Gerardo en Tráfico: Dios y el Diablo en la Tierra de Disneyworld
Lúcio Emílio de Espírito Santo Júnior
El libro de cuentos El Guionista de Dios o el del Diablo ( Walter G. Greulach, 2008, Buenos Aires, Editora Arte y Parte), inicialmente me pareció la obra de un periodista con ingenio literario que extraía informaciones (los famosos fait-divers) de los periódicos y los transformaba en literatura de estilo elegante, que brillaba como piedra pulida, aunque en forma fragmentada y sin unidad. El autor parece soñar con la totalidad y la causalidad, para en el fondo saberlas imposibles y entonces quedarse recogiendo short cuts en periódicos para luego ficcionalizárlos, transformándolos en sus cuentos.
Sin embargo, cual no fue mi sorpresa: el texto responde justamente a ese tipo de pensamiento: “Ya distendido volví a analizar mi situación. Me preocupaba el tema que los cuentos fueran malas historias copiadas de los periódicos. Este actuar plagiario inconsciente podría ser mi perdición” (GREULACH, 2008, p. 114). Más adelante, refleja de forma sorprendente una crítica sobre su propio estilo: “Que maníaco de mierda – me insulto –por qué tengo siempre que colocar un final imposible?” (GREULACH, 2008, p. 115).
11/3/10
8/3/10
EL HEROE DEL BICENTENARIO Versión Final
W.G.G
¡Pucha si lo había intentado! Zamarreó cielo e infierno,se alió con cuanto santo se le cruzace, todo valía en pos del objetivo. Golpeó mil puertas, imploró, se humilló, regalando el decoro y la autoestima. En los pasados años no había sido más que una sanguijuela abyecta, baboseando las veredas de la capital.
Se divorció, insultó a sus hijos, se peleó con sus padres. Todos intentaron una estéril cruzada para que cambiara esa existencia ruin, para que abortase la obsesión absurda que lo ligaba con las dos pasiones de su vida. Su obstinación lo iba encajonando en un túnel sin salida y la pared final se acercaba peligrosamente. A no ser que sucediese algo fuera de lo común, se estrellaría indefectiblemente.
—Un suceso extraordinario —meditó Rodolfo Merino sobandose la calva, desparramado sobre el vetusto catre en la piesucha de la casa de su tía Guillermina, la única que aun no lo había corrido a las patadas.
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
19/2/10
EL PATO Y SUS PATITOS
Walter G. Greulach
La brisa cordobesa silbaba desganada, desgreñando los carcomidos flecos de la bandera argentina. Hubiese resultado un sacrilegio descolgarla. Ubicada en la esquina del techo de nuestro edificio (por el lado de calle Laprida), era el símbolo vivo de la hazaña mundialista consumada unos cuantos meses atrás.
Caminábamos la primavera del ochenta y seis, quizás diciembre. Lo afirmo porque al entornar los parpados, recuerdo el aroma de las gardenias enredadas en la ventana del living. Estaríamos disfrutando unos buenos mates, José María sería el cebador, seguro que en el centro de la reunión un kilo de pan criollo (con un frasco de dulce casero) esperaría el ataque inminente.
La reunión era impostergable, importantísima. Sin embargo, solo cuatro de los cinco ocupantes del departamento de barrio Observatorio nos hallábamos presentes. Sobre el ausente hablaríamos la tardecita aquella.
La brisa cordobesa silbaba desganada, desgreñando los carcomidos flecos de la bandera argentina. Hubiese resultado un sacrilegio descolgarla. Ubicada en la esquina del techo de nuestro edificio (por el lado de calle Laprida), era el símbolo vivo de la hazaña mundialista consumada unos cuantos meses atrás.
Caminábamos la primavera del ochenta y seis, quizás diciembre. Lo afirmo porque al entornar los parpados, recuerdo el aroma de las gardenias enredadas en la ventana del living. Estaríamos disfrutando unos buenos mates, José María sería el cebador, seguro que en el centro de la reunión un kilo de pan criollo (con un frasco de dulce casero) esperaría el ataque inminente.
