23/7/10

EQUI, AÑO 9.873 D.C

     
      El zumbido del único tren aero magnético que aún no había sido desactivado lo despertó, cuando apenas empezaba a amanecer. Circulaba a unos diez metros de su ventana, en el piso 327 del edificio Arterios de la corporación Multiplex. Rara vez este leve sonido había sido suficiente para sacarlo de trance, pero con la excitación acumulada en los meses pasados, hasta el vuelo de un traedros lo ponía en vigilia.
Mientras se preparaba una infusión vitamínica de hierbas rojas, miró con desidia la pequeña pantalla multicromática que indicaba la hora y la fecha: 9:37 - 15 de Octubre del 9.389 D.C. Equi siempre cuestionó esta forma de contar el tiempo tan antigua y desfasada. Por empezar, aquí los días tenian treinta dos horas y el año 483 dias. Ademas, eso de después de cristo era ridículo. El cristianismo, como movimiento religioso, había desaparecido unos tres mil años atrás y lo que resultaba peor aún, el tal Jesus, nunca había pisado la tierra de este planeta.
Sin dudas era mucho más conveniente, empezar la cuenta desde el momento en que el hombre aterrizó en Alfa Épsilon, sería: Año 7.821despues de la llegada. Mejor aún, desde el momento en que el maldito virus infectó al primer ser humano, comenzando el lento e inexorable exterminio de los homínidos. O sea: Año tercero después del contagio…

18/7/10

ASESINATO EN LIBERTADOR SUR

W.G.G



            —Hágalo de la forma en que lo crea conveniente, no me interesan los detalles. El profesional es usted, solo me interesa que no sufra, un trabajo limpio y rápido. La mata y la desaparece para siempre, —dice con voz fría y pausada, y con un marcado acento puntano.
            Estoy a punto de volcar el agua en el inodoro, pero mi mano queda congelada. Debajo del lavabo y por un hueco mal tapado, se filtra la conversación de la mesa que da a esa parte del baño. Debían haber llegado poco tiempo atrás, pues al pasar por allí no divisé a nadie. Ruego que los aromas de mi forzada deposición no los pongan en alerta. Entorno la tapa, me subo la ropa con sumo cuidado y espero.

5/7/10

Cuestión de ignorantes

W.G.G


José Gastón Méndez saltó por el borde derecho de la cama aquel lunes cinco de julio del 2010 y apoyó primero el pie izquierdo, en la cuarta baldosa de la tercer hilera.
Dejó el cepillo de dientes verde loro en el agujero del medio, donde lo dejaba siempre. De fondo sonaba Radio Nacional, el mismo programa que venía  escuchando al levantarse (antes de ir al trabajo)  en las dos últimas décadas. Buscó una nueva afeitadora descartable, la anterior ya tenía tres usos y desde que recordaba las utilizaba solo tres veces.
Comió dos tostadas con manteca y dulce de durazno, la semana que viene le tocaba dulce de higo. Café con leche en la taza grande de su viejo y dos cucharaditas tres cuartos de azúcar morena. Hojeó las deportivas del Diario y maldijo al ver la foto del director técnico de Argentina.

23/6/10

DE SOCIO, EL CHUPA CABRA Versión final





W.G.Greulach


A Valeriano Paredes la vida nunca le había resultado sencilla. Aparte del mal de Chagas, la mujer que lo engañaba y la manga de piedra que le tiró hasta la última fruta, debía agendarle ahora un encuentro con el chupa cabra.


Omar García, el policía de turno, ni escuchó al chacarero llegando a los tropezones por la puerta principal del destacamento de Jaime Prats. Estaba despatarrado sobre un sillón enfrente del televisor blanco y negro. No era que la película que emitía canal seis esa madrugada lo tuviese atrapado. Después de dos sándwiches de pan casero, chorizo y huevo frito, lubricados con dos vasotes de vino patero, estaba abrazado a Orfeo desde que el reloj traspasó la medianoche.


