11/6/14

Tras el resquicio



W.G.G
El rayo de luz calentó apenas un punto de su frente, si es que a eso pudiese llamársele así, y unido al coro de vocecillas fue suficiente para despertarla. Todas las mañanas idéntico ritual, los mismos movimientos. Igual expectativa a la de aquel remoto amanecer cuando asombrada vio el haz luminoso penetrando  el resquicio que en una grieta de la pared se revelaba.

La criatura se arrastró con torpes balanceos, apoyándose en las extremidades superiores, unos cortos chonguitos terminados en aletas. Dando coletazos con el muñón que nacía bajo su cintura logró apoyar su gran ojo contra la rajadura, único vínculo que con la realidad tenía. Esa iluminada hendidura que lo mantenía con vida tras tantos años de encierro y que en el altillo del tercer piso evitaba la oscuridad absoluta. No solo habían tapiado las ventanas sino que también se hallaban cubiertas con gruesas cortinas. Alrededor de la puerta, una goma completaba lo necesario para lograr esta negrura total.

10/6/14

¿Quién eres W.G.G?


Quería compartir con Uds. las palabras que un coterráneo subió a la red. Elogios que agradezco pero de los cuales no soy para nada merecedor. Lo hago solo para resaltar principalmente lo lindo que escribe Armando Antonio Amieva, un fiel lector de mis dislates literarios.

 

 


¿QUIEN ERES, WALTER GERARDO GREULACH? 
Si lo averiguo por Internet, me dice: Walter Greulach es un sanrafaelino nacido en Jaime Prats. Hoy, reside en Miami y colabora con Mediamza.com a través de esta columna a la que él llama El Quijote Verde. Esta es otra de sus entregas dominicales.

Y desde ese mismo momento, ya comienza a llamar la atención este joven escritor: Es que habiendo salido de un pueblito tan chiquito de la Provincia de Mendoza, parece imposible que se haya radicado en EEUU y sobre todo, que esté triunfando en esos lugares tan cerrados a nuestra idiosincrasia.

7/6/14

Pelotazos que arañan el travesaño del alma – Final




Walter Gerardo Greulach

¡Ya lo sé! No hace falta que me lo repitan…

 Que toda la preparación ha sido un espectáculo de despilfarro y corrupción. Que allá hay mucha gente con serias necesidades, que es algo indigno, una falta de respeto todo lo que se ha gastado… lo sé, lo sé. Que a esto ya poco le queda de deporte. Que nuestro gobierno va a aprovechar esos días para acomodar los porotos lo mejor posible. Aumentando impuestos, bajando subvenciones, aprobando decretos, enturbiando procesos judiciales, etc. etc. En síntesis que nos la van a tratar de meter a todas tras la fenomenal pantalla que se llama copa mundial de futbol…

¡Claro que lo sé!

2/6/14

VII Premio Cryptshow Festival de Relato de Terror, Fantasía y Ciencia Ficción (Badalona España).




Un cordial saludo Walter Greulach.

Nos complace comunicarle que su relato La última proeza de Luciano Andrés Parra ha sido uno de los finalistas del VII Premio Cryptshow Festival de Relato de Terror, Fantasía y Ciencia Ficción (Badalona España).
El texto será incluido en al anuario Cryptonomikon VII, que se podrá adquirir en el propio festival y también circulara en formato papel... y digital por el mundo entero.

Reciba nuestra enhorabuena y gracias por participar en nuestro certamen.
Cryptshow Festival

www.cryptshow.com

21/5/14

HIPERSOMNIA

W.G.G
                 
           Al maestro H.P.Lovecraft

           No se quienes son, aunque estoy segura de que existen y me llaman. No podré resistir mucho tiempo. Hay algo maligno en el tono de las voces, algo terrible se esconde tras esos sonidos y sin embargo cada vez me cuesta más ignorarlos.

Me llamo Quiara Sortino, vivo en Pisa, Italia y tengo diecinueve años. Cursaba en la facu el segundo año hasta hace un par de meses en que ya no pude continuar. Más bien no me dejaron, me quieren solo para ellos.

          Como concebir que hubo un tiempo  normal, feliz, en mi existencia, en el que caminaba libre por las calles. Han pasado tres años desde que una adolescente típica, con novio, amigas, un perrito, en fin con un proyecto de vida, comenzara a transformarse en una lunática… ni más ni menos.