La reunión era impostergable, importantísima. Sin embargo, solo cuatro de los cinco ocupantes del departamento de barrio Observatorio nos hallábamos presentes. Sobre el ausente hablaríamos la tardecita aquella.
8/2/10
LAS TERMAS DEL DIABLO

El viento enmarañaba soledades bajo aquella aciaga luna en que invocó su nombre. Caminando lentamente por la playa, el hombre sostenía un barato maletín de cuerina marrón. Cada tanto reventaba transparentes huevos azules que el mar le arrojaba, ayudandolo así a mitigar su aburrimiento.
Una fresca llovizna, aumentaba la calidad de indeseable del lugar señalado. Faltaban dos horas y pico para la reunión, y el cálculo sobre el tiempo que demoraría en recorrer la distancia que separaba el camino de tierra (donde estacionó el jeep prestado) y el punto de encuentro, resultó grotescamente erróneo.
A mediados de agosto, la Patagonia argentina no es el mejor lugar para visitar, a no ser que se posea una poderosa razón. No debe existir nada tan agreste como esa zona de acantilados a unos 50 kilómetros al sur de la Península de Valdés.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
27/1/10
Invasión en Christmas
Walter G. Greulach
Se inició como un sueño efímero, una salpicadura de imágenes de fuego y polvo, en las cuales veía al primer y segundo avión incrustándose en las torres gemelas. Luego la gente arrojándose desde las ventanas humeantes. Me desperté en el suelo, con el aliento entrecortado, hecho un nudo entre las sabanas y la almohada.
Me sucedió la madrugada del cuatro de septiembre del dos mil uno, siete días antes del infausto atentado. Entonces no lo comenté con nadie, aunque creo habérselo dicho como al pasar a mi hijo mayor. En definitiva, se trataba de una pesadilla más de las que me venían sucediendo regularmente en los meses anteriores.
Por aquel año, trabajaba de bartender en el quincho de la piscina del Hotel Las Palmas, en Miami Beach. Allí mismo, días después, observé estupefacto el desarrollo de los acontecimientos.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
25/1/10
UN CUENTO ROSA O EL DEDO AL BORDE DEL GATILLO
W.G.G
—Todos tus relatos están teñidos por un denso pesimismo. Sorpresivos e interesantes al principio, pero tan trágicos que con el tiempo deprimen —me dijo días atrás Daniela, mi mujer, sincerándose. Terminaba de leerle “La maldita escala Glasgow”.
—La vida es así querida, no me gusta falsear la realidad —contesté fingiéndome ofendido.
—Si la vida fuese solo así, ya me hubiese suicidado hace rato, —agregó riendo la paranaense.— Quien te lea pensará que vivo con un sicópata
—Estás exagerando un poquito. ¿No te parece?
—¿Exagerando? A ver decime: en tu primer libro, sobre catorce historias, ¿cuántos protagonistas sobreviven?
Nunca me había detenido a analizarlo de ese modo, pero la fría cifra me golpeaba dándole la razón a mi esposa. Solo dos terminaban vivos el cuento.
—Todos tus relatos están teñidos por un denso pesimismo. Sorpresivos e interesantes al principio, pero tan trágicos que con el tiempo deprimen —me dijo días atrás Daniela, mi mujer, sincerándose. Terminaba de leerle “La maldita escala Glasgow”.
—La vida es así querida, no me gusta falsear la realidad —contesté fingiéndome ofendido.
—Si la vida fuese solo así, ya me hubiese suicidado hace rato, —agregó riendo la paranaense.— Quien te lea pensará que vivo con un sicópata
—Estás exagerando un poquito. ¿No te parece?
—¿Exagerando? A ver decime: en tu primer libro, sobre catorce historias, ¿cuántos protagonistas sobreviven?
Nunca me había detenido a analizarlo de ese modo, pero la fría cifra me golpeaba dándole la razón a mi esposa. Solo dos terminaban vivos el cuento.
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
17/1/10
¿Te enteraste quien murió?
