Las
noticias que brindaba el canal universitario ese mediodía daban pena, causaban
escozor. La Docta se desangraba en manos de cientos de salteadores de la más
baja ralea, producto de una sociedad enferma, aletargada, en terapia intensiva.
La falta de coordinación, de previsión, de simple sentido común y decencia de
la corrompida clase política, tanto provincial como nacional, sumada a la complacencia
de gran parte de la ciudadanía habían alentado este caos. La década lucia
irremediablemente perdida y los dos años de transición se presentaban lentos,
tortuosos. Sin embargo nada de esto parecía afectar el humor de Sebastián Diego
Paredes, ubicado en la parte baja del subsuelo emocional.
Tomaba mate con un cuarto de pan criollo mientras observaba sin ver la pantalla
de su sony 14”, de los viejos, a transistores. Le daba igual si de la Sota
arreglaba con los uniformados o si se prendía fuego la ciudad, siempre que el
incendio no quemara su sucucho en la Avenida Hipódromo del Barrio Jardín cordobés.
15/12/13
29/10/13
De Nitro a Jaime Prats

Jaime Prats, Mza, Argentina. Diciembre del 2005.
El sauce llorón empapó sus ramas en el torrente de agua y hojas recién liberado. Cuatro gallinas y una gata huyeron del canal sombreado por los álamos. Más allá, a la altura de la toma que desviaba el agua hacia el rancho y sentado sobre un mantelito de plástico a cuadros, Leonardo esperaba ansioso masticando un puñado de mentas. A un costado tenia el catalejo de su tio-abuelo y los dos libros que estaba leyendo; La isla del tesoro y Los Viajes de Clovis Dardentor.
Se incorporó
como un rastrillo pisado en sus dientes cuando escuchó el lejano rumor. En su
mano derecha sostenía una carabela hecha de palillos, fósforos y corazón de hinojos,
que iba a ser puesta a dura prueba en un par de minutos. Quien la observara con
detenimiento descubriría en ella una verdadera obra de arte, digna de un
excelso miniaturista.
Tres cuzcos
sarnosos lo escoltaban y empapados con el éxtasis del niño, proferían una
batería de ladridos, lucía como si las
colas movieran los cuerpos de lo felices que estaban. Con esfuerzo bajó las
compuertas, cerrando los dos canales que iban, uno a las papas, tomates y
pimientos y el otro a la viña y demás frutales. Dejó abierta la hijuela que
circulaba por la huerta, desembocando en la pileta donde se almacenaba el agua
de la casa. Más tarde volvería a abrirlas, ahora necesitaba todo el caudal para
“La Pinta”.
1/10/13
De Cholulos y Otras Yerbas...
Chorreaba
el cielo una llovizna caladora de huesos. En la playa del Hotel Delano, en
South Beach, el día más horrible del año se desgastaba en los ojos de un mesero
recién ascendido y dos acomoda reposeras que aun resistían atrincherados en la
caseta. ¿Fecha?, diciembre del año 1999, hacía año y pico que había arribado a
Miami procedente de Aruba, isla del caribe holandés donde (junto a mi esposa
Daniela) residimos por casi una década, teniendo allá dos bellos arubianitos.
El mar
de un turquesa turbio se sumaba al frio para desalentar a posibles bañistas.
Solo las gaviotas parecían disfrutar los chapuzones. Un tubo
principal de las cloacas de aquel sector de Miami se había roto y miles de
litros de aguas negras se volcaron al océano, como a unos seiscientos metros
del hotel. Esa jornada, como en las tres anteriores, nos iríamos casi en
blanco. Solo el mísero salario de cinco veinticinco dólares por hora. En un
trabajo como el nuestro, la propina se constituye en el setenta por ciento de
los ingresos. El sueldo apenas te alcanza para los descuentos.
