11/3/10

REVIEW DE EL GUIONISTA, POR EL BRASILEÑO LUCIO JUNIOR (En español)

Gerardo en Tráfico: Dios y el Diablo en la Tierra de Disneyworld
Lúcio Emílio de Espírito Santo Júnior



El libro de cuentos El Guionista de Dios o el del Diablo ( Walter G. Greulach, 2008, Buenos Aires, Editora Arte y Parte), inicialmente me pareció la obra de un periodista con ingenio literario que extraía informaciones (los famosos fait-divers) de los periódicos y los transformaba en literatura de estilo elegante, que brillaba como piedra pulida, aunque en forma fragmentada y sin unidad. El autor parece soñar con la totalidad y la causalidad, para en el fondo saberlas imposibles y entonces quedarse recogiendo short cuts en periódicos para luego ficcionalizárlos, transformándolos en sus cuentos.

Sin embargo, cual no fue mi sorpresa: el texto responde justamente a ese tipo de pensamiento: “Ya distendido volví a analizar mi situación. Me preocupaba el tema que los cuentos fueran malas historias copiadas de los periódicos. Este actuar plagiario inconsciente podría ser mi perdición” (GREULACH, 2008, p. 114). Más adelante, refleja de forma sorprendente una crítica sobre su propio estilo: “Que maníaco de mierda – me insulto –por qué tengo siempre que colocar un final imposible?” (GREULACH, 2008, p. 115).


En El Guionista, la narrativa desarticula la lengua periodística para, a partir de ella, generar una signância, o sea, un campo múltiple de sentido que el lector puede obtener a partir de una cadena aparentemente fija de significantes. La productividad textual juega con el geno-texto y el feno-texto en el sentido utilizado por Kristeva: hace una articulación entre la estructura aparente de los cuentos (que son organizados verticalmente de acuerdo con la localidad donde pasan: Argentina/Aruba/Estados Unidos), siempre en el plano del enunciado concreto, del discurso manifiesto. Esa estructura se organiza verticalmente en un eje metonímico, mientras la otra estructura se organiza horizontalmente, en un eje sintagmático (Un premio inesperado/La musa perdida/ El Guionista de Dios y del Diablo/ La finca en las Montañas).

Las narrativas de Greulach expresan una necesidad profunda de causalidad: de que todo lo que pasamos en este mundo posea una razón y no sea un absurdo. Sin embargo, no es así como el mundo se nos presenta. Siempre lo encontramos trabajando con revueltas del destino, en donde los personajes reciben el resultado de sus acciones, aunque mucho tiempo después: así acontece con los protagonistas de sus historias, sean ellos Luís Gómez o Jaime Zucarelli, entre otros.

El protagonista estará, indefectíblemente, prestando cuentas al destino. Así, de forma trágica e impresionante, surge como paradigmática la relación entre el admirador y el ídolo en el cuento Cortina de Hierro. La reflexión que abre ese cuento sirve de motivo-guía para la obra, un leit-motiv que muchas veces se repite: “Hay historias en nuestra vida que queremos borrar para siempre. Creamos entonces una cortina de hierro y por años no dejamos filtrarse al presente ninguno de esos recuerdos. Pero tenlo por seguro, lector, que en algún momento antes del fin de tus días, algo tan simple como una imagen, un olor o un sonido, moverá el interruptor. Se correrá la cortina y entonces caerán sobre ti – como finas dagas afiladas – aquellas viejas sensaciones que creía desterradas de tu mente” (GREULACH, 2008, p. 87).

El más claro ejemplo está en el propio cuento Cortina de Hierro, en que el personaje principal, tratado en la infancia como esquizofrénico delirante por identificarse demasiado con un personaje de una serie cinematográfica, el detective Suárez, se reencuentra, en la madurez, con su ídolo, ahora decadente: “Me di cuenta de que era “mi héroe” lo que veían mis ojos. Sólo quedaban los despojos de aquel que alguna vez había conmovido mi existencia (...). Él tartamudeaba y con frases inconexas (...) una y otra vez las mismas historias. Para mi sorpresa, ya conocía estas anécdotas de memoria. Sería por acaso que comenzaba a deslizarse la cortina de metal?” (GREULACH, 2009, p. 89).

El desplazamiento, el tráfico es siempre recurrente: de Argentina, el escenario se desplaza a Aruba y luego hacia Estados Unidos. Pero es solamente en El vuelo trunco de América, cuando la narrativa se sitúa totalmente en América del Norte, allí el personaje, América, muere; América está muerta. Así, en Un Premio Inesperado, al narrar la tragedia de uno de los protagonistas, nos cuenta también que el sueño americano se transmutó en pesadilla: “Steven desgastó su infancia y adolescencia por las calles de Liberty City, uno de los barrios más marginales del sudeste de Estados Unidos. El sistema económico excluye deliberadamente a ese sector de la población. Lo aparta, cubriéndole las necesidades mínimas para que no salgan de esos bolsones de miseria. Escuelas de nivel F, medicare, viviendas populares, tarjetas para obtener comida y libertad para que fumen marihuana y usen crack, siempre que no salgan de sus guetos. Todo ese contexto va creando en estos lugares una cultura del conformismo, de la simple supervivencia. En este ambiente, la máxima aspiración de un joven es conseguir una buena esquina donde vender droga y llegar algún día a ser un dealer respetable” (GREULACH, 2008, p. 101).