W.G.G
Paladeó un trago de mate cocido con deleite mientras raspaba dos rodajas de pan cereal que se habían tostado de más. Juancito y Sandra acababan de marcharse a la escuela y su mujer, que tenía cita con el médico, se llevó el auto y no volvería hasta pasado el mediodía.
Inclinó su obesa humanidad sobre la mesada de granito negro y agarró la jalea de membrillo. Después de depositar todo sobre la mesa, chequeo si el diario Los Andes ya estaba en el frente. Salió al jardín en boxers y una remerita desteñida que no le pasaba del ombligo. Sintió más frío de lo imaginado, pero siguió adelante, no podría desayunar tranquilo si no encontraba la noticia.
Con angustia y arrebato, al medio de la vereda, buscó la sección de policiales, no llegó a ella, en la segunda página halló lo esperado:
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
14/1/10
13/1/10
NUEVE SEGUNDOS (versión reeditada)
W.G.G
Matías Zuccarelli paró el reloj despertador con tanta violencia que rompió las cuatro patitas que lo soportaban. Un fino hilo blanco de luz dividía la cómoda y corría por las baldosas escapándose bajo la cama. Desde el afiche pegado sobre el televisor, un sonriente Mao lo miraba con tristeza.
Al incorporarse, una burbuja acida con restos del matambre comido en la cena, ascendió por su garganta. Corrió hacia la heladera y tomó de la jarra, con desesperación, un largo trago de agua. Suspiró emocionado y comenzó el recorrido una vez más.
Matías Zuccarelli paró el reloj despertador con tanta violencia que rompió las cuatro patitas que lo soportaban. Un fino hilo blanco de luz dividía la cómoda y corría por las baldosas escapándose bajo la cama. Desde el afiche pegado sobre el televisor, un sonriente Mao lo miraba con tristeza.
Al incorporarse, una burbuja acida con restos del matambre comido en la cena, ascendió por su garganta. Corrió hacia la heladera y tomó de la jarra, con desesperación, un largo trago de agua. Suspiró emocionado y comenzó el recorrido una vez más.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
10/1/10
Realmente no estoy tan solo (¿Quién te dijo que te fuiste?)

Walter G. Greulach
A la negra y la María, las primeras "nenas" que conocí...
El sulky rojo y blanco corría rápidamente por la entalcada calle que lindaba con el hospital. La velocidad le era imprimida por dos chocos sarnosos, encariñados con las ruedas del carruaje.
Reticente a calentarnos, el sol, en complicidad con las nubes, disfrutaba el ignorarnos.
La negra manejaba al Tito, el matungo que Valerio Ríos nos solía prestar. A su lado, la María, Sigrid y yo nos amuchabamos, obligados más por el frío que por el reducido espacio.
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HISTORIAS DE PUEBLO CHICO
26/12/09
LA MALDITA ESCALA GLASGOW
W.G.Greulach
—Hoy se cumplen veinticinco años desde aquello, hermanito y aun te seguimos extrañando —dijo Silvia y con su mano derecha le retiró un mechón rubio que pendía entre sus cejas.
Fue un domingo frío, húmedo y nublado, recordó Federico. Había asistido, junto a Pepe, Tito y pachorra López, a una carrera de turismo nacional en Balcarce. Era de tardecita cuando volvían, ese momento en que el sol te da en los ojos y no hay forma de esquivarlo. Todavía no podía explicarse de donde salió el caballo aquel. Pegó un volantazo y lo esquivó por centímetros, pero la Ford F-100 derrapó y fue a estrellarse contra un centenario roble tras un zanjón de riego. No llevaba el cinturón puesto y atravesó el parabrisas, aterrizando como diez metros más adelante en un campo arado, con tal mala suerte que su cabeza impactó contra la única piedra en toda la hectárea.
Entró en un coma profundo, del que salió, milagrosamente, dos meses y medio después. Esto hubiese resultado una bendición para cualquiera, si no fuera por un pequeño inconveniente…Federico era el único ser humano conciente de este acontecimiento.
