25/2/12

DE ESAS AGUAS QUE REGABAN NUESTROS SUEÑOS

     

      Walter G. Greulach

          Una cortina de algodones cenizos amenguaban al criminal sol de enero. Al resguardo de dos sauces reposábamos tras traqueteada mañana. Un puñado de teros y un trio de urracas chapoteaban en ruidosa jarana más allá de la curva. Era domingo y la ruta a Jaime estaba vacía, ocasionalmente salía un auto del club Banco y se desplazaba sobre el puente, entre el vapor de la siesta, como en cámara lenta. Todo se mueve en cámara lenta a esa hora del día. A nuestras espaldas, en la estación de servicio de los Barroso, un flaco aindiado luchaba lo indecible para acomodar un bidón con veinte litros de Kerosene sobre la parilla de su bicicleta. Desde lejos nos llegaba el ronronear de alguna que otra avioneta tratando de sortear la despareja pista del Aero Club.
Mi recuerdo no atesora rostros, solo sensaciones como: plena naturaleza, paz, libertad, compañerismo. Podrían haber estado Tito, Néstor, Carlitos, quizás Iván o Gustavo, los nombres no vienen al caso. Nos veo sentados sobre el pedregullo musgoso, con el agua a la altura del pecho, las caras coloradas, la risa a flor de labios. Seguro era domingo, aventuremos un año, 1979. Estaríamos hablando sobre bueyes perdidos y vacas voladoras.Gastábamos minutos esperando que nos bajara el asadito y el par de porrones que nos acabábamos de embuchar.

10/2/12

Diario de un oncólogo arrepentido




      29 de febrero
No es que desperté esta mañana y tomé así por así la decisión de abandonar todo y marcharme al campo. Lo de ayer a la tarde  fue el detonante, pero el proceso había sido lento, desgastante, mortificador. Por tres décadas y pico había venido violando el juramento hipocrático, al principio con poca noción de la barbaridad que estaba (estábamos) cometiendo. En los años recientes, a medida que se iban esclareciendo las cosas (siempre estuvieron claras pero no queríamos aceptarlo), fui adquiriendo conciencia y me descubrí tal cual era, un minúsculo engranaje del mas monumental y maquiavélico de los negocios. 
          Tuvo que sucederme esto para decir basta, para sacar la cabeza del inmundo hoyo e intentar (por poco tiempo lo se) respirar aire puro. Aunque no voy a engañar a nadie con hacerme el ético a esta altura de mi vida. Seria distinto si lo hubiese hecho mucho tiempo atrás, cuando recién empezaba a practicar y no tenia adonde caerme muerto. Ahora con medio millón en la cuenta bancaria, mis hijos criados y lejos, sumado a millares de pacientes enterrados con mi ayuda, seria la madre de los cínicos si me hago el quijote verde.

9/2/12

ESCABECHITO (Epílogo)




            Seis años pasaron desde la muerte del diputado nacional y del último encuentro con el mercader de delicatesen, Tito se había retirado a disfrutar de su jubilación a orillas del Traful, en la villa del mismo nombre. Compró una casa quinta, pequeña pero confortable, realizando así el sueño de toda una vida.
Aquel mediodía de marzo leía la edición dominical de La mañana, sentado en una reposera a la vera del lago. A cada tanto sacaba con un tenedor un pedazo de escabeche de un frasco apoyado sobre una mesita replegable de campin. También había un plato con cuadraditos de queso gouda, pan casero y una botella con un pinot noir de novela. Sus ojos pasaban de las páginas del periódico a una boyita roja y blanca que, como a cuatro metros de distancia, se bamboleaba sosteniendo un anzuelo. La caña de pescar apoyada en una horqueta, de fondo Paco de Lucia y su guitarra, mezclado con el trinar de los pájaros y el arrullo de las olas. Un cielo azul en alevosía, el verde de las coníferas, la transparencia del lago, el blanco de las montañas nevadas… que más podía aspirar nuestro querido Tito, toda la paz del mundo rendida a sus plantas.
            Tras un par de minutos la tanza comenzó a temblar y la boya se sumergió un instante volviendo luego a emerger. Nada de esto acaparó la atención del hincha granate, un reportaje a doble página en el centro del diario lo había congelado.