Otro elemento que llama la atención es que la prosa del Guionista de Dios y del Diablo posee trazos en común con la del brasileño Paulo Emilio Salles Gomes (Tres Mujeres de Tres PPPs), o sea: una preferencia recurrente de rever episodios amorosos bajo una nueva luz, volcando cabeza para bajo las certezas anteriores del narrador. Existe, también en común con Paulo Emilio, un contraste agudo entre la prosa elegante en que el texto está escrito y las actitudes extravagantes de los personajes que asumen la primera persona, tal como la postura complaciente que el protagonista del cuento El Padre y el Jardinero tiene frente a las locuras de su amigo: “Tito sufría de esquizofrenia bipolar, enfermedad que se le había manifestado en los últimos meses. Siempre de noche, se transformaba en una persona totalmente diferente. Era como si un espíritu endemoniado se apoderara de él. Había hecho lo imposible para que nadie supiera de su mal nocturno. De día era completamente normal. Muchas noches, Félix esperaba que se durmiese, entraba en la casa y escondía las llaves. Las ubicaba nuevamente en su lugar minutos antes de que amaneciera, pero algunas veces escapaba de su férrea custodia y comenzaba una verdadera pesadilla” (GREULACH, 2008, P. 79)

Así, puede decirse que Greulach en su narrativa, elabora una especie de metalenguaje. Por ejemplo, mencionando otros textos del libro en el cuento que trae el nombre de la obra. En cierta forma, es más que un cuento-llave, es un cuento-padre que posee el genotipo, casi diríamos la línea fundacional para las demás historias. El nombre-del-padre: Geraldo, Gerardo, Gerald.

Al final del libro, como se fuera un epitafio, dialogando con todos los cuentos, está el poema Sin Retorno, suscrito bajo el pseudónimo de Gerard Walt

Letanías de oportunidades perdidas, imágenes que cual flashes intentan alumbrar una mente ya indefensa.
Sombras lúgubres que se entrecruzan ondulantes, siniestras y de fondo un aullido, como de clavo hiriendo el pizarrón, destrozando mis oídos ya sin tímpanos.
Gozos y dolor, pasión y desamor, destierro y añoranzas, todo mezclado en cruel desfile frente a unas estáticas pupilas.
El arrepentimiento de no haber ido un poco mas lejos.
La cómoda cobardía que engendra al conformismo.
Lo que nunca fue siempre por culpa de los otros.
Honda pesadumbre que oprime un pecho carente de latidos.
El deslizarse desnudo por un tobogán metálico engrasado. Al final un tanque con las heladas aguas del llanto de aquellos a los que hicimos daño.
Intento aferrarme al recuerdo de un beso, de una sonrisa, de la mirada de un niño, a un simple atardecer tomados de la mano.
Es en vano, mis articulaciones no responden a los débiles impulsos de un agujereado cerebro.
Se acerca el final, un helado viento congela mi reseca piel. Ya no hay futuro, el pasado huye conmigo.
Destilo angustioso los últimos segundos de una insulsa vida.
Pude haberlo hecho mejor.
Que si hay un Dios, me de el castigo merecido...

Lucio jr es un prestigioso crítico literario de Brasil. Escribe para varios sitios del país hermano.
Es graduado en Filosofía, maestro en estudios literarios y está finalizando el doctorado en Teoria Literaria.
Un verdadero honor que una persona con tantos pergaminos haya gastado su valioso tiempo en leer y analizar El guionista...
Mil Gracias Lucio...W.G.G

10 comentarios:

Penetralia dijo...

Ótimo Walter! Espero que ajude na divulgação do livro e no entendimento da resenha (que tem algumas passagens complexas, tais como a que fala em genotexto e fenotexto, conceito de Julia Kristeva).
Abrazos
Lúcio Jr

DANI dijo...

Mi estimado Walter Greulach, me estoy viendo en la obligación de comprar el dichoso Guionista. Este hermoso comentario de Don Lucio me ha dejado intrigada.
¿En Amazon se consigue?

GERARDWALT dijo...

Si señorita en Amazon lo consigue de una vez, gracias que lo disfrute...

Penetralia dijo...

Oi, Walter. Novamente vc virou personagem da blognovela...

Revistacidadesol dijo...

Oi, Walter. Penetralia está fechado e estou agora em:

http://revistacidadesol.blogspot.com/

Abrazos

Juan Carlos Eberhardt dijo...

¡que bueno leerlo!! que bueno tenerlo!!!
como tu amistad ,cosas que valen de verdad
un abrazo

Jacinto Piedras dijo...

Que calidad de comentario el de don Lucio mi señor. Y bien merecido que lo tienes Walter, pues el libro es imperdible.
Un estrechon de manos y pa' lante nomas.

Revistacidadesol dijo...

Walter: fiquei muito feliz que o texto possa estimular alguém a ler o livro.

Jacinto: obrigado!

Abs do Lúcio Jr.

GERARDWALT dijo...

Tu ayuda ha sido invalorable en el lanzamiento de mi primer libro y te estaré eternamente agradecido.

Un abrazo de oso, mi estimado Lucio Jr...W.G.G

elisa dijo...

Nosotros, los 9 primos, leemos El Guinista y nos descubrimos entre líneas: en el canal de cerca de la finca, donde las bolas de lodo..; en el cielo oscuro de Jaime, plagado de estrellas en las noches de verano... yo hasta me imagino tu voz al leer algunos pasajes
Muy especial este libro para mí, que te echo de menos, como a aquel hermano... Me llena de orgullo, pero ya me gustaban a mí los cuentos que escribías en Córdoba! Aquel de la "agüela", lo tenés todavía? Cargalo en tu blog!
un abrazo
te quiero un montón
Elisa