— ¡Buenas noches oficial! Perdone lo joda tan tarde, —vociferó nervioso Paredes mientras trataba de ocultar bajo el felpudo, una bosta de vaca desprendida de su alpargata izquierda. Dos broches rojos de plástico achicaban sus botamangas.

9/6/10

LA VENGANZA DE LAS ALMAS INDIAS

W.G.Greulach


Tras las montañas, pispeaba la luna favorita de los lobos. El viento chiflaba entretenido enredándose entre álamos y sauces llorones. Completaba la curiosa melodía, el rumor del agua al rozar los peñascos y el tintineo casi imperceptible de las hojas.
A unos treinta metros del arroyo, un conjunto de tres carpas se distribuía en los escasos espacios donde no existían árboles. El jubiloso bullicio que rodeó a la cena, con posterior mateada, había dado paso a una reposada charla, interrumpida por largos silencios y el molesto canto de un par de lechuzas. El círculo de ocho adolescentes rodeaba un raquítico fogón, donde se tiznaba una pava casi sin agua.

—En el restaurante del camping encontré un folleto con una curiosa leyenda sobre un cementerio indio que está aquí cerca, —dije como al descuido, intentando reavivar una charla ya muerta desde hacía rato.

—Ahá, —murmuró Gustavo, alzando a la mitad un parpado para mirarme con desgano.

—Siempre me fascinó contar historias de terror y más en ambientes como el de aquella noche, pero mi adormilada audiencia estaba más por entrar a roncar a las carpas que por escuchar al pesado del mocha hablando huevadas.

—Dice que cuando, a la medianoche, la luna alumbra las tumbas, las almas de los indios comienzan a vagar por la zona matando a los hombres blancos que encuentran a su paso. Buscan desquitarse de aquellos que los exterminaron siglos atrás.

Esperé unos segundos, ya nada podía agregar para captar su atención. El peti Almada se re enganchó. Abrió los ojos entusiasmado y después de un largo eructo, descargó el desafío.

—Son las once y media, tenemos luna llena. ¿A ver quién se anima a dar un paseíto por el dichoso lugar?

26/5/10

PELOTAZOS QUE ARAÑAN EL TRAVESAÑO DEL ALMA (Segunda Parte Del 94 al 06)

W.G.G


Cuando EE.UU organizó el campeonato del 94, hacía rato que trabajaba como cocinero en Le Petit Café. Me contrataron por la única razón de ser argentino, rótulo que me daba extensos conocimientos sobre las vacas, cuando yo no sabía prepararme ni un bife. En este restaurant se sirven los cortes de carne sobre piedras volcánicas (aorita), calentadas previamente en un horno a 500 grados. Vivíamos en un pequeño departamento, en el pueblo de San Nicolás, al sur de Aruba. Una de las refinerías más grandes del mundo le da vida a este desolado paraje.

No fue la avivada de Maradona en el tiro libre, con el rápido pase a Caniggia, lo que acerca a mi mente el partido con Nigeria, sino el almuerzo en una sinagoga.

29/4/10

VIGILIA (El estigma de Bosque Viejo)


—Como ignorarlo, como pretender que no está. Como seguir adelante, arrastrando una historia tan elocuente, tan lapidaria —pensaba compungida Amanda Iturrieta, buscando en el horizonte alguna imagen positiva que aligerara la honda depresión que la embargaba.

En los pasados veinticinco años, mal que mal lo había logrado. Por momentos llegó a convencerse que nunca le sucedería.

—Cincuenta y cincuenta —le dijo la primera vez el especialista, como si de jugar a la ruleta rusa se tratase.

Un carpintero, de una especie rarísima, a la cual Amanda había visto solo dos veces, asomó la cabeza por el hueco del olmo seco. Tiempo atrás, hubiese corrido a buscar la cámara fotográfica. Ahora, toda imagen la anclaba, invariablemente, al mismo tema.
¿Acaso esa pintoresca ave la sobreviviría? ¿será que el centenario árbol muerto seguiría de pie tras su partida?, se preguntaba la mujer en un ritual tortuoso.