6/2/12

ESCABECHITO (segunda parte)

         ConejoEscabeche1


                                                  -DOS-
Seis meses transcurrieron y pese a que Tito dio vuelta Buenos Aires buscando al bendito flaco, no encontró ni la más remota pista. Por alguna poderosa razón se retiró del mercado, se lo había engullido la tierra. Pensó en realizar otra tanda de análisis más exhaustivos en el laboratorio, pero prefirió no levantar la perdiz y evitar que otros se pusieran al tanto de lo sucedido. 
Walter, otro de los pocos adictos al escabechito, le reclamaba novedades a cada momento, diciéndole que extrañaba horrores las conservas. Nunca le confió lo del laboratorio y cuando sacaba el tema, trataba de eludirlo de cualquier manera. Quería tapiar el recuerdo para siempre en su memoria y con el desgaste de las horas lo estaba logrando. Entonces llegó la fatídica carpeta asignándole a su departamento la nueva investigación.

3/2/12

ESCABECHITO


W.G.G

                       -UNO-

—¡Puta si hay tipos raros en este mundo! Gente a la que el término exótica no le cabe, simple y llanamente una parva de locos de mierda —reflexionaba  el detective Gabriel Alberto Giannoni mientras releía asombrado el informe del laboratorio sobre el contenido del frasco con forma de conejo y sentía un sabor entre acido y amargo escalando por su laringe.
            Había degustado por años esas exquisitas conservas y ahora que se enteraba de su verdadero contenido, le asqueaba el hecho de haberse convertido en una especie de adicto a ellas. Allí estaba como encandilado en la entrada del laboratorio, mas no le interesaba tanto desentrañar el misterio de la procedencia de los frascos, como el elaborar un plan de acción para que familiares y amigos no se enteraran en que consistía el apetitoso manjar con que los agasajaba en cuanta ocasión podía.

8/1/12

EL OTRO RAFA - EPÍLOGO



W.G.G

        La  mano temblorosa asió mi muñeca. Una voz idéntica a la mía lo excusó de toda presentación. Allí estaba el otro Rafa, arrodillado junto a mi cama, corporizado en un acto más satánico que divino. El horror y no la presión de sus dedos me hizo  soltar el frasco, el cual al tocar el piso pareció estallar en un estruendo interminable. Tardé años en enfrentarme a sus ojos, en comprender que no soñaba y que estaba allí realmente, en asimilar sus ruegos para que no tomara las pastillas. Dos brazos musculosos me abarcaron apretándome con fuerza, los segundos caían lentos indescifrables. No pude, ni quise moverme un centímetro, ni siquiera cuando apoyó sus labios en mi frente. Sus ojos…  mis ojos, me miraban con abismal dulzura.
            Comencé a sentirme mejor, era el encuentro con alguien con el cual habíamos compartido todos los segundos de vida. Al fin lo asumí parte de mi sangre y una hermosa sensación, mezcla de esperanza y amor baño mis terminales nerviosas. No tengo idea cuantos minutos desgastamos llorando así abrazados.