7/9/13
Los Fantasmas de Savannah
W.G.G
Durante la niñez y comienzos de mi adolescencia había ido
varias veces al lugar de mis ancestros maternos, Savannah, capital del condado
de Chatham, ubicada a orillas del océano atlántico sobre la desembocadura del
rio que le da nombre. Aunque el viaje más largo y fructífero al sur de
Georgia fue el último, realizado por causa del fallecimiento del tio Malcom, el
mayor de los hermanos de mama. La acompañamos al funeral junto con mi hermana
Doris y desde diciembre del 63 hasta marzo del 64, pasé los mejores meses en década
y media de vida. Quizá los únicos recuerdos interesantes de un muchachito
extremadamente tímido, con todo un catálogo de traumas y complejos.
A los ojos de un joven
melancólico y soñador este poblado del sureste norteamericano estaba dotado de
un encanto peculiar. Casas centenarias de madera y amplios balcones, plazas
arboladas con el “spanish moss”, musgo español, colgando por donde vieras, oscuras
calles silenciosas y todo un catálogo de relatos sobre aparecidos, brujas,
reencarnados y demás yerbas sobrenaturales.
Cuando el escoces James
Edward Oglethorpe llegó al área de la desembocadura del rio Savannah en 1733 le
pareció un lugar ideal para fundar su ciudad. Con la ayuda de un numeroso
contingente de colonos irlandeses e ingleses, luego se sumarían franceses y judíos
de distintas partes de Europa, construyó el pueblo en base a un diseño de
calles perpendiculares solamente, ubicando a cada dos cuadras un espacio verde.
Veinticuatro de ellos engalanan el casco original, no he vuelto a ver una urbe
con tantas plazas y tan juntas. La ciudad hechizada posee ochenta cementerios y
medio centenar de sitios encantados.
En aquellas “vacaciones” y
para mitigar el aburrimiento, nos propusimos con Doris recorrer cementerios y
casas embrujadas. Estuvo frio, nublado y lloviznoso casi todo el invierno, lo
que nos ofrendó un contexto perfecto para nuestras tenebrosas excursiones.
5/9/13
VIII Allí donde cae el Niagara
Capítulo
VIII de http://waltergreulach.blogspot.com/2011/08/perfil-triste-sobre-bourbon-street.html

W.G.G
Con la piel de gallina y el corazón trabado decidió en aquel mismo instante marcharse a mil años luz de la querida asesina serial, pero ahora, con el tiempo limando las espaldas, se acrecentaba su imagen bajando la escalera envuelta en transparencias y los te quiero con olor a menta y anís, expulsados por sus labios pulposos, flotaban por doquier. Un par de ojos verdes encandilaban su memoria dejando en la oscuridad todo lo demás. El deseo primaba sobre el miedo y como un cocainómano que lucha para no inclinarse a aspirar otra línea, habiéndose jurado un nunca más, enfiló el auto a la banquina, apagó la radio y el motor respirando con dificultad debido a que una puntada lo acosaba en el medio del pecho. Con manos sudorosas prendió las balizas y recostó al máximo el asiento. Necesitaba relajarse, pensar con claridad, sopesar los pro y los contra.

W.G.G
El alivio que lo había
acompañado desde que subió a la interestatal 10 east dejando atrás New Orleans,
se fue transmutando en ansiedad a medida que atravesaba Louisiana, Missisipi y
Alabama. Ahora a las puertas de Montgomery se sentía desanimado, melancólico,
aplastado como una babosa contra el asiento del P.T. Cruiser. Por vez primera
le sobrevoló la idea suicida de volver al Snake Hole y unirse a Carina para
siempre. No le cabía duda sobre la literalidad de la frase “unirse para siempre”.
Aquella noche de su desvirgue, cuando abrazados en la cama lo inundaba de
arrumacos, la madame largó su sentencia.
—El destino volvió a
juntarnos mi cielo y ahora es por toda la eternidad. No dejaré que nada ni
nadie nos separe. Nadie juega conmigo, nadie me usa ¡Te lo juro, solo la muerte te apartará de mí —amenazó con una
vehemencia intimidadora y besó sus dedos en cruz!