—No soluciona nada con preocuparse —la alentó el doctor.— Mire sino a su hermana, casi sesenta años y fuerte como un roble.

Difícil no inquietarse, cuando su querido viejo, dos tíos y uno de sus tres hermanos, no llegaron a coronar las cinco décadas y media.

16/4/10

PELOTAZOS QUE ARAÑAN EL TRAVESAÑO DEL ALMA (Primera parte. Del 74 al 90))



Cada vez que se acerca una cita mundialista, se vive (entre los que amamos la redonda) un estado emocional difícil de describir. Optimismo, tensión, ansias, se van mesclando, produciéndonos un nerviosismo casi histérico. Ya sé que es solo un juego (o un negocio, por lo menos para los que lo usufructúan llenándose los bolsillos de billetes), pero no nos pidan explicaciones lógicas para este complejo sentimiento.
A mi particularmente, el evento me trae imágenes de copas pasadas. De otros lugares en donde me encontraba, de diversas situaciones en las que estaba inmerso. Podría escribir una novela sobre esto, seguro resultaría un bodrio intragable. Prometo que les tiro algunas líneas y después me borro…

11/4/10

POR LOS CONFINES DEL ANGEL GRIS (o el mes en que el ángel de Flores visitó Paraná)

dibujo de Carlos Nine
W.G.G

El año fue el 88, o quizás principios del 89, no exijan a mi memoria datos precisos. Teníamos en FM.Capital un programa producido por Cachito Correa. Todos los domingos, comenzando al mediodía, recorríamos por el rio Paraná las costas aledañas a la capital entrerriana. Íbamos a diferentes balnearios entrevistando a la gente que buscaba refrescarse del húmedo y extenuante verano litoraleño.

Aquel día estábamos en Los Arenales (o tal vez en la Toma Vieja), el travieso tiempo baraja las playas. Como a las tres, comimos un asado bastante particular, una ristra de chorizo con abundante queso provolone. Eso sí, todo acompañado por un delicioso Termidor tetrabrik (¿o era un Toro viejo?). Después de un momento de reposo, hicimos las notas acostumbradas y subimos a un barquito alquilado. Creo recordar en aquel grupo, además de Cacho, a Marcelo Manucci y a Marcelo Macarone, mi operador preferido.

Allí lo crucé por primera vez. Era el capitán y única persona presente en la barcaza. Nos dio la bienvenida con una sonrisa franca, plantada en un rostro gentil. Flaco, altísimo, con una barba gris y enrulada. Llevaba un gorrito azul (tipo piluso), limpio pero cuarteado por los años. Su voz, áspera y profunda, pronunciaba con modulación de orador consumado cada silaba. Los ojos de un celeste perturbador, parecían contener al mismo universo.

30/3/10

El espejo que trizó al hechizo



Walter Greulach

Insólito, espeluznante, cripy, como dirían por estos lares. Anoche disfruté (y sufrí) un notable sueño, o por lo menos es la primera vez que al despertarme lo recuerdo. Sucedió entre las siete y las ocho de la mañana, que es el momento en que mi mujer lleva a mi hija al colegio. Como comenzar a desmenuzar la madeja, como contarles la fascinante experiencia en la cual podía a voluntad entrar y salir del abrazo de Morfeo.

11/3/10

REVIEW DE EL GUIONISTA, POR EL BRASILEÑO LUCIO JUNIOR (En español)

Gerardo en Tráfico: Dios y el Diablo en la Tierra de Disneyworld
Lúcio Emílio de Espírito Santo Júnior



El libro de cuentos El Guionista de Dios o el del Diablo ( Walter G. Greulach, 2008, Buenos Aires, Editora Arte y Parte), inicialmente me pareció la obra de un periodista con ingenio literario que extraía informaciones (los famosos fait-divers) de los periódicos y los transformaba en literatura de estilo elegante, que brillaba como piedra pulida, aunque en forma fragmentada y sin unidad. El autor parece soñar con la totalidad y la causalidad, para en el fondo saberlas imposibles y entonces quedarse recogiendo short cuts en periódicos para luego ficcionalizárlos, transformándolos en sus cuentos.