11/12/11

EL OTRO RAFA (segunda parte)

                                             
                                -CUATRO-


¿Quién maneja a quien? Anoche intenté pasármela en vela y más allá de tomarme dos cafeteras llenitas, no lo logré. A las dos de la mañana estaba roncando a moco tendido. Él, como ha pasado siempre, se despierta a la misma hora en que yo abrazo a Orfeo. Hoy abrí los ojos a las tres de la tarde, el muy cretino se quedó despierto hasta las tres de la madrugada. Cada vez duermo más, estirando sus empalagosos días.
¿Quién maneja a quien? me pregunto.  Para el otro Rafa es fácil, posee un trabajo en el cual no debe rendirle cuentas a nadie, es el jefe. Hace y deshace a su antojo y todos le tienen aprecio. Por su culpa perdí mis últimos trabajos, me fue imposible cumplir los horarios. Moriría por tener sueños normales, distintos o no tenerlos directamente, llevar dos vidas es estresante, sobre todo cuando la verdadera es una mierda.
He probado toda clase de somníferos, don Oscar me recetó, como unos cinco años atrás, unos, según él, infalibles interruptores de sueño, testeados con éxito en pacientes aquejados por pesadillas insoportables. Conmigo fracasaron, solo me jodieron el estómago y ni siquiera dormía mejor. En una etapa de mi vida me obsesioné (como ahora) con la idea de ser Stuart, de incorporarme totalmente a su bella cotidianeidad. Pensé que si encontraba la forma de dormir mucho tiempo, en algún momento se produciría un clic y le diría adiós a este gastadero de días sin motivo. Una sobredosis de pastillas casi me mandan al otro mundo, no a de él, sino al celestial, o infernal, quien sabe. Creo estar más próximo a este último. Estuve nueve días inconsciente, nueve días plenos en Darwin. ¡Que feliz fui!  Descubrí que en ese estado él vivía normalmente, sin depender de mí para nada y que solo tenía que encontrar la forma de prolongar el coma indefinidamente.

18/11/11

EL OTRO RAFA (Primera parte)



W.G.G


          -UNO-

          
       —Desde siempre —musitó estirándose en el sofá y encendiendo un cigarrillo, de esos inodoros de plástico.
            —¿Cómo que desde siempre —preguntó el flaco pelón que estaba sentado a su derecha mientras rotulaba una carpeta con el nombre de Rafael Zarate.
            —Bueno, por lo menos desde que me acuerde. Con decirle que en mi cumpleaños número trece mi mejor amigo era un siquiatra y en vez de confites, lo que había para comer eran pastillas antidepresivas. Desde que portaba pañales hubo un cura locos en el centro de mi vida. El ultimo, Don Oscar, fue mi confidente por más de siete años, siento como si hubiese perdido a un padre —agregó el hombre con pesar.
            —Lo sé y espero serle tan útil como lo fue Don Oscar. Días antes de fallecer tuvo la cordialidad de acercarse a mi consultorio con su historia clínica y me pidió por favor que me hiciera cargo de su caso. No se podía marchar tranquilo sin saber que su salud estaba en las manos adecuadas, él también le tenía mucho aprecio —dijo el profesional apoyando la mano en el hombro del recostado.
            —No tiene ni idea lo que ese señor significaba para mí, no sé que voy a hacer ahora sin sus consejos —sollozo el hombre.
            —No se preocupe, confíe en mí, Don Oscar fue, además de mi mentor, un gran amigo y me encargaré de su caso por el tiempo que haga falta y sin cobrarle ni un centavo —dijo Felipe Giqueaux observando a Rafael como si de su ídolo de rock se tratase.

13/11/11

EL CURA Y EL JARDINERO (Llevado a la pantalla grande por mi amigo el director dominicano Manuel Paulino)

W.G.Greulach

https://www.youtube.com/watch?v=HLtScAss2Jc (Enlace al trailer de la pelicula)