Con la piel de gallina y el corazón trabado decidió en aquel mismo instante marcharse a mil años luz de la querida asesina serial, pero ahora, con el tiempo limando las espaldas, se acrecentaba su imagen bajando la escalera envuelta en transparencias y los te quiero con olor a menta y anís, expulsados por sus labios pulposos, flotaban por doquier. Un par de ojos verdes encandilaban su memoria dejando en la oscuridad todo lo demás. El deseo primaba sobre el miedo y como un cocainómano que lucha para no inclinarse a aspirar otra línea, habiéndose jurado un nunca más, enfiló el auto a la banquina, apagó la radio y el motor respirando con dificultad debido a que una puntada lo acosaba en el medio del pecho. Con manos sudorosas prendió las balizas y recostó al máximo el asiento. Necesitaba relajarse, pensar con claridad, sopesar los pro y los contra.
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Perfil triste sobre Bourbon street
22/8/13
El Último Abuelo

Acostado en una hamaca colgada de dos palmeras, acariciado
por un aire preñado de iodo y sal, en aquella deliciosa puesta de sol sobre el
Pacífico, Robert Mundarian llegó a la conclusión de que, pese a todo, la vida
era bella y que la tierra se constituía en un lugar placentero para existir. Su
perra Mika descansaba un par de metros frente suyo, acababa de cumplir treinta
años y, tan anciana como él, transitaban juntos por el tramo final del camino.
Tres gaviotas planeaban casi inmóviles sobre las cabezas de
un grupo de niñas que entre gritos y risas las alimentaban al borde de la
playa. Un naranja pálido disfrazaba el paisaje y sumado al ronronear de las
olas y a una tenue melodía como de música clásica que le llegaba quien sabe de
dónde, adormecían tiempo y espacio invitándolo a la reflexión.
Hawái, la cada vez más pequeña Hawái despedía la tarde. Era
el año 2832 y nunca se había atravesado por una paz tan duradera en la historia
de la confederación de planetas de la Vía Láctea. Sin embargo jamás como en ese
momento la supervivencia misma de la raza humana había estado tan en jaque.
6/8/13
Buena Vista Country Club
W.G.G
Como dóciles manos mecidas por la brisa, los helechos palmera se encaprichaban en darle la despedida. Sobre la rama de un roble, dos ardillas corrían alejadas del nido por una aspaventosa madre blue jay. Más allá, encaramada en lo alto de la palta, una comadreja parecía solazarse con el espectáculo. En el deck de madera, entre los pies del hombre, tres gatos jugueteaban sádicamente con una lagartija.
Desvió la vista del cuaderno
y centró su atención en una hamaca paraguaya enredada en la cuerda de colgar
ropa. No lograba recordar cómo había llegado a su poder. Luego estudió la
distancia entre los mangos. Doscientas un veces se propuso colgarla y sin embargo
allí seguía sin haber cumplido ni por un segundo su supuesto destino. Pensó en
cuantas cosas y personas llegaban a este mundo con un objetivo y se iban así
nomás, sin ton ni son.
12/7/13
La Válvula Rota

W.G.G
I
Es extraño, no
entiendo que me pasa, ni siquiera sé donde estoy. Me siento sucio, pegoteado,
cubierto de una hedionda mezcla de sangre y desinfectante. Para colmo no veo
nada y me cuesta horrores respirar. Siento un puntazo a la altura del ombligo
seguido de un picante ardor. Rebusco en mis recuerdos una imagen final que me
ancle. Es la de la pieza del hospital italiano donde poco tiempo atrás yo, el
siquiatra Enzo Razotti, me hallaba entubado hasta las orejas después de
resucitar de mi quinto infarto y segunda embolia cerebral a los setenta y nueve
años.
Ahora unas garras enormes me
aprisionan (¿o son manos?), me levantan con una facilidad desconcertante.
Siento voces desconocidas, cargadas de ansiedad, de expectación. Debo ser el
centro de atención, pero ¿por qué? y ¿de quiénes?
—Hace frio, ¡que alguien baje el
puto aire o que aunque sea me tapen por favor, no ven que estoy desnudo!
