesitaba
al menos unos días de convalecencia, en los cuales me devoró la ansiedad. Una
semana más tarde, como a las nueve de la mañana, me hallaba parado abajo de la oficina (o de la
covacha) de Cristina la bruja mayor. Buenos Aires, casi llegando a 25 de junio,
pleno microcentro de la ciudad
—Puta que buena locación, —pensé—
le debe ir re bien a la guacha.
Unos escalones de mármol blanco
me acercaron al segundo piso, donde me recibió una maciza puerta de madera, a
media altura y a la derecha, una placa de bronce decía: Gran Maestra Cristina,
Tarotista.
Aspiré con ganas, el
corazón aceleró su tamborileo. Miré la pequeña ventana que coronaba la escalera,
como planeando una vía de escape. Había comenzado a chispear y un grupo de
torcazas buscaban la protección del alero. Me pregunté si es que habría niebla,
o era mi estado de ánimo el que pintaba de gris el paisaje. El dedo no alcanzó
el timbre, lo detuve en la mitad del trayecto.
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6/5/12
LAS SIETE PLAGAS... Y UN CHIN MAS
I CUANDO ESTAS DE CULO...
W.G.G
—¿Qué te pasa ahora? —inquirió Luciana esforzándose por despegar
sus lagañosos ojos y mantenerlos abiertos.
Me encontraba de rodillas sobre las baldosas, como rezando, con los antebrazos
apoyados en la cama y las pupilas borrosas por el llanto. Puños y dientes
apretados y esa hiriente punzada bajo el hígado que me convertía en un patético
bicho bolita humano.
—No sé que mierda tengo,
es un pinchazo fuertísimo, como a la altura del apéndice —contesté con voz
forzada conteniendo la respiración.
—¡Hay mi querido, te han
caído las siete plagas de Egipto! — acotó mirándome con pena mientras se
incorporaba cubriéndose los hombros con un sweater de lana blanca.
Afuera, un clima gélido
había cristalizado las calles de la ciudad capital de Entre Rios. Unos rayitos
de sol se filtraban por entre las nubes, calentando apenas el aire paranaense.
Era domingo, finales de febrero, año 2012 y me encontraba coronando los peores
cinco meses de mi vida.
—Te preparo un tecito de cedrón y te lo tomas con una cafiaspirina. Tranquilizate, ya se te va a pasar, por ahí es solo un pedo atajado —intentó calmarme mi esposa a la vez que me ayudaba a sentarme en un sillón del living.
—Te preparo un tecito de cedrón y te lo tomas con una cafiaspirina. Tranquilizate, ya se te va a pasar, por ahí es solo un pedo atajado —intentó calmarme mi esposa a la vez que me ayudaba a sentarme en un sillón del living.
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
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