Sin embargo, cual no fue mi sorpresa: el texto responde justamente a ese tipo de pensamiento: “Ya distendido volví a analizar mi situación. Me preocupaba el tema que los cuentos fueran malas historias copiadas de los periódicos. Este actuar plagiario inconsciente podría ser mi perdición” (GREULACH, 2008, p. 114). Más adelante, refleja de forma sorprendente una crítica sobre su propio estilo: “Que maníaco de mierda – me insulto –por qué tengo siempre que colocar un final imposible?” (GREULACH, 2008, p. 115).

8/3/10

EL HEROE DEL BICENTENARIO Versión Final


W.G.G

¡Pucha si lo había intentado! Zamarreó cielo e infierno,se alió con cuanto santo se le cruzace, todo valía en pos del objetivo. Golpeó mil puertas, imploró, se humilló, regalando el decoro y la autoestima. En los pasados años no había sido más que una sanguijuela abyecta, baboseando las veredas de la capital.

Se divorció, insultó a sus hijos, se peleó con sus padres. Todos intentaron una estéril cruzada para que cambiara esa existencia ruin, para que abortase la obsesión absurda que lo ligaba con las dos pasiones de su vida. Su obstinación lo iba encajonando en un túnel sin salida y la pared final se acercaba peligrosamente. A no ser que sucediese algo fuera de lo común, se estrellaría indefectiblemente.

—Un suceso extraordinario —meditó Rodolfo Merino sobandose la calva, desparramado sobre el vetusto catre en la piesucha de la casa de su tía Guillermina, la única que aun no lo había corrido a las patadas.

19/2/10

EL PATO Y SUS PATITOS

Walter G. Greulach

La brisa cordobesa silbaba desganada, desgreñando los carcomidos flecos de la bandera argentina. Hubiese resultado un sacrilegio descolgarla. Ubicada en la esquina del techo de nuestro edificio (por el lado de calle Laprida), era el símbolo vivo de la hazaña mundialista consumada unos cuantos meses atrás.

Caminábamos la primavera del ochenta y seis, quizás diciembre. Lo afirmo porque al entornar los parpados, recuerdo el aroma de las gardenias enredadas en la ventana del living. Estaríamos disfrutando unos buenos mates, José María sería el cebador, seguro que en el centro de la reunión un kilo de pan criollo (con un frasco de dulce casero) esperaría el ataque inminente.

La reunión era impostergable, importantísima. Sin embargo, solo cuatro de los cinco ocupantes del departamento de barrio Observatorio nos hallábamos presentes. Sobre el ausente hablaríamos la tardecita aquella.

8/2/10

LAS TERMAS DEL DIABLO




Walter G. Greulach

El viento enmarañaba soledades bajo aquella aciaga luna en que invocó su nombre. Caminando lentamente por la playa, el hombre sostenía un barato maletín de cuerina marrón. Cada tanto reventaba transparentes huevos azules que el mar le arrojaba, ayudandolo así a mitigar su aburrimiento.
Una fresca llovizna, aumentaba la calidad de indeseable del lugar señalado. Faltaban dos horas y pico para la reunión, y el cálculo sobre el tiempo que demoraría en recorrer la distancia que separaba el camino de tierra (donde estacionó el jeep prestado) y el punto de encuentro, resultó grotescamente erróneo.
A mediados de agosto, la Patagonia argentina no es el mejor lugar para visitar, a no ser que se posea una poderosa razón. No debe existir nada tan agreste como esa zona de acantilados a unos 50 kilómetros al sur de la Península de Valdés.