19/5/14

EL BUSCADOR DE RECORDS

Walter Gerardo Greulach

Curiosidades,Mundo de comida

 Disfrutaba jugar con el peligro, en una actividad rayana en lo demencial. Era un adicto a esa infusión de adrenalina que recorre nuestras venas en  instantes de tensión al límite. Y cada vez forzaba más el umbral, buscando un desenlace que a todas luces se aproximaba. Quizás por ello estaba en aquel momento acostado dentro de ese extraño supositorio dorado, inmovilizado de pies a cabeza y con cientos de sensores que cubrían su desnudez. Una música de violines y chelos le llegaba a través de los auriculares.

—Para que te serenes —lo alentó Harvey Love, el tipo con más cara de loco que conoció en su vida.

—Calmarme, ja —masculló Luciano.

Tenía tensionado hasta los pelos, y el corazón, bombeando a mil doscientos por hora, lucia como si en cualquier momento se le saldría por entre las costillas. Pero en síntesis eso era lo que buscaba, lo incierto, lo inesperado…

28/4/14

El complot del café Bohemia



 W.G.G

—Hágalo de la forma en que lo crea conveniente, no me interesan los detalles. El profesional es usted, solo me interesa que no sufra, un trabajo limpio y rápido. La mata y la desaparece para siempre, —dice con voz fría y pausada, y con un marcado acento puntano.

Estoy a punto de volcar el agua en el inodoro, pero mi mano queda congelada. Debajo del lavabo y por un hueco mal tapado, se filtra la conversación de la mesa que da a esa parte del baño. Debían haber llegado poco tiempo atrás, pues al pasar por allí no divisé a nadie. Ruego que los aromas de mi forzada deposición no los pongan en alerta. Entorno la tapa, me subo la ropa con sumo cuidado y espero.

22/4/14

El huevo, el diablo y los pollitos

W.G.G            

 

A Gabo, alfarero de ilusiones…



Hoy leí en el Nuevo Herald que mi amigo Francisco Carbonero,  “el manos de ángel”, el mejor ilusionista que jamás haya marcado sus pasos sobre esta tierra, había fallecido en la isla de Cuba. Soy el único que conoce la verdad. Cargo obligación de limpiar su nombre de la atrocidad por la que se lo acusó aquella noche neoyorkina, diez años atrás.

 La vocación por la magia que el Pancho poseía, hallaba su génesis en un amor incondicional por las gallinas. Ni loros, tampoco gatos, ni siquiera perros, sus mascotas preferidas habían sido siempre esos plumíferos cacareadores.

28/3/14

La eterna rutina de Pedro Heriberto Torres


Hombre solitario bajo la lluvia



W.G.G





           Pedro entreabrió la puerta que daba a la calle alrededor de las seis de la alborada, como lo hacía siempre, y asomó la mitad del torso al exterior. Clareaba en Paraná el segundo lunes de noviembre, una tenue luz re-coloreaba las casitas sobre Francisco Soler y Vucetich. El aguachento cielo, sumado a una leve pero fresca brisa, aconsejaba el uso del camperón impermeable para cubrir el saco de la oficina.


Su primera acción tras ingresar fue prender la radio que estaba sobre la heladera. Un escalofrió acompañado por un bufido lo obligó a acercarse a la hornalla encendida donde se calentaba el agua para el mate. Después de tomar un par de amargos que chupó con fruición, provocando ese ruido que tanto le agradaba, se pegó al espejo del baño iniciando el ritual de todas las mañanas. Quince minutos de exhaustiva afeitada, depilada entre las cejas y ataque a los pelos de la nariz y las orejas con la pincita.

15/12/13

Custodio del Tiempo


  

W.G.G.
         Las noticias que brindaba el canal universitario ese mediodía daban pena, causaban escozor. La Docta se desangraba en manos de cientos de salteadores de la más baja ralea, producto de una sociedad enferma, aletargada, en terapia intensiva. La falta de coordinación, de previsión, de simple sentido común y decencia de la corrompida clase política, tanto provincial como nacional, sumada a la complacencia de gran parte de la ciudadanía habían alentado este caos. La década lucia irremediablemente perdida y los dos años de transición se presentaban lentos, tortuosos. Sin embargo nada de esto parecía afectar el humor de Sebastián Diego Paredes, ubicado en la parte baja del subsuelo emocional. Tomaba mate con un cuarto de pan criollo mientras observaba sin ver la pantalla de su sony 14”, de los viejos, a transistores. Le daba igual si de la Sota arreglaba con los uniformados o si se prendía fuego la ciudad, siempre que el incendio no quemara su sucucho en la Avenida Hipódromo del Barrio Jardín cordobés.

29/10/13

De Nitro a Jaime Prats




W.G.G

 

 Jaime Prats, Mza, Argentina. Diciembre del 2005.