—intento decir pero solo emito un palido quejido.
1/7/13
16/6/13
Fue casi mi mejor Sueño
W.G.G

Lo que ahora reflejan mis pupilas al alzar los párpados esta madrugada es un par de nalgas turgentes y un sexo femenino recientemente depilado. Esto es realmente interesante pues no se trata del de mi mujer. Primero, porque nunca en mi vida podría atraer a un hembrón de semejante nivel y segundo porque pisando los cuarenta estoy más solo que loco malo. Entonces… ¿qué está pasando? No tengo ni una remota puta idea, pero que linda que es Dios mio. ¿Dónde me encuentro? ¿De quién es esta cama grande? Tampoco tengo calzoncillo y cuando enfoco mi atención a mi amigo alborotado, caigo en cuenta que además de estar sin un pelo, este muñeco no es el mío, más quisiera tener uno así yo. ¡Mira vos, no sabía que se podían tatuar!, susurro estudiando curioso el dragón humeante grabado en mis bolas. Debe ser dolorosísimo.

Lo que ahora reflejan mis pupilas al alzar los párpados esta madrugada es un par de nalgas turgentes y un sexo femenino recientemente depilado. Esto es realmente interesante pues no se trata del de mi mujer. Primero, porque nunca en mi vida podría atraer a un hembrón de semejante nivel y segundo porque pisando los cuarenta estoy más solo que loco malo. Entonces… ¿qué está pasando? No tengo ni una remota puta idea, pero que linda que es Dios mio. ¿Dónde me encuentro? ¿De quién es esta cama grande? Tampoco tengo calzoncillo y cuando enfoco mi atención a mi amigo alborotado, caigo en cuenta que además de estar sin un pelo, este muñeco no es el mío, más quisiera tener uno así yo. ¡Mira vos, no sabía que se podían tatuar!, susurro estudiando curioso el dragón humeante grabado en mis bolas. Debe ser dolorosísimo.
Inhalo aire profundamente y
lo retengo en mis pulmones, debo serenarme, analizar esta confusa pero excitante
realidad. ¿Qué pasó anoche? ¿Acaso me emborraché y quien sabe cómo acabé junto
a esta ninfa? A ver… estuve hasta cerca de la medianoche en el café con el Coco
y el Tato, pero recuerdo bien haber vuelto a casa sobrio. Y aunque fuese así, a
estas piernas, a este tórax, a estos brazos, no los reconozco. Tengo los músculos
bien marcados. ¡Unos abdominales de la puta madre! ¿Dónde está mi pancita
gelatinosa, mis canillitas flacas, mi ombligo extraviado? ¿Qué es esto por
favor? ¿Quién carajos soy?
7/6/13
Quizá porque se me Antojó Creerle
W.G.G
Al Moncho Iturbe no era que
le desagradara tanto la vida, solo le disgustaba la forma en que la vida lo
había tratado siempre. Era poseedor de una soledad rayana en lo absoluto y esa
medianoche peor aún, porque su ser más preciado, el único receptáculo de sus
palabras y caricias acababa de fallecer.
Han pasado ya veintiocho
calendarios por mi pared y todavía retengo con inusitada claridad la historia
que el chino Pandiani nos narró una noche de quilmes y maníes en el café
Nostalgias, allá en Córdoba, sobre la Obispo Trejo. El chino era un porteño de ley, un fabulador
innato, tenía esa cualidad de hacer de la nada un show y en verdad que nos
divertía, por lo menos en esos momentos en que teníamos ganas de escucharlo. La
anécdota de su supuesto vecino en caballito, fue lo único que tras tanto tiempo
me quedó registrado. Quizá porque en algún instante de su verborrágico relato
me identifiqué con el Moncho Iturbe y envidié su velada extraordinaria. Quizá simplemente
porque entonces se me antojó por vez primera y última creerle al chino Pandiani.