            Se siente embotado, la cabeza le da vueltas, es como si le estuvieran pegando con las palmas de las manos en los oídos. Comienza a moverse lentamente pero sus pies están quietos. Se eleva entre ruidosos nubarrones cargados de estática, la electricidad entra por todos sus poros. Comienza a percibir una luz, una intensa energía que brota incontenible de su interior buscando una salida. Su cuerpo se hincha pleno de luminosidad. Su tórax, sus brazos, sus piernas comienzan a agrietarse y de repente explota cayendo en mil pedazos. Cada trocito tiene un ojo a través de los cuales ve como la tierra se acerca a mil por hora Presiente el golpe final, el dolor, miles de retinas nublándose, gritos, miedo, impotencia…  
             Entonces, como en tantas pesadillas, está sentado en el borde de la cama matrimonial, con ese ridículo traje de pato Donal que le ponían para ir al jardín de infantes. Ve por centésima vez como su madre humilla a su padre, lo trata de inútil, bruto, impotente. Le dice que gracias a Dios tiene a Julián el vecino que puede satisfacerla cuando ella quiere y que bien merecido se tiene los cuernos por maricón.    
             Como en cámara lenta y con un fondo que va cambiando lentamente del celeste al rojo observa a su querido progenitor.  El ser humano a quien más ama en esta tierra, saca el arma del cajón de la mesita de luz -en cada sueño el revolver es distinto- y le dispara a esa perra dos, tres, cuatro veces hasta quitarle el último halito de vida. El hombre fija luego su mirada en el niño y ese inolvidable rostro es una expresión de súplica, de ruego, un lacónico pedido de perdón. Una lágrima, que siempre le parece gigante, no le alcanza a llegar a la comisura de los labios cuando el tiro -con el que se vuela su padre la tapa de los sesos- retumba en un eco infinito.

30/10/11

VII - La víbora y el salto de las rosas

 
  W.G.G        
      Atardecía cuando bajé del trole. El aire estaba pegajoso y no había dejado de lloviznar en todo el día. Aparte del French Quarter, este es el lugar que más me atrae de New Orleans, quizás porque preserva ese ambiente colonial de siglos atrás, con sus magníficas residencias de madera enmarcadas en solidas columnas y frescos porches vestidos de reposeras y plantas colgantes. Hay templos por todas partes, jesuitas, dominicos, judíos, etc., etc., es como si doscientos años atrás se hubiesen peleado sin cuartel por la incorporación de los feligreses de la zona. Aunque lo que realmente me fascina es la línea de tranvías que divide en dos a St. Charles, y luego a Carrolton Ave., posee esos encantadores carros naranjas de principio de los mil ochocientos.
            Me interno al barrio por una de sus angostas calles, un aire mítico envuelve el paisaje, aquí el reloj se resiste a avanzar, como si mil duendes nos sobrevolaran custodiando la historia. Frente a la casa de Carina, un cementerio ocupa toda la cuadra, por su doble puerta de rejas oxidadas se vislumbran tumbas centenarias. Un cartel me informa algo del pasado del Lafayette Cementery.  Fue cerrado por falta de espacio en la segunda parte del siglo diecinueve, aquí hay enterrados un puñado de celebres cadáveres y cientos de muertos normales. Funcionarios públicos, músicos y cantantes de jazz, empleados ferroviarios y algunos tísicos anónimos, entre otros, comparten sus huesos. Si hasta Brad Pitt anduvo aquí en su entrevista con el vampiro.

17/10/11

VI - La verdad revelada (a medias)


W.G.G


          —¡Puta llovizna! —maldigo cubriéndome la cabeza con una caja de cartón desarmada.

            Hace horas que la espero escondido entre dos contenedores de basura. No deseo que ningún chismoso piense raro y llame al 911, o alguno de los empleados le informe a la “Madame”. Aunque hay tantos vagabundos desperdigados por ahí, que podría pasar por uno de ellos perfectamente.

            —Estos días que usted anduvo merodeando por enfrente del bar, ella se quedaba en su oficina y si salía, lo hacía por la puerta de atrás, la de la cocina. Estaciona el Audi en un parqueo a dos cuadras de acá —me confesó Mauricio horas antes, como instándome a la confrontación.

            —¿Por qué me contás esto Mauricio?, Te estás exponiendo a que te depidan del trabajo —le pregunté sin comprender que ganaba.