27/1/10

Invasión en Christmas





Walter G. Greulach

Se inició como un sueño efímero, una salpicadura de imágenes de fuego y polvo, en las cuales veía al primer y segundo avión incrustándose en las torres gemelas. Luego la gente arrojándose desde las ventanas humeantes. Me desperté en el suelo, con el aliento entrecortado, hecho un nudo entre las sabanas y la almohada.

Me sucedió la madrugada del cuatro de septiembre del dos mil uno, siete días antes del infausto atentado. Entonces no lo comenté con nadie, aunque creo habérselo dicho como al pasar a mi hijo mayor. En definitiva, se trataba de una pesadilla más de las que me venían sucediendo regularmente en los meses anteriores.

Por aquel año, trabajaba de bartender en el quincho de la piscina del Hotel Las Palmas, en Miami Beach. Allí mismo, días después, observé estupefacto el desarrollo de los acontecimientos.

25/1/10

UN CUENTO ROSA O EL DEDO AL BORDE DEL GATILLO

W.G.G

—Todos tus relatos están teñidos por un denso pesimismo. Sorpresivos e interesantes al principio, pero tan trágicos que con el tiempo deprimen —me dijo días atrás Daniela, mi mujer, sincerándose. Terminaba de leerle “La maldita escala Glasgow”.

—La vida es así querida, no me gusta falsear la realidad —contesté fingiéndome ofendido.

—Si la vida fuese solo así, ya me hubiese suicidado hace rato, —agregó riendo la paranaense.— Quien te lea pensará que vivo con un sicópata

—Estás exagerando un poquito. ¿No te parece?

—¿Exagerando? A ver decime: en tu primer libro, sobre catorce historias, ¿cuántos protagonistas sobreviven?


Nunca me había detenido a analizarlo de ese modo, pero la fría cifra me golpeaba dándole la razón a mi esposa. Solo dos terminaban vivos el cuento.

17/1/10

¿Te enteraste quien murió?


 W.G.G
Paladeó un trago de mate cocido con deleite mientras raspaba dos rodajas de pan cereal que se habían tostado de más. Juancito y Sandra acababan de marcharse a la escuela y su mujer, que tenía cita con el médico, se llevó el auto y no volvería hasta pasado el mediodía.

Inclinó su obesa humanidad sobre la mesada de granito negro y agarró la jalea de membrillo. Después de depositar todo sobre la mesa, chequeo si el diario Los Andes ya estaba en el frente. Salió al jardín en boxers y una remerita desteñida que no le pasaba del ombligo. Sintió más frío de lo imaginado, pero siguió adelante, no podría desayunar tranquilo si no encontraba la noticia.

Con angustia y arrebato, al medio de la vereda, buscó la sección de policiales, no llegó a ella, en la segunda página halló lo esperado:

13/1/10

NUEVE SEGUNDOS (versión reeditada)

W.G.G


Matías Zuccarelli paró el reloj despertador con tanta violencia que rompió las cuatro patitas que lo soportaban. Un fino hilo blanco de luz dividía la cómoda y corría por las baldosas escapándose bajo la cama. Desde el afiche pegado sobre el televisor, un sonriente Mao lo miraba con tristeza.
Al incorporarse, una burbuja acida con restos del matambre comido en la cena, ascendió por su garganta. Corrió hacia la heladera y tomó de la jarra, con desesperación, un largo trago de agua. Suspiró emocionado y comenzó el recorrido una vez más.

10/1/10

Realmente no estoy tan solo (¿Quién te dijo que te fuiste?)


Walter G. Greulach

A la negra y la María, las primeras "nenas" que conocí...

El sulky rojo y blanco corría rápidamente por la entalcada calle que lindaba con el hospital. La velocidad le era imprimida por dos chocos sarnosos, encariñados con las ruedas del carruaje.

Reticente a calentarnos, el sol, en complicidad con las nubes, disfrutaba el ignorarnos.
La negra manejaba al Tito, el matungo que Valerio Ríos nos solía prestar. A su lado, la María, Sigrid y yo nos amuchabamos, obligados más por el frío que por el reducido espacio.