Se acomodó en el rincón
predilecto y apoyó el borde superior de la silla en la pared, como lo hacía
siempre. Estiró las piernas y bostezó abotargado por la tristeza y el
aburrimiento. Se sacó la húmeda campera de lana y la tiró en la esquina de la
mesa. Aquel jueves, pasada la medianoche, venia de enterrar a michifus en la
plaza del barrio. La tumba la cavó bajo un banco, protegido por el olmo, su
viejo amigo, el mismo que lo cobijara en tantas tardes de hastío. Una fina y
pegajosa llovizna tapizó su camino al Farolito. Tuvo suerte de que el cielo no
se desvencijara hasta segundos después de ingresar al bar.
29/5/13
Las Parcas Llegaron con el Viento

W.G.G
Podríamos acotar que aquel pueblito enclavado en el medio de la nada, en el interior profundo de nuestro país, parecía un espejismo enjabonado sobre la ruta, de esos que alucinan al conductor después de kilómetros y kilómetros por las desoladas pampas. Pintoresco, acogedor (por lo menos ante el primer vistazo), poseía algo insanamente artificial cuando se lo apreciaba con más detenimiento.
Arroyito
Azul no debía tener más de setecientos habitantes. Todas sus calles estaban
impecablemente asfaltadas y en los postes de las farolas relucía el bronce artísticamente tallado.
Unas ochocientas casitas, inquietantemente similares y vacías, se apiñaban
sobre la avenida principal y sus ocho cortes transversales, la mayoría lucían
recién arregladas. Una escuela primaria, correo, registro civil, capilla, dos
almacenes y el edificio de la sede municipal alegremente decorado, matizaban el
paisaje urbano. Aunque lo que realmente acaparaba la atención del mas que ocasional
visitante era la fachada del club social y deportivo Patria. Con las puertas
azul marino y el techo de un rojo furioso, ocupaba cuatro cuadras completas en
las se desperdigaban una cancha de futbol con pasto sintético y tribunas para
cinco mil personas, cuatro canchas de bocha, una gran pileta con trampolines a
distinta altura y un polideportivo (rodeado de una pista de atletismo de
tartán) con relucientes baldosas verdes. Un conjunto de redes y tableros permitían
la práctica de casi cualquier actividad atlética.
El caserío se apiñaba al final de un amplio valle, entre el arroyo de las
piedras y los cerros dorados. Transcurrió la mayoría de su historia como un
paradisiaco lugar donde un pueblo feliz vivía del cultivo de tierras bastante fértiles.
Llegó a tener cuatro mil seiscientos pobladores en el censo del noventa. Hace como
veinte años llegaron ELLOS, los compradores de tierra y su suerte quedó hecha
añicos.
2/5/13
Los Cien Mil y Un Universos de Heriberto Andrada

Desde
chiquito, allá en su Bowen natal, al Tito lo embelesó todo lo que estuviese
relacionado con el azar. Con el tiempo llegó a tachar de su vocabulario las
palabras Dios y destino, navegando a la deriva por un rio de casualidades que
estimulaban el momento en el que debía tomar decisiones cardinales. Como si en
cada una estuviese jugando a una ruleta en que todo resultado podía ser viable.
A tal punto
llegó su afición a esta especie de “casualistica” (valga el término aunque no
exista) que tras obtener los doctorados en física y matemática en la U.B.A,
comenzó el más inquietante de los juegos: el de la bifurcación de su universo
personal. Lo desvelaba el saber que habría sucedido si en determinada coyuntura,
hubiese enfilado por otra senda.
12/4/13
Asesino Serial Del Año: Capítulos Nueve y Diez
Capítulo noveno
La venganza
I
Sabía que sus pensamientos no podían ser monitoreados. Se lo dijo bien claro el creador el día del encuentro en la cafetería.
—Elabora tus planes mentalmente muchacho —le recalcó el cretino. — Ni los jueces, ni siquiera yo, podremos saber nunca lo que estás pensando. Sólo tendrás intimidad en tu mente.