            El sauce llorón empapó sus ramas en el torrente de agua y hojas recién liberado. Cuatro gallinas y una gata huyeron del canal sombreado por los álamos. Más allá, a la altura de la toma que desviaba el agua hacia el rancho y sentado sobre un mantelito de plástico a cuadros, Leonardo esperaba ansioso masticando un puñado de mentas. A un costado tenia el catalejo de su tio-abuelo y los dos libros que estaba leyendo; La isla del tesoro y Los Viajes de Clovis Dardentor.

Se incorporó como un rastrillo pisado en sus dientes cuando escuchó el lejano rumor. En su mano derecha sostenía una carabela hecha de palillos, fósforos y corazón de hinojos, que iba a ser puesta a dura prueba en un par de minutos. Quien la observara con detenimiento descubriría en ella una verdadera obra de arte, digna de un excelso miniaturista.


Tres cuzcos sarnosos lo escoltaban y empapados con el éxtasis del niño, proferían una batería de ladridos,  lucía como si las colas movieran los cuerpos de lo felices que estaban. Con esfuerzo bajó las compuertas, cerrando los dos canales que iban, uno a las papas, tomates y pimientos y el otro a la viña y demás frutales. Dejó abierta la hijuela que circulaba por la huerta, desembocando en la pileta donde se almacenaba el agua de la casa. Más tarde volvería a abrirlas, ahora necesitaba todo el caudal para “La Pinta”.

1/10/13

De Cholulos y Otras Yerbas...



       Chorreaba el cielo una llovizna caladora de huesos. En la playa del Hotel Delano, en South Beach, el día más horrible del año se desgastaba en los ojos de un mesero recién ascendido y dos acomoda reposeras que aun resistían atrincherados en la caseta. ¿Fecha?, diciembre del año 1999, hacía año y pico que había arribado a Miami procedente de Aruba, isla del caribe holandés donde (junto a mi esposa Daniela) residimos por casi una década, teniendo allá dos bellos arubianitos.

            El mar de un turquesa turbio se sumaba al frio para desalentar a posibles bañistas. Solo las gaviotas parecían disfrutar los chapuzones. Un tubo principal de las cloacas de aquel sector de Miami se había roto y miles de litros de aguas negras se volcaron al océano, como a unos seiscientos metros del hotel. Esa jornada, como en las tres anteriores, nos iríamos casi en blanco. Solo el mísero salario de cinco veinticinco dólares por hora. En un trabajo como el nuestro, la propina se constituye en el setenta por ciento de los ingresos. El sueldo apenas te alcanza para los descuentos.

7/9/13

Los Fantasmas de Savannah


           
W.G.G


            Durante la niñez y comienzos de mi adolescencia había ido varias veces al lugar de mis ancestros maternos, Savannah, capital del condado de Chatham, ubicada a orillas del océano atlántico sobre la desembocadura del rio que le da nombre. Aunque el viaje más largo y fructífero al sur de Georgia fue el último, realizado por causa del fallecimiento del tio Malcom, el mayor de los hermanos de mama. La acompañamos al funeral junto con mi hermana Doris y desde diciembre del 63 hasta marzo del 64, pasé los mejores meses en década y media de vida. Quizá los únicos recuerdos interesantes de un muchachito extremadamente tímido, con todo un catálogo de traumas y complejos.


A los ojos de un joven melancólico y soñador este poblado del sureste norteamericano estaba dotado de un encanto peculiar. Casas centenarias de madera y amplios balcones, plazas arboladas con el “spanish moss”, musgo español, colgando por donde vieras, oscuras calles silenciosas y todo un catálogo de relatos sobre aparecidos, brujas, reencarnados y demás yerbas sobrenaturales.

Cuando el escoces James Edward Oglethorpe llegó al área de la desembocadura del rio Savannah en 1733 le pareció un lugar ideal para fundar su ciudad. Con la ayuda de un numeroso contingente de colonos irlandeses e ingleses, luego se sumarían franceses y judíos de distintas partes de Europa, construyó el pueblo en base a un diseño de calles perpendiculares solamente, ubicando a cada dos cuadras un espacio verde. Veinticuatro de ellos engalanan el casco original, no he vuelto a ver una urbe con tantas plazas y tan juntas. La ciudad hechizada posee ochenta cementerios y medio centenar de sitios encantados.

En aquellas “vacaciones” y para mitigar el aburrimiento, nos propusimos con Doris recorrer cementerios y casas embrujadas. Estuvo frio, nublado y lloviznoso casi todo el invierno, lo que nos ofrendó un contexto perfecto para nuestras tenebrosas excursiones.