            —Digamos que soy un romántico perdido, me parece que todos en la vida deben tener otra oportunidad, —contestó sonriendo y sin esperar mi agradecimiento retornó corriendo al hoyo de serpientes.

26/9/11

V De serpientes y madames

W.G.G


Anoche, al contemplarla parada en las alturas del Snake hole, grité con furia su nombre, con una voz ronca y cargada de angustia, sofrenada por una eternidad. Fingió no verme y tras escuchar mi llamado se dio media vuelta perdiendose en el tugurio.
Subí a los tropezones y debo haber contado mal los escalones pues caí de pecho arriba de una mesita, volcando dos cervezas, junto a un plato de chips, sobre la falda de una rubia pechugona que se acordó hasta de mi abuelita religiosa. Aturdido, desde el suelo, la busqué en el interior del cabaret, mas ya no estaba.
No hallé una persona que pudiese contarme algo sobre la elegante señora cuarentona que engalanaba el balcón momentos atrás. El bartender, los guachimán (guardias de seguridad) y los meseros negaban con la cabeza, como por compromiso y después me ignoraban.

18/9/11

IV Aires de blues en New Orleans


W.G.G
Al abandonar la I 10 oeste, ya ha anochecido, bajo por la orilla del Superdomo y me sumerjo en Canal Street rumbo al down town de New Orleans. El escenario me regala una emoción inesperada. No es solo una sensación provocada por el fin de un largo viaje, sino también este delicioso aire europeo que me baña al observar los primeros edificios. Vuelvo a Córdoba, a Santa Fé, a Bs. As. Siento que voy entrando a una ciudad cálida, crepitante (humanamente hablando), bien peculiar.Tan distintas a Miami o a otras poblaciones de Florida (de gran parte de los EE.UU, en donde todo es igual, pasás de un lado a otro y a duras penas podés adivinar donde estás). Construcciones insulsas, estándares, sin estilo, con la excepción del distrito Art Deco de South Beach. Aquí se respira arte, historia por donde mires, basta por ejemplo con detenerse en los trolebuses que recorren Canal y St. Charles street y que datan del siglo XIX, con sus carros originales rojos y verdes que musicalizan el centro con su tintinear.
Doblé por Baronne street y tras registrarme en el Winham Garden, donde habia reservado tres noches, metí el auto en el estacionamiento y salí desesperado a recorrer el down town. Calles estrechas con altos y ornamentados edificios, una iglesia jesuita de casi trecientos años y un banco del siglo XIX por aquí, un par de museos por allá, es como recorrer un lugar conocido, extrañado.


5/9/11

III Recién envejecido para americanos



Walter Greulach

A las siete desayuno un tazón de cereales, un bagel con queso crema y una manzana, no hay muchas mas opciones, es el desayuno continental como lo llaman los del norte. Un cartel promociona la memorable Sheikra a la entrada del comedor. “Ya sos historia, querida“, susurro y se me hace un vacío en el estomago de solo acordarme de la tardecita pasada.

Una linda mañana me recibe al abrir la puerta, dos ardillas corren por un cable de electricidad zambulléndose en un frondoso roble, no puedo saber si pelean o están enfrascadas en acalorado romance, los chirridos que lanzán me indican más lo primero. Agarro Dona Michelle Drive y subo por Downes Blvd. a la I 75 norte. La idea primigenia era empalmar la I 10 y rumbear directamente para New Orleans, pero me seduce la idea de visitar Gainesville y el legendario estadio de los Gators, así que al llegar a la altura de la ciudad universitaria doblo para el este.

19/8/11

II UN MONSTRUO LLAMADO SHEIKRA



W.G.G

El agua me acompañó todo el trayecto entre Naples y Sarasota, en algunos tramos la cortina de lluvia era tan espesa que a duras penas observaba las luces del auto de adelante. Marchábamos casi a paso de hombre, me insumió cuatro horas una distancia que tendría que haber recorrido en apenas hora y media. Ahora me encuentro cruzando los puentes a la vera de St. Petersburg, el cielo luce increíblemente celeste. Al fondo de la bahía se puede apreciar el down town, resisto la tentación de entrar a curiosear y apreto el acelerador.

