26/5/10

PELOTAZOS QUE ARAÑAN EL TRAVESAÑO DEL ALMA (Segunda Parte Del 94 al 06)

W.G.G


Cuando EE.UU organizó el campeonato del 94, hacía rato que trabajaba como cocinero en Le Petit Café. Me contrataron por la única razón de ser argentino, rótulo que me daba extensos conocimientos sobre las vacas, cuando yo no sabía prepararme ni un bife. En este restaurant se sirven los cortes de carne sobre piedras volcánicas (aorita), calentadas previamente en un horno a 500 grados. Vivíamos en un pequeño departamento, en el pueblo de San Nicolás, al sur de Aruba. Una de las refinerías más grandes del mundo le da vida a este desolado paraje.

No fue la avivada de Maradona en el tiro libre, con el rápido pase a Caniggia, lo que acerca a mi mente el partido con Nigeria, sino el almuerzo en una sinagoga.

29/4/10

VIGILIA (El estigma de Bosque Viejo)


—Como ignorarlo, como pretender que no está. Como seguir adelante, arrastrando una historia tan elocuente, tan lapidaria —pensaba compungida Amanda Iturrieta, buscando en el horizonte alguna imagen positiva que aligerara la honda depresión que la embargaba.

En los pasados veinticinco años, mal que mal lo había logrado. Por momentos llegó a convencerse que nunca le sucedería.

—Cincuenta y cincuenta —le dijo la primera vez el especialista, como si de jugar a la ruleta rusa se tratase.

Un carpintero, de una especie rarísima, a la cual Amanda había visto solo dos veces, asomó la cabeza por el hueco del olmo seco. Tiempo atrás, hubiese corrido a buscar la cámara fotográfica. Ahora, toda imagen la anclaba, invariablemente, al mismo tema.
¿Acaso esa pintoresca ave la sobreviviría? ¿será que el centenario árbol muerto seguiría de pie tras su partida?, se preguntaba la mujer en un ritual tortuoso.

—No soluciona nada con preocuparse —la alentó el doctor.— Mire sino a su hermana, casi sesenta años y fuerte como un roble.

Difícil no inquietarse, cuando su querido viejo, dos tíos y uno de sus tres hermanos, no llegaron a coronar las cinco décadas y media.

16/4/10

PELOTAZOS QUE ARAÑAN EL TRAVESAÑO DEL ALMA (Primera parte. Del 74 al 90))



Cada vez que se acerca una cita mundialista, se vive (entre los que amamos la redonda) un estado emocional difícil de describir. Optimismo, tensión, ansias, se van mesclando, produciéndonos un nerviosismo casi histérico. Ya sé que es solo un juego (o un negocio, por lo menos para los que lo usufructúan llenándose los bolsillos de billetes), pero no nos pidan explicaciones lógicas para este complejo sentimiento.
A mi particularmente, el evento me trae imágenes de copas pasadas. De otros lugares en donde me encontraba, de diversas situaciones en las que estaba inmerso. Podría escribir una novela sobre esto, seguro resultaría un bodrio intragable. Prometo que les tiro algunas líneas y después me borro…

11/4/10

POR LOS CONFINES DEL ANGEL GRIS (o el mes en que el ángel de Flores visitó Paraná)

dibujo de Carlos Nine
W.G.G

El año fue el 88, o quizás principios del 89, no exijan a mi memoria datos precisos. Teníamos en FM.Capital un programa producido por Cachito Correa. Todos los domingos, comenzando al mediodía, recorríamos por el rio Paraná las costas aledañas a la capital entrerriana. Íbamos a diferentes balnearios entrevistando a la gente que buscaba refrescarse del húmedo y extenuante verano litoraleño.

Aquel día estábamos en Los Arenales (o tal vez en la Toma Vieja), el travieso tiempo baraja las playas. Como a las tres, comimos un asado bastante particular, una ristra de chorizo con abundante queso provolone. Eso sí, todo acompañado por un delicioso Termidor tetrabrik (¿o era un Toro viejo?). Después de un momento de reposo, hicimos las notas acostumbradas y subimos a un barquito alquilado. Creo recordar en aquel grupo, además de Cacho, a Marcelo Manucci y a Marcelo Macarone, mi operador preferido.

Allí lo crucé por primera vez. Era el capitán y única persona presente en la barcaza. Nos dio la bienvenida con una sonrisa franca, plantada en un rostro gentil. Flaco, altísimo, con una barba gris y enrulada. Llevaba un gorrito azul (tipo piluso), limpio pero cuarteado por los años. Su voz, áspera y profunda, pronunciaba con modulación de orador consumado cada silaba. Los ojos de un celeste perturbador, parecían contener al mismo universo.