—Hoy se cumplen veinticinco años desde aquello, hermanito y aun te seguimos extrañando —dijo Silvia y con su mano derecha le retiró un mechón rubio que pendía entre sus cejas.
Fue un domingo frío, húmedo y nublado, recordó Federico. Había asistido, junto a Pepe, Tito y pachorra López, a una carrera de turismo nacional en Balcarce. Era de tardecita cuando volvían, ese momento en que el sol te da en los ojos y no hay forma de esquivarlo. Todavía no podía explicarse de donde salió el caballo aquel. Pegó un volantazo y lo esquivó por centímetros, pero la Ford F-100 derrapó y fue a estrellarse contra un centenario roble tras un zanjón de riego. No llevaba el cinturón puesto y atravesó el parabrisas, aterrizando como diez metros más adelante en un campo arado, con tal mala suerte que su cabeza impactó contra la única piedra en toda la hectárea.
Entró en un coma profundo, del que salió, milagrosamente, dos meses y medio después. Esto hubiese resultado una bendición para cualquiera, si no fuera por un pequeño inconveniente…Federico era el único ser humano conciente de este acontecimiento.
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2/12/09
EL ARCHIVERO DE LA HUMANIDAD
Leo Noboa
Walter G. Greulach
Los años de mi vida se han ido marchitando en una insoportable vigilia. No hay nada nuevo, todo se torna monótono, reiterativo. Si al principio disfruté veintiséis abriles (o como se llamasen los meses en aquel tiempo) de una existencia normal, con padres, hermanos y amigos que me apreciaban. Creo fui feliz, ya ni me acuerdo.
Mi derrotero por la tierra estuvo impregnado de más momentos malos que buenos, en una eterna espera del final del quinto milenio, de la llave que me permitiese aliviar tanto tormento. El peso de las horas me aplasta, inmisericorde, no encuentro consuelo en actividad alguna. Traspiro vejez, abatimiento e impotencia.
Anhelo el día en que me entreguen la preciada recompensa, espero sea lo que imagino.
Maldigo el puto momento en que acepté el sencillo trabajito. Nada menos que llevar un inventario de la huella humana sobre este planeta…
Los años de mi vida se han ido marchitando en una insoportable vigilia. No hay nada nuevo, todo se torna monótono, reiterativo. Si al principio disfruté veintiséis abriles (o como se llamasen los meses en aquel tiempo) de una existencia normal, con padres, hermanos y amigos que me apreciaban. Creo fui feliz, ya ni me acuerdo.
Mi derrotero por la tierra estuvo impregnado de más momentos malos que buenos, en una eterna espera del final del quinto milenio, de la llave que me permitiese aliviar tanto tormento. El peso de las horas me aplasta, inmisericorde, no encuentro consuelo en actividad alguna. Traspiro vejez, abatimiento e impotencia.
Anhelo el día en que me entreguen la preciada recompensa, espero sea lo que imagino.
Maldigo el puto momento en que acepté el sencillo trabajito. Nada menos que llevar un inventario de la huella humana sobre este planeta…
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25/11/09
EN PLENA LUCIDEZ

Walter G. Greulach
Tebi levantó la cabeza, dirigiendo sus ojos celestes hacia el ventanal que cubría la fachada oeste del aula magna del F.I.U, luego los posó sobre el campus desbordado por una exuberante y joven primavera. Una bandada de gorriones y un solitario cuervo, sumergidos a medias en la fuente, inflaban sus plumas y aleteaban tirando agua para todos lados.
Esteban Rodríguez, sin dejar de mirar al exterior, dijo en voz baja y muy ligero de cuerpo: —Tres millones, doscientos trece mil, quinientos setenta y tres. Para ser más exactos, punto siete, cuatro, dos, uno.
El examinador agarró el libro que estaba sobre su escritorio, chequeó la respuesta, miró al joven con incredulidad y volvió a revisar la solución del problema. Era una complicada ecuación matemática que a cualquier estudiante destacado de cursos superiores, le tomaría de veinte minutos a media hora resolver. Aquel insulso muchacho de segundo año, le enrostró el resultado final con una precisión escalofriante y en solo cuarenta segundos.