La proposición del brasilero me calló como anillo al dedo. En un momento hasta pensé en regresarme a Argentina, pero allá tampoco tengo a nadie. Mis padres fallecieron el invierno pasado y mis hermanos tienen demasiados problemas como para sumarles la presencia de un traumado más.

—El gordo García siempre anda buscando trabajadores, es argentino y tiene tres restaurantes en New Orleans y dos en New York. Seguro que algo te consigue, es muy amigo mío —me dijo Octavio, mi sicólogo, días antes de semana santa.



14/8/11

PERFIL TRISTE SOBRE BOURBON STREET (cuento largo)


                                               I  Adiós a Miami

W.G.G (Dibujo de Juan Romero)

Atravieso el primer toll de la I 75, saliendo de Miami, mas o menos a la hora seis de la mañana. No hay casi tráfico y las luces del amanecer colorean de un naranja claro los techos de las casas agrupadas a la vera de la interestatal. Numerosos viviendas se  construyeron durante el boom inmobiliario de la década pasada. Ahora la mitad estan vacías o en proceso de hipoteca. Arriba me cobija un cielo sin nubes, aunque el pronóstico indica sesenta por ciento de chances de lluvia para el mediodia.
El volante comienza a vibrar desviando mi atención del paisaje, observo por el espejo retrovisor el acopladito de U.haul colgado al P.T Cruiser. Parece estar todo bien, quizá solo sea el estado de la ruta, me conforto y disminuyo la velocidad corriéndome al carril mas lento. No tengo prisa, es jueves y recién el lunes al mediodía tengo que presentarme en el restaurante de New Orleans.

Abandono Florida sin dejar huella alguna, como no he dejado impronta tampoco en mis cuarenta y nueve años de inexistencia. Siempre en el lado mas oscuro de las sombras, excelso en el arte de pasar desapercibido, un verdadero campeón del no compromiso. No me queda en Miami, despues de quince años, ni un amigo, ni una mujer, ni siquiera un gato a quien llamar contandole de mi viaje a Louisiana.
No se si siempre fui así, solo se que en las dos décadas pasadas la cosa empeoró. Hay veces, como ahora, que reflexiono sobre mi desamparo emocional y me deprimo y me aíslo aun mas, si eso es posible. Por esto me estoy dando una ultima chance de reordenar mi caos marchándome a un lugar bien lejos, donde nadie me conozca, donde pueda comenzar de cero una vida normal, conocer amigos, encontrar alguien a quien querer. En síntesis sacarme el sello de rarito que me estamparon en la frente.



25/7/11

EL FUTURO EN TITULARES




Walter Gerardo Greulach

—Te toca a vos Chicato —le dije dándole un chirlito en la nuca mientras saboreaba el que había jurado seria mi último parisien.

—Que me dirian si les cuento que, en los primeros años del nuevo milenio, una mujer va a ser presidenta de Argentina, un negro de Estados Unidos. River descendera en el 2011 a la primera B y las torres gemelas de Nueva York serán derribadas en septiembre del 2001 en un atentado terrorista —agregó Jorge Gutierrez y nos miró unos segundos como sorprendido por la poca repercusión que habian tenido sus palabras.

Si mal no recuerdo era junio del 91 y nos hallábamos allí, en un barcito sobre Vélez Sarsfield, casi llegando a Colon, los mismos insufribles de siempre. Nueve estudiantes de Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Letras en La Universidad Nacional de Córdoba. Los jueves, cerca de la medianoche, organizábamos una especie de tertulia literaria, donde leíamos poemas y cuentos de nuestra propia autoria.
Rememoro la noche aquella con toda la subjetividad que le aportan veinte años de distancia Mi fragil memoria ha sincelado los recuerdos que hoy adorno un poco para encauzar este relato. Volvamos a la medianoche en el Blues café.