30/3/10

El espejo que trizó al hechizo



Walter Greulach

Insólito, espeluznante, cripy, como dirían por estos lares. Anoche disfruté (y sufrí) un notable sueño, o por lo menos es la primera vez que al despertarme lo recuerdo. Sucedió entre las siete y las ocho de la mañana, que es el momento en que mi mujer lleva a mi hija al colegio. Como comenzar a desmenuzar la madeja, como contarles la fascinante experiencia en la cual podía a voluntad entrar y salir del abrazo de Morfeo.

11/3/10

REVIEW DE EL GUIONISTA, POR EL BRASILEÑO LUCIO JUNIOR (En español)

Gerardo en Tráfico: Dios y el Diablo en la Tierra de Disneyworld
Lúcio Emílio de Espírito Santo Júnior



El libro de cuentos El Guionista de Dios o el del Diablo ( Walter G. Greulach, 2008, Buenos Aires, Editora Arte y Parte), inicialmente me pareció la obra de un periodista con ingenio literario que extraía informaciones (los famosos fait-divers) de los periódicos y los transformaba en literatura de estilo elegante, que brillaba como piedra pulida, aunque en forma fragmentada y sin unidad. El autor parece soñar con la totalidad y la causalidad, para en el fondo saberlas imposibles y entonces quedarse recogiendo short cuts en periódicos para luego ficcionalizárlos, transformándolos en sus cuentos.

Sin embargo, cual no fue mi sorpresa: el texto responde justamente a ese tipo de pensamiento: “Ya distendido volví a analizar mi situación. Me preocupaba el tema que los cuentos fueran malas historias copiadas de los periódicos. Este actuar plagiario inconsciente podría ser mi perdición” (GREULACH, 2008, p. 114). Más adelante, refleja de forma sorprendente una crítica sobre su propio estilo: “Que maníaco de mierda – me insulto –por qué tengo siempre que colocar un final imposible?” (GREULACH, 2008, p. 115).

8/3/10

EL HEROE DEL BICENTENARIO Versión Final


W.G.G

¡Pucha si lo había intentado! Zamarreó cielo e infierno,se alió con cuanto santo se le cruzace, todo valía en pos del objetivo. Golpeó mil puertas, imploró, se humilló, regalando el decoro y la autoestima. En los pasados años no había sido más que una sanguijuela abyecta, baboseando las veredas de la capital.

Se divorció, insultó a sus hijos, se peleó con sus padres. Todos intentaron una estéril cruzada para que cambiara esa existencia ruin, para que abortase la obsesión absurda que lo ligaba con las dos pasiones de su vida. Su obstinación lo iba encajonando en un túnel sin salida y la pared final se acercaba peligrosamente. A no ser que sucediese algo fuera de lo común, se estrellaría indefectiblemente.

—Un suceso extraordinario —meditó Rodolfo Merino sobandose la calva, desparramado sobre el vetusto catre en la piesucha de la casa de su tía Guillermina, la única que aun no lo había corrido a las patadas.

19/2/10

EL PATO Y SUS PATITOS

Walter G. Greulach

La brisa cordobesa silbaba desganada, desgreñando los carcomidos flecos de la bandera argentina. Hubiese resultado un sacrilegio descolgarla. Ubicada en la esquina del techo de nuestro edificio (por el lado de calle Laprida), era el símbolo vivo de la hazaña mundialista consumada unos cuantos meses atrás.

Caminábamos la primavera del ochenta y seis, quizás diciembre. Lo afirmo porque al entornar los parpados, recuerdo el aroma de las gardenias enredadas en la ventana del living. Estaríamos disfrutando unos buenos mates, José María sería el cebador, seguro que en el centro de la reunión un kilo de pan criollo (con un frasco de dulce casero) esperaría el ataque inminente.

La reunión era impostergable, importantísima. Sin embargo, solo cuatro de los cinco ocupantes del departamento de barrio Observatorio nos hallábamos presentes. Sobre el ausente hablaríamos la tardecita aquella.

8/2/10

LAS TERMAS DEL DIABLO




Walter G. Greulach

El viento enmarañaba soledades bajo aquella aciaga luna en que invocó su nombre. Caminando lentamente por la playa, el hombre sostenía un barato maletín de cuerina marrón. Cada tanto reventaba transparentes huevos azules que el mar le arrojaba, ayudandolo así a mitigar su aburrimiento.
Una fresca llovizna, aumentaba la calidad de indeseable del lugar señalado. Faltaban dos horas y pico para la reunión, y el cálculo sobre el tiempo que demoraría en recorrer la distancia que separaba el camino de tierra (donde estacionó el jeep prestado) y el punto de encuentro, resultó grotescamente erróneo.
A mediados de agosto, la Patagonia argentina no es el mejor lugar para visitar, a no ser que se posea una poderosa razón. No debe existir nada tan agreste como esa zona de acantilados a unos 50 kilómetros al sur de la Península de Valdés.