Tebi levantó la cabeza, dirigiendo sus ojos celestes hacia el ventanal que cubría la fachada oeste del aula magna del F.I.U, luego los posó sobre el campus desbordado por una exuberante y joven primavera. Una bandada de gorriones y un solitario cuervo, sumergidos a medias en la fuente, inflaban sus plumas y aleteaban tirando agua para todos lados.
Esteban Rodríguez, sin dejar de mirar al exterior, dijo en voz baja y muy ligero de cuerpo: —Tres millones, doscientos trece mil, quinientos setenta y tres. Para ser más exactos, punto siete, cuatro, dos, uno.
El examinador agarró el libro que estaba sobre su escritorio, chequeó la respuesta, miró al joven con incredulidad y volvió a revisar la solución del problema. Era una complicada ecuación matemática que a cualquier estudiante destacado de cursos superiores, le tomaría de veinte minutos a media hora resolver. Aquel insulso muchacho de segundo año, le enrostró el resultado final con una precisión escalofriante y en solo cuarenta segundos.
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31/10/09
COMPETIR EN LO QUE SEA...A COMO DIESE LUGAR
W.G.G
La esperanza de que unas nubes amigas entorpecieran la labor asesina del sol en esa siesta, pronto se desvaneció. El polideportivo municipal de General Alvear se asemejaba a un espejo hirviendo. Pequeños hilos de vapor, producto de un chaparrón tempranero, se elevaban por todas partes, dándole un toque dantesco al complejo público, inaugurado poco tiempo atrás.
La pileta estaba atestada de niños, era una jornada perfecta para disfrutar de los dos estanques de agua y la moderna (para aquel entonces) plataforma de cemento. Los pocos atrevidos que se encontraban en la cancha de básquet o en el campo, donde se hallaba la improvisada pista de atletismo, lo hacían obligados. Con ese insoportable calor, se disputaban algunos clasificatorios para los provinciales.
La esperanza de que unas nubes amigas entorpecieran la labor asesina del sol en esa siesta, pronto se desvaneció. El polideportivo municipal de General Alvear se asemejaba a un espejo hirviendo. Pequeños hilos de vapor, producto de un chaparrón tempranero, se elevaban por todas partes, dándole un toque dantesco al complejo público, inaugurado poco tiempo atrás.
La pileta estaba atestada de niños, era una jornada perfecta para disfrutar de los dos estanques de agua y la moderna (para aquel entonces) plataforma de cemento. Los pocos atrevidos que se encontraban en la cancha de básquet o en el campo, donde se hallaba la improvisada pista de atletismo, lo hacían obligados. Con ese insoportable calor, se disputaban algunos clasificatorios para los provinciales.
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30/10/09
INMACULADA DEFENSA

Walter Greulach
Si hubo algo que identificó al negro Carmona durante su extensa trayectoria como entrenador, fue su pasión casi enfermiza por las tácticas defensivas.Profesor de educación física de varios colegios secundarios, entre ellos el mío, lo conocí a mediados de los setenta. Su color de piel acentuado por el sol, parecía más que negro, azul oscuro. De ademanes ampulosos, sonrisa amplia y labia generosa. Poseía la virtud de hacer creíble lo inverosímil, lógico lo ridículo.Relataba a quien quisiera (o no quisiera) oírlo, la historia de su bisabuelo africano, Zulú creo. Un gran guerrero que con solo un puñado de subordinados, derrotó a cientos de colonizadores europeos mucho mejor pertrechados.
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17/10/09
UNA NOCHE EN JAIME PRATS

Walter Greulach
La noche recién estrenada destilaba aromas de jazmines. El monótono croar de los sapos, agrupados en la hijuela, ralentizaba el discurrir del tiempo. Arriba la cúpula infinita, tapizada con trillones de estrellas, enmarcaba un exuberante teatro colmado de paz y armonía.
Tirados panza arriba, en el centro de las cuatro hectáreas de tierna alfalfa, observaban deslumbrados la vía láctea. Un sinnúmero de luciérnagas iluminaban el campo verde.