En base a esto y con el dolor y la rabia saturándole las terminales nerviosas, Lucas empezó a planear la dulce venganza. Tenía claro que sólo una cosa podría realizar para perjudicar a Morgandus…hacerle perder el concurso de mundigramas. Así y todo quería llevarlo hasta el último instante. Incentivar su esperanza al punto de que se creyese ganador y allí, en el movimiento postrero de sus veintitrés años de marcp, asestarle el golpe final que lo devastara.
No creyó poder odiar tanto como en esas horas previas al final. El fallecimiento de su madre potenció el asco y la indignación hacia la persona que parecía gozar con su sufrimiento. Trató de disimular el vendaval de emociones que lo desestabilizaban. No le convenía que el cretino vislumbrase su estado de ánimo.
Telefoneó a Leticia para anunciarle que se haría cargo de los gastos del funeral y reservó el pasaje a Argentina para el día siguiente. Todo debía, aparentemente, seguir el curso normal.
— Prepará a Julio, Checho y Paula, que apenas termine el entierro me los llevo a vivir al sur —mintió, sintiendo cómo se le desgarraba el pecho. Éste había sido el plan original, pero ahora, sin la razón de su vida, no encontraba motivo para seguir con la farsa del mundo capsular.
Buscó un grueso cuaderno negro, escondido bajo una baldosa floja de la cocina y con un marcador rojo subrayó el nombre de Eugène Toussant. Su objetivo número treinta y tres vivía en Naples, una ciudad a dos horas y media de viaje, al noroeste de Miami.
28/1/13
De Jaime al Centro de la Tierra
w.g.g
Una
tormenta de agua y granizo había maltratado, una vez más, al sur mendocino
el día anterior. La tarde era húmeda, ardiente. Los hilos de vapor se elevaban
desde la alfalfa recién cegada incorporándose a un horizonte nebuloso e
inestable. Dos de la tarde, hora terrible de la siesta cuyana. Sensación
térmica, cuarenta y dos grados y ascendiendo. Un barniz transparente parecía
recubrir todo, desdibujando el paisaje hasta darle esa pastosa irrealidad de
las horas en que mandan las iguanas.
Treinta
y pico años más tarde me parece, es más, estoy convencido, que en aquel
entonces a nosotros, niños al umbral de la adolescencia y con las duracell
recargadas, no nos afectaba el calor. Pasado el mediodía era el momento mágico
en el que nos escapábamos de nuestros cancerberos y dejábamos fugar las
fantasías más recónditas.
13/1/13
Sangre Maldita

Siempre
(desde niñito) tuve una tremenda curiosidad por conocer la historia de mis
ancestros paternos. En cada ocasión que sacaba el tema a colación, mis mayores
se iban distraídamente por las ramas y terminaban aportándome poco o nada.
Llegué a pensar que ni siquiera mi padre sabía con certeza cuál era su origen.
Me había contado que mi abuelo Adolfo García nació en el sur, cerquita de
Bariloche, que administraba un hotel a orillas del Nahuel Huapi, y que allí
conoció a mi abuela Maria que trabajaba limpiando los cuartos. Que se casaron
en el 66 y en el 67 se mudaron a Rosario, donde unos meses después vino al
mundo Edgardo, mi padre. Aquí al sur de esta ciudad, en el barrio Saladillo Sud,
echamos anclas los García y hemos llevado hasta ahora una vida linda,
relativamente tranquila. De mis bisabuelos solo pude sacarle que se llamaban
Julio y Eva y que llegaron desde la madre patria, no sabe de que zona, ni
siquiera si tenían hermanos o dejaron algún otro hijo allá en su tierra.
Tecleo
estas letras en mi laptop, protegido por las penumbras de la habitación. Han
pasado dos días desde la revelación y aun mi espíritu se sacude henchido de
culpa y vergüenza. ¡Como si yo, mi padre o mi abuelo tuviésemos la culpa de
algo! Creo, es más estoy seguro, que nadie leerá estas líneas jamás. Este
testimonio irá derecho a la lata que haré desaparecer por el mismo hueco del
que nunca debió haber salido. Una lata que me reveló la podredumbre que corre
por mis venas. Mantendré el doloroso silencio de los míos, que más me queda.