27/1/10

Invasión en Christmas





Walter G. Greulach

Se inició como un sueño efímero, una salpicadura de imágenes de fuego y polvo, en las cuales veía al primer y segundo avión incrustándose en las torres gemelas. Luego la gente arrojándose desde las ventanas humeantes. Me desperté en el suelo, con el aliento entrecortado, hecho un nudo entre las sabanas y la almohada.

Me sucedió la madrugada del cuatro de septiembre del dos mil uno, siete días antes del infausto atentado. Entonces no lo comenté con nadie, aunque creo habérselo dicho como al pasar a mi hijo mayor. En definitiva, se trataba de una pesadilla más de las que me venían sucediendo regularmente en los meses anteriores.

Por aquel año, trabajaba de bartender en el quincho de la piscina del Hotel Las Palmas, en Miami Beach. Allí mismo, días después, observé estupefacto el desarrollo de los acontecimientos.

25/1/10

UN CUENTO ROSA O EL DEDO AL BORDE DEL GATILLO

W.G.G

—Todos tus relatos están teñidos por un denso pesimismo. Sorpresivos e interesantes al principio, pero tan trágicos que con el tiempo deprimen —me dijo días atrás Daniela, mi mujer, sincerándose. Terminaba de leerle “La maldita escala Glasgow”.

—La vida es así querida, no me gusta falsear la realidad —contesté fingiéndome ofendido.

—Si la vida fuese solo así, ya me hubiese suicidado hace rato, —agregó riendo la paranaense.— Quien te lea pensará que vivo con un sicópata

—Estás exagerando un poquito. ¿No te parece?

—¿Exagerando? A ver decime: en tu primer libro, sobre catorce historias, ¿cuántos protagonistas sobreviven?


Nunca me había detenido a analizarlo de ese modo, pero la fría cifra me golpeaba dándole la razón a mi esposa. Solo dos terminaban vivos el cuento.

17/1/10

¿Te enteraste quien murió?


 W.G.G
Paladeó un trago de mate cocido con deleite mientras raspaba dos rodajas de pan cereal que se habían tostado de más. Juancito y Sandra acababan de marcharse a la escuela y su mujer, que tenía cita con el médico, se llevó el auto y no volvería hasta pasado el mediodía.

Inclinó su obesa humanidad sobre la mesada de granito negro y agarró la jalea de membrillo. Después de depositar todo sobre la mesa, chequeo si el diario Los Andes ya estaba en el frente. Salió al jardín en boxers y una remerita desteñida que no le pasaba del ombligo. Sintió más frío de lo imaginado, pero siguió adelante, no podría desayunar tranquilo si no encontraba la noticia.

Con angustia y arrebato, al medio de la vereda, buscó la sección de policiales, no llegó a ella, en la segunda página halló lo esperado:

13/1/10

NUEVE SEGUNDOS (versión reeditada)

W.G.G


Matías Zuccarelli paró el reloj despertador con tanta violencia que rompió las cuatro patitas que lo soportaban. Un fino hilo blanco de luz dividía la cómoda y corría por las baldosas escapándose bajo la cama. Desde el afiche pegado sobre el televisor, un sonriente Mao lo miraba con tristeza.
Al incorporarse, una burbuja acida con restos del matambre comido en la cena, ascendió por su garganta. Corrió hacia la heladera y tomó de la jarra, con desesperación, un largo trago de agua. Suspiró emocionado y comenzó el recorrido una vez más.

10/1/10

Realmente no estoy tan solo (¿Quién te dijo que te fuiste?)


Walter G. Greulach

A la negra y la María, las primeras "nenas" que conocí...

El sulky rojo y blanco corría rápidamente por la entalcada calle que lindaba con el hospital. La velocidad le era imprimida por dos chocos sarnosos, encariñados con las ruedas del carruaje.

Reticente a calentarnos, el sol, en complicidad con las nubes, disfrutaba el ignorarnos.
La negra manejaba al Tito, el matungo que Valerio Ríos nos solía prestar. A su lado, la María, Sigrid y yo nos amuchabamos, obligados más por el frío que por el reducido espacio.

26/12/09

LA MALDITA ESCALA GLASGOW



W.G.Greulach
 
—Hoy se cumplen veinticinco años desde aquello, hermanito y aun te seguimos extrañando —dijo Silvia y con su mano derecha le retiró un mechón rubio que pendía entre sus cejas.