6/7/11

Un poquitín de sabor. (Quizá el más negro de mis cuentos)

 
Walter G. Greulach
Arístides Fulgencio Villanueva se sacó el barro de las suelas golpeando con fuerza los borceguíes contra el segundo escalón de la entrada, para dejarlos luego sobre una destartalada silla de paja. A su derecha, con un concierto de sofocados ladridos, Picho, Guante y Oso le brindaban una exhibición de saltos y volteretas. Se calzó las alpargatas y mientras se desarremangaba la camisa, los miró con fastidio y les dijo en voz alta: —¡Cómo hinchan las bolas ustedes, eh! Todavía no es tiempo de comer ¡A quedarse quietos pulgosos del diablo!

Traspuso el umbral, cerrando con gancho la puerta provista de una ventanita de tela mosquitera y descolgó del perchero la campera de hilo marrón, mientras miraba con esperanza las negras nubes que se aglutinaban en el horizonte. Abajo el campo se perdía infinito, diluyéndose en las sombras del anochecer.

29/6/11

Muerte en tránsito



W.G.G
Amanecía, un gris enchastrado de naranjas cubría la playa San Miguel del Puerto San Martin. Aquel treinta de Abril, el Mercedes rojo se estacionaba con veinticinco mil kilos de soja al final de una columna como de veinte camiones que aguardaban la autorización para ingresar al puerto. Estaba fresco y había llovido toda la noche. Un grupo de palomas y gorriones picoteaban los restos de granos desperdigados sobre el cemento. Un poco mas allá, tres o cuatros camioneros tomaban mate y cada tanto lanzaban estertóreas carcajadas.

Iván chasqueó la lengua contra los dientes buscando sacarse un resto de medialuna escondido en el agujero de una muela recién sacada. Como a las cinco y media se había detenido a desayunar en una estación de servicio y aprovechó para comprar un paquete de marlboro y pilas para la linterna. Sintonizó LT 8, el panorama informativo estaba por comenzar. Prendió un cigarrillo y tras pegarle la primer pitada con furia, recostó el asiento un poco mientras con la otra mano saludaba a Edson, un brasileño con el cual había compartido largas esperas en los meses pasados. No le hizo mucha fiesta porque quería descansar un poco y el carioca hablaba hasta por los codos. Despues de estirar las piernas, entornó los parpados y suspiró profundamente.

—Diez días mas y no vuelvo a subirme en mi vida a un puto camión —le había dicho unos días atrás a Sofía su mujer, con los ojos nublados por la emoción. La imagen de sus hijitos, Joaquín y Anabella, llorando porque no iba a pasar semana santa con ellos, no lo dejaba ni un instante.— Te juro que será mi ultimo viaje y después me consigo un laburo fijo acá en el pueblo.

5/6/11

Mike, mi linyera favorito

Walter Gerardo Greulach

El celeste contiene al turquesa y lo arrincona contra el gris claro. Cielo, mar y arena arrullados por una húmeda brisa que baja desde el noreste y que alivia apenas el ardor de mi cara. Recostado contra la caseta de franjas blancas y negras verticales, como una manzana mientras me repongo de un sábado infernal, por lo caluroso. En algún lugar alguien fuma un porro y el empalagoso olor de la cannabis opaca al del yodo y la sal. Ha pasado un cuarto de las siete e intento juntar coraje para acometer la ardua tarea que me espera, guardar noventa reposeras con sus colchones y cuarenta sombrillas. Faena que se me hace más pesada aun, teniendo en cuenta que Andy, mi colega barilochense, ha llamado enfermo. Pienso en Mike, que está por llegar y podrá ayudarme por un puñado de verdes, como lo ha hecho en los pasados cinco años. Aunque hoy existe un problema, hoy por primera vez conozco la verdadera identidad de Peter Michael Serbello.