Es
extraño, afuera llueve a rabiar y aunque los cristales están empañados, puedo
ver la luna llena apoyada en una esquina de la ventana. Un lunón hermoso,
intimidante, como el pasado que me asfixia y me obliga a descargar mis
sentimientos en una hoja de cuaderno.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
31/12/12
No Era Para Nosotros mi Vida

W.G.G
—Por
algo sucede, cuando no es para vos, no es para vos y no hay vuelta que darle,
no te aflijas en vano mi vida —le había dicho más de una vez Alejandra, con un
determinismo insoportablemente sínico. Nunca había creído en el destino, pero
ahora sentado en la primera hilera de
sillas enfrentadas a la monumental pecera, recordaba la muletilla de su mujer
mientras buscaba desesperado el papelito en sus bolsillos.
El
espectáculo era sublime, dos focas jugueteaban con tres belugas blancas. Las
ballenas perseguían a los “perros de mar” dándole mordisquitos cariñosos cuando
los alcanzaban. Esta tierna escena poco importaba a Pablo, se incorporó y con
el rostro crispado volvió a revisar frenéticamente su camisa, los pantalones y
la campera. Dos sillas a su derecha un niño gordo y pelirrojo lo observaba con
curiosidad, el perturbado individuo parecía atraerlo mucho más que los
acuáticos danzarines.
Eran las cuatro y cuarenta
de un plomizo y frio día de noviembre y el acuario de Atlanta comenzaría a
cerrar sus puertas en apenas quince minutos. Solo disponía de ese tiempo para
recorrer los lugares donde pudiese haber extraviado el bendito billete.
Siete minutos atrás se
enteró de que era uno de los dos ganadores del powerball record en la historia
de los Estados Unidos. Sucedió cuando, tras ponerse de acuerdo con su esposa y
sus hijos sobre el lugar donde se encontrarían, enfiló nuevamente hacia el
tanque de vidrio donde se encontraban las focas y las belugas. Los niños
querían comer donas y él deseaba apreciar una vez más a aquellos animalitos a
los que amaba tanto. En la entrada al anfiteatro de cristal, vio un televisor
que difundía los números ganadores. Eran los suyos. Había lanzado un grito
ronco y entrecortado buscando apoyo en una columna salvadora ante la súbita
bajada de presión que puso a temblequear sus piernas. Luego se derrumbó en la
silla en la cual se encontraba ahora tardando solo un par de minutos en
percatarse de que no encontraba el ticket premiado.
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DE LA VIDA Y OTRAS HIERBAS...
4/12/12
Emilio, el Caminante

—¿Qué más puede necesitarse
para ser feliz? —comentaba cuando veía a alguien complicarse inútilmente la
vida.
Desde los catorce años
laburaba de albañil, doce horas al día, seis días a la semana. Heredó el oficio
de su padre y se lo legó a sus cuatro hijos varones.
—Si uno trabaja mucho, se
entretiene y no le sobra el tiempo para ponerse a pensar en tonterías — repetía
a sus nietos.
Poseía el paranaense una
gran pasión por el caminar y eran la huerta y el partido radical sus únicos
vicios permitidos. A pie, iba y volvía de la construcción, no importaba lo
lejos que está se encontrase. A veces lo separaban de la obra, diez, quince o
hasta veinte kilómetros, no eran nada para él. Salía de madrugada y regresaba
con la luna como compañera.
En un anochecer, al comienzo
de su último retorno, es donde lo ubica mi relato. Había trabajado en la
construcción de la cabaña de un amigo a la vera del rio, unos cientos de metros
arriba de la toma vieja. Apenas seis kilómetros lo distanciaban de su casa en
la esquina de Soler y Vucetich. Salió más temprano de lo habitual pues era
noche de miércoles, noche de comité y se acercaban las elecciones. Encontró en
el camino una viga de buena madera que le vendría de perlas para apuntalar el
techo de su galponcito, enclenque desde la pasada tormenta y sin pensarlo dos
veces se cargó el pesado listón al hombro.