La noche recién estrenada destilaba aromas de jazmines. El monótono croar de los sapos, agrupados en la hijuela, ralentizaba el discurrir del tiempo. Arriba la cúpula infinita, tapizada con trillones de estrellas, enmarcaba un exuberante teatro colmado de paz y armonía.
Tirados panza arriba, en el centro de las cuatro hectáreas de tierna alfalfa, observaban deslumbrados la vía láctea. Un sinnúmero de luciérnagas iluminaban el campo verde.
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7/10/09
COINCIDENCIAS, CAUSAS Y AZARES. (O de cómo el personaje de uno de mis cuentos, un día me mandó un e mail)

Walter Greulach
Acababa de publicar mi primer libro a fines del 2008. Una tarde en que discutía con la editorial algunos cambios, que deseaba estuviesen en la nueva edición, escuché el campanazo que me anunciaba el nuevo correo electrónico. Generalmente los leo a todos una vez por día, pero el encabezado de este, me obligó a abrirlo inmediatamente.
“Soy el personaje, escribiste la historia de mi vida” decía el encabezado, palabras más, palabras menos.
Acababa de publicar mi primer libro a fines del 2008. Una tarde en que discutía con la editorial algunos cambios, que deseaba estuviesen en la nueva edición, escuché el campanazo que me anunciaba el nuevo correo electrónico. Generalmente los leo a todos una vez por día, pero el encabezado de este, me obligó a abrirlo inmediatamente.
“Soy el personaje, escribiste la historia de mi vida” decía el encabezado, palabras más, palabras menos.
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EL GUIONISTA DE DIOS...¿O DEL DIABLO?
ESTARAS EN NOSOTROS POR SIEMPRE QUERIDA MERCEDES

Se nos fue la querida negra Sosa. La negra de América, la voz de los pobres y olvidados, de los humillados y torturados.
Se fue una voz de la conciencia popular. No me apeno tanto, porque perdimos solo un cuerpo y ganamos un alma inmortal en el panteón de los comprometidos por la causa humana.
Salud Negrita, te extrañaremos unos días, despues estarás con nosotros para siempre...
Walter Greulach
Se fue una voz de la conciencia popular. No me apeno tanto, porque perdimos solo un cuerpo y ganamos un alma inmortal en el panteón de los comprometidos por la causa humana.
Salud Negrita, te extrañaremos unos días, despues estarás con nosotros para siempre...
Walter Greulach
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5/10/09
Gerardo en tránsito: Dios o el Diablo en la tierra de Disneyworld
Segunda-feira, 5 de Outubro de 2009
Gerardo em Trânsito: Deus e o Diabo na Terra da Disneyworld
Por: Lúcio Emílio do Espírito Santo Júnior
O livro de contos El Guionista de Díos o del Diablo (o Roteirista de Deus e do Diabo, Walter G. Greulach, 2008, Buenos Aires, Editora Arte e Parte, ainda inédito no Brasil), inicialmente pareceu-me a obra de um jornalista com talento literário que pinçava fatos variados (os famosos fait-divers) nos jornais e transformava-os em literatura de estilo elegante, que brilha como pedra lapidada, mas fragmentários e sem unidade. Ele parecia sonhar com a totalidade e a causalidade, mas no fundo sabê-las impossíveis, daí ficar recolhendo short cuts em jornais para ficcionalizá-las, transformando-as em seus contos.
No entanto, qual não foi minha surpresa: o texto responde justamente a esse tipo de pensamento as respeito dele: “Já relaxado voltei a analisar minha situação. Preocupava-me o tema [dos contos] fossem más histórias copiadas dos jornais. Este agir plagiando inconscientemente poderia ser minha perdição” (GREULACH, 2008, p. 114). Mais adiante, ele reflete de forma surpreendente sobre seu próprio estilo: “Que maníaco de merda – me insulto –por que tenho sempre de colocar um final impossível?” (GREULACH, 2008, p. 115).