5/9/13

VIII Allí donde cae el Niagara

                                                  Capítulo VIII de http://waltergreulach.blogspot.com/2011/08/perfil-triste-sobre-bourbon-street.html   

La magia de las cataratas del Niágara
W.G.G


El alivio que lo había acompañado desde que subió a la interestatal 10 east dejando atrás New Orleans, se fue transmutando en ansiedad a medida que atravesaba Louisiana, Missisipi y Alabama. Ahora a las puertas de Montgomery se sentía desanimado, melancólico, aplastado como una babosa contra el asiento del P.T. Cruiser. Por vez primera le sobrevoló la idea suicida de volver al Snake Hole y unirse a Carina para siempre. No le cabía duda sobre la literalidad de la frase “unirse para siempre”. Aquella noche de su desvirgue, cuando abrazados en la cama lo inundaba de arrumacos, la madame largó su sentencia.

—El destino volvió a juntarnos mi cielo y ahora es por toda la eternidad. No dejaré que nada ni nadie nos separe. Nadie juega conmigo, nadie me usa ¡Te lo juro, solo la muerte te apartará de mí —amenazó con una vehemencia intimidadora y besó sus dedos en cruz!

           Con la piel de gallina y el corazón trabado decidió en aquel mismo instante marcharse a mil años luz de la querida asesina serial, pero ahora, con el tiempo limando las espaldas, se acrecentaba su imagen bajando la escalera envuelta en transparencias y los te quiero con olor a menta y anís, expulsados por sus labios pulposos, flotaban por doquier. Un par de ojos verdes encandilaban su memoria dejando en la oscuridad todo lo demás. El deseo primaba sobre el miedo y como un cocainómano que lucha para no inclinarse a aspirar otra línea, habiéndose jurado un nunca más, enfiló el auto a la banquina, apagó la radio y el motor respirando con dificultad debido a que una puntada lo acosaba en el medio del pecho. Con manos sudorosas  prendió las balizas y recostó al máximo el asiento. Necesitaba relajarse, pensar con claridad, sopesar los pro y los contra.

22/8/13

El Último Abuelo



 
                 
W.G.G






           Acostado en una hamaca colgada de dos palmeras, acariciado por un aire preñado de iodo y sal, en aquella deliciosa puesta de sol sobre el Pacífico, Robert Mundarian llegó a la conclusión de que, pese a todo, la vida era bella y que la tierra se constituía en un lugar placentero para existir. Su perra Mika descansaba un par de metros frente suyo, acababa de cumplir treinta años y, tan anciana como él, transitaban juntos por el tramo final del camino.


Tres gaviotas planeaban casi inmóviles sobre las cabezas de un grupo de niñas que entre gritos y risas las alimentaban al borde de la playa. Un naranja pálido disfrazaba el paisaje y sumado al ronronear de las olas y a una tenue melodía como de música clásica que le llegaba quien sabe de dónde, adormecían tiempo y espacio invitándolo a la reflexión.


Hawái, la cada vez más pequeña Hawái despedía la tarde. Era el año 2832 y nunca se había atravesado por una paz tan duradera en la historia de la confederación de planetas de la Vía Láctea. Sin embargo jamás como en ese momento la supervivencia misma de la raza humana había estado tan en jaque.

6/8/13

Buena Vista Country Club




W.G.G

           
Como dóciles manos mecidas por la brisa, los helechos palmera se encaprichaban en darle la despedida. Sobre la rama de un roble, dos ardillas corrían alejadas del nido por una aspaventosa madre blue jay. Más allá, encaramada en lo alto de la palta, una comadreja parecía solazarse con el espectáculo. En el deck de madera, entre los pies del hombre, tres gatos jugueteaban sádicamente con una lagartija.


Desvió la vista del cuaderno y centró su atención en una hamaca paraguaya enredada en la cuerda de colgar ropa. No lograba recordar cómo había llegado a su poder. Luego estudió la distancia entre los mangos. Doscientas un veces se propuso colgarla y sin embargo allí seguía sin haber cumplido ni por un segundo su supuesto destino. Pensó en cuantas cosas y personas llegaban a este mundo con un objetivo y se iban así nomás, sin ton ni son.

12/7/13

La Válvula Rota


W.G.G
                                   
                                                   I

Es extraño, no entiendo que me pasa, ni siquiera sé donde estoy. Me siento sucio, pegoteado, cubierto de una hedionda mezcla de sangre y desinfectante. Para colmo no veo nada y me cuesta horrores respirar. Siento un puntazo a la altura del ombligo seguido de un picante ardor. Rebusco en mis recuerdos una imagen final que me ancle. Es la de la pieza del hospital italiano donde poco tiempo atrás yo, el siquiatra Enzo Razotti, me hallaba entubado hasta las orejas después de resucitar de mi quinto infarto y segunda embolia cerebral a los setenta y nueve años.