4/11/12
El Incomprendido (o de como Romeo Ultimó a Julieta)
W.G.G
Los rayos del
sol recién nacido iluminaron con desgano la casucha de madera y chapa.
Escondiéndose detrás de las montañas de basura el astro rey había evitado, al
menos por unos minutos, tener que alumbrar tan desagradable paisaje.
En la
cuadra 8 de la sección 25 de la Villa Misericordiosa un barbado hombre casi en
harapos, sumergido en una angustia indescriptible, se despedía de su ser mas
preciado. Arrodillado junto el sucio catre de lona, enjuagábase una lágrima con
la mano izquierda mientras con la derecha peinaba tiernamente la cabeza de
ella.
—Romeo, es mejor
que pase sus ultimas horas en una institución especializada, así le evitamos
sufrimientos innecesarios —le dijo el médico de la clínica con una pose de falsa humanidad.
Él se negó
terminantemente e insistió en llevársela a la villa.
—A nuestro nidito de amor —le explicó— allí compartiremos los últimos momentos de vida.
Le pidió unos
calmantes para hacer más llevadera su agonía y salió llorando con ella en
brazos ante la mirada atónita del personal de la clínica. Un remise lo esperaba
en la calle.
Ahora
a la distancia las palabras del profesional
retumbaban en sus oídos: —Una enfermedad nerviosa degenerativa, de carácter terminal, le quedan
tan solo unos días de vida.
—A mi también —Romeo susurró
quedamente.
La vida carecía
de sentido sin su Julieta, ya no tenia dudas que el camino a la eternidad lo
emprenderían juntos.
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EL GUIONISTA DE DIOS...¿O DEL DIABLO?
8/10/12
El Libro de Los Estados de Ánimo
W.G.G
I
Oscar Fritz Herztog retorna al terruño que lo acunó de niño, un atardecer de primavera, en el año doce del tercer milenio. El verde frescor de Olmos y casuarinas sale a recibirlo. Abre la tranquera y se encamina hacia la casa que él mismo (junto a su abuelo, padre y hermanos) edificó a finales de los cuarenta.
Sobre
Línea de los palos, a unos seis kilómetros del pueblito de Jaime Prats, se encuentra
la finca de solo nueve hectáreas, aunque en su niñez le parecieran todo un
continente. Poco luce diferente, allí esta la hijuela entre dos filas de
membrillos, el lugar en donde con Rainer su primo mayor, y en una play boy
robada un amigo de Real del Padre, vieron la primera mujer desnuda. Por
allá, el roble centenario dividiendo los chiqueros vacíos y los restos de madera
del entrañable refugio que, hasta con puertas y ventanas, erigieron con Edgardo
y Roberto sobre el árbol amigo. Los mismos ladridos (otros perros) proveniente
de las casuchas emplazadas en los tres puntos estratégicos, según su abuelo,
para custodiar la casa. El horno a leña, al costado del gallinero (que como
mucho alberga hoy seis gallinas y uno o dos gallos) y la visión instantánea de
las nochecitas de empanadas lechón y pan casero que solían disfrutar con la
alemanada de la zona. El bosquecito de pinos junto a la vivienda y el momento
de escoger la rama más derecha para la noche buena o la belleza de verlos emblanquecidos
por alguna rara nevada de julio o agosto.
Hertzog regresa tras
cincuenta y tantos inviernos. Setenta y tres años matizaron de gris sus
cabellos. El paso largo y decidido disfraza su edad, va sin miedos, convencido
de lo que debe hacer. Sin tristezas, con la curiosidad de un bebe que vuelve a
introducirse al vientre materno. No hay nostalgia, se dice una vez mas, no se añora
lo que no puede volver a vivir. O por lo menos eso se forzó a creer cuando puso
el primer pie en Alemania, creer que allá
en la fría y distante cuna de sus antepasados, estaba el único futuro posible.
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EL TEMPORIZADOR Y OTROS EXTRAÑOS RELATOS
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