Gerardo em Trânsito: Deus e o Diabo na Terra da Disneyworld
Por: Lúcio Emílio do Espírito Santo Júnior
O livro de contos El Guionista de Díos o del Diablo (o Roteirista de Deus e do Diabo, Walter G. Greulach, 2008, Buenos Aires, Editora Arte e Parte, ainda inédito no Brasil), inicialmente pareceu-me a obra de um jornalista com talento literário que pinçava fatos variados (os famosos fait-divers) nos jornais e transformava-os em literatura de estilo elegante, que brilha como pedra lapidada, mas fragmentários e sem unidade. Ele parecia sonhar com a totalidade e a causalidade, mas no fundo sabê-las impossíveis, daí ficar recolhendo short cuts em jornais para ficcionalizá-las, transformando-as em seus contos.
No entanto, qual não foi minha surpresa: o texto responde justamente a esse tipo de pensamento as respeito dele: “Já relaxado voltei a analisar minha situação. Preocupava-me o tema [dos contos] fossem más histórias copiadas dos jornais. Este agir plagiando inconscientemente poderia ser minha perdição” (GREULACH, 2008, p. 114). Mais adiante, ele reflete de forma surpreendente sobre seu próprio estilo: “Que maníaco de merda – me insulto –por que tenho sempre de colocar um final impossível?” (GREULACH, 2008, p. 115).
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11/9/09
EL HOMBRE INDECISO
W.G.G
La historia que les relato acaeció en el sur de Mendoza. Muy cerca de mi pueblito, en la segunda mitad del siglo pasado. Pese a haberlo conocido —de vista solamente— y saber algunas anécdotas de su vida, solo hoy puedo animarme a describirlo en un relato. Un amigo de nuestro personaje —al que el huracán Wilma empujó a mi casa de Miami una tarde buscando refugio— me apuntó algunos datos que movieron mi pluma. Mejor dicho las teclas del ordenador.
Sergio Gerchunoff era un hombre indeciso. Quizás el mayor sobre la faz de la tierra.
Todo comenzó en su Real del Padre natal, una nublada tarde de matinée. Al despuntar de su adolescencia, vio la película que marcaría sus días. Universos Paralelos, trataba sobre la toma de decisiones. Un ser humano al optar por una u otra vía, va creando a lo largo de su vida un sin número de mundos simultáneos. En el largometraje David Swain examinaba meticulosamente cada uno de sus pasos, tratando ante todo de no dividir su realidad. Consciente que un mal cálculo le traería consecuencias desastrosas.
Al principio, Sergio se propuso analizar solamente las encrucijadas que fueran determinantes para su futuro. Que es lo que haría cualquier ser normal. El problema radicaba en que empleaba semanas para resolver algo que a otro le llevaba un minuto.
La historia que les relato acaeció en el sur de Mendoza. Muy cerca de mi pueblito, en la segunda mitad del siglo pasado. Pese a haberlo conocido —de vista solamente— y saber algunas anécdotas de su vida, solo hoy puedo animarme a describirlo en un relato. Un amigo de nuestro personaje —al que el huracán Wilma empujó a mi casa de Miami una tarde buscando refugio— me apuntó algunos datos que movieron mi pluma. Mejor dicho las teclas del ordenador.
Sergio Gerchunoff era un hombre indeciso. Quizás el mayor sobre la faz de la tierra.
Todo comenzó en su Real del Padre natal, una nublada tarde de matinée. Al despuntar de su adolescencia, vio la película que marcaría sus días. Universos Paralelos, trataba sobre la toma de decisiones. Un ser humano al optar por una u otra vía, va creando a lo largo de su vida un sin número de mundos simultáneos. En el largometraje David Swain examinaba meticulosamente cada uno de sus pasos, tratando ante todo de no dividir su realidad. Consciente que un mal cálculo le traería consecuencias desastrosas.
Al principio, Sergio se propuso analizar solamente las encrucijadas que fueran determinantes para su futuro. Que es lo que haría cualquier ser normal. El problema radicaba en que empleaba semanas para resolver algo que a otro le llevaba un minuto.
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