           Ahora unas garras enormes me aprisionan (¿o son manos?), me levantan con una facilidad desconcertante. Siento voces desconocidas, cargadas de ansiedad, de expectación. Debo ser el centro de atención, pero ¿por qué? y ¿de quiénes?

           —Hace frio, ¡que alguien baje el puto aire o que aunque sea me tapen por favor, no ven que estoy desnudo! —intento decir pero solo emito un palido quejido.

1/7/13

Sin Retorno






Letanías de oportunidades perdidas, imágenes que cual flashes intentan alumbrar una mente ya indefensa.

Sombras lúgubres que se entrecruzan ondulantes, siniestras y de fondo un aullido, como de clavo hiriendo el pizarrón, destrozando mis oídos ya sin tímpanos.

16/6/13

Fue casi mi mejor Sueño

W.G.G






            Lo que ahora reflejan mis pupilas al alzar los párpados esta madrugada es un par de nalgas turgentes y un sexo femenino recientemente depilado. Esto es realmente interesante pues no se trata del de mi mujer. Primero, porque nunca en mi vida podría atraer a un hembrón de semejante nivel y segundo porque pisando los cuarenta estoy más solo que loco malo. Entonces… ¿qué está pasando? No tengo ni una remota puta idea, pero que linda que es Dios mio. ¿Dónde me encuentro? ¿De quién es esta cama grande? Tampoco tengo calzoncillo y cuando enfoco mi atención a mi amigo alborotado, caigo en cuenta que además de estar sin un pelo, este muñeco no es el mío, más quisiera tener uno así yo. ¡Mira vos, no sabía que se podían tatuar!, susurro estudiando curioso el dragón humeante grabado en mis bolas. Debe ser dolorosísimo.


Inhalo aire profundamente y lo retengo en mis pulmones, debo serenarme, analizar esta confusa pero excitante realidad. ¿Qué pasó anoche? ¿Acaso me emborraché y quien sabe cómo acabé junto a esta ninfa? A ver… estuve hasta cerca de la medianoche en el café con el Coco y el Tato, pero recuerdo bien haber vuelto a casa sobrio. Y aunque fuese así, a estas piernas, a este tórax, a estos brazos, no los reconozco. Tengo los músculos bien marcados. ¡Unos abdominales de la puta madre! ¿Dónde está mi pancita gelatinosa, mis canillitas flacas, mi ombligo extraviado? ¿Qué es esto por favor? ¿Quién carajos soy?

7/6/13

Quizá porque se me Antojó Creerle

                                       550 dias

W.G.G
 
Al Moncho Iturbe no era que le desagradara tanto la vida, solo le disgustaba la forma en que la vida lo había tratado siempre. Era poseedor de una soledad rayana en lo absoluto y esa medianoche peor aún, porque su ser más preciado, el único receptáculo de sus palabras y caricias acababa de fallecer.

Han pasado ya veintiocho calendarios por mi pared y todavía retengo con inusitada claridad la historia que el chino Pandiani nos narró una noche de quilmes y maníes en el café Nostalgias, allá en Córdoba, sobre la Obispo Trejo. El chino era un porteño de ley, un fabulador innato, tenía esa cualidad de hacer de la nada un show y en verdad que nos divertía, por lo menos en esos momentos en que teníamos ganas de escucharlo. La anécdota de su supuesto vecino en caballito, fue lo único que tras tanto tiempo me quedó registrado. Quizá porque en algún instante de su verborrágico relato me identifiqué con el Moncho Iturbe y envidié su velada extraordinaria. Quizá simplemente porque entonces se me antojó por vez primera y última creerle al chino Pandiani.

Se acomodó en el rincón predilecto y apoyó el borde superior de la silla en la pared, como lo hacía siempre. Estiró las piernas y bostezó abotargado por la tristeza y el aburrimiento. Se sacó la húmeda campera de lana y la tiró en la esquina de la mesa. Aquel jueves, pasada la medianoche, venia de enterrar a michifus en la plaza del barrio. La tumba la cavó bajo un banco, protegido por el olmo, su viejo amigo, el mismo que lo cobijara en tantas tardes de hastío. Una fina y pegajosa llovizna tapizó su camino al Farolito. Tuvo suerte de que el cielo no se desvencijara hasta segundos después de ingresar al bar.