Fue un domingo frío, húmedo y nublado, recordó Federico. Había asistido, junto a Pepe, Tito y pachorra López, a una carrera de turismo nacional en Balcarce. Era de tardecita cuando volvían, ese momento en que el sol te da en los ojos y no hay forma de esquivarlo. Todavía no podía explicarse de donde salió el caballo aquel. Pegó un volantazo y lo esquivó por centímetros, pero la Ford F-100 derrapó y fue a estrellarse contra un centenario roble tras un zanjón de riego. No llevaba el cinturón puesto y atravesó el parabrisas, aterrizando como diez metros más adelante en un campo arado, con tal mala suerte que su cabeza impactó contra la única piedra en toda la hectárea.
Entró en un coma profundo, del que salió, milagrosamente, dos meses y medio después. Esto hubiese resultado una bendición para cualquiera, si no fuera por un pequeño inconveniente…Federico era el único ser humano conciente de este acontecimiento.

2/12/09

EL ARCHIVERO DE LA HUMANIDAD


                                                                         Leo Noboa


Walter G. Greulach

Los años de mi vida se han ido marchitando en una insoportable vigilia. No hay nada nuevo, todo se torna monótono, reiterativo. Si al principio disfruté veintiséis abriles (o como se llamasen los meses en aquel tiempo) de una existencia normal, con padres, hermanos y amigos que me apreciaban. Creo fui feliz, ya ni me acuerdo.
Mi derrotero por la tierra estuvo impregnado de más momentos malos que buenos, en una eterna espera del final del quinto milenio, de la llave que me permitiese aliviar tanto tormento. El peso de las horas me aplasta, inmisericorde, no encuentro consuelo en actividad alguna. Traspiro vejez, abatimiento e impotencia.
Anhelo el día en que me entreguen la preciada recompensa, espero sea lo que imagino.
Maldigo el puto momento en que acepté el sencillo trabajito. Nada menos que llevar un inventario de la huella humana sobre este planeta…

25/11/09

EN PLENA LUCIDEZ




Walter G. Greulach

Tebi levantó la cabeza, dirigiendo sus ojos celestes hacia el ventanal que cubría la fachada oeste del aula magna del F.I.U, luego los posó sobre el campus desbordado por una exuberante y joven primavera. Una bandada de gorriones y un solitario cuervo, sumergidos a medias en la fuente, inflaban sus plumas y aleteaban tirando agua para todos lados.

Esteban Rodríguez, sin dejar de mirar al exterior, dijo en voz baja y muy ligero de cuerpo: —Tres millones, doscientos trece mil, quinientos setenta y tres. Para ser más exactos, punto siete, cuatro, dos, uno.
El examinador agarró el libro que estaba sobre su escritorio, chequeó la respuesta, miró al joven con incredulidad y volvió a revisar la solución del problema. Era una complicada ecuación matemática que a cualquier estudiante destacado de cursos superiores, le tomaría de veinte minutos a media hora resolver. Aquel insulso muchacho de segundo año, le enrostró el resultado final con una precisión escalofriante y en solo cuarenta segundos.

31/10/09

COMPETIR EN LO QUE SEA...A COMO DIESE LUGAR

W.G.G

La esperanza de que unas nubes amigas entorpecieran la labor asesina del sol en esa siesta, pronto se desvaneció. El polideportivo municipal de General Alvear se asemejaba a un espejo hirviendo. Pequeños hilos de vapor, producto de un chaparrón tempranero, se elevaban por todas partes, dándole un toque dantesco al complejo público, inaugurado poco tiempo atrás.
La pileta estaba atestada de niños, era una jornada perfecta para disfrutar de los dos estanques de agua y la moderna (para aquel entonces) plataforma de cemento. Los pocos atrevidos que se encontraban en la cancha de básquet o en el campo, donde se hallaba la improvisada pista de atletismo, lo hacían obligados. Con ese insoportable calor, se disputaban algunos clasificatorios para los provinciales.

30/10/09

INMACULADA DEFENSA


Walter Greulach


Si hubo algo que identificó al negro Carmona durante su extensa trayectoria como entrenador, fue su pasión casi enfermiza por las tácticas defensivas.Profesor de educación física de varios colegios secundarios, entre ellos el mío, lo conocí a mediados de los setenta. Su color de piel acentuado por el sol, parecía más que negro, azul oscuro. De ademanes ampulosos, sonrisa amplia y labia generosa. Poseía la virtud de hacer creíble lo inverosímil, lógico lo ridículo.Relataba a quien quisiera (o no quisiera) oírlo, la historia de su bisabuelo africano, Zulú creo. Un gran guerrero que con solo un puñado de subordinados, derrotó a cientos de colonizadores europeos mucho mejor pertrechados.